Todas las personas sufrimos y tenemos problemas, por mucho que Instagram, Pinterest o Facebook parezcan desmentirlo, con tantas sonrisas, viajes exóticos y casas “maravillosamente desordenadas”. El hecho de vivir implica que en algún momento tendremos que hacer frente a circunstancias adversas, algunas exteriores como el mal tiempo que me ha roto el tejado, otras interiores como mi inseguridad permanente. Por tanto, mayores o menores dificultades van a existir siempre y para todos.

No obstante, a pesar de que sabemos que todo el mundo tiene tenemos baches y crisis, reconocerlos no siempre es fácil. No queremos parecer débiles, no queremos parecer quejicas, y muchas veces no queremos parecer bichos raros (porque sentimos que lo que nos pasa es único, que los demás no lo entenderían).

En este artículo quisiera abordar dos situaciones relacionadas con la opinión que tenemos de nuestros problemas. Por un lado, está el caso de personas que se sienten avergonzadas o culpables por sufrir por algo que consideran pequeño o sin importancia (con la de calamidades y cosas terribles que pasan en el mundo). Por otro lado, está esa sensación muy extendida de sentirse solo e incomprendido, creyendo que “lo que me pasa a mí no le pasa a nadie”.

Ni una cosa ni la otra son ciertas, y vamos a ver por qué.

 

1. Todos los problemas son importantes.

A veces tendemos a hacer juicios subjetivos acerca de qué problemas sí son “importantes” y por ello merecen ser tratados y escuchados, y qué problemas son “tonterías” o “caprichos” y por ello no deberíamos dedicarles ni un minuto de atención.

Esta clasificación en problemas importantes y poco importantes, mayores o menores, es un error. La gravedad de un problema no se mide desde fuera sino desde dentro, desde la percepción de la persona que lo sufre. Si alguien se siente bloqueado, superado y ahogado por cualquier circunstancia, por irrelevante o extraña que pueda parecer a ojos de los demás, es que tiene un problema y es importante para él.

Por ejemplo, que una persona se levante desanimada y triste la mayoría de los días parece menos grave que una enfermedad, pero si miramos este problema en un período de veinte años, ¿no es realmente horrible sentir melancolía en más de 7.000 mañanas de nuestra vida? ¡7.000!

Qué decir de personas que se sienten muy inseguras o tímidas cuando se relacionan con alguien que les gusta, o bien lo hacen de forma muy agresiva y borde, sin que sepan por qué. Este problema les separa, día tras día, de esta vida de pareja y familiar que anhelan profundamente, lo cual es muy difícil de digerir.

En conclusión, si algún problema o dificultad en nuestra vida nos hace sufrir, nos quita el sueño por las noches, nos aleja de llevar la vida que queremos o nos “machaca” un poquito pero sin descanso, este problema es importante y tenemos que darle prioridad.

Minusvalorar esto que nos ocurre, porque claro “hay gente que duerme en la calle y enfermos terminales muriendo en los hospitales” también es un atentado contra nuestra autoestima. Claro que hay situaciones límite muy dolorosas (enfermedades, asesinatos, accidentes, locura, pobreza) y es bueno relativizar, pero eso no implica que tengamos que olvidar o menospreciar lo que sentimos.

A veces los peores problemas son esos que no dan la cara “de golpe” y no nos paralizan en exceso pero que, sin embargo, nos matan lentamente día tras día. Acordaros del ejemplo de las 7.000 mañanas melancólicas… Sufrir un poquito todos los días parece poca cosa, pero sumado en el tiempo es una barbaridad.

En conclusión, que no se trata de ver si tu problema entra en el “top ten” de lo grave y lo socialmente aceptable. Si una circunstancia externa o interna te provoca dolor, tristeza, rabia o vacío existencial, es importante para ti y con eso basta. Y no deberías ampararte en excusas para no hacer nada con este problema, sino buscar solucionarlo cuanto antes.

