No me gusta la expresión “zona de confort”.

Al principio pensaba que era porque me había cansado de leerla en artículos de psicología, coaching y desarrollo personal (el origen fue este vídeo de Matti Hemmi, seguro que lo has visto). Ya se sabe, cuando se abusa mucho de un término parece que va perdiendo su sentido, y a mí me daban ganas de gritar cuando veía OTRO tuit o artículo más titulado “cómo salir de la zona de confort”.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que había algo más para mi rechazo hacia esta expresión. Si miro a mi alrededor con los ojos bien abiertos, lo cual supone ignorar el 99% de las fotografías y mensajes que la gente escribe en redes sociales o whatsapp (que sólo son un recorte pequeñísimo y sesgado de la realidad) observo que las personas no vivimos tan confortables. Ni siquiera un poco. Ni de lejos.

La mayoría de de nosotros (yo también me incluyo, por supuesto) tenemos condiciones de vida que no son ni fáciles ni auténticas ni por supuesto cómodas.

Casi todos paseamos por la calle con prisa y rostros cansados.

Nos hacemos fotos magníficas de vacaciones pero habría que ver cuánto las disfrutamos en realidad (este verano me he dado cuenta de la cantidad de parejas y familias serias y enfurruñadas que se ven en el hotel, la playa o un restaurante cualquiera).

Mantenemos relaciones que detestamos pero son fruto del orden social.

Trabajamos en cosas que, en el mejor de los casos, “ni fu ni fa” y nunca tenemos el dinero suficiente.

Nuestras relaciones íntimas y sexuales (entendiendo ‘sexualidad’ en su sentido amplio) son entre escasas y muy escasas.

Nuestros hogares están llenos de cosas que no utilizamos y ocupan un espacio sagrado y la comida que consumimos es, en su mayoría, de baja calidad o precocinada.

La mayoría de las personas nos aceptamos a nosotros mismos… hasta cierto punto, siempre hay algo en lo que podríamos ser mejores, algo que hacemos mal, miles de cosas que cambiar en nuestro cuerpo, algún motivo por el que machacarnos o por el que machacar a otro.

Y cuando llega el momento de dormir, son minoría quienes se entregan plácidamente al sueño sin ningún problema, viviendo en completa paz consigo mismos, con las personas que les rodean, y con la vida en general.

No, esta no es una visión apocalíptica del mundo, es una visión real (¿quizás un poco exagerada…? Bueno, puede ser). Por supuesto que incluso en estas vidas hay cientos, miles de cosas por las que dar gracias. Pero no creo que vivamos confortables. Podemos vivir con cierta inercia, sin replantearnos cosas, en base a convencionalismos o teniendo miedo a los cambios, no obstante ninguna de esas cosas, desde mi punto de vista, significa ‘confort’.

Confort es bienestar. Confort es confiar y sentirnos seguros. Confort es disfrutar de los placeres de nuestra mente y nuestro cuerpo. Confort es saber justamente que estamos en el sitio adecuado. Confort es sentirnos amados.

¿Es eso lo que tenemos la mayoría de los ciudadanos? ¿De verdad estamos en “una zona de confort”? Permitidme dudarlo…

Por esto mismo:

Empiezo a pensar llevar una existencia lo más confortable posible no debería ser algo que “abandonar” sino precisamente algo que buscar

 

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Si confort es bienestar, placer, seguridad, amor y sentir que estoy en un sitio blando y magnífico, perdónenme todas las personas amantes de los retos porque yo cuando encuentre ese lugar pienso quedarme allí por mucho tiempo. Toda la vida, si es posible. Y justamente me consideraría afortunada.

Me imagino que vivir en nuestra zona de confort significaría, entre otras cosas:

