Todos, absolutamente todos, tenemos varios (más bien muchos) motivos para dar las gracias. A pesar de esto, la gratitud no es un sentimiento muy presente dentro de nosotros, quizás porque vamos por la vida demasiado rápido sin tener tiempo para apreciar lo que tenemos o… quizás porque hemos sido forzados, muchas veces, a agradecer cosas sin sentirlo, y esto nos ha hecho rechazar o bloquear esta emoción. Precisamente de este último punto voy a hablar mucho en este artículo.

La gratitud nos permite disfrutar de nuestros éxitos y esto nos da fuerza e impulso para ir más lejos. Piénsalo: quien no agradece lo que acaba de conseguir ¿qué impulso y motivación tendrá para querer más cosas ?

La gratitud también nos permite saber qué es lo más importante en nuestra vida. Precisamente lo que nos provoca más sentimientos de gratitud es lo que más necesitamos y en lo que deberíamos invertir una cantidad importante de tiempo, dinero y energía.

Por último, cuando uno se siente agradecido de verdad, es decir que le sale de dentro y no es impuesto, tiene un deseo natural de corresponder y ser generoso. Experimenta el impulso de devolver un favor o poner sus dones a disposición del mundo. No lo siente como una obligación sino que sinceramente DESEA hacerlo. Por eso, fomentar la gratitud personal es, a gran escala, fomentar la generosidad.

Impresionante el cambio que se desarrollaría en nuestra vida si viviéramos la gratitud como un sentimiento cotidiano ¿verdad? Por ello, hoy quiero invitarte a que emplees unos minutos en buscar esos motivos que tienes para dar las gracias. Y cuantos más, mejor, posiblemente tu vida está llena de ellos.

La clave para encontrar estos motivos es simple pero suele pasarse por alto: tienes que descubrir las cosas que son verdaderamente importantes para ti, las que te hacen vibrar, y no las que “se supone” que tendrían que ser.

 

Esto es muy importante: la gratitud no se puede forzar.

En el momento en que nos repetimos interiormente que “tenemos que estar agradecidos por tener un techo sobre nuestras cabezas y comida en el plato” pero sin sentirlo, estamos dejando escapar incluso bloqueando este sentimiento. 

 

Por ejemplo, quizás no te salga sentirte agradecido por tu trabajo, a pesar de que sabes objetivamente que tener un trabajo en tiempo de crisis está muy bien, y además todo el mundo te lo dice continuamente: “qué bien, deberías dar gracias por tu empleo, con lo mal que está la cosa“. Pues bien, si no te sale, no te sale.

Si no te sientes agradecido por algo (aunque supuestamente “deberías”) ya está, olvídate de ello a la hora de hacer el ejercicio de buscar motivos para dar las gracias, y encuentra lo que de verdad te hace sentir bien.

Quizás te inunde un gran sentimiento de satisfacción cuando piensas en tu coche y en todos los viajes que has realizado en él, o cuando sales al balcón y te topas con las vistas enfrente de tu casa, o bien agradeces la compañía de esa compañera de trabajo que siempre tiene algún chascarrillo que contar y te saca una sonrisa. Conecta con la gratitud a través de estas pequeñas cosas, sin forzar, sin hacer juicios de valor sobre lo que es importante y lo que no.

Para ayudarte a encontrar motivos de gratitud menos convencionales que el trabajo he preparado una lista de cosas que la mayoría de nosotros tenemos y en las que muchas veces no nos paramos a pensar. ¿Las repasas conmigo y compruebas si darías gracias por algo de esto?

 

Cinco (posibles) motivos para sentirte agradecido

Tu cerebro

Es bastante común experimentar gratitud por tener salud física pero ¿alguna vez nos hemos sentido maravillados y agradecidos por nuestra mente?

Si estás leyendo esto y te está produciendo interés o te está llevando a reflexionar sobre ti mismo y tus circunstancias, es gracias a la capacidad de razonar e imaginar de tu cerebro.

Yo, que soy una persona enamorada de lo mental, doy gracias casi cada día por poder hacer todo esto: leer, pensar, buscar información, plantearme preguntas, establecer relaciones, proponerme cosas, planificar, etcétera.

