Cuando estaba en primero de Bachillerato el profesor de Lengua propuso como lectura obligatoria el curso “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja. Del argumento no recuerdo mucho, sólo que el libro me gustó y trataba de la vida de un hombre a lo largo de los años. Lo que sí se me quedó grabado fue una idea central de la obra, que discutimos ampliamente en clase, con la que ya entonces no estaba de acuerdo aunque no sabía explicar por qué.

 

Esta idea que dejaba entrever el libro, que además defendía apasionadamente mi profesor y se escucha en boca de mucha gente dice que:

“Es más feliz el ignorante, porque la verdad -o la inteligencia- nos hace sufrir”.

 

Según Pío Baroja, las personas en algún momento de la vida nos enfrentamos a la siguiente disyuntiva: elegir el árbol de la ciencia (la Verdad, la inteligencia) o el árbol de la vida (la Felicidad, la alegría de vivir). Son dos caminos separados y excluyentes porque, según el autor y mi profesor de lengua, es incompatible ser feliz y sabio a la vez.

 

Hace 17 años de aquella lectura y todavía me acuerdo de mi rebeldía y oposición con ese pensamiento… ¿Cómo que hay que elegir entre vivir alegre y ver la realidad? ¡No, esto no me encaja, no puede ser…!

 

Hoy por hoy me reafirmo en la idea de que la felicidad y la verdad no sólo no están enfrentadas, sino que no pueden vivir la una sin la otra

 

La ignorancia y el engaño sólo traen una felicidad falsa, superficial, alegría congelada. Sin embargo la verdad, aunque al principio pueda resultar dolorosa, trae ALIVIO. Y después vitalidad. Y también exhuberancia. Y garra ante la vida. Y deseo de llorar, de reír, de gritar, de derretirse, en definitiva: deseo de vivir.

 

Creo que no hay nada más divertido que conocer el por qué de las cosas. Por eso a tod@s nos gusta aprender (a unos chino, a otros informática y a otros geopolítica internacional). Y por eso me parece extraño que sean algunos profesores y catedráticos universitarios, que se supone que son “los expertos” del conocimiento, los que digan esta tontería de que es más feliz el ignorante que el sabio.

 

Esto me lleva a pensar que quizás esta gente no tiene el verdadero conocimiento, la verdadera sabiduría, porque en ese caso serían ocurrentes, alegres y vitales, no “ilustres profesores” amargados que dicen a los jóvenes que hay que elegir entre el saber o el disfrutar de la vida, en fin…

 

Los peligros de la ignorancia – No es mejor vivir engañados

Como he dicho, está muy extendida esta idea de que es mejor “no saber” para “no sufrir” pero esta afirmación en realidad no se sostiene porque al final la verdad siempre acaba saliendo a la luz… y cuanto más tarde, más fuerte es “el tortazo”.

 

Seguro que conoces casos de personas que trataron de vivir engañadas mucho tiempo (por ejemplo ignorando una infidelidad, que un hijo estaba tomando drogas, que el dinero se agotaba, que el trabajo iba mal, que la situación política se estaba complicando) hasta que un día se les cayó el castillo de naipes y no les quedó remedio que enfrentarse a una verdad cruel que, de haberse enfrentado antes, habría sido más llevadera.

 

Pensemos, ¿qué es lo peor que nos puede pasar en la vida? ¿Qué es eso que tememos tanto y por ello evitamos la verdad? ¿Sufrir?

En verdad sufrir no es agradable pero hay algo peor: sufrir inútilmente.

 

Es decir, pasarlo mal, muy mal, durante largos meses y luego no sacar nada positivo de la experiencia, no haber aprendido nada, no habernos convertido en una persona un poco más madura. Y esta situación tan desagradable sólo ocurre cuando vivimos en la ignorancia. Sufrimos inútilmente cuando nos creemos nuestras propias mentiras, cuando culpamos a los demás de nuestras desgracias y nos negamos a ver de qué forma hemos contribuido a lo largo de los años a una situación.

