Habrás oído más de una vez que los negocios, las relaciones y el desarrollo personal necesitan PACIENCIA.

Qué palabra tan mágica en un mundo de prisas: paciencia. Ser pacientes. No apurarse. Saber esperar. Sembrar una semilla y no esperar recompensas hasta pasado un tiempo.

Es la paciencia la que nos permite seguir motivad@s aunque nuestros propósitos lleven bastante tiempo. Una persona paciente es capaz de atravesar, sin desesperar, siete meses de dieta y deporte manteniendo el empuje inicial y el entusiasmo.

También es paciente la persona que entiende que los pensamientos y las formas de actuar no cambian de un día para otro, y por ello está dispuesta a conquistar cada día, durante muchos días, pequeñas victorias personales sin desfallecer.

Necesitamos paciencia para aguantar las derrotas, la incertidumbre y los pequeños imprevistos diarios. Pero también la necesitamos porque… las cosas tardan en suceder más tiempo del que nos gustaría. Y esto es así en casi todos los casos.

 

Cuando las cosas tardan en suceder más tiempo del que nos gustaría

Esta es la verdad más incómoda que esconde el camino hacia nuestras metas: los resultados tardan en aparecer más tiempo del que habíamos previsto.

Dice Aida Baida en este artículo:

Tienes que tener clarísimo cuanto antes que la GRAN MAYORÍA de los cambios y negocios requieren tiempo. Y normalmente más del que te imaginas. Sé que esto no es lo que quieres oír, pero que no te guste no quiere decir que no sea verdad.

Así es, no es realista pensar que los cambios importantes sucederán de forma rápida, fácil, indolora y sin contratiempos. Cualquier proyecto, personal o profesional, exige tiempo, trabajo diario en pequeñas dosis y renovar la motivación día a día. También hemos de entender que los avances, sobre todo al principio, suelen ser torpes: damos pequeños pasitos hacia adelante y de pronto, durante una temporada, volvemos a repetir errores pasados.

Tolerar que las cosas llevan más tiempo del previsto y que el camino es accidentado (avance, retroceso, nuevo retroceso, avance) eso, para mí, es tener paciencia. Y me parece uno de los factores más determinantes en explicar el éxito o fracaso de quienes se plantean un objetivo a largo plazo.

Creo que casi todos estamos de acuerdo con lo que he expuesto hasta ahora y sin embargo… ¡¡Qué difícil es tener paciencia!! ¡Qué complicado es dejar de sentir ansiedad porque los cambios deseados ocurran YA! ¡Qué dura se hace la espera, sobre todo si estamos hablando de años!

 

¿Y… por qué es tan difícil tener paciencia?

La impaciencia se asemeja a un reloj interno, un tanto perverso, que nos repite constantemente “eso es demasiado tiempo”, “lo que quiero tiene que venir ANTES”, “no puedo estar meses avanzando sin ver resultados”.

Es un reloj que maneja ritmos antinaturales, si por él fuera, los árboles crecerían en un mes y los libros se terminarían en una semana. Este reloj que nos atormenta con sus tiempos poco realistas y sus exigencias desmesuradas.

El primer paso para ser más pacientes consiste, por tanto, en darnos cuenta de esos mensajes. Y después plantearnos: esa prisa… ¿para qué, quién la puso ahí? ¿Quién le dio cuerda a este reloj? ¿Por qué que es mejor conseguir las cosas en poco tiempo? ¿En qué carrera estamos participando, sin darnos cuenta?

Muchas veces asumimos ciertos mandatos sin cuestionarlos y este es uno de ellos: el de que es mejor avanzar rápido, de forma lineal y sin mucho esfuerzo, a ser posible. Pero… ¿realmente es así? ¿Seríamos más felices si tardáramos menos tiempo en alcanzar lo que soñamos, o si el tiempo pasara más rápido?

Yo opino que no… Que eso es una idea como cualquier otra que hemos colocado en un trono sin merecerlo. Y si nos hace daño vivir con la impaciencia, podemos cambiar esos pensamientos por otros nuevos y más amables. Podemos permitirnos pensar, por ejemplo, que se puede vivir de forma más lenta, sin apuro, sin ansiedad y donde los plazos no son lo más importante.