 

2. Somos más parecidos de lo que creemos y ningún problema es único.

Seguro que alguna vez has vivido una situación como esta esta: estás en una reunión social y de pronto una persona se sincera al grupo y cuenta, un poco avergonzado, algo que le preocupa mucho y de lo que nunca se había atrevido a hablar. Cuando esta persona termina su confesión, en vez de caras raras y sorprendidas se encuentra con que todos o casi todos los asistentes a esa reunión empiezan a decir: “te comprendo, a mí también me ocurrió“, o”¡es justo lo que yo siento!”, o “fíjate, mi hermano tiene el mismo problema”.

Estas conversaciones en las que todos nos quitamos las máscaras y hablamos desde el corazón, sin pudor y sin miedo, son oro puro. Nos sentimos comprendidos y en conexión. También aliviados al saber que no estamos solos ni somos “bichos raros” por tener ciertos problemas. Por eso los grupos de apoyo en que los integrantes comparten una dificultad común (son adictos a alguna sustancia, tienen problemas para relacionarse, quieren mejorar su productividad) funcionan tan bien.

La verdad universal detrás de esto es que las personas, en el fondo, no somos tan diferentes unas de otras. Nos diferenciamos en nuestro aspecto físico, en nuestras circunstancias, en nuestros gustos, pero nuestros problemas de base son muy parecidos: inseguridad, falta de control, baja autoestima, caos interior, desconexión, aburrimiento, dificultad en ser uno mismocarencias afectivas. Poco más.

Sentirnos aislados e incomprendidos duele mucho. Por eso, si experimentas esta sensación a menudo (“nadie me entiende, estoy sol@, nadie siente como yo”) te animo a compartir lo que sientes con un grupo de personas cercanas y ver sus reacciones. También puedes escribir en blogs o en foros o cualquier otra cosa que se te ocurra que te haga conectar con los demás. Te garantizo que en ningún problema eres el único. Y que hay mucha gente que podría no sólo no juzgarte, sino acompañarte y darte apoyo.

Y ahora es tu turno, pregúntate: ¿Alguna vez he sentido que mis problemas no eran importantes? ¿He pensado que era la única persona que sufría por algo determinado y luego he escuchado o leído a otra persona que se siente como yo?

Tómate en serio tus problemas, dales la prioridad que merecen y empieza poquito a poco (siempre poquito a poco) a

1º entender qué es lo que te ocurre y

2º dar pequeños pasitos para acercarte a la vida de tus sueños.

 


 

Créditos de la imagen: photo credit: 162 via photopin (license)

 

Amparo María Millán Ocaña te informa que los datos de carácter personal que me proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por mí como responsable de esta web. Finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales: gestionar el alta a esta suscripción y remitir boletines periódicos con información y oferta prospectiva de productos o servicios propios y de terceros afiliados.  Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios:  Mailchimp. Ver política de privacidad de Mailchimp.  Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@puedoayudarte.es. Puedes encontar más información sobre Protección de Datos en mi página web, así como consultar mi política de privacidad.

¿Te gustó este artículo?

Recibe los siguientes en tu correo

5 Comentarios

  1. Buenos días. Como todos los sábados -menos el último, que hice “novillos” forzosos- he de repetirme en mi valoración de tu artículo: BUENÍSIMO!!!.

    Soy de la opinión, que si relativizamos -hacia abajo- siempre hay alguien peor que nosotros y que no tenemos derecho a quejarnos y lo que debemos de hacer es pensar y agradecer en lo que sí está bien y en todo lo que tenemos, no en lo que nos falta; pero también pienso, que “lo nuestro” es lo más importante, grave….Así que, ahí ando, entre dos aguas.

    Para enmarcar:

    “A veces los peores problemas son esos que no dan la cara “de golpe” y no nos paralizan en exceso pero que, sin embargo, los tenemos machaconamente con nosotros día tras día. Acordaros del ejemplo de las 7.000 mañanas melancólicas… Sufrir un poquito todos los días parece poca cosa, pero sumado en el TIEMPO es una barbaridad.”

    Por cierto, te dije lo de la carpeta “Yo misma, por Amparo Millán”….Ya he empezado a imprimir tus artículos…..jejejeje.