 

Así que por favor… no te engañes a ti mism@. No pasa nada si en cierto momento tienes que fingir o maquillar la verdad ante los demás para protegerte. Nadie ha dicho que tengamos que ser sinceros siempre o no guardar secretos. Pero no te engañes a ti mism@.

 

Cuestiónate todo, hasta lo que das por sabido. Busca más allá de las apariencias y convencionalismos (¿cuáles son tus verdaderos deseos, únicos, singulares e irrepetibles?) Acepta tus sentimientos sean cuales sean (por muy políticamente incorrectos que puedan parecer). Reconoce tus errores, también tus aciertos, y sigue adelante.

 

Vivir en la verdad no sólo es un síntoma de madurez sino que es más fácil. Porque cuando te conoces y conoces cómo son las circunstancias que te rodean puedes jugar mejor tus cartas. En las guerras y en la vida quien tiene el conocimiento tiene el poder, así que vamos a aprovecharnos de esto…

 

Poniendo un poco de verdad en las relaciones cotidianas

Muchas parejas no admiten que ese “gran amor” que dicen sentir por el otro a veces no se traduce en actos (y se queda sólo en “palabrería”) Por otro lado, a veces llevamos diez años con la misma persona y no conocemos sus miedos, sus anhelos más íntimos, sus sueños adolescentes. Cuando ponemos un poco de luz en esto, en vez de ocultarlo, damos un soplo de aire fresco a nuestras relaciones. Nos dejamos de suposiciones y mentiras y empezamos a edificar algo sólido.

 

Por otro lado, muchos padres, y especialmente las madres, tienen pavor admitir los sentimientos muchas veces ambivalentes y confusos que tienen hacia sus hijos: sobrecarga, rivalidad, envidia, frustración…. También se suele ocultar el deseo de que los hijos respondan a las propias expectativas y que nos hagan “brillar” a ojos de los demás (qué maravilla, poder presumir de un hijo médico). Estos sentimientos y aspiraciones “poco correctos” se ocultan tras la máscara de “padres perfectos” pero luego, en el momento menos indicado, la verdad estalla y vienen los reproches, malentendidos, sufrimientos y rencores ocultos, que suceden hasta en las mejores familias. ¿No sería mejor reconocer los conflictos cuando aparecen y ponerles solución?

 

Respecto a la relación jefe-empleado, sería mucho más fluida si todos admitieran que proyectan en el otro lo peor de sí mismos en el otro. Muchos jefes piensan de sus trabajadores que son unos vagos y que sólo van por el dinero (sin admitir lo difícil que es obedecer y seguir órdenes) y muchos empleados suelen pensar que los jefes son monstruos que sólo quieren explotarlos para su beneficio y que ellos son más maduros y centrados (cuando a veces los peores jefes son los que vienen “desde abajo”). Si jefes y empleados pusieran de su parte en comprenderse más y comprender más cómo piensa/siente el otro, el ambiente en las empresas estaría menos cargado de lo que está.

 

En general, si todos admitiéramos que a veces somos intolerantes en nuestras relaciones, que es muy fácil decir “te quiero” pero muy difícil demostrarlo, o que tras un consejo puede ir una orden encubierta, entonces, y quizás entonces, podamos empezar a amar de verdad.

 

Poniendo un poco de verdad en los sentimientos

¿Te corroe la envidia cuando ves a un buen amigo o familiar lograr algo que tú siempre habías soñado? No pasa nada, ¡admítelo! La policía no va a venir a detenerte a casa, pero en vez de quedarte en el sentimiento incómodo busca lo que esa envidia quiere decir sobre ti.

 

Si vives ahogad@ en la culpa por no haber actuado como correspondía en tiempos pasados, enfrenta este sentimiento con valentía en vez de huir de él. Sólo así podrás perdonarte, para siempre y sin fisuras. No hay mejor forma de dejar atrás la culpa que el conocimiento: entender lo que ha ocurrido para comprometernos a actuar de forma diferente en el futuro.

