El sentimiento de culpabilidad es uno de los más amargos que una persona puede tener. Ocurre cuando hemos actuado de una forma que no nos gusta, y esto nos lleva a un estado de desánimo, tristeza, angustia y enfado a la vez. No es fácil definir con palabras la culpa, pero supongo que todos os identificáis con esta situación ¿verdad?

Algunas personas se preguntan: ¿es bueno o es malo sentirse culpable?

Por un lado, se encuentran los que yo llamo (con humor) “los talibanes de las emociones negativas” que pregonan que sentir culpa no sirve para nada, que nos ancla al pasado, que nos convierte en seres indefensos y que por tanto, en cuanto aparezca, deberíamos sustituirla por un pensamiento positivo o hacer algo inmediatamente para remediar el daño causado.

Comparto parte de esta visión pero si sentir culpa es algo tan poco útil o negativo ¿por qué se considera un rasgo propio de psicópatas el no sentir remordimientos por sus acciones? ¿No os resulta inquietante que una persona jamás se sienta culpable? Se me ocurre incluso aventurar: ¿no es, incluso, algo violento no sentirse mal cuando hacemos daño a otro, o cuando nos fallamos a nosotros mismos?

El otro extremo es el de esas personas que están permanentemente culpándose por todo, llorosas, estancadas, sumidas en la autocompasión. Para estas personas la culpa no es una emoción que aparece de vez en cuando, sino que inunda su día a día. Y además, la utilizan como excusa para sentirse derrumbados y no avanzar.

“Me siento tan culpable…” piensan estas personas, y con ello dan todo por solucionado. O bien admiten llorando “soy la peor madre/ hermana/ amiga/ trabajadora/ pareja/ vecina del mundo…” y dicho esto, siguen con las lamentaciones en vez de hacer algo útil. La culpa, en este caso, se ha convertido en una forma de actuar y vivir muy cómoda, porque paraliza y exime de toda responsabilidad.

Vistos estos dos extremos , ¿hay algún punto medio para relacionarse con la culpa? ¿Podríamos extraerle alguna utilidad sana, algún beneficio? A continuación mis respuestas.

 

Qué nos indica la culpa

Al igual que el resto de emociones que denominamos incómodas o negativas, la culpa no es un proceso azaroso o inútil que haya que reprimir o dejar de sentir.

La culpa, como las demás emociones, es un mensajero, un indicador de que hay algo dentro de nosotros que requiere nuestra atención. Es lo que hacemos tras esa emoción ( paralizarnos, compadecernos, atacar o menospreciar al otro) lo que puede ser reprobable, pero nunca el hecho de sentir. Como dice Daniel Dufour, en su libro “la herida del abandono”:

Una emoción no es normal o anormal, buena o mala. ES, y ya está. Es vida. Por sí misma, no produce ningún sufrimiento. Lo que genera sufrimiento, sin embargo, es el bloqueo de la emoción que impone la mente. Ya sea el bloqueo del reconocimiento de la emoción, o el bloqueo de lo que la emoción puede hacer sentir.

 

Si las emociones son mensajeros, ¿de qué puede avisarnos la culpa? Por lo general, de que hay un comportamiento que sería conveniente cambiar. Concretamente, la culpa puede indicarnos:

  • Que hay algo importante que no estamos teniendo en cuenta. Sería el caso de una persona que un día se siente culpable porque trabaja demasiado y dedica poco tiempo a sus seres queridos. En este caso, el sentimiento de culpa invita a la persona a que redefina sus prioridades y ponga su atención en las cosas que le importan y a las que actualmente está robando tiempo y energía.
  • Que no hemos cumplido con algo que nos habíamos propuesto. Por ejemplo, habíamos decidido que íbamos a enviar nuestro CV a tres empresas diferentes y no lo hemos hecho. En este caso, la culpa nos está diciendo: “venga, ponte las pilas” y nos está recordando que para nosotros es importante respetar ese compromiso, si no, no nos sentiríamos culpables.
  • Que tenemos que revisar nuestras expectativas o exigencias. El otro día decía una de mis seguidoras en Facebook, “¿qué pasa cuando nos sentimos culpables, quizás injustificadamente, por nuestro auto-impuesto perfeccionismo?” Me ha gustado mucho la pregunta porque es algo que es muy común en personas exigentes (y yo lo soy). Vale la pena pensar, cuando aparece la culpa, si no hemos cumplido lo que nos habíamos propuesto por pereza o por miedo, o bien porque materialmente no tenemos el tiempo o las habilidades. En este caso, la solución pasa por aligerar las cargas que nosotros mismos nos ponemos y bajar las expectativas. La culpa, por tanto, puede ser un disparador estupendo para pasar por este proceso.