    Un besazo.

    • Amparo Millán Responde

      Yolanda, el sábado pasado te puse falta, eh?? 😀

      Me alegro que te haya gustado el artículo y sobre todo, que los esté haciendo TUYOS. Porque a veces las respuestas que necesitamos nos llegan con las palabras de otros que hacen “CLIC” dentro de nosotros, la vida esta, qué curiosa es…

      Respecto a lo que me comentas de que siempre hay alguien peor que nosotros y que por eso tenemos que relativizar, y agradecer y no quejarnos… ay… es un tema complicado. Yo opino que si algo nos molesta y nos hace sufrir no quejarse no sirve de nada, mucho menos el forzarse a “agradecer” (el agradecimiento o surge o no, no hay más). Por otro lado, hay veces que es MUCHÍSIMO MÁS DURO un problema que parece “menor” vivido en soledad y con culpa (baja autoestima, exigencia desmedida, no poder disfrutar de la vida) que un problema mayor (como una enfermedad, un divorcio, la muerte de un ser querido) vivido en compañía y en el que uno no tiene responsabilidad.

      Como digo en el artículo es MUY GRAVE sentirse infeliz o vacío la mayor parte de los días de nuestra vida, más si encima nos sentimos culpables, estúpidos, indignos o avergonzados por esto. Una enfermedad, duelo, ruptura, problemas para los que socialmente está “bien visto” sufrir y se respeta el dolor, que además propician que personas nos acompañen, nos ayuden, nos cuiden, puede ser una situación más grata para algunas personas que el primer caso, por extraño que parezca.

      De todas formas, este es un asunto para pensar mucho y sin perjuicios, y ver cada caso particular.

      Gracias por tu comentario, un fuerte abrazo!

  2. Buenos días!! yo creo que hay veces que no comunicamos a los demás lo que nos pasa por no hacer más grande un determinado problema o preocupación y no darle mayor importancia, craso error! sacarlo fuera sería el primer paso para superarlo, estoy de acuerdo con eso, pero lanzo otra cosa, y qué pasa cuando hay algo que nos está causando daño y no nos damos cuenta y seguimos con esa dinámica y ese vínculo negativo, ahí debería actuar esa peronsa de confianza y advertirte de que si no cambias eso se conventirá en un problema mayor. Totalmente de acuerdo que la interrelación con los demás es vital y necesaria, nos necesitamos los unos a los otros. Un saludo fuerte 😉

    • Amparo Millán Responde

      Buenos días Anto,

      Efectivamente, reconocer y sacar fuera los problemas es el primer paso para lidiar con ellos. A veces ni siquiera hace falta contárselo a los demás: puede valer escribirlos, representarlos visualmente en un dibujo, incluso “bailarlos” como proponen algunas terapias.

      Como bien dices, hay ocasiones en que no nos damos cuenta de que tenemos una dificultad hasta que otra persona nos lo dice. En ese momento, lógicamente nos enfadamos un poco y sentimos rabia (a nadie le gusta esa sensación de que los demás vean que tenemos un problema y nosotros no), pero luego lo agradecemos. Y es que ninguno de nosotros puede conocer todas las partes de sí mismo sin una ayuda externa. Es como mirarnos la espalda en un espejo: no podemos a menos que utilicemos OTRO ESPEJO y hagamos un juego de doble reflejo. Por eso, en mi opinión, la autoayuda no es eficaz del todo porque hay una parte de nosotros mismos que nunca vamos a descubrir si no llega OTRO y nos la muestra.

      Muchas gracias por tu comentario y un fuerte abrazo!

      Amparo.

  3. Alguna vez he sentido que mis problemas no eran importantes, y también he comprobado que cosas que para mí no eran un problema sí lo eran para otra persona. Por ejemplo, el cambiar de una ciudad a otra sin conocer absolutamente nada para mí no fue un problema, al contrario, fue una gran experiencia, coger autobuses y perderme por una ciudad; sin embargo, para otras personas es algo que no entra en sus planes por miedo.

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.