¿Quién no ha sentido miedo alguna vez? Más aún ¿quién no se ha sentido paralizad@ ante esa sensación misteriosa que se nos agarra al pecho o a la garganta y que nos susurra “no, no lo hagas, es peligroso…”?

 

Dice la Real Academia Española que el miedo es una “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Tengo que reconocer que me gusta esta definición, pero siento que sólo expresa lo que es el miedo en su vertiente negativa: la angustia, la parálisis, el terror por peligros imaginarios.

 

Lo cierto es que el miedo, al igual que otras emociones desagradables como la envidia o la culpa, también tiene una parte positiva. El miedo porta un mensaje que, si somos conscientes y despiertos, podemos escuchar sin que nos bloquee. Sería ideal si pudiéramos quedarnos con “lo bueno” que nos trae el miedo y luego decirle, amablemente: Gracias, ya te he escuchado, ahora déjame libre el camino.

 

Como expresa Gabrielle Roth en su libro “Mapas para el éxtasis”:

El miedo es una emoción fundamentalmente útil. Nos pone en estado de alerta, nos agudiza los sentidos e intensifica la percepción ante el peligro. El miedo es nuestro amigo, un instinto básico de la supervivencia.

 

[…] No tenemos por qué tenerle miedo al miedo. No tenemos por qué avergonzarnos de nuestros miedos ni inmovilizarnos a causa de ellos. Necesitamos darles la atención y la expresión adecuadas cuando surgen. Entonces la energía del miedo es liberada como es debido.”

 

Si cambiamos nuestra percepción negativa del miedo podemos apreciar que, en su origen, esta emoción es básicamente útil o beneficiosa. El problema comienza cuando nos quedamos en esa fase de miedo y no damos un paso adelante, ahogando nuestros sueños y nuestro atrevimiento.

 

Con qué parte del miedo nos podemos quedar

La función del miedo es básicamente protegernos. Piensa en qué ocurriría si anduvieras alegremente y sin miedo en una ciudad congestionada por el tráfico o por un bosque lleno de fieras salvajes. El miedo nos pone alerta, nos dice “sé precavido y ve con cuidado“.

 

Asimismo, hay situaciones en las que es preciso atacar o huir. Es la respuesta fisiológica que se desencadena con el miedo la que nos da este chute de energía para actuar y no quedarnos quietos. De hecho, muchas personas cuentan que en situaciones de peligro, como un incendio o una avalancha, han contado con una fuerza sobrehumana que les ha permitido sobrevivir.

 

Si vamos a emprender un proyecto arriesgado, o hemos pensado hacer un cambio radical en nuestra vida (de pareja, de trabajo, de actitud, de lugar de residencia, una compra importante) sentir algo miedo e inquietud no sólo no es perjudicial, sino que es sano. En estos casos, el miedo nos invita a pararnos un momento y preguntarnos:

¿Qué precauciones puedo tomar?

¿Es necesario que vaya más despacio, que me tome esta decisión con más cautela?

¿Qué consecuencias puede traer esta decisión, y cómo podría amortiguarlas?

 

Cuando el miedo es un enemigo

El miedo pasa de convertirse en un mensajero a un verdadero boicoteador cuando nos vuelve torpes, apagados, inseguros e incluso nos paraliza por completo. Eso ocurre en ciertas situaciones en que nuestra integridad física no corre ningún peligro y sin embargo sentimos el mismo miedo que si así fuera.

 

Todos conocemos el caso de estudiantes que se han quedado en blanco ante un examen, a pesar de conocer las respuestas, o personas que permiten que otros las humillen simplemente porque les da pánico hacer valer sus derechos. Además, es bien sabido que para algunas personas hablar en público es un hecho traumático o se ponen enfermas antes de ir a una entrevista de trabajo por la presión que sienten.

 

La razón de que estas situaciones produzcan tanto bloqueo es que el miedo que aparece es completamente exagerado e irracional. La persona cree inconscientemente que “se acaba el mundo” si suspende el examen, si otra persona lo rechaza, si no habla bien en su charla o si no consigue ese trabajo. Ante algo tan grave y terrible como el fin del mundo, y que además no podemos controlar, es lógico que todos reaccionemos con terror y nos paralicemos.