Vivir con paciencia supone, además, estar en el presente más que en el futuro (ese momento donde se cumplirá lo que soñamos), amistarnos con el tiempo en vez de estar pelead@s con él.

No sé tú, pero yo quiero decir “BASTA” a las prisas y la impaciencia. Después de reflexionar esta semana sobre la manera práctica de hacerlo, aquí va mi respuesta.

Tener paciencia y sembrar para conseguir nuestras metas
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Cómo entrenar la paciencia

La clave para que no nos importe tardar un mes o un año en conseguir cualquier cosa es la siguiente: amar el proceso.

Y amar el proceso significa hacer del trayecto el verdadero objetivo, y ponernos el camino tan fácil, tan agradable y tan excitante, que incluso nos dé un poco de pena conseguir nuestras metas.

Sí, esto es perfectamente posible y os pongo un ejemplo. Para muchas personas (entre las que me hallo) los años universitarios han sido una etapa memorable. Por un lado los estudiantes perseguíamos el título que nos daba acceso al mundo laboral (dinero, independencia, adultez) y suponía el fin de muchos años de esfuerzo. Pero por otro lado… esos años estaban tan plagados de experiencias de todo tipo (amistades, confidencias, viajes, salidas, crecimiento, Erasmus, desventuras, amoríos, conciertos, rupturas) que al final, con nuestros veintipico años y el título recién expedido, nuestros sentimientos eran ambivalentes. Alegría, alivio y orgullo, por un lado, por haber conseguido algo codiciado, pero también cierta tristeza y nostalgia de haber dejado una época tan intensa atrás.

Esos años de estudio han sido para muchos una combinación perfecta entre perseguir una meta y a la vez amar proceso. Y me parece que esta es la clave para vivir, con plenitud, cada una de las etapas de nuestra vida: empaparnos de ellas y buscarles un disfrute por sí mismo, independiente del resultado final.

Por lo tanto, mi recomendación: Si quieres ser paciente, ama tu proceso.

Enamórate de ese momento de cambio e incertidumbre que estás viviendo, búscale su lado romántico, alegre, caótico, renovador o intenso, que seguro que lo tiene.

Si estás en el camino de un objetivo a largo plazo, que tardará meses o incluso años en dar objetivos visibles, usa tu creatividad para hacer de este período algo memorable. Crea rutinas que te gusten, conoce a gente que camine contigo, maravíllate con todos esos sentimientos (de todo tipo, agradables y desagradables) que estás viviendo.

Una pregunta muy interesante para amar tu proceso y entrenar la paciencia puede ser la siguiente:

 ¿Qué perdería si consigo X (bajar de peso, encontrar pareja, comprar una casa, triunfar en los negocios, mejorar la autoestima) en poco tiempo?

 

Y sí, plantéatelo seriamente: ¿qué perderías si lo que quieres lo tuvieras en el acto? ¿Perderías la oportunidad de crecer, nuevas experiencias, conocer a ciertas personas, apreciar más el éxito cuando lo alcances, conocerte mejor a ti mism@?

¿Que perderías si tardaras poco en lograr lo que sueñas? - ¡Twitea esto!

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Los procesos son etapas de inusitada riqueza. Muchas veces, cuando hemos conseguido algo que deseábamos con fuerza (un título académico, una plaza de funcionario, una casa nueva, el hijo soñado) nos sorprendemos pensando con nostalgia en el camino que nos ha llevado a ello. De repente, esos días pasados en el viejo piso de alquiler, o estudiando con amigos hasta la madrugada, o caminando con la ilusión de que algo se cumpliera, nos aparecen en el recuerdo llenos de luz…

A veces, cuando conseguimos lo que soñamos, nos arrepentimos de no haber disfrutado más los días pasados. Por lo menos a mí me ha pasado. A veces he tenido esta sensación:

“He conseguido lo que quería, pero me ha sobrado la ansiedad, las prisas, la preocupación y el querer que el tiempo pasara rápido. Hubiera llegado al mismo punto, pero mucho más feliz, sin esos lastres”.

