¿Qué es el éxito? ¿Qué es triunfar como persona? ¿A qué podríamos llamar “una vida provechosa y que merezca la pena”?

Esta fue la pregunta que salió durante la clase final de preguntas y respuestas de mi curso 21 días. Creo que es una pregunta que todos nos habremos hecho al menos una vez. Quizás no ahora que estamos con la lista de tareas desbordada y problemas que se suceden uno detrás de otro, pero supongo que con 14 años, o con 18, o con 25, edades en que los asuntos filosóficos nos resultan interesantes, nos habremos puesto a considerar en serio estas cuestiones.

Dijo una de las participantes del curso:

Triunfar es vivir de manera que te sientas conectado y bien contigo mismo.

Qué bonita manera de definirlo… Sí, ese es el verdadero éxito, vivir conectados. No importa si con más disfrute o con más desgracias, con cierto estrés o en un mar de calma, con dinero abundante o con penalidades para llegar a fin de mes, con pareja o sin ella.

 

El éxito verdadero no es construir una “vida perfecta” (salud de hierro, casa bonita, familia ideal, trabajo perfecto, riqueza) sino estar en permanente conexión con lo que somos.

 

Y estar en conexión permanente con lo que somos implica no tener que aparentar, ni tener que anestesiar nuestras emociones turbulentas con pastillas o distracciones externas.

Ahora que se lleva tanto esto de viajar, aprovechando cualquier período mínimo de vacaciones, me pregunto si no es el reflejo de una necesidad peligrosa de escape y evasión. Esta compulsión por el viaje… ¿no está enmascarando que nos es insoportable estar conectados a nuestra persona y a nuestra vida cotidiana?

Creo que ocurre algo parecido con la lectura. Yo soy una lectora voraz desde siempre, desde que era niña, y nunca lo he visto como un mérito o algo de lo que sentirme orgullosa. Tengo clarísimo que para mí leer, el 80% de las veces, ha sido un refugio. Una manera de evadirme de una realidad poco estimulante, o aburrida, o dolorosa, o confusa. Supongo que mucha gente también ha utilizado la lectura para refugiarse, por tanto ¿es ejemplarizante leer mucho? Lo dudo, por muchas campañas de promoción de la lectura que quieren hacernos creer que leer es mejor que estar viviendo y cambiando nuestra realidad.

Y por favor, no me malinterpretéis, es maravilloso viajar y leer pero siempre que sea como forma de enriquecer nuestra vida y no como vía de escape (lo mismo que beber ginebra o fumar un cigarrillo, nocivos en exceso, pero un placer adulto a pequeñas dosis).

Hecha esta introducción, vamos al tema. Exploremos qué es la conexión emocional, por qué es importante y qué tres factores son imprescindibles para desarrollarla.

 

Los caminos comunes pero insuficientes hacia la felicidad

La felicidad, la autorrealización o la plenitud son las metas de casi todo ser humano, están detrás de cada deseo concreto que nos proponemos.

A veces nos aproximamos a estas metas desde las cosas. Nos centramos en comprar objetos y experiencias que nos hacen sentir bien. Pensamos continuamente en las posesiones que nos faltan, los lugares que vamos a visitar, las tiendas que vamos a visitar en el centro comercial cuando nos llegue la nómina. Sucede que aunque las cosas nos llevan a sentir placer, y está muy bien rodearse de belleza y hacer planes divertidos, con esto solo no basta. Necesitamos algo más que objetos y experiencias para sentirnos plenos.

Seguimos buscando felicidad o sensación de triunfo en la admiración de otras personas. A veces, curiosamente, de personas que no apreciamos mucho pero a las que queremos impresionar. Aquí juegan su papel todas las redes sociales, las apariencias, el pregonar a los 4 vientos lo bien que nos va el negocio, lo guapos y listos que son nuestros niños o lo bien que lo pasamos en nuestro último viaje por el Sudeste Asiático. Por supuesto, aunque presumir tiene su gracia, la felicidad verdadera no se encuentra ahí. Es más, vivir para impresionar y competir esta es una manera de alejarla.