Visto así, sentir culpa de vez en cuando no sólo no es malo, sino que nos da una información valiosísima que de otro modo quizás no aparecería, ¿no os parece?

Cómo superar el sentimiento de culpa que no te deja avanzar
¡Pinea este artículo!

Cómo actuar si nos sentimos culpables

Os propongo una serie de pasos que podemos aplicar para gestionar todas las emociones en general, pero que son especialmente útiles para la culpa, porque es una emoción de baja energía que nos pone en un estado de recogimiento. Éstos son:

SENTIR → PENSAR → DECIDIR

 

1. SENTIR:

Lo primero es permitirnos sentir la culpa, a solas, sin pensar que otro nos va a castigar o juzgar. Tenemos que entrar en ese estado tranquilo, de introspección, y dejar que salga el malestar, el dolor, la impotencia, todo lo que nos brote de dentro. En mi opinión, hay cierta belleza en ese contacto sincero con los sentimientos, cualesquiera que sean, y creo que esta imagen lo refleja muy bien:

 

2. PENSAR:

Una vez que hayamos entrado en ese estado de ánimo íntimo y reflexivo, llega la hora de indagar en lo que ha sucedido.

¿Qué ha pasado o qué he hecho para sentirme culpable? ¿Hay prioridades que no estoy teniendo en cuenta, tengo que dejar de pensar y ponerme en marcha, me estoy exigiendo más de lo que humanamente puedo dar?

En esta fase, se trata de comprender lo más ampliamente posible qué ha pasado, y si podemos aprender algo de ello. Sin ninguna duda, para mí la pregunta más importante para alguien que se siente culpable sería: ¿Qué información te trae la culpa?

 

3. DECIDIR:

La culpa desaparece con el compromiso. Así de fácil (y de difícil).

No hay ningún motivo para permanecer eternamente fustigándonos y culpándonos por todo lo que hacemos mal. Llega un momento en que hemos de tomar la decisión de hacer algo, por supuesto algo concreto, y no cosas como “voy a cambiar” o “esta será la última vez” o “no quiero seguir siendo así“.

Si me siento culpable por no seguir la dieta, está bien, la revisaré y mañana lo intentaré de nuevo. Si me siento culpable por gritar a mis empleados (además lo hago todos los días y no lo puedo controlar), tendré que valorar si necesito pedir ayuda a otra persona o ir a terapia. Si me siento culpable por pasar demasiadas horas en Facebook tendré que ver qué herramientas puedo utilizar para no tener la necesidad de abrirlo.

En definitiva, se trata de salir de ese bucle adictivo de “obro mal-me siento culpable, vuelvo a obrar mal-me siento más culpable” y encontrar formas más imaginativas de solventar la situación.

Como dije al inicio, la culpabilización puede ser una excusa excelente para no avanzar porque, lamentablemente (y esto como coach lo he visto mucho, muchísimo):

 

A veces es más cómodo sentirse culpable que hacer ese gran cambio que necesitamos.  - ¡Twitea esto!

 

¿Y ya está? ¿es tan fácil salir de la culpa?, te estarás preguntando.

Bueeeeno… Pasar del paso 1 al paso 2 (vivir y entender qué nos trae la culpa) y del paso 2 al paso 3 (decidirnos a hacer algo) no es tan rápido. A veces nos lleva horas, en otros casos esto puede durar meses, o años. En muchas ocasiones, y ante la misma actividad, el ciclo de la culpa se repite periódicamente. En el fondo esto no está tan mal, nos sirve para ir afinando paulatinamente nuestra forma de actuar, hasta que lleguemos al punto que más nos conviene.

