El domingo por la mañana me entretuve un rato viendo el programa «Supertartas de boda» en el canal Divinity. Si para algo reservo los domingos por la mañana es para ver programas de televisión intrascendentes y para hacer cosas fáciles y relajadas. 😉

En un momento del programa ocurrió un imprevisto serio en una de las pastelerías. Cuando prácticamente una de las tartas de boda estaba terminada, los novios cambiaron los planes. Querían algo distinto a lo que habían pactado. Esto obligaba a hacer cambios sustanciales en el diseño y la construcción de la tarta. La jefa de la pastelería, tras un momento de shock y de cierto fastidio por el cambio de planes, se hizo una pregunta de ésas que sólo las personas que están acostumbradas a resolver conflictos y a pensar de una forma abierta son capaces de hacerse:

Está bien, ¿cómo puedo hacerlo?

Esta sencilla pero potente pregunta lo cambia todo…

En multitud de ocasiones nos encontramos con imprevistos o con situaciones difíciles que no sabemos cómo enfrentar. Nuestro primer impulso es decir: «no puede ser«, «no me lo puedo creer«, «qué mala suerte» o algo similar. En el programa que te comento, la jefa pastelera podría haber pensando «maldita sea, ¿y ahora qué les pasa a estos novios? ¿por qué me cambian de planes a última hora?»

La cosa se complica aún más cuando después de estos pensamientos tipo «qué mala suerte» pronunciamos esas palabras que nos conducirán a la parálisis y la inacción: «NO-PUEDO-HACER-NADA». O cualquiera de sus variantes: «es imposible«, «a ver qué hago ahora«, «no hay solución» o «no hay manera«.

Ahora imagínate que eres una persona acostumbrada a resolver conflictos (en vez de a dejarte hundir por ellos) y que por tanto no te quedas atascado en el «no puedo, no sé, es imposible» sino que te centras en el CÓMO. Tu cerebro se pondría a pensar nuevas opciones o se te ocurriría preguntar a los demás.

Ante cualquier situación que te supere hacerte la pregunta de ¿cómo puedo hacerlo? ¿cómo puedo salir de ahí? te pone en marcha hacia la búsqueda de soluciones.

 

Cuando no estamos seguros de lo que queremos

Otra pregunta que, en mi opinión, lo cambia todo y nos lleva a maneras más inteligentes y maduras de pensar es la siguiente:

¿Realmente quiero / necesito /deseo esto?

 

En el mundo moderno, también fruto de la infinidad de estímulos que recibimos en todo momento, estamos sobresaturados de deseos. ¡Queremos tantas cosas, materiales e inmateriales…!

Casi siempre tendemos a pensar que esos deseos que nos vienen con urgencia son algo auténtico, importante, que sale de nosotros, si no ¿por qué habríamos de pensar en ello? Sin embargo, cuántas veces una necesidad o anhelo  es superficial, o producto de las influencias de otras personas, o lo queremos por motivos un poco oscuros (por ejemplo, podemos hacer algo por revancha, por celos o para impresionar a los demás).

Y cuando esto ocurre, cuando buscamos cumplir sueños y deseos que en realidad no son auténticos, el resultado final es que no nos hacen felices ni nos sentimos satisfechos una vez que los hemos conseguido. O sea, que hemos perdido tiempo, dinero y esfuerzo detrás de una quimera que nos aleja de la plenitud…

Por eso una pregunta que te recomiendo hacerte antes de emprender una acción importante para lograr un objetivo es esta: ¿realmente quiero y necesito ESTO?

Por ejemplo, ¿realmente necesito cambiar de casa y cambiar de barrio? ¿O más bien con una remodelación sería suficiente? ¿O quizás es mi relación de pareja la que está deteriorada, y no mi casa?

¿Realmente necesito tener un cuerpo 10 y pasar las 10 horas libres que tengo a la semana en el gimnasio? ¿Y si me conformo con un cuerpo de 7 y el resto del tiempo lo dedico a hacer algo que me gusta y me hace sentir viv@?

¿Realmente necesito que mis padres se sientas orgullosos de mí? ¿Necesito demostrarles que soy feliz aunque mi vida no sea lo que ellos habían querido para mí, necesito convencerles un día y otro día de esto? ¿No estaría mi energía mejor empleada en mis hijos, por ejemplo?

Chequea tus deseos antes de lanzarte en una loca carrera para conseguirlos, no los «aceptes» sin más. Porque el tiempo es algo precioso como para desperdiciarlo en aspiraciones que en realidad no son las tuyas, sino que te han sido implantadas por tu familia, la sociedad o la publicidad.

 

Conclusión

En definitiva, estas dos preguntas (1) ¿cómo puedo hacerlo y 2) ¿realmente deseo hacerlo?) cambian nuestra forma de pensar, y nos permiten pasar de un estado de bloqueo y falta de conciencia a un estado en el que existen opciones.

