La vida está hecha de decisiones.

Seguro que casi cada día te ves en la disyuntiva de pensar: ¿hacer esto es bueno para mi? ¿me conviene este camino o este otro? ¿cómo sé si algo va a ser beneficioso o me hará daño a largo plazo?

Muchos de nosotros resolvemos esta ansiedad buscando apoyo o asesoramiento en el exterior.  A veces bombardeamos a preguntas a nuestros amigos y personas de confianza y otras, si el asunto es más complejo, acudimos a profesionales o consejeros de diverso tipo.

No estoy en contra de buscar el consejo o la opinión ajena, en muchos casos la perspectiva de otra persona es enriquecedora y nos hace ver cosas en las que no habíamos reparado.

Sin embargo, a veces no somos capaces de discernir qué nos conviene sin consultar a diez amigos y cinco oráculos, y en vez de escuchar varias aportaciones y con todas ellas tomar una decisión propia, lo que pedimos desesperadamente es que alguien, por favor, nos diga lo que tenemos que hacer.

Estuve un tiempo suscrita a un portal de preguntas psicológicas. Todos los días escribían personas para preguntar a los expertos qué hacer en diferentes situaciones de sus vidas.

Las preguntas eran del tipo: «mi novio me es infiel ¿debería dejarlo?; «Bebo mucho los fines de semana ¿significa que soy alcohólico?»; «No sé lo que hacer con mi vida ¿alguna sugerencia?; «Mi hijo es un delincuente que roba y se droga de vez en cuando, ¿cómo podemos tratarlo?».

Como puedes advertir, las personas habían delegado completamente la responsabilidad de sus vidas a unos psicólogos expertos que ni les conocían, y esperaban que alguien en diez líneas les diera una lista de acciones para poner en práctica y solucionar de una vez por todas sus problemas.

Este enfoque de preguntar a otra persona: ¿qué hago? es, en parte, engañoso. Porque supone pensar que las respuestas que necesito siempre las tiene otro, en lugar de admitir que están dentro de mí y soy yo quien las tiene que encontrar.

En este breve artículo voy a darte dos claves (una a largo plazo y otra a corto plazo) para que en el futuro aprendas a tomar tus propias decisiones sin tener que acudir a un panel de expertos a diario.

Vamos con ello:

cómo saber si algo me conviene

 

Cómo saber si algo es bueno o malo para ti: solución a largo plazo

A largo plazo, el único camino para dejar de hacer preguntas complejas sobre tu vida en foros de Internet es CONOCERTE y CONECTAR quien eres.

Conectar con tus sentimientos, con tus deseos, con tus dolores, con tus problemas, con tus tesoros internos, con tu propia historia que se remonta a la infancia (ya que en nuestros primeros años de vida está la respuesta a muchos conflictos actuales).

Y para conectar con todo esto, es imprescindible que te conozcas.

El viejo aforismo «conócete a ti mismo» sigue siendo en el siglo XXI tan importante como en el esplendor del imperio griego.

Caminos y estrategias de autoconocimiento hay muchos, por lo que tendrás que encontrar el más apropiado para ti: la lectura de libros de autoayuda, ir al psicólogo, a un coach, meditar, terapias transpersonales, astrología, tarot terapéutico, constelaciones familiares, llevar un diario personal, etc.

Es decir, a largo plazo lo único que te garantiza tomar buenas decisiones en tu vida (ésas que te traerán placer y te harán la vida fácil) es conocerte.

 

saber si algo es bueno

Así que te invito a pensar, ahora que estás leyendo esto, qué camino de autodescubrimiento podrías seguir.

Pero no, el artículo no se acaba aquí, quiero darte una respuesta más concreta y de acción rápida a la pregunta que te ha traído a este artículo. Aquí va.

 

Cómo saber si algo es bueno o malo para ti: solución a corto plazo

¿Qué puedes hacer, ahora mismo,  si estás indeciso entre dos o más alternativas?

Por ejemplo, en este momento no sabes si será bueno para ti casarte o no hacerlo, estudiar Matemáticas o Filosofía, mudarte o vivir en la misma ciudad, invertir tu energía en aprender un nuevo idioma o en disfrutar de tus amigos.

Pues aquí está una de las claves (no es la única, pero sí es importante): enfocarte en cómo te hace sentir cada opción.