Y respecto al perdón, palabra que no he mencionado hasta ahora en todo el artículo… Para mí, y esto lo digo como opinión personal, uno llega a perdonarse verdaderamente a sí mismo cuando ha completado el círculo. No se me ocurre ninguna forma de forzarlo.

Desde mi punto de vista, esa sensación de paz, de sentir que todo está bien, que las acciones inadecuadas han tenido un sentido, y que la culpa ya no enturbia nuestros días, es una consecuencia. No podemos perdonarnos a nosotros mismos si no nos enfrentamos a estos tres pasos que he descrito (sentir-comprender-actuar), y este perdón aparece después espontáneamente como un regalo, sin que tengamos que hacer nada especial.

 

Y vosotr@s, ¿qué pensáis sobre la culpa?

¿Tenéis estrategias particulares para lidiar con ella?

¿Algo de lo que habéis leído os ha llamado la atención ?

¿Habéis experimentado alguna vez la enorme liberación de haberos perdonado por algo, después de mucho tiempo?

 

En definitiva, sentirse culpable no es en absoluto agradable, pero si dejamos de oponer resistencia a este sentimiento y admitimos que, como seres humanos, cometemos y cometeremos errores, la culpa puede ser un estupendo vehículo para cambiar ciertos comportamientos y crecer.

 


 

Créditos de la imagen:  Lauren Rushing, a través de Flickr Creative Commons

 

Amparo María Millán Ocaña te informa que los datos de carácter personal que me proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por mí como responsable de esta web. Finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales: gestionar el alta a esta suscripción y remitir boletines periódicos con información y oferta prospectiva de productos o servicios propios y de terceros afiliados.  Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios:  Mailchimp. Ver política de privacidad de Mailchimp.  Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@puedoayudarte.es. Puedes encontar más información sobre Protección de Datos en mi página web, así como consultar mi política de privacidad.

¿Te gustó este artículo?

Recibe los siguientes en tu correo

12 Comentarios

  1. GRACIAS!!!. (entre cama y cama, lavadora y lavadora….entro en tu blog con la ilusión de leerte; pienso que ya son las 10 y seguro que habrás publicado tu excelente artículo). Leerte me inspira y me hace pensar.

    • Amparo Millán Responde

      😀 Muchas gracias a ti, Yolanda!! Con comentarios como estos, a una le dan ganas de escribir todos los días.

      Por cierto, es estupendo eso de estar haciendo las tareas domésticas un sábado y de vez en cuando pararse para leer un post, ¿verdad? Yo también lo hago. 😉 Un fuerte abrazo.

  2. ¡Muy interesante, Amparo, gracias de nuevo! Me recuerda a uno de los planteamientos de Bert Hellinger (que por cierto, es teólogo y fue sacerdote antes de dedicarse a la terapia, y digo esto porque la culpa es un concepto de la tradición judeo-cristiana): la buena y la mala conciencia. Y dice el Maestro que es de hecho la mala conciencia la que nos hace avanzar y crecer, aunque suponga ‘salirnos del tiesto’, de lo establecido, de lo que se espera de nosotros. Cuando nos salimos de ahí a menudo nos invade la culpa. Y sin embargo, nos estamos generando un enorme beneficio a nosotros mismos y al sistema.

    Así que yo, desde que aprendí esto, jamás hablo ya de culpa sino de mala conciencia, ésa que me ayuda a crecer y a sacar parte de mi ser esencial oculto.

    También me ha gustado leerte en el boletín y coincidir contigo en uno de esos temores nuestros “temor a escribir públicamente, con mi nombre y apellidos”, decías tú. ¡Totalmente! ¡Qué gran avance el nuestro, compañera!

    Abrazo grande 🙂

    • Amparo Millán Responde

      Querida Gloria,

      Me alegra saber que tenemos algo más en común! Ese miedo anterior a escribir públicamente… Y míranos ahora… contando “nuestras miserias” a cara descubierta, jajaja. Y lo mejor es que no pasa ni media.

      No había oído hablar de ese concepto de Bert Hellinger, gracias por descubrírmelo. He estado buscando un poco por Google y por lo que he visto y deduzco de tu comentario, a veces esas acciones de “mala conciencia” nos ayudan a crecer porque nos hacen salir de nuestros propios límites y de los del sistema al que pertenecemos. Es un concepto bastante interesante, y también una “aplicación” o utilidad de la culpa, le daré una vuelta…

      Abrazos!!

