Últimamente no viajo mucho ni a sitios muy lejanos, pero las últimas vacaciones he realizado un viaje que llevaba tiempo queriendo hacer: un crucero por las islas griegas.

Aunque me relajo bastante en vacaciones, y más en este caso que tuve el móvil en modo avión todo el tiempo (eso es lo mejor de estar en alta mar) no puedo evitar que salga mi vena analítica de vez en cuando.

Además de leer en la piscina, conversar, perderme por las calles de ciudades turísticas o beber piñas coladas (o spritz veneciano, mi nuevo gran descubrimiento) me gusta observarme a mí misma y a la gente de mi alrededor y pensar en la vida, en el trabajo, en las relaciones y hasta en el arte (¡que se puede esperar, viajando a Italia y Grecia!).

No es algo que haga a propósito, me sale solo, esté o no en vacaciones, y seguro que a ti también te ha pasado estar paseando por un sitio estupendo y de repente tener una revelación trascendental o una nueva idea para tu negocio. La verdad que es bonito que la mente nos regale reflexiones importantes en los momentos improvisados, y los viajes son un momento propicio para ello, ya que vamos con la mente abierta y con ganas de descubrir cosas.

Así que a continuación te comparto algunas perlitas de inspiración que me han venido a la mente tras 8 días de crucero por el Mediterráneo. Espero que te parezcan interesantes y te hagan pensar.

¡Empecemos!

7 cosas que aprendí en mis últimas vacaciones: un crucero por el mediterráneo
¡Pinéalo!

 

Número 1. Lo que eres, siempre viaja contigo.

Sin ninguna duda esta es la lección más importante de todas, algo que me gusta constatar cada vez que estoy en algún lugar de vacaciones: una persona desencantada, fría y amargada, lo es en su casa, en París y en las Maldivas. 

Nadie se transforma en otra persona distinta porque esté pasando unos días a bordo de un barco o en un hotel cualquiera. Porque por encima de lo bonito, lo lujoso, lo inspirador, lo divertido que sea el lugar que visitemos, está nuestro estado emocional.

 

El bienestar (o malestar) emocional nos acompaña siempre… También en vacaciones.

 

Allá donde vamos nos acompañan nuestros problemas, nuestras quejas, nuestros miedos más profundos. Quizás podemos espantarlos un rato si nos anestesiamos con baños de sol, visitas culturales o buen vino, pero es imposible huir de nosotros mismos todo el tiempo. En algún instante (más bien en varios) de esas vacaciones lo que somos en realidad va a hacer su aparición. Y entonces quizás descubrimos que esa experiencia que debería ser tan feliz, porque hemos pagado mucho por ella, no lo es. A lo sumo es entretenida, pero no reparadora.

Si una persona es quejosa en su rutina diaria, va a encontrar cien motivos para quejarse de un hotel, una ciudad, un restaurante, el tiempo o la compañía.

Si una persona es superficial es difícil que tenga una experiencia trascendental al ver el amanecer, aunque se encuentre en el sitio más bonito de la Tierra.

Si una persona no es feliz,  está perdida, está llena de miedos que la devoran, es imposible que disfrute de un destino vacacional en toda su plenitud, se encontrará enfrente de una piscina hermosísima con un gran vacío en el corazón y (además) culpa por no estar disfrutando de la experiencia, ¡pero es que no se puede! ¡Un viaje no es la solución a los problemas!

Mira a tu alrededor la próxima vez que te encuentres en un lugar de vacaciones y verás las mismas peleas, quejas, caras de aburrimiento o miradas tristes que en tu ciudad un día laborable cualquiera. Luego mírate a ti al espejo, con honestidad, desde ese hotel por el que has pagado tanto dinero, ¿ves una gran diferencia?

Lo que eres, siempre viaja contigo. - ¡Twitea esto! Y no hay destino lo suficientemente lejano para escapar de ti o de tus problemas.

 

Número 2. Casi siempre la compañía es más importante que el entorno.

Las relaciones son lo más importante de nuestra vida. Si cerramos los ojos y pensamos en los momentos más felices e intensos que hemos vivido, seguramente lo primero que recordemos es con quién estábamos.

Haz la prueba ahora. Piensa en un par de experiencias felices o interesantes que hayas tenido este año. ¿Quién te acompañaba? ¿Era tu pareja, tu familia, tus amigos, un grupo de personas que acababas de conocer? ¿Acaso estabas solo, pero en un momento de conexión total contigo mismo, o de conexión con lo divino?