Por supuesto, hacerse las preguntas adecuadas no significa que la vida deje de ser difícil y retadora, o la realidad se pliegue a nuestros deseos. Pero nos volvemos más realistas, más conscientes, y quizás también más tranquilos. Y ganamos en libertad interior.

 


Créditos de la imagen: GetStencil

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8 Comentarios

  1. Ciertamente es muy común enfrentarse a retos en el día a día que nos generan estrés o situaciones que nos paralizan y nos vuelven vulnerables e impotentes, interesante reflexión ya que además es muy sencilla y práctica, pienso llevarla a cabo en situaciones futuras o al menos haremos el intento. Página muy interesante y refrescante Amparo, enhorabuena. Un saludo

    • Amparo Millán Responde

      Gracias por tus palabras, Cristina.

      Se trata de ir reduciendo poco a poco esas situaciones que nos paralizan, siendo consciente lo más exactamente que podamos de QUÉ es eso que nos paraliza. Hacerse OTRAS preguntas que nunca antes habíamos considerado es un buen vehículo para ello, así que te animo a practicar con estas dos que propongo desde aquí, ¡e inventar las tuyas propias!

      Un saludo.

  2. Me encanta tu artículo. Es muy motivador. Dos sencillas preguntas como las que planteas pueden ayudarme mas de lo que yo imaginaba.
    Me has hecho pensar bastante en la revaloración del deseo inicial a medida que uno va buscando soluciones para alcanzar ese deseo inicial.
    Definitivamente lo tomare en cuenta en mis problemas personales actuales, pero supongo que no siempre es fácil. Algún consejo para enfrentarse a situaciones difíciles e incomodas?

    • Amparo Millán Responde

      Exactamente Irene, conforme nos vamos preguntando (y conforme vamos actuando, también) a veces el deseo inicial se modifica un poco, y otras cambia por completo, ¡y eso es lo interesante!

      Para enfrentarte a situaciones difíciles e incómodas, la mayor arma que tienes eres TÚ. Con las situaciones a veces no se puede hacer nada (uno puede evitar algunas de ellas, lo cual puede estar bien, pero no todas). Así que, en mi opinión, puedes empezar con hacer un trabajo personal: conocerte, aumentar tu confianza en ti misma, conocer «tus puntos débiles», los recursos que no tienes y que necesitarías adquirir para encarar mejor estas situaciones, los recursos que ya tienes y no te habías dado cuenta, o las cosas que anteriormente te han ayudado a estar mejor o a tolerar situaciones poco agradables.

      Cuanto más profundices en ti misma y en la situación incómoda en sí (cuándo sucede, quién la provoca, si hay «disparadores», por qué te afecta tanto), con más madurez y criterio podrás actuar.

      Un saludo.

  3. Lo más importante es que antes de preguntarse el «cómo puedo hacerlo» se paró, pensó y dijo «está bien», aceptando la nueva situación. Muchas veces nos quedamos ahí encallados intentando responder todo tipo de preguntas excepto la del «¿cómo lo resuelvo?». La manera en la que planteas la búsqueda de una solución es algo atípica porque implica reflexión y tiempo, algo que actualmente escasea por las prisas que tenemos para todo, por lo que deberíamos ser más reflexivos.

    • Amparo Millán Responde

      Hola María,
      Yo lo veo como un mix de ser reflexivos y también resolutivos (no quedarnos pensando y pensando… sino decidirnos a hacer algo). Efectivamente, hoy «se nos vende» que no hay tiempo y que tenemos prisa, pero si nos paramos un momento a pensar nos diremos ¿realmente es un problema de «falta de tiempo? ¿para qué no hay tiempo? ¿para qué sí? (Para el facebook, arreglarnos en tres horas en vez de en media, para comprar esto o lo otro, para tomar cinco copas en vez de tres…). El tema del tiempo siempre nos trae de cabeza, a mí la primera…
      ¡Muchas gracias por tu comentario! Un abrazo.

  4. Totalmente de acuerdo, pérdidas de tiempo en banalidades como redes sociales pero nos vemos con el agua al cuello en situaciones cotidianas que nos llevan al límite. Estas preguntas pueden ser la mejor inversión en uno mismo, el balance perfecto entre lo realmente necesario, el deber y el deseo. Mi más sincera enhorabuena, un gran artículo.

    • Amparo Millán Responde

      Gracias por tus palabras, Cris!

      Como bien dices, pararse un momento y hacerse LAS PREGUNTAS CORRECTAS es una excelente inversión en uno mismo. una hora empleada en cuestionarnos y confrontar nuestras opiniones con sinceridad, puede cambiarlo todo (o casi). La cuestión es sacar el tiempo y el momento para hacerlo.

      Espero tenerte por aquí más tiempo. Un abrazo.

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