  3. La culpa es un sentimiento desarrollado en personas emocionales y sensatas, por ello el psicópata no puede sentirlo. No dispone de esta capacidad, aprende a adaptarse y finge que se siente culpable porque es lo que se hace socialmente. Para sentir culpa has de saber ponerte en los zapatos de aquellos a los que has hecho daño. Un psicópata se caracteriza principalmente por no ser capaz de ser empático, por tanto no será capaz de sentir el mal experimentado por el otro y por ello no sentirá que habrá obrado mal. No se trata de culpar al psicópata y señalarle como si de un demonio se tratase, pues igualmente él/ella no ha decidido nacer con esta deficiencia. Lo que hay que hacer es saber identificarlos y no permitir que nos dañen, pues desgraciadamente tienen una gran capacidad para hacerlo.

    • Amparo Millán Responde

      ¡Gracias Irene, por tu manera precisa y exacta de describirlo! Me ha gustado mucho tu aportación.

      Efectivamente, la culpa se desarrolla en aquellas personas capaces de ser empáticas con el otro. Con lo cual, no sentir ningún tipo de culpa no es nada de lo que estar orgulloso. Con lo único que no estoy de acuerdo con tu mensaje es con eso de “ha nacido con esa deficiencia”. Los bebés nacen amorosos y empáticos (no sé hasta qué punto podría haber bebés que no fueran así, pero seguro que una minoría con respecto a los psicópatas que hay), el problema son los entornos tan hostiles y vacíos en los que se encuentran, que les “obligan” a adoptar mecanismos de supervivencia muy extremos, como la desconexión total de sus sentimientos para no sufrir.

      Un abrazo y gracias por comentar.

  4. Pingback: Cómo darle la vuelta a las típicas listas de tareas | Coaching emocional para mujeres profesionales

  5. Pingback: Qué puedes hacer para que el miedo no te paralice | Coaching emocional para mujeres profesionales

  6. Pingback: Cómo mejorar tu autodisciplina - Tres ideas fundamentales

  7. Pingback: ¿Sientes que te falta algo? - Coaching emocional para personas inquietas

  8. Encontré muchas respuestas y bastante alivio con este artículo, es bastante entusiasta leer herramientas que puedes usar para superar esta situación, quiero preguntarte si existe un “plus” un “extra” que podamos hacer cuando la culpa que sentimos es de un acto que llevo a perder a alguien , ya que leí tus ejemplos y eran más sobre hábitos por así decirlos, pero qué pasa cuando sentimos culpa de haber perdido a una persona?

    Gracias 🙂

    • Amparo Millán Responde

      Querida Vivian,
      Muchas gracias por tu comentario y disculpa la tardanza en responderte. Me parece muy interesante la pregunta que planteas porque en el artículo es verdad que pongo ejemplos “no tan graves” y que tienen solución, como los hábitos, pero ¿qué pasa si has perdido a una persona por un mal acto?

      Bueno, en primer lugar creo que la culpa ha de ser un INDICADOR, y entonces está bien sentirse culpable porque te hace recapacitar sobre tus errores con la otra persona (y te puede llevar a pedir perdón). Cuando la culpa deja de tener sentido es cuando se vuelve CRÓNICA. Cuando a pesar de saber en qué te has equivocado y pedir perdón (que se puede hacer directa o mentalmente) sigues con ese sentimiento un día, y otro día, y otro día.

      Desde niños nos introducen en la cultura de la culpa y el castigo, por eso es tan habitual este comportamiento de estancarnos en nuestros errores y querer expiar nuestras faltas a toda costa. Para frenar esta culpa tóxica e inútil creo que tenemos un arma: la conciencia, y si vemos que ese sentimiento no nos sirve más y sólo nos mete en un pozo sin fondo, hay que abandonarlo… Hablarnos de manera amable, repetirnos que no supimos hacerlo mejor y perdonar a los demás y a nosotros (o pedir perdón al cielo).

      Espero haber respondido tu pregunta, recibe un fuerte abrazo!!

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.