 

En estos casos, no se trata de suprimir el miedo, sino simplemente de racionalizarlo, y trabajar con las consecuencias reales que podrían ocurrir, no con los delirios que puede inventar nuestra mente asustada.

 

Qué hacer si algo te da mucho miedo

Desde luego, lo primero ha de ser RECONOCER la emoción, permitirnos sentirla, vivirla y dar un grito si es necesario. El miedo es útil, escuchémoslo.

 

En segundo lugar, habrá que analizar qué parte de nuestros miedos es racional y cuál no lo es. Por ejemplo, es natural sentir inquietud ante la posibilidad de dejar un trabajo que no nos satisface, y este temor nos ayuda a pensar en las posibles consecuencias y cómo podemos solucionarlas (el miedo activa nuestra capacidad de pensar y nos obliga a ser precavidos). Ahora bien, de ahí a creer que dejar el trabajo nos conducirá automáticamente a vivir debajo de un puente, como nuestras peores profecías pueden prever, va un abismo.

 

De igual modo, es lógico que nos parezca desagradable comentarle a otra persona algo que no le va a gustar, pero callar para siempre por temor a su reacción es irracional ¿qué es lo peor que nos podría ocurrir? ¿que se moleste, que nos deje de hablar, que nos desprecie? Esto no es un plato de buen gusto pero ¿es tan grave?

 

Y el tercer paso y más importante, después de haber sentido y racionalizado nuestros miedos es:

ACTUAR, A PESAR DE TODO.

miedo2

 

Esta es la única forma que conozco para superar todos los miedos: actuar a pesar del temor, dar un pequeño paso hacia eso que nos aterroriza. Teniendo en cuenta dos cosas: 1) que no hay por qué ir rápido y 2) que podemos pedir ayuda si solos no podemos.

 

Cuando uno habla de vencer sus miedos, parece que nos viene a la cabeza la imagen de algo extremo, por ejemplo ¡dar un salto en paracaídas para quien tiene miedo a las alturas! Yo particularmente defiendo lo contrario: ¿Por qué no hacer que superar el miedo sea algo fácil, progresivo, lo más amable posible?

 

Marsha Sinetar en su libro “Haz lo que amas y el dinero te seguirá” es una gran defensora de esta idea de ir paso a paso, tan despacio como necesitemos, y pone un ejemplo que a mí me parece muy ilustrativo. Habla de un hombre, Bill, que le confiesa que desea dejar a su esposa pero que tiene un miedo horrible simplemente a decírselo, cuanto más a las consecuencias.

 

Marsha lo que le propone a este hombre es empezar a “dejar cosas” en general, de menor a mayor importancia. Por ejemplo, le sugiere que cuando se siente a comer con sus compañeros de trabajo sea el primero en abandonar la mesa, con cualquier excusa, algo que Bill hasta entonces nunca había hecho. Después le propone hacer lo mismo en una fiesta (marcharse antes de que se vayan los demás) y cuando lo consigue su siguiente reto es comunicarle a su jefe que un día se marchará antes del trabajo, con cualquier excusa. Van trabajando progresivamente en vencer las resistencias de este hombre a “dejar cosas” hasta llegar al último paso, que es hablar con su mujer y proponerle el divorcio.

 

Me parece que este es un enfoque muy inteligente que se podría aplicar a cualquier caso. ¿Tienes miedo a hablar en público? No te propongas practicar en una conferencia con 200 personas; empieza simplemente a liderar las conversaciones de vez en cuando en tu grupo de amigos, luego podrías pasar a leer un cuento en una reunión familiar y superado este paso, dar una clase a diez personas sobre un tema en que seas expert@. Como ves, se trata de ir superando pequeños retos que SÍ puedes asumir, y utilizar estas victorias para coger fuerza antes de los retos siguientes.

