Un nuevo año nos deslumbra con sus promesas doradas… Es el momento de escribir los propósitos para los próximos 12 meses, sabiendo que cumpliremos como mucho la mitad (esa es una tendencia mundial, no te preocupes) o bien decidir activamente no tener ningún objetivo concreto y dejarnos llevar por la dirección del viento.

 

Porque hay veces en que conviene tener las metas muy claras y otros casos en que la vida nos pide relajarnos y fluir con lo que venga.

 

Si eres de las personas que disfrutan haciendo listas de propósitos para el año nuevo (yo las hago desde hace años ¡me encantan!) ya habrás escrito algunos relacionados con el trabajo, el dinero, los estudios, la salud, los viajes o el aspecto físico (perder peso y estar más en forma, un clásico).

 

Estas son las cosas “materiales” en las que la mayoría de nosotros centramos nuestros esfuerzos, porque se ven, se tocan, son importantes y dan buena imagen. Es decir, podemos presumir ante todo el mundo que hemos ganado 20.000 euros más este año, que hemos perdido 10 kilos, que sabemos tres idiomas nuevos o que nuestro libro/disco/blog/película está en la lista de los diez mejores del año.

 

Ya he hablado muchas veces de cuáles son las características que nos acercan a estos logros materiales: tener un plan concreto, ser disciplinados, la perseverancia, alternar períodos de trabajo y períodos de descanso y perder el miedo al fracaso, entre otras cosas.

 

Está perfecto plantearse objetivos de este tipo, por supuesto, yo también tengo mi pequeña lista de propósitos materiales y concretos para el año que viene. Sin embargo en este artículo que escribo en el último día el año 2016… mi mente y mi corazón me piden hablar de otra cosa. De todas esas cosas que no se ven, y de las que no podemos presumir, pero que hacen que nuestra vida merezca la pena.

 

¿Y si para el nuevo año… decidiéramos centrarnos en ser más sabios, vivir de forma auténtica, ser mejores personas o aprender de forma autodidacta sin el premio de recibir “un título”?

 

¿Y si nos planteáramos cosas como levantarnos con ilusión casi todos los días o estar conectados a nuestro ser esencial, tanto en los momentos de alegría como en los de nostalgia y sufrimiento?

 

Nadie nos va a dar una palmadita en la espalda por lograr alguna de estas cosas, ni vamos a poder lucirlas como trofeos ante los demás, pero que nuestra vida será mejor y con más sentido, eso seguro.

 

Por eso en este artículo te propongo cinco propósitos intangibles y difíciles de medir para el próximo año, que no serán alabados por nadie a excepción de ti mismo, pero que merecen la pena porque sin ellos cualquier logro material te dejará con una sensación de vacío.

 

Si no tienes ningún objetivo definido para este año, esta lista te servirá de inspiración. Y si tienes bien claras y definidas tus metas, te invito a considerar incluir alguno de los siguientes cinco propósitos.

 

propósitos personales para el nuevo año que merecen la pena

 

1. Mejorar la autoestima y las relaciones personales

Las relaciones son “la salsa” de la vida. En primer lugar, la relación de amor, odio o ambivalencia que tenemos con nosotros mismos y en segundo lugar, la relación que tenemos con los demás que es un reflejo de la anterior.

 

Vivimos en continuo contacto con nuestro interior y en una interacción frecuente con personas diversas (pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo, clientes, etc.). Por eso, gran parte del placer o el displacer de nuestra vida cotidiana es consecuencia de la CALIDAD de las relaciones que construimos.

 

Pensemos: ¿somos personas abiertas, sinceras, entregadas, que disfrutan del contacto con los demás o rehuimos el contacto porque nos sentimos inseguras?

¿Somos compasiv@s cuando cometemos un error o nos criticamos salvajemente?

¿Nuestra mente es una amiga o una enemiga? ¿Comprendemos la sabiduría de nuestras emociones o más bien nos dan miedo y tomamos pastillas para “no sentir el dolor”?

 

A veces estamos tan centrados en el mundo exterior, en crecer profesionalmente, conseguir un nuevo título, ayudar a nuestros hijos a aprobar o ahorrar para comprar una casa nueva que pasamos por alto el factor principal (no el único, pero sí el principal) de la infelicidad o felicidad personal: el amor. El contacto íntimo y los sentimientos. Ajá, las relaciones.