  • Encontrarnos a gusto e integrados en el pueblo o ciudad en que vivimos, disfrutando de los servicios y comodidades de ese lugar y sus alrededores.
  • Tener una casa adorable, que no tiene que ser necesariamente grande o lujosa, sino ordenada, personal y con una decoración que responda a lo que necesitamos. Lo que viene siendo un hogar, en el que nos sentimos genuinamente bien al traspasar la puerta.
  • Trabajar en algo que nos guste. No tiene por qué ser nuestra mega-pasión pero sí un lugar donde no deberíamos sentir malestar, opresión ni un aburrimiento mortal todos los días. Es obvio que si tuviéramos un trabajo confortable no nos levantaríamos con mala salud todas las mañanas (la de ejecutivos que sufren un dolor de estómago crónico… y todavía les dicen que dejar su trabajo es “salir de la zona de confort” ¡si el confort es justamente lo que no existe en sus vidas!)
  • Vivir confortablemente también supondría rodearnos de personas de confianza, empáticas, entusiastas, buena gente que esté dispuesta a escucharnos y ayudarnos y con las que hagamos planes cotidianos de vez en cuando.
  • Disponer de una comunidad o tribu donde podamos integrarnos y que nos facilite las tareas del día a día. Por ejemplo, veo imprescindible para cualquier madre con niños pequeños que tenga muy cerca de donde vive a otras madres que le ayuden con la crianza o los asuntos prácticos de los niños (como las típicas vecinas de toda la vida que se turnaban para recoger los niños del colegio o hacerles la merienda). Del mismo modo, cualquier emprendedor principiante debería tener su grupito de confianza con los que compartir sus dificultades y lo que es aún más difícil de compartir: sus éxitos. Yo tengo mi grupo de Mastermind con otras seis emprendedoras como yo y es impresionante el conocimiento y el apoyo que se genera, ¡aunque vivamos lejos y sólo podamos hacer las sesiones via Skype!
  • Por último, encontrar nuestra zona de confort significaría sentir la mayor parte del tiempo que tenemos lo suficiente. Suficiente dinero, prestigio, amigos, inteligencia, amor, bienestar, autoestima. Como decían David Kessler y Elisabeth Kubler Ross en su libro “lecciones de vida”: “Qué grata sensación nos invade cuando nuestros días son suficientes. El mundo es suficiente. No solemos permitirnos esa sensación.”

 

Entiendo que puede llevarnos toda una vida encontrar un lugar y un momento en que se cumplan todas estas condiciones en nuestra vida pero ¿por qué no aspirar a ello?

¿Por qué no aspirar a una verdadera “zona de confort”, entendida como el lugar en el mundo  (no sólo un sitio geográfico, sino un papel dentro de una comunidad, trabajo o familia) en el que podemos desplegar todas nuestras capacidades?

Y el primer paso para acercarnos a esta meta es reconocer que justo donde estamos ahora NO es ese lugar. Como escribí hace tiempo: “A veces lo difícil no es cambiar, lo difícil es seguir donde estamos“.

Lógicamente, el camino desde nuestra zona actual (llamémosle “zona de inercia” porque es el lugar donde seguimos haciendo lo mismo aunque nos vaya mal) a esa zona mágica estará lleno de obstáculos y espinas. Esa es la parte dura y desconcertante del proceso y la que desde luego no podemos nombrar como “confortable”. Pero si somos fuertes y valientes, pedimos ayuda y tenemos en mente que la recompensa es encontrar  ese espacio en el que podemos ser, completa y auténticamente, nosotros mismos, no hay problemas invencibles ni esfuerzo que no merezca la pena.

 

Conclusión final

Creo que todos tenemos un lugar en el mundo que nos pertenece. Unas condiciones óptimas que favorecen que salga todo nuestro potencial.

Al igual que un cactus no puede germinar en un bosque tropical ni una secuoya en medio de un desierto, tú también tienes una zona adecuada en la que puedes florecer por completo, y otras en la que no te quedará más remedio que quedarte para siempre siendo semilla.

No hay ninguna necesidad de ir contracorriente o germinar en un sitio inadecuado. Así que busca tu zona de confort. Y si la encuentras, quédate ahí un rato bien largo. Toda la vida a ser posible.

No es camino fácil ni corto pero total, no tenemos nada más importante que hacer que recorrerlo. 🙂

 


Créditos de la imagen:

Imagen 1: Kavetha Basking in the Golden Hour Sun via Flickr Creative Commons

Imagen 2: Human and sunset, via Stockvault.net

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13 Comentarios

  1. Hola Amparo,buenos días.
    Para mi ya es una rutina leer tus artículos los sábados por la mañana en la cama, te levantas de otra manera 🙂
    Tus artículos me parecen muy buenos pero hay algo que siempre me llama la atención y es tu capacidad para dejar la corriente y dar una opinión personal. Cuando todos hablan de salir de la zona de confort vas tú y dices que no, que hay que buscarla, y además das razones para ello.
    Un saludo Amparo!