Nos esforzamos aún más y buscamos el sentimiento de plenitud en las metas. Hacemos de consolidar hábitos saludables, conseguir éxitos profesionales o acumular retos cumplidos nuestra razón de vivir. Es verdad que los logros importan, y que proponernos un objetivo y trabajar para conseguirlo nos llena de satisfacción. Es fantástico progresar en la vida de esta manera. Pero de nuevo, esto solo no basta… Llega un momento en que cumplir metas se convierte en algo mecánico y cada nuevo hábito adquirido nos deja un regusto amargo. ¿Esto es todo? nos preguntamos ¿la vida no consiste en algo más aparte de ascender y lograr objetivos?

Podría seguir dando ejemplos hasta el infinito: cuando buscamos la felicidad en una relación de pareja, o en el trabajo soñado, o en mantener un estado mental libre de preocupaciones, o en acumular dinero, o en el estudio y el conocimiento, etc. Hagamos lo que hagamos en nuestra búsqueda de la autorrealización hay algo que se nos escapa… y nos damos cuenta de que aunque hay placer, diversión, satisfacción, tranquilidad, en todo lo anterior, nos sigue faltando algo.

Y ese algo es… la conexión.

 

Porque el camino hacia la felicidad es hacia afuera, indudablemente, pero también hacia adentro.

Y la sensación de triunfo personal, de “vaya, lo estoy haciendo bien“, se mide en parámetros externos pero también internos. El barómetro que mide este triunfo interior es el nivel de conexión que tenemos en cada momento.

La vida no nos pide que seamos perfectos, que resolvamos todos nuestros problemas, que no hagamos nunca daño a nadie o que no nos equivoquemos. No estamos aquí para eso, aunque a veces este valor moral de “hacer las cosas bien y no equivocarnos” se imponga más o menos sutilmente.

No estamos aquí para alcanzar el equilibrio en todas las áreas de nuestra vida y tampoco para “llegar a la santidad” y no fallar nunca más.

Sin embargo, hay otro objetivo al que sí podemos aspirar y que no supone perfección: estar conectados.

Bueno y ¿conectados a qué? tal vez te preguntes. Pues a nuestro ser esencial. A la persona que somos originariamente. A nuestros deseos verdaderos, nuestras aspiraciones particulares (que pueden diferir mucho de las de nuestro entorno) nuestros sentimientos luminosos u oscuros, nuestros gustos, nuestros pensamientos, nuestros talentos naturales, lo que nos pasa por dentro.

No tenemos que ser infalibles ni aspirar a que nuestra vida, algún día, dentro de 30 años y tras un arduo trabajo personal, sea perfecta. Todo lo que tenemos que hacer es ser quienes somos, con generosidad, sin miedos y sin necesidad de defendernos a cada momento.

Qué fácil y qué difícil a la vez ¿verdad?

No necesitas felicidad, necesitas conexión
¡Pinéalo!

 

Tres requisitos para conectar contigo mismo

He pensado mucho en esto, y he llegado a la conclusión de que la conexión exige tres cosas: valentía, decisión y verdad.

Valentía porque el camino hacia el centro de nuestra persona está lleno de dolor y de emociones incómodas.

Si queremos recuperar la conexión perdida con nuestro ser esencial el único camino válido es hacia adentro (no valen las cosas, ni las personas, ni cumplir metas externas). A nivel práctico, esto supone revisar nuestra historia desde la infancia, que está llena de alegrías pero también de desesperación, de buenas decisiones y otras que fueron nefastas (y cuántas consecuencias desagradables originan las malas decisiones…).

Nos han hecho daño y hemos hecho daño. Hemos tenido momentos de genialidad y momentos vergonzosos. En fin, en nuestra historia hay un poco de todo, y como muchas personas se pasan la vida huyendo y escapando de lo oscuro, de lo que les lleva a sentir culpa, este camino hacia adentro se ve como demasiado peligroso y se va postergando.

La segunda cosa que exige la conexión es decisión. Parece obvio decir esto, pero antes de cambiar hay que tener la intención de hacerlo y hacer un compromiso inquebrantable con uno mismo.

