Las dos formas de sufrir y cuál tienes que evitar a toda costa

A nadie nos gusta sufrir.

Si nos dan a elegir entre placer y dolor, elegiríamos sin duda el placer. Y si tuviéramos una varita mágica que nos evitara los disgustos de la vida, más de uno la utilizaríamos.

No obstante, la gran mayoría de nosotros hemos madurado y hemos tomado las mejores decisiones después de un gran “tortazo” del destino.

A lo largo de los años muchas personas me han comentado que aquella ruptura amorosa que tanto les hizo sufrir, aquel cambio no deseado, esa enfermedad fulminante que no vieron venir, fueron lo mejor que les pasó en la vida. Porque desencadenaron una serie de sucesos que les permitieron “despertar” y cambiar sus vida a mejor.

Las personas huimos del dolor sin saber que cuando nos adentramos en él y desciframos su mensaje se abren nuevas puertas que nos conducen a mundos mejores.

 

Tres historias

Por ejemplo, María era una mujer de 40 años que vivía esclavizada a su trabajo de publicista, al que dedicaba 60 horas semanales, hasta que una enfermedad nerviosa repentina la llevó a una baja de tres meses en cama. En ese tiempo de obligado descanso, María no tuvo más remedio que reevaluar su vida. Vio con claridad que estaba perdida, que era adicta al trabajo, que no dormía del estrés, que no tenía vida social y que hacía ya años que no la llenaba el mundo de la publicidad. Después de un largo y duro proceso personal, en el que tuvo que poner nombre y apellidos a sus miedos y demonios, se decidió a cambiar de trabajo, de ciudad y de comportamientos enfermizos. Hoy dirige un centro de terapias alternativas que la hace feliz y es consciente de que esa enfermedad que maldijo al principio ha sido lo mejor que le ha pasado en la vida.

Otro caso: cuando a Jorge su mujer le anunció que lo dejaba por otro, el mundo se le vino encima. A pesar de que la relación era muy tormentosa (no había semanas sin insultos, enfados o recriminaciones) a Jorge le daba miedo estar solo, estaba descuidado físicamente, apenas tenía relaciones sociales y le afectaban mucho los comentarios negativos de la gente de su pueblo respecto a su divorcio. A pesar de que Jorge pasó los meses más oscuros de su vida después de la ruptura, no tuvo más remedio que empezar de nuevo. Comenzó a cuidarse, a salir más, a conectar consigo mismo a través de nuevas aficiones, dejó de dar importancia a lo que la gente opinaba de él. Semanas más tarde, decidió emprender una terapia para comprender por qué se había visto atrapado en una relación tan violenta y destructiva. Al cabo de los meses los nubarrones se fueron despejando y la persona más consciente y madura que era Jorge conoció a una mujer estupenda (nota obvia: cuando uno es más generoso y maduro, se empareja con personas que están a su nivel) con la que vive una relación sana y amorosa. Jorge entiende hoy que aquella ruptura inesperada que tanto le hizo sufrir fue sólo el inicio de una vida mucho mejor y más plena.

Por último, no quiero dejar de escribir el testimonio de una persona en silla de ruedas que me dejó perpleja hace años. Esta mujer relataba que, paradójicamente, era mucho más feliz desde que estaba paralítica porque sólo entonces había aprendido a apreciar las cosas buenas de la vida y a dejar de preocuparse por lo que no tenía importancia. En su testimonio contaba que por supuesto que le encantaría volver a caminar, pero no pagaría el precio de volver a su vida anterior, donde era una mujer miedosa, superficial y un tanto amargada. Esta valiente mujer contaba que honestamente no podía considerar el accidente que la había llevado a la silla de ruedas como un castigo, puesto que la había convertido en la mujer serena, sabia y alegre que era en la actualidad.

Lo que tienen en común estas tres historias es que los protagonistas supieron sacar partido a las dificultades de su vida. Los tres utilizaron el dolor de forma positiva: se permitieron indagar en sí mismos, analizaron qué es lo que andaba mal y tuvieron el coraje de cambiar y seguir un camino diferente.

 

Los dos modos de sufrir

Básicamente, existen dos formas de afrontar el dolor o las dificultades de la vida.

La primera es la forma inconsciente e inmadura en la que una persona, ante una situación que le hace sufrir, hace alguna de estas cosas:

  • Reniega de su responsabilidad y culpa de todo a los demás

  • Llora, llora y llora, se lamenta por la tragedia que le ha sucedido… pero no es capaz de ver ningún sentido a lo que le ocurre

  • En vez de ver el evento doloroso como un aviso de que algo debe cambiar, la persona se aferra aún más a su comportamiento anterior (si era adict@ al trabajo, trabaja aún más; si se peleaba con todo el mundo, se pelea aún más; si se recluía en su mundo, se recluye aún más…)

  • Aunque indaga en sí misma y entiende su parte de culpa, no lleva a cabo ninguna acción concreta para cambiar.

A las personas que hacen todas o alguna de estas cuatro cosas el sufrimiento no les sirve absolutamente de nada. Este dolor no es transformador sino estéril, sólo desgasta al que lo sufre y no le trae ningún beneficio. Ya que:

Cualquier dolor que no lleve aparejado una mejora personal o un “darse cuenta” de algo importante es inútil. Es un dolor desperdiciado y vacío.

 

Por el contrario, hay otra forma de enfrentarse al dolor o las dificultades de la vida que puede provocar que ese golpe del destino sea, a la larga, nuestra mejor bendición. Esta segunda manera de enfrentar el dolor la defino como consciente y madura y en este caso la persona que lo atraviesa:

  • Además de entender la influencia de las circunstancias externas se pregunta: ¿qué tengo yo que ver en lo que me ha pasado? ¿qué he ido haciendo poco a poco, tal vez sin darme cuenta, a lo largo de los años, para llegar hasta esta situación dolorosa y negativa?

