Los sentimientos incorrectos NO existen. Pensar “no debería sentir tal cosa, eso está mal, debería sentirme de esta otra manera“lo único que provoca es que nos alejemos de esta fuente de sabiduría que son las emociones. No obstante, de forma más evidente o más sutil, casi todos pensamos o decimos cosas como las siguientes:

  • Tengo miedo y eso me impide dar el siguiente paso profesional. No debería tener miedo.
  • Acabo de casarme y aunque estoy feliz, echo de menos la vida de soltera. No debería de ser así, tendría que estar ilusionada y enamorada.
  • Ha nacido mi primer hijo y en vez de sentirme feliz y llena de vida, como debería ser, no paro de llorar y sentir angustia, dios mío ¿cómo puedo ser tan mezquina?
  • Debería sentirme agradecido por tener un trabajo en tiempos de crisis, y sin embargo lo odio y voy a trabajar como si fuera una condena
  • Siento una rabia injustificada y eso está mal, lo correcto sería estar tranquilo y amable todo el tiempo
  • Y así un largo etcétera…

 

La idea detrás de estos mensajes es que existen “sentimientos dañinos” que deberíamos tener bajo control y no sentir jamás.

Lo realidad es que, primero, sentir no causa ningún daño y en segundo lugar que es prácticamente imposible gobernar en el complejo y cambiante mundo de las emociones.

Porque si hay una parte salvaje en nuestra naturaleza, ésta son los sentimientos.

Lo que PENSAMOS, lo que HACEMOS, lo que DECIMOS, puede estar sujeto a un orden o a una intención, pero si somos personas auténticas, lo que sentimos ha de ser libre.

 

Sobre el error de querer “gobernar” y controlar las emociones

Los sentimientos son inconscientes, incontrolables, están entrelazados con todo lo que somos y todo lo que nos ha pasado, por esto mismo no pueden ser inadecuados, incorrectos o equivocados. Simplemente son, existen, están ahí y salen, lo queramos o no.

Los sentimientos son una respuesta orgánica que no podemos reprimir, porque para cuando queramos hacerlo, ya se ha producido. 

Por encima de todo los sentimientos son sinceros. Se puede fingir una acción, una idea, una palabra o la expresión de una emoción. Pero la oleada corporal que provoca la alegría, el enfado, la nostalgia, el deseo, la pena, el miedo o la indignación, eso es imposible de falsificar. Así que no es exagerado decir que si hay algo auténtico y verdadero dentro de nosotr@s, singular y ajeno a todas las expectativas ajenas, son precisamente nuestros sentimientos.

 

Si hay algo auténtico y verdadero dentro de nosotros, singular y ajeno a todas las expectativas ajenas, son precisamente nuestros sentimientos - ¡Twitea esto!

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Los sentimientos también nos indican si estamos en nuestro camino o vamos por el sendero equivocado. Son nuestra guía más fiable para saber qué nos falta DE VERDAD aunque en apariencia lo tengamos todo.

Por todo esto es inútil, y además contraproducente, pensar que “deberíamos” sentirnos de tal o cual manera. ¿Por qué deberíamos? ¿Para qué? ¿Qué sentido tendría cambiar un sistema que nos avisa de cosas importantes por otro que es complaciente pero no nos advierte de los peligros?

Al igual que no quitaríamos a nuestro coche los pilotos de emergencia (suponiendo que todo”debería” funcionar bien) ni eliminaríamos las alarmas de incendios de los edificios (con la excusa de que “los incendios no deberían existir, qué horror”) es una insensatez plantearse dejar de sentir tristeza, dolor, rabia, desesperación o envidia.

Porque los sentimientos no son el problema, sino las señales del problema. Del problema o de una situación de cambio que tenemos que asumir.

 

Sentir duelo por una muerte o por un cambio radical aunque sea deseado (un traslado, una boda, un nacimiento) no es nada patológico. No es algo que “no debería” ser. Es un proceso normal que nuestro cuerpo y nuestra psique atraviesan y que habrá finalizado cuando hayamos asumido esa pérdida o cambio, lo que se reflejará en que volveremos a sentir ilusión y alegría de nuevo.

Sentir miedo es una vivencia normal y natural, que nos indica que hay cosas que revisar o de que hay que andarse con cuidado o bien que tenemos que plantearnos ser menos perfeccionistas y asumir nuestros errores.

Sentir desesperanza, dolor o confusión en alguna etapa de la vida puede avisarnos de que estamos tocando heridas antiguas que, con valentía y buena disposición, estamos en condiciones de curar. Ya escribí hace tiempo que no se puede ser plenamente feliz sin antes haber buceado en el dolor, porque la verdadera felicidad se encuentra después de un valle tenebroso que atravesaremos, como mínimo, una vez en la vida. Estos sentimientos, por tanto, sólo son una invitación a introducirnos en este camino de indagación.