    • Amparo Millán Responde

      Buenos días y muchas gracias por comentar,
      La verdad que sí me gusta ir un poco contracorriente 🙂 Lo de la zona de confort es que me rechinaba mucho últimamente, viendo las supuestas “zonas de confort” la gente me decía ¿pero qué confort? ¡si es aburrimiento, amargura e infelicidad lo que hay ahí! Y por otro lado, ¿para qué “salir”? ¿Con qué motivo? ¿No es mucho mejor decir “voy a buscar mi zona de confort, el sitio al que pertenezco” que decir “voy a salir de aquí sin saber muy bien qué hacer ni a dónde ir”?

      Pues eso, busquemos hacernos la vida lo más confortable posible (bastantes cosas difíciles nos suceden sin que las podamos evitar) y encontrar nuestro lugar, nuestra gente y nuestra vocación.

      ¡Un abrazo y feliz sábado!

  2. Lo de “salir de la zona de confort” depende de como se entienda. Yo no creo que esa idea quiera decir que debas dejar de dormir en colchón para dormir en el suelo, o que dejes un trabajo en el que estás a gusto. Yo creo que tiene que ver con superarse, al menos ese es el significado que yo le saco a esa idea, que no por estar muy de moda deja de tener sentido para mi. Por poner un ejemplo: Yo soy ilustradora y me siento muy cómoda dibujando rostros femeninos. Me salen bien, es fácil que esté contenta con el resultado. Sin embargo, las figuras de cuerpo entero me cuestan, y no es nada confirtablr para mí hacerlas. Tengo dos opciones, quedarme en mi zona de confort o salir de ella. Si me quedo estaré limitada, y cualquier idea que se me ocurra que implique un cuerpo entero, la desecharé rapidamente. Si salgo, si acepto la incomodidad y la frustración, mejoraré y llegará un momento en que domine el dibujo del cuerpo humano, y entonces habrá otra cosa que me cueste y volveré a salir de mi zona de confort con el objetivo de ser cada día mejor ilustradora.

    • Amparo Millán Responde

      ¡Hola Nisamar!

      Expresado así, dejar la zona de confort significaría ampliar los límites de lo conocido y mejorar los propios recursos. Es equivalente a decir “supérate”, “camina hacia lo desconocido” o “adquiere nuevos recursos”. Es un significado que no me disgusta, pero yo prefiero decir estas frases anteriores.

      Sin embargo, a veces se usa la frase “salir de la zona de confort” para expresar que una persona cambie sus condiciones que ya son horribles (ejemplo: un trabajo que enferma, una pareja o familia que hace difícil la vida, un grupo de amigos tóxicos) a otras mejores. “Salir de la zona de confort” se utiliza como sinónimo de cambiar o buscar cosas nuevas y yo entonces miro atónita qué hace la palabra “confort” ahí, donde no había nada de confortable sino toxicidad y amargura.

      Por otro lado… es bastante moderno este imperativo que nos busca a superarnos, adquirir nuevos retos, mejorar, ser más… (lo que sea) sin un para qué claro. En tu caso, por ejemplo, yo creo que cuando recibas un encargo de pintar un cuerpo entero, o realmente desees hacerlo, ampliarás tus límites de forma natural, con placer, con curiosidad, no tendrás que obligarte a “salir de ninguna zona de confort” porque tu confort precisamente estará en el dinero o la satisfacción personal que te proporcionará este encargo. Yo hago una serie de cosas para conseguir visibilidad que me dan miedo, pero considero que no estoy saliendo de ninguna zona de confort, porque para mí lo confortable es alcanzar la forma de vida que deseo, que mi corazón y mi mente me impulsan a seguir. Es muy diferente retarse a uno mismo porque hay un placer en hacerlo, que retarse porque “es mejor”, “tengo que estar preparado”, y “hay que salir de la zona de confort y punto”. Pero bueno, es mi modo de verlo… 🙂

      Muchas, muchas gracias por tu comentario. Le he dado vueltas a la respuesta durante más de una hora, y eso es algo que me encanta, pensar nuevas respuestas y nuevas preguntas. Abrazos!

  3. Yo también opino como tú Amparo. He escrito contra el mantra de “sal de la zona de confort” porque a mí, como a ti, el confort me parece algo deseable. Y la llamada constante a abandonarlo, una completa locura y una absoluta pesadez.
    Un artículo muy interesante.