 

Por último, si sientes un miedo atroz ante una actividad en apariencia inofensiva (como una entrevista de trabajo o hablar en público) dale espacio y lugar a este miedo, que puede ser muy antiguo, en vez de ahogarlo a base de tranquilizantes. ¿Qué te pasa? ¿Qué temes en realidad? ¿Qué miedo antiguo se está superponiendo a esta situación actual?

 

Cuando miramos de frente a esta y otras emociones (el dolor por lo que no pudo ser, la rabia acumulada en la mandíbula, la confusión) en vez de ocultarlas, nuestro interior oscuro se empieza a clarear y, de pronto, emerge una energía y una alegría vital que no habíamos conocido nunca. Esa es la presencia inconfundible de la verdad.

 

Cuando algo encaja y decimos “¡eso es!”, cuando sentimos ALIVIO al nombrar lo que nos pasa, estamos en presencia de la verdad. Nuestro cuerpo y nuestra mente no están diseñados para la mentira y debido a esto, cuando la verdad aparece, el sufrimiento y la depresión se apagan y el cuerpo recupera su forma y la salud. 

 

Me parece que mi querida Thérese Bertherat dijo algo de esto en sus libros, que el cuerpo humano tenía una forma perfecta, simétrica, verdadera, frente a la forma retorcida y mentirosa en que el cuerpo se convierte tras años de traumas y desvelos… Añado que en la mente tiene que pasar lo mismo: cuando estamos en contacto con la verdad (de lo que nos pasa, de cómo es el mundo) recuperamos la claridad. Nos sentimos más enfocados, más confiados, con más capacidad para diseñar un plan que nos lleve adónde queremos llegar.

 

Claridad, simetría corporal, impulso ¿no es esto algo a lo que todos deberíamos aspirar?

 

 

Palabras finales

La verdad, sea cual sea, nos libera y nos da paz. Y es el inicio del verdadero cambio. Si un@ se aferra tozudamente a la idea de que “todo está bien” (cunado en realidad no lo está)  ¿qué hará luego cuando todo lo que ha reprimido u ocultado pugne por salir?

 

Vivir en la verdad también implica tener un sentido del humor más agudo e inteligente, detectar rápidamente los engaños, ser más tolerantes, juzgar menos y, en definitiva, llevar una vida mucho más plena.

 

Así que lo siento, Pío Baroja y tantos otros que han pregonado que el conocimiento trae angustia, yo pienso justo lo contrario: que no hay nada admirable en la ignorancia o en querer vivir engañados “para no sufrir” (de hecho, se acaba sufriendo más). Lo que realmente nos devuelve la salud, el amor y la alegría es la verdad.

 

¿Qué opinas?

¿Ha llegado la hora de enfrentarnos a nuestros fantasmas y los del mundo?

Cuéntame tu opinión en los comentarios.

 

Créditos de las imágenes:

Imagen 1: “Lina“, Mitya Ku, a través de Flickr Creative Commons

Imagen 2: “Happiness: felicidad“, Jonathan Emmanuel Flores, a través de Flickr Creative Commons

 

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17 Comentarios

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias por tu comentario, Silvia. Precisamente lo que otorga conocer la verdad es eso: PAZ. Alivio, consuelo, conciencia, yo también hago mucho hincapié en la vitalidad (pues el cansancio y el agotamiento se produce porque gran parte de nuestra energía está destinada a “protegernos”, y cuando la verdad sale a la luz, esta energía se libera).

      Un abrazo y hasta pronto,

      Amparo.