  • Aunque llora, se lamenta y maldice al destino, es capaz de ver un sentido a lo ocurrido y aprecia que esa circunstancia difícil puede ser un trampolín para crecer y mejorar su vida

  • Tras una indagación y reflexión intensa, esta persona se compromete a dar pequeños pasos para cambiar su realidad y evitar volver a caer en los mismos errores.

 

¡Qué diferente es esta forma respecto a la primera! Sobre todo porque cuando el dolor es consciente, un@ sabe que el túnel puede ser largo, frío y oscuro pero que al final hay un paisaje mucho más luminoso, verde y bonito que el de partida.

 

Reflexión final

Obviamente que no voy a sugerirte buscar el dolor en la vida, pero si actualmente estás en medio de un vendaval ¿por qué no lo aprovechas y utilizas para crecer?

El dolor inútil no sirve de nada. No sirve de nada llorar y desahogarte si no indagas en ti mism@. No sirve de nada enfadarte y culpar al mundo si no comprendes tu parte de responsabilidad. No sirve de nada pasarlo mal durante seis meses si después de ese tiempo no te has convertido en una persona un poquitín más sabia.

Huye del dolor inútil y acepta con valentía (aunque sea duro) el dolor que te ayuda a crecer.  - ¡Twitea esto!

Una vida mejor, más consciente y más plena espera a las personas que eligen sufrir con sentido. Utilizar el dolor para ampliar la mirada y mejorar.

¿Qué vas a elegir tú?

 


Créditos de la imagen: Thinking… de Luis Marina via Flickr Creative Commons

 

Las dos formas de sufrir y cuál tienes que evitar a toda costa
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7 thoughts on “Las dos formas de sufrir y cuál tienes que evitar a toda costa

  1. claudia de angelis

    me encantó el artículo Amparo! También tuve una experiencia similar a alguna de las que publicaste, que hizo que me diera cuenta de que yo existía y debía encontrarme. A partir de ahi, comencé a estudiar Consultoria Psicológica, ya estoy en el segundo año, y feliz por todo lo que aprendí y estoy aprendiendo de mi y de todos quienes me rodean. Comencé a sentir una paz nunca antes sentida, al poder entender que aún el sufrimiento nos enseña y desde el salimos fortalecidos y mejores.
    Un abrazo!

    • Amparo Millán

      Así es Claudia, a veces las mejores decisiones (como en tu caso estudiar consultoría psicológica) se toman en momentos oscuros de crisis… Después de la tormenta siempre llega la calma y me alegra saber que ahora vives con más paz. Un abrazo y gracias por comentar!

  2. ana

    Buen articulo!!! Aunque en mi opinion creo que es aun mas facil… Creo que la clave es diferenciar entee dolor y sufrimiento. Jorge Bucay dice algo asi como: Dolor es que algo nos cause pena, nos ponga tristes, y es a veces inevitable….el sufrimiento es comprarse una casa, plantar un jardin y quedarse a vivir en el dolor…

    • Amparo Millán

      Hola Ana y gracias por comentar!
      Sí, esa definición entre dolor/sufrimiento yo también la había escuchado. El sufrimiento sería perpetuar el dolor más allá de lo inevitable.
      Sin embargo, yo de lo que hablo en este artículo es de dar un sentido a ese dolor o sufrimiento. Crecer a partir de él. No se trata sólo de “que la pena no dure mucho”. A veces está muy bien sentir dolor o sufrir… si eso nos lleva a cuestionarnos nuestro pasado, nuestras ideas, nuestro presente, o a hacer algún cambio significativo.
      Dos años de dolor, o de sufrimiento, pueden ser el revulsivo para conocernos más profundamente y ser mejores personas. Si esto se produce, ese dolor o sufrimiento habrá valido la pena. Si sólo estamos tristes, lloramos, lo pasamos mal pero no extraemos ninguna enseñanza (o conocimiento de una misma) entonces no ha servido de mucho.
      Pues esto es lo que quería decir 🙂 ¡¡Un abrazo!!

  3. Antonio

    Entiendo lo del “dolor que te ayuda a crecer”
    , pero es muy duro de pasar. Yo estoy en una situación difícil, y creo que cuando salga de esta habré conseguido mejorar como persona, pero mientras lo estoy pasando hay momentos en que parece que no se acabará. A pesar de que estoy poniendo todo de mi parte para salir reforzado. También a veces me siento sólo a pesar de estar rodeado de personas que me ayudan y me apoyan. Pero no puedo evitar darle vueltas, y como dices en tu artículo además de dolor hay sufrimiento. Me gustaría tener una fórmula mágica para que no fuera así pero en algunos momentos no puedo evitarlo. Gracias por tus consejos.

    • Amparo Millán

      Claro Antonio, que el dolor ayude a crecer, si ponemos conciencia, no significa que sea FÁCIL pasarlo. De hecho, es esta búsqueda de una fórmula mágica como dices (“encontrar alguna manera de que no duela tanto”) lo que hace es apalancarte más al sufrimiento…
      A veces hay que rendirse al dolor, a la dureza de la vida, al sufrimiento; simplemente hay que permanecer ahí en ese momento difícil y emplear la energía mental en pensar QUÉ PODEMOS APRENDER DE ELLO: por qué hemos llegado a esa situación, qué cosas hemos hecho en nuestra vida que no iban alineadas con quienes somos, quién nos ha hecho daño, a quiénes hemos hecho daño, para qué nos sirve ese período oscuro… No se trata de “vivir feliz y pensar en positivo” en momentos dolorosos. Se trata de atravesarlos haciendo un trabajo de introspección.
      Venga, sigue así, ánimo, abrazos!

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