Si sigues pensando podrás ubicar cuál era el entorno y cómo eran la comida, las vistas, los olores o los sonidos. Estos detalles seguro que enriquecieron tu experiencia, pero dudo que estuvieran por encima de la compañía.

Porque no es un entorno bonito lo que nos llena al 100% sino con quien estamos y lo bien que lo pasamos en ese entorno. Un entorno bonito posibilita los buenos momentos, pero no es garantía de nada.

Igual que un traje de fiesta no sirve de nada si no tienes una fiesta a la que ir, un sitio espectacular no es gran cosa si no tienes a una persona especial con quien compartirlo. Como me dijo una amiga una vez, hablando de amores: “Prefiero irme a la playa a comer un bocadillo de jamón con un hombre estupendo y que me encanta, a estar en un restaurante caro y lujoso con alguien que ni fu ni fa

La próxima vez que babees en Facebook por un destino de ensueño, pregúntate si en realidad eso es lo más importante. Porque de las vistas nos cansamos a los tres minutos, pero una buena compañía nos nutre durante horas…

Construir momentos memorables puede ser tan sencillo como organizar un plan sencillo con la gente que quieres. Estés donde estés, busca rodearte de la mejor compañía.

 

Número 3. Dos semanas de vacaciones no compensan un año de esclavitud

No hay mejor explicación de este punto que una frase de Seth Godin que dice:

En vez de preguntarte ¿Cuándo serán las próximas vacaciones? mejor construye una vida de la que no necesites escapar”

 

Quince días, un mes, o incluso dos meses al año, no compensan si el resto del tiempo odiamos nuestra rutina. Soy realista y parto de la base de que el trabajo es duro y que incluso la tarea más gratificante se vuelve tediosa en algún momento. Parto de la base de que cualquier estilo de vida tiene sus inconvenientes y por ello necesitamos días de reparación y desconexión. También parto de la base de que la rutina nos llega a todos y las vacaciones nos permiten emprender pequeñas aventuras.

Sin embargo, una cosa es que nos apetezcan unos días de descanso para relajarnos o hacer cosas nuevas, y otra muy distinta es que los esperemos con ansiedad total.

Conozco a personas que seis meses antes de las vacaciones ya llevan la cuenta de los días de trabajo que quedan pendientes, como si estuvieran en la cárcel. También conozco personas que enferman (literal o metafóricamente) justo antes de incorporarse al trabajo. Tanto en un caso como en otro, podemos preguntarnos si merece la pena tanto sufrimiento…

Cuando tenemos un trabajo/rutina/relación que detestamos, en parte para pagar los caprichos y el desfase de unos pocos días, ¿no estamos pagando un precio demasiado alto?

No quiero decir con esto que tengamos que dejar un trabajo o algo que nos atosiga de la noche a la mañana, pero por lo menos deberíamos empezar a plantearnos qué otras opciones existen. Como dice Seth Godin la solución es “construir una vida de la que no necesites escapar”.

Construir no es inmediato y supone tiempo, dinero, planificación y esfuerzo, justamente los recursos que destinamos a las vacaciones. Por ello, si realmente la “vuelta al cole” es una tortura para ti, te sugeriría que no mires destinos lejanos ni salgas a cenar fuera todas las noches de verano, sino que tomes estos recursos para empezar a edificar los cimientos de tu nueva vida, o por lo menos hacer los planos. Te aseguro que esto vale mucho más la pena que el mejor de los viajes del que siempre tendrás que volver.

 

Número 4. La verdadera clase consiste en tratar bien a los demás.

Me espanta cuando veo a (supuestas) personas adineradas, elegantes o “con caché” tratar con desprecio a los camareros que las sirven. ¿Eso es clase? También me sorprende ver, en ambientes bonitos y lujosos, personas muy bien engalanadas pero que no regalan ni una sonrisa, ni un “gracias” o una palabra amable a alguien que está trabajando para ellos.

En mi opinión la verdadera clase tiene poco que ver con los ingresos a final de año y mucho con tratar bien a los demás.

Siempre que voy de vacaciones observo comportamientos muy déspotas o fríos que me duelen. También veo que todos somos muy impacientes cuando un local está lleno y tardan mucho en servirnos. Solemos pagarlo con el trabajador que es el que menos culpa tiene de todos.