Ya expliqué que “intención” es una palabra clave para materializar nuestros objetivos. Si verdaderamente quieres cambiar, si quieres conectar con la persona que eres, vivir desde dentro y sintiendo que llevas las riendas de tu vida y no al revés (que son los acontecimientos externos los que te zarandean de un lado para el otro) tienes que hacerte la promesa de que vas a empezar ese camino.

Una manera práctica de concretar esta decisión es a través de un ritual que sirva para poner una fecha al momento inicial del cambio. Y con “ritual” me refiero a algo tan sencillo como comprar un objeto que asocies a esta decisión, escribir un manifiesto para ti mismo, quemar un deseo y luego esparcir las cenizas, o viajar a algún lugar poderoso y comprometerte contigo mismo a que, a partir de ese momento, empieza un camino de descubrimiento personal y aceptación sin retorno.

La tercera pata de la mesa donde se sustenta la conexión es la verdad. Qué poderosa esta palabra…

Me viene a la cabeza una anécdota de mis tiempos de instituto: el día que el profe de Ética nos pidió que eligiéramos un valor moral e hiciéramos un dibujo y una frase para representarlo. Yo elegí “verdad”, dibujé un camino que serpenteaba por una llanura y un cartel de madera en forma de flecha con la palabra verdad al inicio de ese camino. Mi frase fue: “la verdad es el camino”.

Me hace gracia acordarme de esto tantos años después porque de alguna manera siempre ha estado ahí esta aspiración en mi vida y en mi trabajo. Siempre me he sentido atraída por los terapeutas y escritores que no se han conformado con “ser felices” o “vivir de manera positiva” sino que aspiraban a comprender el origen y los motivos de los conflictos internos y externos (como Laura Gutman, mi gran maestra, entre muchos otros: Alice Miller, Therese Bertherat, José Luis Cano, Prado Esteban, Félix Mora, etc.)

La verdad o nada. Este es un mantra para mí.

La conexión con nuestro ser esencial tiene que seguir el camino de la verdad y aquí enlazo con lo que dije sobre la valentía. No podemos pretender maquillar ni disimular las experiencias desagradables que hemos tenido, sino elegir verlas en toda su dimensión.

Tampoco tenemos que conformarnos con entendernos un poquito más, con vislumbrar y cumplir un poquito nuestros sueños, con ser un poquito más amables con los que nos rodean. Dejémonos de matices: vamos hasta el fondo, hasta el final, hasta donde sea posible, menudo aburrimiento empezar un camino personal para “vivir un poco mejor”. La aspiración tiene que ser hacia una vida plena, verdadera y completa (que no perfecta) porque sólo una visión como esta va a despertar nuestra motivación dormida.

Repasando: el camino de vuelta a casa, hacia esa persona única y genial que somos, que no necesita defenderse todo el tiempo y por eso puede poner la energía en VIVIR en vez de en sobrevivir, requiere:

  • Valentía
  • Decisión
  • Amor a la verdad.

¿Cómo lo ves? ¿Estás dispuest@?

 

Resumiendo: la palabra mágica es CONEXIÓN.

El éxito verdadero no es construir una vida perfecta, no te obsesiones con ello, no tienes que estar ahí. El éxito vital es estar en conexión con lo que eres, y transitar tu camino en este mundo desde ahí.

Cuando estamos conectados, los acontecimientos y decisiones de la vida se viven con más claridad. Nos ocupamos de aquellas cosas que sí podemos cambiar (en vez de caer en el derrotismo) y nos desapegamos de las situaciones sobre las que no tenemos ningún control.

Cuando estamos conectados sabemos qué hacer, no tenemos esa sensación incómoda de parálisis (tipo ¿y qué hago ahora, por dónde voy?) ni tenemos miedo a tomar decisiones.

Cuando estamos conectados tenemos más energía. De repente ponemos más entusiasmo en el trabajo, en el estudio, en las relaciones. Al margen de que nos levantemos tristes o alegres por la mañana, nos sentimos vivos en vez de apáticos y con ganas de estar durmiendo todo el día.