Total, ya que tenemos que esperar, a veces mucho tiempo, para consolidar un nuevo hábito o lograr un éxito material o emocional, vamos mientras tanto a amar el proceso. No tenemos nada que perder.

 

Palabras finales

Si elimináramos esa prisa (a veces irrazonable) porque las cosas sucedan antes de tiempo, toda nuestra vida sería más fácil y constructiva.

Para ello, el camino es entrenar la paciencia. Esto se consigue transitando los proceso de cambio con tanta alegría y excitación que no tengamos prisa por llegar al final. Es más, que nos dé pena llegar hasta el final. Porque las recompensas las vamos encontrando en ese mismo camino.

¿Cómo sería tu vida con más paciencia y amando el proceso? ¿Te lo imaginas? ¿Hacemos de eso una realidad?

 


Créditos de la imagen: Waiting for spring de Anna TH via Flickr Creative Commons

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12 Comentarios

  1. Lo reconozco aquí contigo Amparo, “no tengo paciencia” . Y ésta misma semana la he perdido un par de veces… Tomo nota de tus consejos , como siempre, y espero darle forma a esos tiempos de espera. Gracias y un abrazo!

  2. Amparo Millán Responde

    Hola María,
    A veces lo que nos falta no es paciencia como capacidad de espera, sino paciencia como AMABILIDAD hacia los demás o hacia nosotras (es decir, no irritarnos con alguien o con nosotras porque algo sale mal, o no sale a la primera, o las cosas van despacio). Digamos que primero va la impaciencia (“no puedo esperar, lo quiero YAAA”) y luego sale la agresividad, el grito, la culpa y un montón de cosas más. Es llamativo, en este caso, la falta de paciencia que tenemos con los niños, que hacen todo despacio, sin prisas, sin presiones, sin competir con nadie, aplicando de forma intuitiva esa idea de DISFRUTAR EL PROCESO. Madre mía, en esto de la paciencia, los niños son verdaderos maestros…
    Me alegro mucho que este artículo te haya llegado en un momento en el que has pensado “no tengo paciencia”. Sí que la tienes, POR SUPUESTO, sólo hay que entrenarla un pelín. Y como dices… “dar forma a esos tiempos de espera” ¡eso es! Darles forma, llenarlos de sustancia, aprendizajes y experiencia, para que cuando se acaben esos tiempos de espera nos dé incluso pena 😉
    Un abrazo María y gracias por estar ahí!!

  3. Muchas gracias Amparo, voy a intentar poner en marcha tus consejos. Estoy en un momento que necesito ser paciente, reestructuarme y seguir para adelante con entusiasmo, cosa que me falta y me inunda la apatía. Después de trabajar 20 años en un negocio pequeño y familiar hemos cerrado y me he puesto a estudiar oposiciones. La casa se me cae encima y las horas pasan corriendo sin haber echo nada a lo largo del día, voy sobre minimos. No hago ni las tareas de la casa ni dedico demasiado tiempo al estudio con el consiguiente enfado por terminar el dia sin haber realizado ninguna actividad. Así que voy a coger cuaderno e intentare anotar tareas diarias y objetivos faciles de consegir.
    Muchas gracias por tus consejos

    • Amparo Millán Responde

      Hola Margarita,
      La verdad es que podría decir tantas cosas a partir de tu comentario que creo que voy a escogerlo para un artículo, si te parece bien 🙂
      Así, en breve… La verdad es que necesitas darte tiempo. Es normal que después de haber cerrado un negocio tu mente y tu cuerpo te pidan parar. Por un lado, como tú dices, para reestructurarte (nuevos cambios, nuevas rutinas, nuevos horarios, nuevas cosas que aprender) y además yo añadiría, para pasar el duelo de ese cierre.
      Es mejor que en esta época de transición te propongas poquitas cosas, y las cumplas cada día, que que te hagas una lista interminable de tareas que sólo de verla te agobie, y al final no hagas nada. Mucha PACIENCIA en este momento de transición. Como digo en el artículo te invito a hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué perderías si este proceso fuera rápido? Es decir ¿qué perderías si, justo después de cerrar la tienda, te hubieras puesto a estudiar la oposición 10 horas al día, fuerte y alegre, como si nada hubiera pasado?
      Piénsalo porque ahí… tienes una valiosa respuesta.
      ¡Gracias por comentar, un abrazo!