Y por último, si sentimos aversión u odio por alguien (que es uno de los sentimientos más incómodos que existen) mientras no hagamos daño a esta persona o se lo digamos a la cara, no hay nada que temer. Esa aversión puede hablarnos de una característica que tenemos en sombra y la otra persona nos recuerda, puede significar que nuestra forma de vivir es radicalmente distinta y nos reafirmamos en nuestra opción, o nos puede ayudar a marcar límites para alejarnos de esa persona. Si el odio no se materializa, no hay nada que temer, ¿para qué dejar de sentir?

 

En resumen… es un error pensar que no deberíamos sentir esto o aquello. Lo que sentimos siempre está bien. Lo que sentimos siempre es correcto, entendiendo por correcto que ese sentimiento nos informa exactamente de lo que pasa en nuestro interior.

 

Por qué no debes reprimir los sentimientos
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Sobre los sentimientos y la integridad humana

Los sentimientos no sólo son una manera de conocer lo que nos pasa, sino que sirven para relacionarnos con los demás y nos convierten en personas centradas y sinceras.

Manipular los sentimientos (que es una acción perversa que, lamentablemente, llevan a cabo grupos políticos, sectas destructivas, publicidad y padres tóxicos, entre otros) es un ataque directo a nuestra integridad. Tan violento es pegar o insultar como persuadirnos para que sintamos una cosa u otra, o hacernos sentir culpables desde el exterior.

La escritora e investigadora Casilda Rodrigáñez, en el prólogo a la última edición de su libro “La sexualidad y el funcionamiento de la dominación” (texto totalmente recomendable que puedes leer aquí, aunque te puede resultar engorroso si no has leído nada de Casilda) explica por qué si nos arrebatan (o nos arrebatamos nosotr@s mism@s) los sentimientos perdemos nuestra singularidad como personas.

Lo expresa así:

Los sentimientos son la parte más importante de nuestra biografía; sostienen todo el desarrollo de nuestra vida y constituyen la columna vertebral de nuestra psique.

Por eso la represión de los sentimientos se ha considerado siempre un atentado a nuestra integridad […] El control de los sentimientos es el control de nuestras vidas. […]

Sin los sentimientos perdemos nuestra consistencia, nuestras raíces en nuestra gente, en nuestro entorno (nuestras raíces entrelazadas con las raíces de nuestr@s herman@s), y nos convertimos en seres manipulables. […]

El acorazamiento psicosomático que arrastramos {es decir, haber reprimido nuestros verdaderos sentimientos desde que somos niños, porque los adultos los consideraban “inadecuados”} produce una desconexión interna y una pérdida de percepción de lo que nos pasa […]

Mientras, por debajo subyacen y se agitan inconscientes los deseos y los sentimientos verdaderos reprimidos: por eso hay tanto malestar, tantas religiones y tanta psicología).

 

Me parece importantísima la frase final, ya que al final, NO es verdad que dejemos de sentir ciertas cosas, sino que tan sólo dejamos de prestarles atención, hacemos “como si no existieran” y así se acumulan en nuestro inconsciente… Y esto origina una especie de olla a presión en nuestro interior que saltará a la mínima oportunidad, ante los ojos atónitos de los demás.

 

¿Prefieres a una persona reprimida emocionalmente o al alguien expresivo y sincero?

Ante los demás, expresar nuestros verdaderos sentimientos también nos convierte en personas más sinceras e interesantes.

No sé tú, pero a mí me provocan bastante inquietud las personas gélidas e inexpresivas que no dejan traslucir ninguna emoción. También desconfío de los que son siempre políticamente correctos, tibios, sin sobresaltos, obsesionados en no ofender y hacer/decir “lo correcto” en cada situación. Y mi desasosiego llega al espanto cuando veo las caras de algunos gurús espirituales que parecen estar en otro mundo, rodeados de flores, siempre sonriendo de forma extraña y con una expresión de fría amabilidad (¿¡dónde está su sombra!?).

Y no obstante, me siento profundamente atraída por esas personas fuertes, cambiantes, que cuando tienen que enfadarse se enfadan, y cuando sienten ternura te abrazan, y se ríen de todo, y lloran y se asombran y se indignan si es necesario y aman con pasión y no temen al dolor emocional porque es un viejo conocido.

Cuando pienso en los personajes carismáticos del cine o las series de televisión veo que todos ellos tienen algo en común: son personas viscerales. Sinceras. Ambivalentes en algunos casos.

