En la primavera de 2014, mientras estudiaba el máster de coaching (que fue el inicio de un camino de crecimiento personal y profesional) se me ocurrió crear esta web y este blog.

Comencé añadiendo contenido de manera esporádica, hasta que en agosto de ese mismo año me comprometí a publicar contenido de forma regular, no cuando me «viniese la inspiración». Un nuevo artículo por semana, determiné. Empecé publicando los viernes y al cabo de unas semanas me lancé a enviar un boletín por e-mail con cada nuevo artículo (el primero iba dirigido sólo a 20 personas, básicamente amigos y compañeros).

Tras unos meses descubrí que en realidad me apetecía más publicar y enviar los e-mails en sábado. Ese era mi momento favorito de la semana para desayunar con tranquilidad y leer todos los artículos que se me antojasen, desde el móvil, sin ninguna culpabilidad y supuse que a mis treinta suscriptores también. Así nació el «boletín de los sábados«.

Durante ese tiempo que va desde agosto de 2014 hasta abril de 2017 he seguido construyendo, poquito a poco y sin cansarme nunca, este blog que a día de hoy dispone de 100 artículos. A veces escribiendo cada semana y otras cada dos. En ocasiones retocando textos antiguos en vez de creando nuevos contenidos. Sin prisa pero sin pausa, creciendo de forma orgánica, todo lo contrario de ese «fácil y rápido» que está tan de moda ahora.

¿Cómo se pueden 100 artículos para un blog, largos y con un mínimo de calidad? Mi respuesta es esta: con pasión, con paciencia, con esmero, mejorando continuamente (sin llegar a un punto obsesivo) y disfrutando del proceso.

¿Qué he aprendido en este tiempo? Pues algunas lecciones sobre productividad, perseverancia, gestión del cambio, miedo al fracaso y gestión del tiempo que comparto contigo con la intención de que alguna puedas aplicarla a tu proyecto.

¿Empezamos?

Lecciones aprendidas después de 3 años con un blog
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8 lecciones aprendidas tras escribir 100 entradas en este blog.

Lección nº 1: La constancia se entrena, no hay que esperar a nacer con ella

Que la perseverancia es imprescindible para alcanzar el éxito (yo diría que es la principal cualidad de los triunfadores) lo sabemos todos. Lo que no tenemos tan claro es que esta cualidad se puede entrenar, aunque seas una persona con tendencia a la dispersión, la ensoñación o el trabajar despacio. Yo tengo estas tres características y sin embargo he sido increíblemente perseverante con este blog.

Uno de los motivos por los que no somos constantes es que creemos que no podemos serlo. Tenemos la idea de que si no nacimos constantes o disciplinados, mala suerte, debemos resignarnos a dejar las cosas a medias y a rendirnos a mitad de camino. Esto es falso, así que por favor quítatelo de la cabeza: la disciplina o la perseverancia son cualidades que se entrenan.

Cualquier persona tiene la capacidad de ser constante en un objetivo que anhela (otra cosa es obligarnos a perseverar en algo que, de entrada, no nos gusta ni encaja con nuestros valores) basta con encontrar un método que le funcione y practicar con él día tras día.

En resumen: no te conformes con esa idea de «yo no puedo ser constante» ni permita que te aleje de tus sueños. Busca la manera de entrenar y potenciar esta capacidad que ya está en ti, como lo harías con cualquier otro músculo del cuerpo. Verás que cuando encuentres tu método y la motivación para ponerte a ello, la perseverancia será una cosa que saldrá sola y sin esfuerzo el 90% del tiempo…

 

Lección nº 2: El exceso de perfeccionismo paraliza

Si esperamos a lanzar algo al mundo cuando esté perfecto, posiblemente no lo haremos nunca. Porque nunca estamos TOTALMENTE preparados para algo. Ni para una relación, ni para el primer trabajo, ni para dar clase, ni para exponer mis obras, ni para ser padres, ni para montar un negocio.