Cuando deseamos “hacer del mundo un lugar mejor” nos vienen a la cabeza proyectos de construcción de pozos en África o de escuelas para niñas en la India, pero en realidad “hacer del mundo un lugar mejor” es mucho más sencillo: empecemos por tratar bien, con educación y amabilidad, a quienes contribuyen a nuestras estupendas vacaciones. A esas personas que están trabajando mientras nosotros, muy merecidamente, disfrutamos.

No me cabe duda de que estas pequeñas acciones hacen un mundo mejor para todos.

 

Número 5. Las fotos sólo muestran una parte pequeña de la realidad.

En nuestra cultura visual nos dejamos seducir por las imágenes por encima de cualquier cosa. Y cuántas veces una imagen es sólo un pequeñísimo recorte de una realidad no tan bonita.

Por ejemplo, esas fotografías de platos deliciosos encima de una mesa bien decorada ocultan el resto de la cocina, que puede estar sucia y desordenada.

En los viajes pasa un poco lo mismo: para nuestras fotos elegimos específicamente los rincones más bellos, tapando todo lo que hay a los lados que puede ser banal o feo. Y no sólo eso: en las fotos queda recogida la imagen pero no las sensaciones, los olores, el ruido o nuestros sentimientos en el momento de hacerla.

Puede que una imagen sea espectacular pero no el momento real que hay detrás de la misma. 

Explicaré esto mejor a través de una vivencia personal:

En mi crucero por el mediterráneo, el 15 de julio desembarcamos en la isla de Santorini. Es un lugar único, con un paisaje muy singular, por ello muy fotografiado. Yo había estado en Santorini años atrás durante mi estancia como estudiante Erasmus en Grecia, para el mes de abril (y esto implica temperatura agradable, pocos turistas, pocos coches, etc.). Me gustó mucho la isla entonces, sobre todo el pueblo de Oia. Recuerdo que en ese momento,  a mis 22 añitos, me dije a mí misma que tendría que volver a Santorini algún día, que era un lugar demasiado bonito para verlo sólo una vez.

La ocasión llegó hace dos semanas, pero no fue tan idílico como había tenido en mente. Sobre todo porque el barco atracó en esta isla a las 3 de la tarde de un día de julio y esto implica dos cosas muy importantes: un calor infernal y muchísima gente.

Mi marido y yo optamos por hacer una excursión que nos vendieron en el puerto a la ciudad de Oia, y esa misma idea la tuvieron como mil personas más. El resultado fue que las calles estaban literalmente colapsadas de turistas (son callecitas muy estrechas) y si a esto le sumamos el sol veraniego de las 4 de la tarde (o sea, cuanto nadie sale de casa si puede evitarlo) la visita no fue precisamente memorable.

Eso sí, tengo fotos preciosas, porque con esos edificios singulares y esa luz intensa, el lugar daba mucho juego. Por ejemplo mirad esta:

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Si quisiera engañarme a mí misma, y de paso despertar envidia en los demás, podría poner todas mis fotos de Santorini en Facebook acompañadas de una frase sentimental del tipo: “Un día inolvidable en Oia con el amor de mi vida“.

Viendo las imágenes uno no podría desmentir mi afirmación pues realmente son muy chulas. Pero las fotografías son mentirosas, sólo expresan una pequeñísima fracción de la realidad. En nuestro caso todo el calor y el agobio que pasamos en esas horas en la isla no aparecen por ningún lado.

Esa misma tarde en Oia nos encontramos a una pareja oriental que estaba haciéndose el reportaje de boda allí, mirad:

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Unas fotos de boda en Santorini son lo más de lo más, la verdad. Si desde un móvil y una mala posición se ven tan bonitas, no me quiero ni imaginar lo que un fotógrafo profesional puede hacer en ese entorno. Eso sí, os aseguro que esa novia no debió de pasarlo nada bien con un vestido largo y ese calor horrible….

Quien vea el reportaje de boda imaginará un momento precioso y dulce (seguro que yo las encuentro por algún blog y suspiro de envidia), pensará que merece la pena desplazarse miles de kilómetros para obtener esas fotos. Sin embargo yo que estaba allí sé la realidad: turistas, bochorno, ruido, cansancio por el calor, maquillaje que se derrite; y sinceramente no me habría gustado ser esa novia.

Las fotos sólo muestran una pequeñísima porción de la realidad, así que desconfía de todo aquél que quiera venderte su vida maravillosa a través de las mismas. Avisado quedas.

 

Número 6. Menos es más, también a la hora de viajar.