Obviamente no es casualidad, es ese flujo cambiante de sentimientos apropiados para cada ocasión lo que nos atrae tanto, lo que nos fascina, porque lo reconocemos como natural y saludable. Y es que los sentimientos no son un adorno accesorio ni algo útil sólo para nosotros, sino que, como dice Casilda, son la base de nuestra integridad como personas.

 

Conclusión: esa vía hacia lo poderoso y salvaje de nuestro ser

En resumen, los sentimientos son el camino para conectar con la parte más salvaje de nosotros mismos, la más libre, la más verdadera, la que no se deja llevar por las convenciones sociales.

Por increíble que parezca, son precisamente los sentimientos indomables (ésos que tanto nos incomodan) la mejor brújula hacia nuestro destino, esos sentimientos que no se van, que tercamente nos indican que miremos hacia ese punto al que no queremos mirar.

No deberíamos desperdiciar la ocasión de preguntarnos ¿qué me pasa? ¿qué quiero? ¿qué me falta? ¿qué necesito? ¿sobre qué tengo que reflexionar? cada vez que aparezca una intensa emoción de origen desconocido, por inadecuada que nos parezca.

Admitir, reconocer e indagar en los verdaderos sentimientos SIEMPRE es el camino. No los rehuyas.

 


Créditos de la imagen: Signify de Ozge Gurer Vatandas via Flickr Creative Commons

 

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8 Comentarios

  1. Ufff genial. Mil gracias. Me pasa cada dia bastantes veces. Todos somos politicamente correctos y resulta muy dificil hablar de sentimientos. Incluso mi marido me dice ‘no pienses eso’. Ah no?? Pensar puedo, lo que no puedo o debo es, quizas, decirlo… Veo que hasta nos censuramos el sentir y asi no te puedes desahogar porque sacandolo ya te liberas mucho.
    Gracias por poder expresar libremente lo que siento: HARTA de los correctos y perfectos que luego cuando explotan son lo peor (pero este es otro tema).
    Saudos Amparo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Gloria, es tal como dices: podemos pensar lo que queramos, POR SUPUESTO, ¡faltaría más!, de hecho cuando decimos “no tengo malos pensamientos” lo que sucede más bien es que NO QUEREMOS verlos. Como digo en el artículo, no se puede frenar un sentimiento negativo (o pensamiento) porque cuando lo sentimos “ya ha sucedido” no hay vuelta atrás. Decir que no ha pasado, que ese sentimiento no ha existido, es engañarse a uno mismo.
      Este miedo que hay a los sentimientos… supongo que es una consecuencia de reprimirnos que hemos adoptado desde que somos niños. Luego de adultos nos volvemos políticamente correctos y apocados hasta que algo nos hace estallar (porque estallar, siempre estallamos) que es donde está el verdadero peligro. Las personas perfectas no existen, así que quien quiera dar esta fachada se está equivocando y está alimentando su sombra que en algún momento (más temprano que tarde) se volverá contra él.
      ¡Un abrazo Gloria y gracias por comentar!

  2. “Los sentimientos no son el problema, sino justamente las señales del problema. Del problema o de una situación de cambio que tenemos que asumir.”
    Totalmente de acuerdo Amparo. Coincide con algo que estoy leyendo, y lo que siempre he pensado y escrito. En la nueva era de la “felicidad cómoda” se quieren apagar los malos sentimientos como si fuera una luz que gasta mucha energía. Pero los sentimientos tienen una función. Especialmente los sentimientos negativos tienen una función de hacernos cambiar. Si los reprimimos, volverán más adelante, pero además no estaremos preparados para aprovecharlos para cambiar.
    Un artículo muy bueno.

    • Amparo Millán Responde

      Es muy importante esto que comentas “En la nueva era de la “felicidad cómoda” se quieren apagar los malos sentimientos como si fuera una luz que gasta mucha energía” porque curiosamente lo que gasta MUCHA, MUCHA ENERGÍA es la represión de los sentimientos.
      Las personas libres, auténticas, apasionadas, tienen un raudal de energía enorme… Una vitalidad y una chispa que se contagian… Mucho más que quienes están siempre cuidando qué decir, qué hacer, si sentir esto es adecuado, qué van a pensar los demás si digo esto otro, etc. No sé donde leí que las personas que rechazan su parte negativa (lo que incluye sus sentimientos) se vuelven mortecinas y poco interesantes. Doy fé. Como nosotros no queremos ser así (y además queremos aprovecharnos de la sabiduría de las emociones para cambiar) busquemos vías para expresar libremente lo que sentimos. 🙂
      Mil gracias por tu opinión, ¡un abrazo!

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