Por ello hay que tener la valentía suficiente para dar un paso importante cuando estamos medianamente preparados. Y entender que el resto de la preparación ocurrirá durante el proceso.

En mi caso, cuando releo los primeros artículos que escribí en este blog veo errores por todos lados. Las ideas estaban mezcladas, faltaba estructura, las imágenes no eran adecuadas, a los títulos les faltaba atractivo, ¡pero si incluso he encontrado errores tipográficos!  Y sin embargo esos artículos eran publicados, leídos, comentados y a muchas personas les gustaban. Además a mí me servían para darme a conocer al mundo y entrenar mi forma de escribir.

Si en vez de «lanzarme a la piscina» con lo que tenía me hubiera esperado a escribir el post perfecto, lleno de grandes y jugosas ideas, hoy no estaría contando esto, sino soñando con «qué bonito sería tener un blog con 100 artículos«.

¿Ves? Eso es lo que sucede cuando esperamos a que algo esté perfecto para lanzarlo: que soñamos, y le damos vueltas, y pensamos «qué bien estará mi vida cuando esto pase por fin» pero no damos pasos para que eso suceda en la realidad. Vivimos postergando en el tiempo la decisión y también posponiendo todo el proceso de aprendizaje que irá sucediendo.

Conclusión: No esperes a que algo esté perfecto, sino a que sea lo suficientemente bueno. Este es un mejor y más realista punto de partida. - ¡Twitea esto!

 

3. Aun sin pretenderlo, se mejora en algo con la práctica y el tiempo

Algo que tiene que ver con el punto anterior es que cuando repetimos una tarea una y otra vez vamos mejorando con el tiempo aunque no nos demos cuenta. Es decir, que la mejor manera de ser buenos en algo es practicar mucho.

Si quieres crecer en cualquier ámbito, en vez de proponerte un complicado plan de acción con el título «15 cursos que puedo hacer para mejorar mi destreza X», plantéate sólo lo siguiente: práctica. Práctica y tiempo. No necesitas mucho más.

La formación es necesaria para cualquier cosa, pero me parece que está un pelín sobrevalorada. A veces para avanzar en una habilidad (escribir, tocar la guitarra, hablar un idioma, vender mejor, gestionar mejor el dinero) es más eficaz practicar durante un año de forma regular que hacer diez cursos de formación.

¿La receta perfecta? Combinar formación con mucho tiempo de práctica, y confiar en que nuestro cerebro está capacitado para mejorar a base de practicar, sin que tengamos que proponérnoslo expresamente.

 

Lección nº 4: Para mí, un trabajo bien hecho es mejor que cinco trabajos mediocres

Esta es una conclusión personal con la que muchas personas no estarán de acuerdo (porque ahora se lleva producir mucho, aunque la calidad sea regulera) y podría resumirlo con esta frase: prefiero lo poco y bueno que lo mucho y malo.

Hace unos años, buceando por blogs de distinto tipos, me topé con la temática del minimalismo. Esa forma de vida en la que tenemos menos cosas pero más importantes, menos trabajo (y menos dinero) pero más tiempo libre, menos objetivos pero más esenciales.

Me calzó inmediatamente este ideal minimalista porque veo que en el mundo hay sobresaturación de todo tipo: de productos, de información, de deseos, de libros, etc.

También sucede en el mundo online: muchas personas que tienen un blog se ponen el objetivo de publicar cuantos más artículos mejor, para ser favorecidos por Google. De este modo, he visto páginas con más de 500 artículos, muchos de ellos similares entre sí y con calidad variable, en las que se hace difícil buscar lo esencial porque hay mucha paja que separar.

Desde el principio yo sabía que no iba a hacer un blog siguiendo este enfoque de «cuanto más, mejor». No quiero generar toneladas de información que luego haya que filtrar. Prefiero escribir un buen artículo, completo, cada 15 días en vez que dos de peor calidad cada semana. Y a veces me decanto por revisar y ampliar artículos antiguos que por crear contenido nuevo (algo que a mucha gente le sorprende y ve «poco práctico»).