Los lectores de mi boletín semanal ya han oído hablar de lo que yo llamo “minimalismo práctico”. Consiste en llevar la máxima de “menos es más” a nuestras pertenencias, listas de tareas, objetivos e incluso a las experiencias.

En otros viajes yo me he sentido tentada a ver “cuantas más cosas, mejor”. Si podía ver tres playas en vez de una, buscaba una ruta para pasar por todas ellas. Si había una excursión que incluía cinco ciudades y otra que incluía sólo dos, elegía la primera opción.

En estos últimos meses, sin embargo, soy consciente de que “poco y bueno” es mejor que “mucho y malo”. Por eso escribo menos, pero mejor.

En este viaje, aunque al principio me sentí tentada de contratar todas las excursiones del barco (porque te llevaban a varios sitios, en algunos casos una ruta panorámica de toda la isla) finalmente decidí que mejor nos quedábamos en la ciudad donde atracaba el barco para poder recorrerla sin prisas, sin grandes objetivos, hasta donde fuera posible. Parando a tomar algo o a hacer algunas compras si así nos apetecía.

El resultado de esa forma de actuar es que en ningún momento me sentí agobiada porque no llegábamos a algún sitio. Tampoco ansiosa porque habían quedado cosas por ver. Además, encontrar el camino de vuelta cuando nos perdíamos era algo entretenido, no frustrante. Como tener menos planes también agota menos, no han sido necesarios unos días de vacaciones “para descansar de la vacaciones”.

Llevar un ritmo más lento posibilita que uno pueda pasarse a observar el entorno e incluso pensar sobre su vida, en vez de estar todo el rato rabiosamente centrado en el afuera y lo inmediato ¡quién sabe si estas reflexiones son el fruto de eso, precisamente!

 

Número 7. El viaje aprovechado es aquel en el que aprendes algo de ti mismo.

Por último, creo que el viaje mejor aprovechado no es aquél en que conoces más sitios nuevos, sino aquél en el que más te conoces. 

Yo he redescubierto algunas cosas interesantes sobre mí en este crucero, una de ellas es que me encantan los idiomas, (siempre me han gustado) así que tendré que buscar alguna manera para volver a incluirlos en mi vida, porque había pasado esta pasión por alto en los últimos años.

Viajar es una manera estupenda de adquirir nuevos conocimientos. Unas vacaciones para desconectar (del trabajo, los estudios, un problema familiar, etc.) pueden ser el inicio de nuevas ideas sobre cómo encarar las cosas. Un viaje a otro país puede suponer un cambio en nuestras creencias sobre el mundo. Unos días de aventura en la montaña pueden servir para darnos cuenta de que somos más capaces de lo que pensábamos.

Es más fácil que estos “chispazos de inspiración” ocurran en destinos lejanos y exóticos, pero no siempre es así. Alguien puede viajar a Tailandia, hacer muchas fotos, ver muchas cosas y volver siendo exactamente la misma persona, mientras que otro puede irse a un pueblecito de Extremadura y tener experiencias que le cambien la vida.

Un buen viaje es exterior, pero también interior. 

 

Por ello, mientras preparas la maleta para tu próximo destino podrías incluir alguna de estas pretensiones: ¿Qué puedes aprender ahí donde vas? ¿Qué capacidad puedes entrenar? ¿Sobre qué tema puedes encontrar una solución distinta?

Y si te animas llévate un cuaderno para escribir durante tus días de descanso. Nada como tener la mente despejada para que nos lleguen nuevas ideas.

 

En resumen: Mis siete aprendizajes

Después de mis 8 días de crucero por el mediterránea he vuelvo un poquito más morena y descansada (¡y con fotos preciosas!) pero también con algunas reflexiones como souvenirs, en concreto las siguientes:

  1. Lo que eres, siempre viaja contigo (los problemas no se quedan en casa)

  2. La compañía es más importante que el entorno

  3. Dos semanas de vacaciones no compensan un año de amargura (construye una vida de la que no necesites escapar)

  4. La verdadera clase consiste en tratar bien a los demás (cómo hacer del mundo un lugar mejor en vacaciones)

  5. Las fotos NO son la realidad, sólo una pequeña parte e ella muy bien elegida (acuérdate de esto cuando navegues por las RRSS)

  6. Menos es más, también a la hora de viajar (siempre mejor poco y bien, que mucho y mal)

  7. El viaje aprovechado es el que aprendes algo de ti mismo

 

Extra. No hace falta irse de vacaciones lejos

No quisiera acabar este artículo sin decir algo que considero fundamental: para tener unas buenas vacaciones no hace falta viajar muy lejos. De hecho, puedes viajar sin ni siquiera salir de tu ciudad y aprovechar para descubrir esos museos, rincones, naturaleza o comercios que están a quince minutos de casa.