 

Tendríamos más de la mitad de la vida resuelta con una autoestima sana, una pareja o familia nutritiva, buenos amigos y con ser personas comprensivas y amigables que esparcen luz (o diversión, o sabiduría, o lo que sea) allá por donde van.

 

Lo sé: aparte de esto hay que estudiar, y tener trabajo, y aprender, y conseguir dinero, etcétera, etcétera, pero con relaciones sólidas y sinceras no hay desesperación, o tristeza, o vacío existencial que dure.

 

Las relaciones son el motor de nuestra vida. Por ello la forma de tratarnos y de tratar a los demás debería ser una prioridad a cada comienzo de año. En este momento de reflexión y planificación de los próximos meses, te invito a que te hagas la siguiente pregunta:

 

¿Cómo puedo mejorar mis relaciones?

 

 

Transformas tu vida cuando estableces una relación más sincera y nutritiva contigo mismo y con las personas que tienes más cerca. ¿Vas a pasar por alto esta oportunidad?

 

2. Tomar la decisión de construir un entorno favorable

Si me lees desde hace tiempo, ya sabes que mi opinión sobre el concepto “zona de confort” no es la convencional. Opino que no tenemos que salir de ninguna zona de confort sino que, precisamente, tenemos que encontrarla. Tenemos que encontrar o construir un lugar donde nos sintamos seguros y podamos desarrollarnos con alegría.

 

No me gustan esos viejos conceptos del sacrificio por el sacrificio, ni de ponerse retos “por deporte”.

 

Pienso que la vida puede ser amable, sin sufrimientos inútiles, si estamos dispuestos a tomar decisiones en nuestro favor. Para ello se requiere que : 1) observemos con detenimiento nuestras circunstancias, para ver qué cambios favorables son posibles; y 2) sintamos que merecemos vivir lo mejor posible.

 

Muchas personas tienen el dinero para comprar cosas que desean o contratar los servicios de alguien que podría facilitarles la vida ¡y sin embargo no lo hacen! Prefieren seguir “sufriendo”, bien porque otros no apoyarán estas decisiones o porque se sienten culpables de gastar el dinero en lo que consideran “no necesario”.

 

Por ejemplo, está la mujer que sueña con ir a la ópera pero que nunca reserva una entrada porque “bah, es un capricho y puedo vivir sin ello”. Está la familia que no contrata a alguien para que limpie la casa porque, aunque tienen los recursos, lo ven como un dinero mal empleado. Está el ejecutivo que vuela en business y vive entre dos ciudades pero que no compra dos cargadores de móvil porque ya tiene uno (y puede llevarlo en la maleta, aunque se le olvida una vez de cada tres). Está la persona que no se permite descansar, aunque tiene tiempo, porque sus padres siempre le enseñaron que “la pereza es la madre de todos los vicios”.

 

Podría dar mil ejemplos de cómo las personas no llevamos a cabo pequeños cambios que son perfectamente asumibles por desconocimiento, por un sentido inadecuado del ahorro o porque (y esto es mucho más sutil) nos hemos acostumbrado a no merecer tanto.

 

Así que te invito a plantearte esta pregunta con frecuencia, sobre todo en momentos de transición como el final de un año y el principio de otro:

 

¿Qué detalles puedo cambiar para crearme una vida más cómoda y más amable?

 

Construirnos una vida mejor, en la medida de nuestras posibilidades, no tendría que ser un lujo ¡sino un deber! Esta actitud no crea personas egoístas, sino personas responsables y felices que se dan lo que necesitan siempre que pueden, en vez de andar continuamente mendigando cosas a los demás.

 

Como decía la abuela Margarita: “Cuando necesito algo me lo pido a mí misma”

 

Así que estos Reyes Magos lo que necesites, dátelo tú si está en tu mano. Cómprate algo que te haga ilusión, te facilite la vida o que realmente sea una necesidad, aunque su precio te resulte incómodo o aunque algo te diga que no lo mereces.

 

Tu sufrimiento no ayuda a nadie pero si tú estás bien, y vives en un entorno confortable y nutritivo, serás capaz de hacer más por los demás. - ¡Twitea esto!

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3. Conocer qué actividades te calman y te reponen

Te contaré algo que no es un secreto: durante el próximo año vas a vivir momentos muy j*did*s. Vas a tener días malos, momentos de incertidumbre, alguna que otra noche sin dormir y disgustos que te van a cortar la respiración.