Sé que con estas estrategias me alejo de las tendencias en el mundo del blogging y pierdo oportunidades con el dios google que adora el contenido «fresco», pero no me importa. Porque considero que el mundo sería un lugar mejor, más bello, más apacible y menos abarrotado, si todos hiciéramos menos cosas pero de mejor calidad.

¿Te sumas a esta forma de vivir y trabajar?

 

Lección nº 5: Elijo ir despacio a propósito, y me gusta

Otra manera con las que me desmarco de la tónica productivista es esta: me gusta hacer las cosas despacio adrede. Me parece que es una manera no sólo de disfrutar más el tiempo presente, sino de vivir con menos estrés.

Tengo que admitir que he llegado a este punto slow después de algunas tandas de frustración y culpa. Al principio me sentía muy improductiva cuando dedicaba horas a escribir mis artículos, o empleaba demasiado tiempo en las sesiones de coaching. Intentaba, sin éxito, mejorar mi eficiencia en estas tareas utilizando alarmas, horarios, animándome a trabajar más rápido.

Sobra decir que no tuve éxito. He aprendido que no me gusta hacer las cosas con prisa, y que mi forma de pensar requiere calma y profundidad. Y sólo puedo descender a lo profundo si me doy tiempo… Así que ahora ni miro el reloj en las sesiones de coaching (siempre me paso del tiempo establecido, pero ni lo noto) ni miro el reloj cuando escribo los artículos. Fluyo con el tiempo y con las circunstancias.

Lo sé, esto es muy poco eficiente, pero no me sale de otra manera. Yendo despacio y sin mirar el reloj disfruto de lo que hago y me sale mejor (si fuera al revés y pudiera dar lo mejor de mí trabajando a contrarreloj, me encantaría, pero es que no lo es y tengo que aceptarlo…).

Si tú también das lo mejor de ti cuando te permites no mirar el reloj, cuando te olvidas de esa idea perniciosa de que «hay que ahorrar tiempo», sigue mi ejemplo y rompe las reglas de la productividad. Elige ir despacio a propósito y mira… que sea lo que Dios quiera…

 

Lección nº 6. Escribir de forma salvaje y libre es más divertido que revisar y corregir peeero…

Lo más divertido a la hora de escribir un artículo es la primera parte: cuando empiezas a trasladar con pasión todas la ideas al papel, sin mucho orden y utilizando lo primero que te viene a la cabeza. Pasa lo mismo en cualquier proyecto creativo: la primera fase, creativa y alocada, es la más divertida.

Sin embargo, después de ese vibrante momento de inspiración nos toca perfeccionar nuestra obra, y aquí viene el problema: que la fase de revisar, corregir y mejorar es muuucho más tediosa. Y más lenta. Y no obstante, es la que diferencia un trabajo mediocre de un trabajo extraordinario.

¿Qué es más divertido, crear una receta de cocina de la nada, o hacer decenas de pruebas para medir la cantidad justa de un ingrediente que da un sabor excepcional? Sin duda lo primero. Eso sí, sólo seremos grandes cocineros si somos capaces de aguantar con paciencia estas sesiones largas y un poco aburridas de correcciones y ajustes.

Con la moda del emprendimiento pasa un poco igual: es mucho más divertido y estimulante tener una idea de negocio, y hacer un plan, y diseñar una web bonita, que trabajar día a día como una hormiguita corrigiendo pequeños fallos y ajustando parámetros de aquí y de allá. Pero sólo llegaremos al éxito si somos buenos y constantes en esta fase.