Tampoco hace falta hacer cosas “extraordinarias” en los días de descanso del trabajo. Por ejemplo, retomar tus pasiones de juventud y darles espacio en tu vida cotidiana puede tener el mismo efecto positivo que pasar un mes junto al mar.

Por último, puesto que lo que eres siempre viaja contigo, si quieres unas vacaciones inolvidables pon el foco en conocer o mejorar eso que eres.

Quizás el viajero que hay en ti merece más atención que el próximo viaje que vas a hacer.

 

Dicho esto… que pases unas vacaciones excelentes que sean el inicio de una vida nueva más plena, auténtica y consciente. Y si has llegado o llegas a conclusiones que merecen la pena, compártelas con todos nosotros en el espacio de comentarios.

¡Muy feliz verano!

 

 

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15 Comentarios

  1. Es verdad todo lo que dices: huimos, fotografiamos, presumimos pero … Disfrutamos realmente? Ademas, en mi caso, cada vez me da mas miedo volar y ya no se si me compensa tanto viajar, pero no quiero limitarme ni sacrificar a mi familia por eso. En fin. Mil gracias por el articulo y compartir tu experiencia de este estupendo crucero. Saludos.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Gloria, yo también me pregunto si disfrutamos REALMENTE con todos esos sacrificios, viajes, ruidos, “palizas”, etc. que hacemos durante las vacaciones, quizás estamos olvidando que hay formas más sencillas de pasarlo bien. Si no te gusta volar y te da miedo, puedes plantearlo con sinceridad a tu familia. Hay mil alternativas de vacaciones que no requieren avión (por ejemplo un crucero que salga desde un puerto español, donde puedes llegar en tren o en coche). Seguro que ellos te comprenden mucho mejor de lo que esperas, o te dan otra solución (por ejemplo que hagan todos un viaje en avión sin ti, y el resto de vacaciones estáis todos juntos).
      Un abrazo y gracias por comentar!

  2. Gracias por compartir tus pensamientos, Amparo. Qué gran razón llevas en todo lo que dices. Estas vacaciones voy a poner en práctica un par de cositas que has comentado que creo nos vendrán bien a toda la familia. Y pensar para aprender, creo que ahí aún ando un poco coja.
    Muy guapa en las fotos ¿demasiado personal? y lo que escribes….. ¿no es personal?

    • Amparo Millán Responde

      Gracias por los piropos, la verdad que todo lo que escribo es personal y por eso siento un pelín de pudor a veces… Pero luego le doy al botón publicar y se me pasa, ahí ya pienso “bueno, esta soy yo, si a alguien no le gusta me parece bien… ¡pero que no me lo diga!” 😉
      Ojalá pongas en práctica esas dos ideas que comentas. Porque pensar y tener ideas está muy bien pero cuando las ponemos en práctica ¡boom! el mundo cambia. Un fuerte abrazo!

  3. Buenas Amparo.un ole por ti un artículo donde dices muchas verdades,muchas no,todas .tu as aprendido 7cosas en tu viaje y nosotros las aprendemos contigo sin tener que viajar jeje.pondremos en práctica y reflexionaremos todo.me a encantado felicidades.besos

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias Pepi, qué palabras tan bonitas, me ha encantado eso de “aprendemos contigo sin tener que viajar”. Un abrazo!!

  4. muy interesante, ademas estoy muy de acuerdo contigo en mucho de lo que dices.
    me quedaria especialmente con los puntos 3 y 7. Es muy triste pasarse el año pensando en ese pequeño descanso, con lo cual el final de las vacaciones como tu apuntas puede ser mortifero….
    Saludos!

    loli

    • Amparo Millán Responde

      Hola Loli y muchas gracias por comentar!
      Sí, el punto 3 es decisivo… Si lo pensamos bien, es tan absurdo pasarse todo un año esperando dos míseras semanas de descanso que al final no vamos a disfrutar (por la ansiedad de que los días pasan y pronto llegará otra vez “la prisión”). No es fácil salir de esa rueda, pero se puede. Por un lado, podemos añadir más alegría a nuestra vida cotidiana para que los días de trabajo no sean tan terribles. Por otro lado, podemos plantearnos muy seriamente un cambio de cara al futuro. Yo soy de la opinión de que cambiar de un día para otro es muy difícil, pero un cambio de aquí a 5 años se puede programar y es bastante asequible. Sí, son 5 años, no es poco tiempo ¡pero es menos que toda una vida!
      Un abrazo!