 

Otra cosa que podemos hacer si hay algo que nos da un miedo terrible es pedir ayuda. En general, nos cuesta horrores pedir ayuda e incluso algunos lo ven como un signo de debilidad, pero más allá de estos prejuicios lo útil y lo inteligente es saber dónde están nuestros propios límites y si ha llegado la hora de pedir ayuda. No hay ningún motivo para que avancemos sol@s y sufriendo si tenemos la posibilidad de contar con apoyos.

 

¿Y tú? ¿Qué piensas sobre el miedo y cómo lo gestionas?

¿Te ha convencido la idea de actuar dando pequeños pasos, para que sea más fácil?

¿Sueles pedir ayuda cuando algo te sobrepasa o piensas que no necesitáis a nadie?

 

Hay una frase de George Addair que dice:

Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo

 

 

Si este es el caso, ha llegado la hora de que mires al miedo a la cara, descubras lo que quiere decirte, y después tomes la decisión de actuar a pesar de todo, de la forma más cómoda posible.

 

Que lo que quieras alcanzar, te esperará al otro lado.

 


 

Créditos de las imágenes:

Imagen 1: “Hiding with petals” de lauren rushing a través de Flickr Creative Commons

Imagen 2: “Free” de jonrawlinson, via photopin cc

 

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12 Comentarios

  1. Hola Amparo!! Jo, me ha venido genial este artículo justamente hoy, pues llevaba esta semana dándole vueltas a un asuntillo que me da miedo. Al menos ya lo he reconocido 😉 y he escrito sobre ello también.
    Me encanta la idea de afrontar el miedo en pequeños retos y también soy muy defensora de esto. Tranquiliza mucho cuando de verdad tienes un miedo que te paraliza, y además te anima a empezar con esos pequeños pasos.
    También defiendo ABSOLUTAMENTE la idea de la ACCIÓN. Recuerdo que tengo apuntada por ahí una frase atribuida a Van Gogh, creo, que dice algo así como “Cuando una voz interior te diga que no puedes pintar, pinta y esa voz se callará”.
    Y perfecto el consejo de escuchar al miedo, porque siempre tiene algo que decirnos.
    Gracias por este artículo.

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias por tu comentario, Clara!

      Me alegra que hayas reflexionado sobre tu miedo y que te hayas decidido a afrontarlo con retos pequeñitos. La verdad es que no necesitamos ir muy rápido, con estar en el camino y avanzar poco a poco, disfrutando de nuestras pequeñas victorias, es más que suficiente.

      Un fuerte abrazo.

  2. Hola Amparo!
    Me ha encantado lo que has escrito ya que el miedo es un sentimiento común y mas usual del que nos gustaría. Aprender a entender los miedos es el primer paso para superarlos…
    En ello estamos 😉
    Un saludo, te sigo leyendo

    • Amparo Millán Responde

      Gracias por tu comentario, Eme!

      El miedo impregna nuestro día a día… Más de lo que sería razonable esperar, me pregunto si no reproducimos de adultos todos los miedos enormes e innombrables que vivimos de niños, pero esta es una idea a la que le tengo que dar muchas vueltas 🙂

      Hasta pronto!

  3. Muy bueno este reportaje sobre el miedo y sobre las diferentes emociones que sentimos después. Una vez comentando contigo sobre algo que me era muy difícil (podría entenderse que me daba algo de miedo enfrentarme a eso) me preguntaste, dime cómo es de difícil del 1 al 10, y viendo la escala, 10:imposible, 8:muy complicado, etc entendí lo importante que es relativizar los problemas y los miedos. Se puede decir que mi miedo era de 6 y yo, sin pararme a pensarlo, le estaba poniendo un 10. Saludos!

    • Amparo Millán Responde

      Sí, es verdad, a veces poner números (tan sencillo como hacer una escala imaginaria) nos ayuda a entender la realidad TAL COMO ES y no con las exageraciones que solemos pensar, a priori.

      Me alegra que te gustara el ejercicio, no dudaré en utilizarlo en futuros casos,

      ¡Gracias por comentar!

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