Por ello, y si tienes entre manos un proyecto creativo a cualquier nivel: no te deprimas si la fase de perfeccionamiento te aburre un poco. No es que te falte motivación, sino que no todo en la vida es chispa, diversión e impulso. Después de la aparición de una idea inspirada, llega la fase de materializarla e ir ajustando esa idea, donde lo que importa no es tanto creatividad sino la  paciencia. Hay que saber siempre en qué momento nos encontramos y qué aptitudes requieren  las diferentes fases de un proyecto.

 

Lección nº 7. A veces las expectativas lector/escritor no coinciden, y no pasa nada

Lo que diferencia a un triunfador, en cualquier ámbito, de una persona que se esconde en casa por miedo, es la capacidad de hacer frente a decepciones, fracasos y frustraciones.

Como la mayoría de las personas, yo he tenido un miedo irracional a fracasar, a que algo saliera mal. Cuando empecé a escribir este blog mi mayor temor es a la gente no le gustara o que directamente me criticaran. En mis peores pesadillas, imaginaba hordas de haters diciéndome «¿y tú quién te crees que eres?» o a mis amigos y conocidos cotilleando a mis espaldas: «¿has visto lo que escribe ahora Amparo? Qué ridículo»

Cuando me lancé a la tarea de publicar en el blog, a pesar de los miedos, descubrí que el mundo no es un lugar tan terrible como nos lo muestra nuestra mente atemorizada. La gente está muy ocupada, tienen mejores cosas que hacer que criticarte. Y aunque lo hagan, casi nadie va a decirte a la cara que no le gusta tu trabajo. Las personas somos educadas después de todo y no hacemos daño gratuito.

Otra cosa interesante que me ha pasado es ver que a veces no han coincidido mis expectativas con las de los lectores. Y aunque al principio esto desmotiva, y crea cierta ansiedad (tipo: ¿¡qué estoy haciendo mal!?), es algo de lo que aprendes a desapegarte con el tiempo.

Por ejemplo, artículos que yo pensaba que iban a ser muy leídos y comentados o buscados en google, han pasado casi desapercibidos… Y otros que me parecían más raros, que escribí con dudas, han sido muy valorados. Como este artículo peculiar: «Reflexiones sobre el pájaro azul que está dentro de ti«, que es uno de los que más visitas trae a mi página, y jamás lo hubiera previsto.

Otras veces me ha pasado que un artículo que no ha tenido mucho éxito en la semana de su publicación, a los cuatro meses lo comparto de nuevo en Facebook y me genera muchos likes, comentarios y visitas. No sé muy bien el motivo, supongo que cada cosa tiene su momento, o tal vez es que hay decenas de variables que no podemos controlar.

Conclusión: A veces tenemos que soltar el control de las cosas que suceden cuando ponemos algo en el mundo. Y aprender a desapegarnos de los resultados.

Hay cosas que un día (misteriosamente) funcionan y otro no. Algo en que invertimos mucho esfuerzo no triunfa, y algo que hicimos casi por casualidad obtiene un resultado inesperado. Hay personas que nunca hubiéramos esperado que alaban nuestro trabajo y otras que nos critican. En todos los casos, no pasa nada. Hay que quitarse los miedos y aprender a ver el lado divertido y sorprendente de todo esto.

 

Lección nº 8. Un mínimo de normas o estructura es muy beneficioso

Lo admito: siempre he estado un poco peleada con los límites. No me gustan nada los horarios, las normas ni las órdenes. Creo, además que la mayoría de normas son absurdas y perjudiciales.

Entiendo que en el ejército la disciplina y los límites son imprescindibles, pero que el colegio y la mayoría de los trabajos sigan esta estructura militar me parece un despropósito. Horarios inflexibles, temarios o tareas que detestamos y nos imponen, cada minuto de nuestro día controlado, cero espacio para la flexibilidad o la improvisación… Vivimos en un cuartel inmenso (e innecesario) y no nos damos cuenta.

Luego, cuando un día tenemos que trabajar por cuenta propia o con pocas directrices, la mayoría de las personas caemos en comportamientos como la procrastinación, la distracción o la ineficiencia. Es lógico, estamos tan habituados a la estructura externa que tenemos la estructura interna (o autodisciplina) atrofiada.