  5. Excelente artículo Amparo.
    Hace unos meses, mi chico y yo decidimos que necesitábamos una escapada, las cosas entre nosotros no iban bien y creímos que salir unos días de nuestra ciudad y nuestro entorno nos ayudaría.
    Pero no fue así.
    Nuestros problemas vinieron con nosotros y lo que deberían haber sido dos días de relax se transformaron en dos días de comer, dormir y discutir, no hicimos otra cosa. En el viaje de vuelta nos dimos cuenta de que habíamos vivido una situación totalmente absurda: conducir hasta la otra punta de España para pasarnos el día discutiendo.
    Al menos le sacamos una lectura positiva a la experiencia, fue un punto de inflexión en nuestra relación. Decidimos que de ninguna manera podíamos seguir así, o solucionábamos nuestros problemas o nos separábamos. Al final, decidimos buscar apoyo en una buena psicóloga de parejas.
    El caso es que nos podíamos haber ahorrado el tiempo, el dinero y los disgustos con ver que nuestros problemas no se solucionaban con un viaje exterior, si no interior.
    Gracias Amparo por hacernos reflexionar 🙂

    Por cierto, si alguien quiere saber como termina la historia 😉 es muy probable que nos separemos, pero lo que los dos tenemos muy claro es que el objetivo es ser felices, juntos, separados, arrejuntaos o como sea, pero siempre felices y sin discusiones.

    • Amparo Millán Responde

      Querida Laura,
      Me has dejado de piedra con tu comentario ¡podría ser un artículo en sí mismo! Muchas gracias por compartir tu valiosa experiencia con todos los lectores, la verdad es que eso de unas supuestas vacaciones románticas con nuestra pareja para solucionar un problema ¡es tan común! Y al final… “nuestros problemas vienen con nosotros” claro ¿dónde si no los ponemos?
      Leyéndote me ha venido a la cabeza algo que una mujer sabia me dijo hace tiempo y fue “las parejas van a terapia con la intención de hacer todo lo posible para no separarse, no con la intención sincera y genuina de decidir QUÉ ES MEJOR. Muchas veces cuando exploramos algo no lo hacemos con la mente abierta de un buen investigador (que sería estar abierto a cualquier descubrimiento que llegue, doloroso o benévolo) sino que exploramos algo esperando que la realidad se ajuste a lo que nosotros queríamos. Eso no es una verdadera investigación/exploración. La verdadera investigación es buscar la verdad sea cual sea, sin forzar un resultado en un sentido o en otro”.
      En tu caso veo que habéis sido tan valientes que os estáis planteando la relación en profundidad y CON TODAS SUS CONSECUENCIAS. Conozco a poca gente que lo haría de la misma manera así que no me queda más remedio que aplaudirte por esa enorme conciencia. Y de la conciencia sólo puede salir un resultado verdadero y sanador para ambos.
      Un abrazo grande amiga, y gracias por hacerme reflexionar a mí también. Muak!

  6. LLEVAR UNA VIDA DE LA NO NECESITES ESCAPAR; me parece una idea estupenda. En mi opinión, ya que hablamos de viajes y vacaciones, si incorporamos las salidas, las excursiones y los viajes, con la compañía adecuada, a nuestra rutina de vida, ésta mejora considerablemente, por lo que no necesitaremos escapar.

    • Amparo Millán Responde

      ¡Hola Antonio y bienvenido a mi página! Efectivamente, el reto de todos nosotros está en diseñar una vida de la que no necesitemos escapar. Una vía es la que tu propones: incorporar pequeños viajes y salidas (en buena compañía, eso fundamental) a la vida cotidiana, es decir viajar más frecuentemente y en pequeñas dosis en vez de un largo viaje al año. Yo voy un poquito más lejos: ¿y si nuestra rutina fuera tan apasionante, tan plena, tan divertida, tan tranquila, que apenas necesitemos “irnos de viaje para desconectar”? Lo sé, es un poco utópico, pero supongo que hay gente que lo habrá conseguido 😉 Un abrazo!

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