Muchas veces se habla de la mente en sentido negativo: “la mente es perjudicial, porque nos lleva a la confusión y a darle vueltas a las cosas” cuando esto es sólo un uso inadecuado. Nadie diría que un cuchillo es malo porque puede matar a otra persona, porque ése es sólo un uso malvado. Del mismo modo, la mente puede esclavizarte si te pasas todo el día con pensamientos en bucle basados en el miedo o puede ser tu arma más potente para construir la vida que quieres y dotarla de sentido.

Si quieres que sea lo segundo, comienza siendo consciente y maravillándote de tu capacidad de razonar y tejer ideas. De tu capacidad para extraer algún sentido a estas frases que, objetivamente, son sólo píxeles en tu pantalla. Si estás de acuerdo conmigo, agradece a tu cerebro todo lo que hace por ti y todo lo que te permite cada segundo de cada día.

 

Tus objetos preferidos

Existen determinados objetos que nos hacen sentir como estrellas de cine (y si no tienes estas pequeñas cosas te sugiero que las busques cuanto antes).

Por ejemplo, casi seguro que tienes al menos una prenda de ropa o zapatos que te favorece como nada en el mundo y te llena de alegría cuando la llevas, por el color, por su forma o por los recuerdos que tienes asociados a ella. También puedes sentirte muy agradecido, por absurdo que parezca, por esa taza con mensaje en la que desayunas todos los días y que cada vez que la miras piensas “qué bonita es”. Quizás poseas un pintalabios que te ilumine la cara y te cambie el humor cada vez que lo usas, o una corbata tan divertida que te arranque una sonrisa cuando te miras al espejo.

El poder de estos queridos objetos cotidianos está subestimado.

Busca esas pequeñas cosas que agradecer en tu día a día y sé consciente del bienestar pequeño pero sostenido que te aportan. Y si sientes que no tienes nada a tu alrededor que te haga sentir “¡guau!” cuando lo miras, entonces la tarea específica que te propongo hacer es la siguiente: ¡busca objetos así!

 

Esa persona para la que tú eres “el mundo”

La mayoría de nosotros disponemos en nuestra vida de al menos una persona que, si nos pasara algo, acudiría en nuestra ayuda sin dudarlo, en el momento que fuera. Esto no es poca cosa, en absoluto.

Generalmente esta persona suele ser nuestra pareja, algún hermano, alguno de nuestros padres o un amigo muy querido. En muchos casos, incluso tenemos la suerte y la bendición de contar con varias de estas personas.

Sentirnos respaldados de esta forma es algo que, sinceramente, no tiene precio.

Si por un momento dudas o no sabes muy bien quién o quiénes serían estas personas, piensa en quiénes te visitarían en el hospital si hubieras tenido un accidente o a qué persona podrías llamar a las tres de la mañana con un problema, y ahí tienes la respuesta. Como digo, contar tan sólo con una persona de estas características ya es un motivo para estar agradecido de por vida.

 

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Esas personas con algo especial

Relacionado con el punto anterior, casi todos tenemos alrededor personas concretas que son muy buenas en un asunto particular, y a las que les podemos agradecer muchas pequeñas cosas.

Por ejemplo, está ese amigo que quizás no aparece en los momentos importantes o a quien no le gusta hablar de problemas serios pero que sin embargo… es el compañero de fiestas perfecto. No hay nada más divertido que una cena o una juerga a su lado, ¡qué bueno contar con él!

Por otro lado, quizás conocemos a alguien que tiene un sentido estético por encima de lo normal y por tanto es la persona perfecta para acompañarnos en una tarde de compras o indicarnos qué combina con qué o dónde podemos buscar los muebles más bonitos.

También está el amigo informático a quien acudimos desesperados cuando se nos queda colgado el ordenador. O la persona que nos recomendó por Internet un restaurante que nos encantó. O el escritor que escribe la novela que nos alegra el verano. O la mujer en la cola del supermercado que dice una frase que nos deja mucho tiempo pensando.

La verdad es que, si nos paramos a pensarlo, ¡hay tanta gente a las que le podemos agradecer miles de pequeños favores! Si nos salimos de esa pretensión absurda de pedir TODO a TODAS las personas de nuestra vida, encontraremos que cada cual cumple muy bien una misión, y que hemos recibido mucha más ayuda directa o indirecta de la que podemos llegar a imaginar.

 

Los lugares reparadores

Por último, tampoco es poca cosa tener uno o varios lugares a los que nos encanta ir, que nos reparan, nos curan las heridas del alma o donde nos sentimos como en casa.