Una de las habilidades imprescindibles para cualquiera que realice un trabajo autónomo es la de aprender a organizarse y «obligarse» a trabajar aun cuando no le apetece. Encontrar el propio ritmo de trabajo, ése que es flexible y sólido a la vez, donde ni nos pasamos de duros ni de blandos con nosotros mismos, es un aprendizaje que cuesta AÑOS.

La cuestión es que la mayoría de personas tenemos pendiente el ponernos límites y normas SALUDABLES a nosotros mismos, que serán más rígidos o más laxos según nuestra personalidad. Estos límites saludables nos ayudan a completar nuestras tareas y no nos esclavizan, así que siempre los cumplimos con alegría.

En mi caso, a la hora de escribir en este blog, me puse el límite de que cada nuevo artículo tenía que estar listo antes del sábado a las 9 de la mañana, y esto era innegociable. No me puse horarios de escritura, ni sigo ningún ritual particular (si tú eres una persona más estructurada, tal vez los necesites) pero esta única norma autoimpuesta me ha ayudado como ninguna otra cosa a ser constante y a organizarme. Nunca, jamás, en estos más de dos años, he roto con esta promesa hecha a mí misma.Y lo mejor de todo es que esto es algo que me ha salido sin sacrificio y sin esfuerzo sobrehumano. Ahí tengo la prueba de que este ha sido un límite saludable y positivo para mí.

¿Tienes un objetivo a largo plazo? ¿Algún sueño dorado te despierta por las noches y te pide que lo cumplas? Entonces crea un plan y ponte una norma que seas capaz de cumplir. Si ese objetivo es algo que deseas de verdad, y esta norma tiene la textura perfecta para ti (ni demasiado rígida ni demasiado flexible) no vas a parar hasta conseguir ese objetivo, y además lo harás disfrutando del camino.

En resumen, las 8 lecciones aprendidas después de 100 entradas en este blog son:

 

1. La constancia es algo que se entrena, todos podemos ser más constantes

2. El exceso de perfeccionismo paraliza (¡empieza ya!)

3. Se mejora, aun sin pretenderlo, con la práctica y el tiempo

4. Prefiero lo poco y bueno a lo mucho y malo

5. Elijo hacer las cosas despacio porque me gusta y me va mejor

6. La fase de revisión es más aburrida que la de creación, pero hay que atravesarla

7. Hay que hacer y desapegarse de los resultados, no se pueden predecir todas las consecuencias

8. Un mínimo de normas y estructuras es muy beneficioso

 

 

Finalmente…

Para escribir 100 artículos antes hay que haber escrito el 1, el 2, el 17, el 48, el 70 y el 99… Quiero decir que este es un proceso que no puede hacerse en poco tiempo, ni tampoco con prisas (porque entonces se convierte en un suplicio).  Las cosas llevan su tiempo y esto hay que entenderlo y asumirlo.

Sin embargo, tampoco podemos demorarnos excesivamente a la hora de hacer algo. Cualquier cosa interesante de la vida requiere empezar aunque uno no se sienta totalmente preparado, aunque tenga miedo o se sienta inseguro.

Dicho esto, espero que estas 8 lecciones te hayan inspirado para hacer eso que deseas hacer y que todavía no ha pasado al plano de lo real. Si hoy te decides a poner en práctica algo importante que te mueres de ganas de hacer, en un espacio de dos años tendrás un resultado observable que te hará sentir muy orgullos@ del trabajo acumulado.

Además, el proceso de aprendizaje te convertirá en una persona más sabia y con más perspectiva de la vida, ¡y entonces podrás escribir o contar a los demás tus principales reflexiones! 😉

En aquel verano de 2014 yo soñaba con lo bonito que sería tener en mi blog recién creado un número grande de artículos, tan grande y redondo como 100. Después de meses de trabajo disfrutado y sostenido, veo que eso se ha materializado.