  1. Genial artículo, pienso q todos nos hemos sentidos totalmente identificados con este dilema,me adapto a la sociedad y vivo en mi falsa felicidad o construyo algo personal y propio aunque tenga consecuencias negativas,…. Estoy de acuerdo éste artículo transmite mucha paz ya que apoya aquello que elegimos ser hace unos años, ser felices y sinceros

    • Amparo Millán Responde

      Es verdad que hay un dilema ahí de adaptarse o vivir con sinceridad, pero el artículo va más allá de eso… Antes de empezar a vivir con sinceridad, uno tiene que reconocer la VERDAD: del mundo que lo rodea, de la gente que lo acompaña, de sus enfermedades, sus sentimientos, sus problemas, su vida actual, sus relaciones, su trabajo… No se puede ser realmente sincero si no nos acercamos a nuestras sombras, si no vemos con objetividad cómo actuamos (con lo bueno y lo malo). Así que para mí el primer paso para la felicidad y una vida más auténtica pasa por esto, por CONOCER con los ojos bien abiertos y sin miedo a nada. Total, la verdad puede ser más o menos dolorosa pero NUNCA da miedo.

      Abrazos!

      Amparo.

  2. Muy buen artículo. Pero en ciertas cosas sigo pensando que ignorar sí da felicidad. Y la verdad no es tan buena siempre.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Mónica, ¿en qué ignorar SÍ da la felicidad?
      Bueno, puede ser que a corto plazo sea más cómodo, pero a largo plazo NUNCA la ignorancia es recomendable. Así nos pasa, nos pasamos años con los ojos cerrados, sin querer ver, diciendo que “todo es estupendo y va bien” y de repente nos viene una crisis -que llevaba gestándose años- y decimos con los brazos gritando al cielo: “¿cómo me pasa esto a mí?”

      Todo lo que nos pasa no cae del cielo, sino que nos hace llamadas, primero más pequeñas y luego con más intensidad, hasta que decidimos hacerle caso.

      Un fuerte abrazo y si quieres comentar algo más hazlo con libertad.

  3. Creo que empezaria mi respuesta citando a Antonio Machado:
    “Tu verdad?
    No, la verdad
    y ven conmigo
    a buscarla
    la tuya
    guardatela”

    Porque no creo que haya una verdad absoluta, cada verdad lo es dependiendo del momento en que se vive… dicho esto estoy deacuerdo en que hay que vivir (y amar y sentir en general) con los ojos abiertos, no hay que engañarse a uno mismo pero creo que hablas de muchas cosas diferentes en tu articulo
    -LA VERDAD
    – LA INTELIGENCIA
    – ASUMIR LOS PROPIOS SENTIMIENTOS (como envidia, ira etc..)
    – SER CONSCIENTES DE NUESTROS ERRORES
    Para mi cada cosa es diferente, creo que todas son necesarias para alcanzar esa felicidad de la que tanto se habla… pero son diferentes, quiza consiguiendo interiorizar una las siguientes vengan de la mano… o sean mas faciles de reconocer…quiza…
    Y para terminar con mi opinion te dire que creo que hablando de “LA VERDAD” no todo el mundo esta preparado para escucharla y que es un error casi tan grande vivir engañado siempre como obligarnos a nosotros mismos a oir LA VERDAD sin tener en cuenta si seremos capaces de soportarla…cada cosa tiene su momento y cada verdad (en minusculas) tambien.
    Gracias por tu articulo porque consigues algo muy importante para mi: que piense, que recapacite (cosa que espero que en algun momento me lleve a ser mas sabia)

    • Amparo Millán Responde

      Querida Ana,
      Muchas gracias por tu intenso y profundo comentario, la verdad es que lo he leído varias veces antes de contestarte, y me ha hecho pensar a mí también.
      La poesía de Machado me gusta mucho y creo que precisamente indica que “verdad hay sólo una” e igual para todos (es decir, que la verdad NO es relativa), aunque luego cada uno quiera interpretarla a su manera… Como bien dices en tu comentario, es cierto que no siempre estamos preparados para soportar la verdad. Por eso, como nuestra conciencia, nuestros sentimientos y nuestra mente son tan sabios (y debemos confiar en ellos), sólo nos ponen las cosas en bandeja cuando estamos listos. Al menos, así lo creo yo. Por lo tanto, cuando a uno se le despierta una inquietud por saber más de sí mismo y buscar la verdad… es que está listo para ello. Si no es así, si no sentimos este deseo, tenemos que esperar.