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias por compartir tu opinión Iván,
      La verdad que abandonar lo confortable es una locura, como bien dices, ¿qué hay de malo en el placer? ¿Qué hay de malo en querer vivir en el mejor sitio posible, con un trabajo agradable y con la mejor gente que encontremos?
      De todas formas, a mí lo que me hace mucha gracia es que se equipare “zona de confort” con “lo habitual”. A veces lo habitual es un verdadero infierno, una zona tóxica que, o nos alejamos, o nos envenena para siempre. Así que no estamos saliendo de ninguna zona de confort sino más bien de un vertedero 🙂

      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí!

  4. Una vez más dándole la vuelta a las “modas filosóficas” de una manera genial. Me ha gustado mucho lo de no confundir zona de confort con “vivir con inercia, sin replantearnos cosas y en base a convencionalismos”. No todos podemos ni debemos ser valientes en irnos al extranjero, vivir una vida en el campo haciendo yoga y cultivando un huerto o siendo emprendedores en un proyecto apasionante. Cada uno debe buscar su zona de confort y llenarla de experiencias y de gente que nos guste sentirnos rodeados

    • Amparo Millán Responde

      Claro que sí, María, no a todo el mundo le gusta vivir en el extranjero o ser un ermitaño naturista en el campo. De hecho, si te impones hacer estas cosas porque son “la moda” o “de gente guay” estarás entrando en una zona muy poco confortable, porque encontrarás más problemas que ventajas (que si me siento solo, que qué rollo el campo, que si tengo miedo…).
      Para mí encontrar nuestra zona de confort equivale a tener una profesión digna y agradable (si es además apasionante mejor que mejor), rodearnos de gente que nos quiera genuinamente y a la que querer, tener nuestra casa bonita y acogedora, hacer cosas como hobbies que nos den alegría y por supuesto, aceptar y comprender cada vez más a esa personita que somos 🙂
      ¡Un abrazo y gracias por comentar de nuevo!

  5. Completamente de acuerdo contigo porque ya hace tiempo que me di cuenta de que que siempre he estado saliendo de “mi zona de confort”, unas porque he querido y otras obligada, y no me he sentido mejor. Casi al contrario, ha habido veces que he terminado verdaderamente mal. Al fin encontré que mi verdadera zona de confort tiene que estar en mi vida, con quien estoy habitualmente, con las cosas que hago, con lo que tengo…. creo que se trata de desechar lo que sobra, estorba, perjudica y aumentar lo que nos gusta, beneficia, alegra…. pero, claro, eso es lo verdaderamente difícil.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Belén, creo que entiendo bastante bien por dónde vas, si eres una persona con cierta ambición habrás tomado parte de muchos desafíos… que al final te han desgastado por completo. A mí también me ha pasado. Parece que para “superarnos” tenemos que hacer cosas cada vez más difíciles, asumir retos cada vez más altos, salir de nuestra zona confortable “porque sí, porque hay que hacerlo” pero yo tengo claro que si no hay un para qué esto no sirve de nada. Asumir un reto porque sí nos quita las energías ¿y qué obtenemos al final? Estudiar más, trabajar más, ganar más dinero, tener más contactos, comprar más cosas, si no tienen un motivo detrás mas allá de “el progreso por el progreso” no nos va a llevar a la felicidad.
      Mi lema ahora es asumir los retos que verdaderamente necesito (y que deseo) y sobre todo, hacerme este camino fácil, agradable, divertido, lo más cómodamente que pueda 🙂
      Y sí, como apuntas, “encontrar nuestra zona de confort” es JUSTO aumentar lo que nos beneficia, lo que nos alegra, lo que nos hace sentir eso de “sí, esto es lo mío, ESTE ES MI SITIO”. No, no es fácil, pero en esas estamos, tenemos toda la vida (lo que dure) para ello así que sin prisas… 😉
      ¡Un besote!

  6. Este artículo ha llegado a mí justo en el momento adecuado, cuando más lo necesitaba y más preparada estaba para recibirlo. Pone palabras y ordena pensamientos que desde hace tiempo deambulaban por mi cabeza, y que yo no era capaz de dar forma. Gracias por cada letra, por la confianza que emana y por el regusto que deja de “no soy un bicho raro”. Mil gracias.

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias Marta, has descrito a la perfección la intención que tengo cuanto escribo mis artículos “poner palabras y ordenar pensamientos”, ¡justo eso! Un abrazo

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