Supongo que así ocurre con todas las cosas en la vida: cuando se pone pasión, constancia y se van venciendo resistencias, los resultados caen sin esfuerzo extra, como los frutos maduros.

 

Muchas gracias por formar parte de esto.

¡Y suerte y valor para tus objetivos!

 

 

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12 Comentarios

  1. Enhorabuena por tus 100 artículos!!!!!Mucho ánimo con el libro, en la presentación espero estar allí. Disfruta lo que te queda del finde.😙

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias Clara por todo tu apoyo!!!! <3 <3 <3 <3

  2. Felicidades por estos primeros 100 artículos de tu blog, que espero que sean solo el principio de muchos más porque me encanta leerlos y me ayudan mucho a reflexionar, un beso.

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias por tus palabras! Sí, creo que estos artículos serán el inicio de muchos más porque a mí también me encanta escribirlos, y ya si a las personas les gusta leerlos es el pleno al 15 😉 Un fuerte abrazo!

  3. Virginia Melchor Responde

    Ya son 100 artículos, plasmados en un papel sería un libro. Felicidades por el logro y, gracias por los consejos 🙂

    • Amparo Millán Responde

      ¡Cierto! A veces he pensado que podría haber escrito un libro… Pero sin ninguna duda el formato blog es mucho mejor (y lo recomendaría a cualquier escritor para empezar): más ágil, más fácil escribir cada semana y lo más importante, permite interactuar desde el principio con los lectores. ¡Gracias por tu comentario Virginia!

  4. Muchas felicidades por tus 100 artículos!!!!
    Yo no soy muy dada a dejar comentarios pero si quería decirte que te conocí por casualidad y espero ansiosa todos los sabados para leer tus artículos. A mi me ayudan. GRACIAS por estar ahí !!!😘

    • Amparo Millán Responde

      ¡Hola Isabelina, encantada de saludarte! 🙂
      Me alegro mucho que la casualidad te haya traído hasta este espacio y que disfrutes de mis artículos. Para mí es súper enriquecedor saber que mis palabras conectan con la verdad interna de otras personas, y nos ayudan a todos (a vosotros, a mí) a crecer y a ser mejores personas cada día. Total, para eso estamos en este mundo ¿no? Para amarnos, conocernos, amar a los demás y ser más sabios y felices. Muchas gracias a ti también por estar ahí, un abrazo!!

    • Amparo Millán Responde

      Pedro, es verdad que la palabra «lección» puede tener un matiz pretencioso. Ahora que lo dices, «aprendizajes» o «reflexiones» me parecen términos más adecuados.
      De todas formas las lecciones no son para los demás sino que son para mí. Por eso he titulado el artículo «8 lecciones aprendidas» (es decir, POR MÍ y PARA MÍ) en vez de «8 lecciones que te voy a dar», creo que se entiende la diferencia.

  5. Felicitaciones!

    Me siento identificada con tantas cosas que dices, el minimalismo, la resistencia a las normas, la falta de autodisciplina, es tan poco común ese tipo de pensamiento que siempre me siento fuera de contexto, pero me alegra saber que se obtienen resultados basándose en sus propios valores y que los resultados son excelentes.

    Me ha resultado muy inspirador y revelador este artículo. Espero que también movilizador.

    Que sean miles de artículos más!!!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Fla!
      Me alegro mucho que mi artículo te haya servido para ver que no todos tenemos que ser iguales y tener la misma forma de trabajar. No a todos nos sirven esas estrategias basadas en la planificación milimétrica, la disciplina, la alta productividad, el «más, más y más». Y en ese caso lo que hay que hacer es sumergirse en una búsqueda, a prueba y error, para detectar qué cosas nos funcionan y cuáles no.
      Al final, además, tiene su gracia ser un pez original que busca su propio camino, diferente de lo que pregonan las mayorías 🙂
      Un abrazo y gracias por tus palabras!

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