Cuando estamos conectados la vida toma un cariz más interesante. Tenemos más curiosidad, más ganas de aprender, viajar, leer, salir, pero sin necesitar compulsivamente estas experiencias.

Y por último, cuando estamos conectados, nuestras relaciones personales se vuelven más cálidas y fructíferas. Nos relacionamos desde otro lugar, menos falso, más sincero. No necesitamos “impresionar” a nadie, tan sólo nos mostramos como somos.

¿Quieres una aspiración para tu vida a partir de ahora? Permanece conectado. Descubre quién eres, empieza a eliminar una tras una las máscaras que has construido para protegerte y olvídate de una perfección para la que ni tú ni yo hemos nacido.

Y si tú ya eres una persona con una vida imperfecta pero que vive en conexión con su mundo emocional y sus deseos auténticos, déjame decirte algo: lo estás haciendo muy bien.

Feliz día para todos.

 


Créditos de la imagen: GetStencil

 

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4 Comentarios

  1. Hola, Amparo. Hoy si que puedo decir que me has LEVANTADO LA MORAL. Parece que el articulo está escrito para mi. Me he levantado sin ánimo, ya que no puedo hacer prácticamente nada, debido a una lesión no salgo de casa hasta que el médico “me autorice” a andar. Pero, bueno esta situación es temporal. Lo importante son otras cosas. Y me ha parecido que la CONEXIÓN es una de ellas. Y después de leerte estoy dispuesto a buscar mi conexión. Me encanta lo de “escribir un manifinstó para ti mismo”. Creo que lo haré. Gracias! !!!!!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Antonio!
      Me alegra mucho que el artículo haya sido un impulso de energía positiva 🙂 Sí, en realidad estás en un muy buen momento para explorar la conexión REAL que tienes contigo mismo… Suele pasar que los momentos en que físicamente no nos podemos mover, o nos movemos con dificultad, son propicios para las grandes preguntas: cómo estoy llevando mi vida, qué quiero, qué no quiero pero hago por inercia o por no defraudar, qué me gustaría, qué me duele en realidad, dónde me perdí de mí mismo.
      Sé que esto puede sonar raro, pero te animo a tomar este momento de dificultad de movimiento como una bendición para ti. Ya que no puedes hacer mucho en el “mundo de afuera”, es hora de tomar contacto con el mundo de adentro.
      Un abrazo Antonio!

  2. Me gusta mucho este articulo. CONEXIÓN. Que importante me parece, ahora que lo he leído y comprendido(creo). Me pasa a veces que tengo ideas contradictorias sobre una misma cosa.Muchas veces he pensado en una “doble personalidad”. Pero después de leer este artículo me parece que estas ideas de deben: unas,a lo que realmente pienso, o sea mi conexión interior. Y otras, a la influencia del entorno. Tengo en muchas ocasiones una lucha interior bastante fuerte. Y siempre que puedo acabo eligiendo lo que me parece más cercano a mi yo real, aunque no se si acierto.

    • Amparo Millán Responde

      Entiendo que esas ideas contradictorias y esa lucha interior deben de ser muy cansadas para ti… Desgasta mucho tener la mente confundida y a mil por hora. Sí, puede ser que por un lado esté lo que tú piensas de verdad y por otro un discurso que has interiorizado y que proviene del entorno.
      Si pudiera darte una sugerencia sería: ordena. Pon orden en tus pensamientos, en la mesa de tu escritorio, en tu rutina, en tu casa. Escribe todos esos pensamientos contradictorios y trata de encontrarles una fuente (¿de quién son esas ideas? ¿tuyas o de otra persona específica que te las inculcó?). A veces esto podemos hacerlo nosotros solos y a veces es momento de buscar ayuda externa (terapia), porque realmente tener caos mental es agotador y nos suele complicar la vida.
      Sea como sea, enhorabuena por haberte dado cuenta que hay una parte auténtica de ti que no se resiste a desaparecer, ¡sigue su rastro!

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