 

Así es la vida… No conozco a nadie que viva sin lágrimas, sin sombras o sin dolores imprevistos (ya sabes que lo que aparece en las redes sociales es sólo un recorte de la realidad, la vida cotidiana contiene alegrías y pesadillas). Aun así, aunque todos pasamos estos momentos duros con más frecuencia de la que nos gustaría, no somos muy conscientes de cómo atravesarlos de la mejor manera.

 

¿Qué haces cuando recibes una mala noticia? ¿Sabes calmarte cuando llegas a casa después de un mal día en el trabajo o descargas toda tu furia con los que no tienen nada que ver? ¿Tienes idea de qué actividades te suben el ánimo cuando estás desganado y tienes que trabajar? ¿Cómo pasas los momentos dolorosos, te sumerges en ellos con valentía o buscas rápido distraerte para no sufrir?

 

Conocernos a nosotros mismos no sólo es conocer nuestra historia, nuestras aptitudes y nuestras debilidades, también es conocer nuestros patrones y qué acciones específicas nos ayudan a tratar con ciertos estados de ánimo.

 

Hay actividades que nos llenan de energía y pueden convertir un día apático en un día productivo. Y por otro lado están esas tareas que nos calman, nos relajan y nos bajan el nivel de enfado o de ansiedad.

 

Seguro que determinadas actividades te sacan de esa espiral de culpa, autoexigencia o miedo en que caes cuando cometes un error o te pasa algo desagradable. Es hora de que conozcas las tuyas, para ello reflexiona sobre lo siguiente:

 

¿Qué cosas tienen el poder de cambiar tu estado anímico y mental a uno más calmado y favorable?

 

 

Tener identificadas estas actividades “llave” debería ser un aprendizaje esencial desde el colegio. Si en tu caso no conoces lo que te estimula, lo que te calma, lo que te saca de la culpa o lo que te inspira, este año es un buen momento para averiguarlo y anotarlo en una lista que tengas bien a mano en momentos de crisis.

4. Sacar tiempo para revisar y reflexionar sobre la vida

Decimos que vivimos “con falta de tiempo” pero no es estrictamente verdad. Siempre hay tiempo para ver los cincuenta capítulos de una serie a la que estamos enganchados, para navegar por Internet, tomar unas copas, consultar el whatsapp o pasear por los pasillos de nuestra tienda online favorita.

 

Tenemos una necesidad imperiosa de llenar el tiempo con algo externo, lo que sea, con tal de no estar ante el abismo de nuestra mente y nuestros sentimientos.

 

Conozco a personas que sienten escalofríos ante la idea de sentarse diez minutos, en silencio, para escribir, revisar o reflexionar sobre su vidas. “Bah, eso para qué, a saber qué puede salir de ahí… Mejor no darle vueltas a la cabeza“.

 

El mensaje colectivo es el siguiente”el ignorante es más feliz, así que es mejor no pensar” pero esto es rotundamente falso. No hay nada más humano que pensar por el placer de pensar, esto es, concedernos un tiempo en blanco para hacernos las grandes preguntas.

 

Esas grandes inquietudes que siempre han sido las mismas en la historia de la humanidad. Quién soy. Qué me está pasando. Qué quiero de verdad. Cuál es el sentido de la vida. Qué me gusta de las circunstancias que me rodean y qué no me gusta. Cuál es la historia. Cuál es mi historia. Qué comportamiento automático me sale sin querer, aunque me gustaría evitarlo. Y qué no logro hacer aunque quisiera.

 

Si hay una acción que nos lleva a crecer como personas, no es leer muchos libros de psicología o asistir a muchas conferencias, sino enfrentarnos en silencio a nosotros mismos. Pararnos, revisar, reflexionar. Y utilizar las conclusiones como guía para tomar nuevas decisiones.

 

Tomarse un tiempo para pensar puede ser tan sencillo como, una vez a la semana, escaparnos a un lugar solitario y ponernos a escribir todo lo que nos pase por la cabeza (y luego releer y extraer un aprendizaje de todo eso). O hacer una lista de logros a finales de año para agradecernos los propósitos cumplidos. O irnos a dar un paseo y mirar sin miedo hacia nuestra vida, lo que funciona, lo que no, y lo que nos comprometemos buenamente a cambiar.

 

También podemos reflexionar “a lo grande” y hacer un viaje en solitario de diez días, o alquilar una casa con unas vistas impresionantes donde nos sintamos inspirados para responder a las cuestiones trascendentales:

 

¿Cuál es mi vocación? ¿Qué hago aquí? ¿Para qué he venido a este mundo?