Puede ser una casa para los fines de semana, el hogar de una persona muy querida, la biblioteca, el bar de toda la vida, un banco favorito en la plaza o un paraje natural cerca de donde vivimos. Puede ser nuestra propia casa o un lugar muy concreto de ella (nuestro despacho, el sillón al lado de la tele, la bañera…).

Piénsalo un momento ¿no sientes que hay más de un rincón en el mundo en el que te sientes a gusto y agradecido cada vez que estás ahí? No hablo de EL LUGAR, en mayúsculas, sino de todos esos espacios cotidianos que forman parte de nuestra vida, desde nuestro dormitorio hasta las tiendas que frecuentamos, y que de una forma o de otra nos hacen sentir bien.

De hecho, basta que cierren un bar o un comercio que nos gustaba para que tengamos la sensación de haber perdido algo… Antes de que llegue ese momento, es buena idea agradecer lo mucho que nos aportan estos lugares en el día a día

 

Después de leer esta lista vuelvo a preguntarte ¿Cuáles son tus motivos cotidianos para dar gracias? ¿Has encontrado alguno más?

Repito: no agradezcas lo que “se debe” agradecer si no te sale (lo típico: el trabajo, mi pareja, mis hijos, mi casa, comida en el plato) ni siquiera lo que yo he escrito aquí, que no tiene más objetivo que el de inspirarte. Agradece lo que sientas de verdad, en el momento en que lo sientas. Tanto si son unas vacaciones en las Maldivas como el hecho de tomarte una cerveza bien fría en el bar al lado de casa. Normalmente es mucho más fácil conectar y agradecer las pequeñas cosas de la vida. Así que te sugiero enfocarte preferentemente en ellas.

 

En conclusión

Cultivar la gratitud (y he dicho cultivar porque se parece a esto: plantar semillas, remover la tierra, esperar pacientemente) es el pasaporte hacia una vida más serena, más feliz y con más impulso para conseguir los siguientes retos.

Para eso, primero has de conectar de verdad con lo que te hace sentir agradecido, aunque no sea lo “políticamente correcto”. Y después, notar cómo los efectos de la gratitud se notan en otras parcelas de tu vida: te sientes mejor, más generoso y disfrutas más del momento.

¿Empiezas hoy a ser más agradecido? ¿Me lo cuentas en los comentarios?

 

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Créditos de la imágenes: Imagen destacadaImagen 2

 

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10 Comentarios

  1. Buenos días, me estoy acordando de lo q ocurre cuando no somos agradecidos con esa persona con la que conectamos de un modo especial y por tanto nos comportamos de una forma desagradable, uno de los errores más graves es ese justamente, no ser agradecido con la gente merecida y serlo con la que no lo es con nosotros, porque puede producir mucho daño y hasta causar enfermedades en la gente que nos aprecia, por tanto, es Indispensable ser agradecido lo máximo que podamos, rodearnos de buenas sensaciones y de saber estar y tranquilidad, todo lo que das, vuelve con más fuerza.Saludos!

    • Amparo Millán Responde

      Hola de nuevo Anto y gracias por comentar,
      Entiendo lo que dices pero a mí me parece que detrás de ese “debería ser agradecido con la gente que conecto” hay cierta obligación. Como repito bastantes veces a lo largo de todo el artículo, no hay mejor forma de alejar la gratitud de nuestra vida que FORZARNOS a ser agradecidos con ciertos hechos, situaciones o personas.
      ¿Y si simplemente lo dejamos estar? ¿Y si empezamos a experimentar ese sentimiento de alegría, sorpresa, suavidad o como queramos llamar a la gratitud, con las pequeñas cosas, sin más pretensión que esta? Nos han dicho tantas veces de pequeños lo desagradecidos que somos por esto o por lo otro, que ya no sabemos ni lo que queremos agradecer ni lo que no. La desconexión de nuestros verdaderos sentimientos es el auténtico desastre que vivimos todos cada día, no si correspondemos a quien “se lo merece” o si no.
      Olvídemonos de la moral, de las imposiciones, de los “debería…”. Sintamos. Sin más objetivo que este. Abrazos y buen fin de semana!

  2. Estoy de acuerdo contigo, hay que fluir!!! solo que leyendo el artículo me ha venido justamente eso a la cabeza, lo de pagar los platos rotos el que menos lo merece, simplemente. Gracias y buen finde!

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    • Amparo Millán Responde

      Me alegra mucho que el artículo te haya inspirado, ahora a poner en práctica! 🙂 Un abrazo

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