Es decir, conecta con los sentimientos que despiertan esas decisiones, con todo lo que ofrecen y lo que implican. No hagas el ejercicio racional de pensar pros y contras si hasta ahora no te ha servido. Más bien, cierra los ojos y visualízate en cada uno de los escenarios posibles: ¿sientes que es bueno para ti? ¿sientes que quieres hacerlo? ¿te embarga la ilusión o el temor? ¿Y qué dice tu intuición?

Porque en el fondo, muy en el fondo, SÍ QUE SABES lo que quieres hacer. Lo que ocurre es que no te das permiso para sentirlo, o bien la mente se entromete demasiado.

Si estás en un momento de duda o indecisión sobre qué camino tomar, para, cierra los ojos y hazte las siguientes preguntas:

¿Qué es lo que de verdad me gustaría hacer, al margen de mis miedos e inseguridades?

¿Cuál es la opción que me transmite bienestar, esperanza e ilusión?

¿Qué personas son favorables para mí, porque siento que con ellas puedo ser yo mismo? ¿Y con qué decisión encuentro más de este tipo de personas?

 

(No subestimes esta última pregunta que es más importante de lo que parece…)

Cuando algo es bueno para ti al pensar en ello te sientes bien,vital, agradecido con la vida. Por el contrario cuando algo no te conviene, experimentas un sentimiento de alerta y malestar muy en el fondo de tu corazón, o te ves en la necesidad de darte una y mil justificaciones racionales.

(Y aquí introduzco otra idea: cuanto tienes que repetirte una y otra vez las ventajas de hacer algo, es decir cuando tienes que justificarlo de diferentes maneras, es que en el fondo no quieres hacer eso pero te estás forzando).

En conclusión:

Fiarnos de nuestros sentimientos, de nuestras sensaciones, de la sabiduría interior (que puede estar enmascarada por deseos y aspiraciones que no son nuestros) es el primer paso hacia la libertad y el auténtico bienestar.

Pero a largo plazo, el mejor camino para transitar por la vida con conciencia y tomando decisiones saludables es conocernos. Conocer cuáles son nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras cualidades y nuestras limitaciones y también, tener un propósito que seguir.

Espero que este artículo te haya aportado algo de luz en esa difícil tarea de decidir o decantarse por una alternativa.

Pero si te gustaría seguir investigando más sobre cómo tomar buenas decisiones no te vayas que tengo algo para ti…

Recientemente he publicado mi primer libro «Cómo tomar decisiones difíciles» en el que te cuento cómo abordar las elecciones complicadas de la vida con una actitud positiva y el alivio de saber que estás eligiendo bien.

Es un libro breve, de fácil lectura, pero que no deja nada en el tintero sobre este tema.

Lo tienes disponible tanto en papel, si vives en España, como en formato digital.

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Cómo saber si algo es bueno o malo para ti 


Créditos de la imagen: lauren rushing via Flickr Creative Commons

 

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5 Comentarios

  1. Muy bueno Amparo, eso de preguntarle a tu cuerpo. Creo en que el dolor en determinadas zonas del cuerpo está relacionado con nuestro problema, si tenemos dolor de garganta porque tenemos problemas de comunicación, dolor en las cervicales porque nos cargamos de problemas, etc. Muchas veces creo que preguntamos a los demás para saber si han acertado con lo que pensamos nosotros o para hacerles a ellos entrar en razón en por qué pensamos así, cuando lo más sencillo sería actuar escuchando a nuestro cuerpo. Además cuando la cosa sale mal, siempre podremos decir: ¿por qué le hice caso a…?

    • Amparo Millán Responde

      Efectivamente, delegar en los demás la responsabilidad de lo que sólo nos corresponde a nosotros (elegir lo que queremos hacer con NUESTRA vida), luego conlleva cosas como culpar al otro por haberse equivocado, o culparnos a nosotros por no habernos hecho caso, ya que estábamos en lo correcto.

  2. En un momento en que andaba buscando respuestas para una situación difícil, leí algo que me gustó y está en la línea de lo que propones: la opción adecuada para ti es la que te hace sentir como si te quitaras un peso de encima. Simple y directo. Luego hay que afrontar las consecuencias de lo que uno decide, pero eso es tema para otro buen artículo tuyo.

    • Amparo Millán Responde

      Qué buena frase, Mar, muchas gracias por compartirla! Me ha encantado 🙂

  3. A mi en la toma de decisiones me da miedo renunciar a algo que ya no vuelve y equivocarme, por ejemplo ahora que tengo cerca de 40 años y no me atrevo a tener un tercer hijo y a veces lo deseo. Si no lo tengo, ¿algún día me arrepentiré?
    ¿Y si no lo hago por miedo?

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