 

Alguna vez, en algún momento, en algún lugar, tendrás que sacar tiempo para filosofar sobre la vida y sobre ti mismo. Alguna vez tendrás que pararte a pensar qué piensas tú de la muerte, el amor, el arte o el sufrimiento. Cualquiera es capaz de contestar a las grandes preguntas si se entrena en la práctica de la reflexión, la escritura terapéutica o el silencio.

 

Una parte de nosotros está sedienta de indagar en las grandes preguntas, vamos a concedernos este placer para el año nuevo ¿no?

 

5. Dejar una puerta abierta a lo nuevo y lo desconocido

La rutina es el arma silenciosa que mata muchas relaciones, el placer en el trabajo y la alegría de vivir. Si todos los días son iguales, si siempre hacemos lo mismo ¿cómo no nos vamos a aburrir o desmotivar?

 

A veces no son las circunstancias en sí las que son rutinarias, sino que somos nosotros los que no nos abrimos a lo diferente aunque lo tengamos delante y en bandeja.

 

Tal vez un amigo nos propuso un plan audaz, que nos sacaba de la monotonía, y le dijimos que no porque estábamos muy ocupados. Quizás podíamos haber elegido un plato nuevo en el restaurante pero nos decantamos por tomar “lo de siempre” por si acaso no nos gustaba. Puede ser que una persona tenga un modo de vida que no encaja con nuestros valores, y en lugar de observar con curiosidad cómo es ese modo de vida (por si podemos aprender algo) torcemos el gesto y renunciamos a hablar “con gente así”.

 

Eso por no hablar de las buenas oportunidades (de trabajo, de viajes, de planes de ocio, de relaciones) que han pasado por nuestro lado y que preferimos ignorar por miedo. Mejor la seguridad de nuestro pequeño mundo, pensamos, que arriesgarnos a sufrir.

 

Así que la vida va pasando y la rutina nos va pintando de gris. Comentamos que “nunca nos pasa nada especial” y que “esta ciudad/trabajo/modo de vida” tiene pocos alicientes.  Pero lo nuevo y lo desconocido está justo al lado… lo que pasa es que no lo vemos.

 

Por eso mi última propuesta para ti es que desarrolles una mentalidad abierta y curiosa. Antes de rechazar ese plan, esa afición, ese restaurante nuevo, esa idea, esa persona o esa opción de vida que no va para nada contigo ¿por qué no le das una oportunidad y lo conoces de cerca?

 

Este nuevo año DI QUE SÍ a cosas a las que anteriormente habías dicho que no. Prueba cosas que siempre habías pasado por algo. Si te gustan y te sirven, bien, y si no, ya puedes rechazar esas opciones con criterio.

 

La última de las cinco preguntas que sugiero que te hagas ahora mismo es la siguiente:

 

¿A qué voy a dar una oportunidad este nuevo año? ¿Qué nueva actividad, actitud, plan, relación, idea, voy a acoger?

 

 

Cuando hay apertura hacia lo diferente y deseo de experimentar ¡la rutina no existe!

Los días dejan de ser iguales unos a otros y se vuelven memorables, y esto es lo que la mayoría de nosotros esperamos de la vida. Que sea una simpática aventura donde sucedan historias que contar cuando seamos viejecitos.

 

Resumiendo

Hay cinco propósitos que merece la pena plantearse año tras año. Cinco propósitos inmateriales que no te van a conducir a un diploma, más dinero en el banco o a felicitaciones ajenas, pero que convertirán tu vida en algo con color y sentido.

 

Estos son:

  1. Mejorar las relación contigo mismo y con el resto de personas
  2. Tener una actitud proactiva para proporcionarte lo que necesitas y/o haría tu vida más agradable.
  3. Conocer qué actividades te calman, te estimulan o te hacen sentir bien (y tenerlas en una lista que puedas consultar cuando entres en un momento de crisis)
  4. Reservar un tiempo de silencio para pensar y reflexionar sobre las grandes preguntas de la vida
  5. Dejar una puerta abierta a lo nuevo y a lo desconocido, o decir que sí a lo que siempre dijimos que no.

 

Sean cuales sean tus objetivos este año, sean cuales sean tu edad, tus circunstancias y tus aspiraciones, asegúrate de tener presentes los propósitos que te aseguren el bienestar interior, como estos.

 

Al final, las sensaciones y los recuerdos son todo lo que nos llevamos de nuestro camino en este mundo. Que hay que conseguir cosas materiales, está claro, pero que no sea esto en lo único en que te centres al empezar un nuevo año.