      Por otro lado, y como bien apuntas, es cierto que he utilizado como sinónimos muchas expresiones diferentes: LA VERDAD, LA INTELIGENCIA, ASUMIR LOS PROPIOS SENTIMIENTO, SER CONSCIENTES. En mi opinión, todas estas expresiones están relacionadas porque la VERDADera inteligencia nunca sale de la mentira, siempre aspira a saber la verdad. Por otro lado, asumir nuestros sentimientos y ser conscientes de nuestros errores son dos manifestaciones concretas de lo que es vivir con los ojos bien abiertos (o vivir “en la verdad”). Vivir con los ojos abiertos es lo contrario de engañarnos a nosotros mismos, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, no ser conscientes de nuestros errores o emplear la inteligencia para engañarnos aún mejor o hacernos daño.

      Espero haber aclarado algo con este mensaje. Una vez más, ¡gracias por suscitar en mí tantas reflexiones!
      Un abrazo fuerte,

      Amparo.

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  8. No se como lo haces pero me siento identificada o comparto pensamientos en todos tus artículos. Creo que hace unos años que estamos viviendo una situación política en España, que junto con el exceso de noticias en Tv, internet, redes sociales y opiniones de mi entorno, me ha hecho pensar en muchas ocasiones con esta frase de Pío Baroja. Opiniar/hablar siempre de lo mismo, me agota. Por eso me refugio en esa frase, porque cuanto más se del tema de más mala leche me pongo y más infeliz soy. Soy consciente e incluso creo que la ignorancia es un aspecto negativo y que te anula como persona, pero hace que vivas en tu mundo con tu propia realidad/felicidad. En ocasiones pienso que soy demasiado buena para vivir en el entorno/sociedad que me ha tocado vivir.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Montse,
      Yo súper feliz de que te sientas identificada con mis artículos 🙂

      Has traído un tema muy interesante y sobre el que yo pienso/debato muchísimo: la situación política y social del país (o del mundo, podríamos decir). Sí, es descorazonador ver los niveles de corrupción política y moral que estamos viviendo, la manipulación de los medios, la pobreza de mucha gente, la violencia que reina en las instituciones y los hogares… Es una cosa monstruosa, de verdad, y cuanto más “escarbas” en la información peor es lo que encuentras (yo no leo los periódicos convencionales pero tengo fuentes alternativas de información que muestra un panorama mucho peor de lo que pensamos).
      Sin embargo… fíjate yo tengo la TOTAL CERTEZA de que el conocimiento es poder. Y como digo en la clase intensiva (vídeo 5, ¿lo viste?) el primer paso de un cambio significativo es la toma de conciencia. Cuanto más evaluemos nuestra vida, nuestro negocio, la sociedad, nuestra personalidad, etc. más vamos a dar con ideas poderosas que, una vez aplicadas, van a conducir a un cambio real. Es que es así, funciona así.

      En mi caso, yo no me desaliento cuando conozco la realidad, al contrario ¡me siento impulsada a conocer cada vez más! Eso sí, tampoco tengo prisa porque sé que el tiempo que llevan los cambios… tengo claro que conocer una situación es sólo un primer paso y los demás llegarán después de años.

      ” En ocasiones pienso que soy demasiado buena para vivir en el entorno/sociedad que me ha tocado vivir.” Muy posiblemente eres una persona más consciente y sensible que el resto, bueno ¡pues utilízalo para hacer el bien! No es una maldición ser así (como estabas creyendo hasta ahora con lo de “mejor ser ignorante” pero que tampoco te ha traído la felicidad) Conoce, conoce, profundiza, sigue esta vena inquieta, busca la verdad, primero en ti, luego en el mundo… y ya verás cómo al cabo del tiempo puedes hacer algo constructivo con eso. Es cuestión de no caer en ese pesimismo de los intelectuales, que nunca he entendido ni entenderé.

      Vaya rollo que te he soltado Monste, espero que algo saques de esto ;-P Un besote!!

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