 

Llegados a este punto… no me queda más que desearte que tengas un nuevo año feliz e ilusionante, y que ejercites la disciplina, la valentía y el entusiasmo para caminar hacia la vida que te pertenece.

 

Hoy es el primer día del resto de tu vida 😉 ¡Feliz año nuevo!

 


Créditos de las imágenes: todas de Chiara Cremaschi via Flickr Creative Commons

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11 Comentarios

  1. Mil gracias, como siempre, por tus articulos y tu tiempo.
    Feliz año y a ver, si podemos cumplir los objetivos propuestos.
    Saludos

    • Amparo Millán Responde

      Muy feliz año nuevo, Gloria, y cumplir los objetivos propuestos muchas veces (no siempre, es verdad) es cuestión de paciencia y perseverancia. Así que nunca viene mal entrenar estas dos cualidades 🙂
      ¡Un abrazo y gracias por comentar!

  2. Gracias por tus reflexiones,me siento muy identificada y sobre todo,motivada a pararme y pensar,que ya es mucho!Un abrazo y feliz año nuevecito!

    • Amparo Millán Responde

      Me alegro haberte motivado, Begoña, una vez que te acostumbres verás que es tan delicioso pararte y pensar… que jamás te plantearás no hacerlo de nuevo. ¡¡Un abrazo grande, feliz 2017!!

  3. Este es el primer artículo tuyo que recibo y no puedo estar más de acuerdo contigo Amparo , en este mundo de prisas y de apariencias poca gente se para a pensar en lo que realmente importa , lo que tú tan bien has plasmado en este artículo . Te deseo un Feliz Año 2017 también de parte de tu alumno Javier Ruiz , que te echará mucho de menos.

  4. Amparo Millán Responde

    Hola Clara, qué bonito tu comentario, muchas gracias ♥️ Me alegro mucho que este primer artículo te haya inspirado, ahora queda lo más difícil (pero también lo más divertido): empezar a poner en práctica nuevas formas de pensar y de actuar. Y para eso, hay que pararse de vez en cuando en medio de esta “locura” de prisas y objetivos externos para conectar con lo que de verdad es importante. Eso es lo que yo hago cuando escribo y lo que deseo sinceramente transmitir.
    Bueno, y qué ilusión que me hables de Javier, es un chico estupendo y con un potencial…! que bueno, qué te voy a contar que no sepas como madre ;-P Seguro que nos seguimos viendo en algún momento u otro, que para eso vivimos en Ciudad Real. ¡Un abrazo a los dos!

  5. Saul Puga Ponce Responde

    Deseo antes que nada Amparo; felicitarte por este excelente mensaje, desde hace tiempo leo algunos de tus articulos, pero este en especial es unos de los que me da gusto ver, espero poder aplicar en mi vida, gracias por tus aportaciones en mi vida.
    Espero algun dia poder inscribirme en alguno de tus cursos…
    Cordialmente
    Saul

    • Amparo Millán Responde

      ¡Mil gracias por tus palabras Saul! Me alegra mucho saber que este y otros artículos te sirve y mejora tu vida al menos un poquito. Por supuesto, te espero en el futuro en alguno de mis cursos, estoy preparando cosas nuevas para este 2017… 🙂
      Gracias y muy feliz año nuevo!

  6. Sin duda, este es el artículo que más me ha gustado, de todos los que has publicado. Me ha encantado leerlo justo cuando me iba a poner a escribir mis aprendizajes y agradecimientos del 2016 y mis objetivos del 2017. Leyéndote, me he dado cuenta de que, en este año pasado en que ha nacido mi hijo, todos esos propósitos se han cumplido, y tengo una vida mucho más llena de significado. La vida tiene el don de hacerte avanzar, aún sin ser consciente de ello.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Sara! Viniendo de ti, que me lees desde hace tanto, ¡es toda una revelación que este sea tu artículo favorito! 😀 Entiendo que lo que digo tiene total conexión contigo en este 2016… en que te han ocurrido tantas cosas “removedoras” a nivel personal, entre ellas un hijo ¡casi nada!
      Suscribo tus palabras: a veces no somos conscientes de lo que avanzamos (sobre todo cuando es a nivel interior, porque los cambios no son tangibles) hasta que echamos la vista atrás y vemos que la persona que somos hoy es mucho más plena, auténtica y fuerte que la del año pasado.
      Un abrazo grande!!

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