  4. Muchas gracias por tus consejos, tu punto de vista tan acertado. Me quedo con esta premisa, amar el proceso. Gracias!

    • Amparo Millán Responde

      Así es Dahiana, si nos ENAMORAMOS DEL PROCESO tener paciencia es fácil, nos sale sólo… Un abrazo!

  5. Clara Isabel Responde

    Es interesante leer tu artículo cuando se es una persona impulsiva. Con los años y la vida he tenido que aprender a ser paciente, si ó si. Pero aún asi , la impulsividad se mantiene, y reconozco que me ha dado muchos problemas. Nunca es tarde para aprender, y eso es lo que estoy intentando en este período de mi vida. Me encanta leer tus artículos, eres como una amiga que te da consejos, y a mi me vienen fenomenal, porque yo intento aplicarlos con mi hijo, que también es impulsivo. Un fuerte abrazo Amparo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Clara,
      Me gusta que menciones la impulsividad porque es un tema muy interesante… Verás, yo creo que somos impulsivos cuando queremos hacer algo que nos da mucho miedo y nos paraliza. Lo más “saludable” digamos sería reflexionar y encarar estos miedos, pero como no encontramos la manera de hacer esto, al final nos lanzamos de forma repentina, en un momento de “subidón de energía” y pensamos “¡hecho está, ya no puedo echarme atrás!” Es como un niño que tiene pánico a nadar y bueno, sin sentirse muy seguro de lo que hace, se tira a la piscina y piensa: “Dios dirá, espero que alguien me saque de aquí o encuentre algo a lo que agarrarme”. Por un lado, ser impulsivo es mejor que quedarse paralizado, porque por lo menos ACTUAMOS. Por el lado negativo, la impulsividad nos puede traer consecuencias que no sepamos afrontar después y nos den muchos dolores de cabeza.
      ¿La solución? En vez de tomar una decisión impulsiva para no ver los miedos, yo recomendaría trata de parar, TOMAR CONCIENCIA de los riesgos, hacer un trabajo de desarrollo personal profundo y duradero para trabajar estos miedos y luego… actuar. Es lo que comentaba hace unas semanas acerca de la diferencia entre la valentía y la inconsciencia. Somos valientes cuando decidimos seguir adelante CONOCIENDO los riesgos y a pesar de ellos. Cuando somos inconscientes, simplemente no pensamos y nos lanzamos al vacío, y ya veremos qué surge. Obviamente es más maduro ser valientes que ser inconscientes, pero bueno, todo tiene una época y su utilidad 🙂
      Por tanto, Clara, si la impulsividad te ha llevado al sitio donde estás ahora y te ha traído buenas cosas ¡bienvenida sea! No se trata de “pelearse” con eso que no nos gusta de nosotros, sino darle las gracias a la impulsividad por sus servicios hasta ahora pero tomar la decisión de encarar la vida con más paciencia, reflexión y auténtica valentía en lo sucesivo.
      Yo también te siento como una amiga Clara, me encanta responderte por aquí y agradezco mucho tus bonitas palabras. Un abrazo!

  6. ANGELA DE LOS REYES MOLINA Responde

    Gracias Amparo, como siempre tus palabras están llenas de sabiduría y de arte. Arte para expresar con claridad lo que muchos pensamos. La paciencia ha sido clave en mi vida. Conseguí mi plaza de funcionaria con 54 años, después de presentarme muchas veces, y en contra de la opinión de amigos y familia que constantemente me animaban a dejarlo. Por el camino que no ha sido fácil, he descubierto amigos, el yoga , el tai-chi, los libros de autoconocimiento, en definitiva me he descubierto a mi. El proceso aunque largo, creo que ha sido clave, para ser lo que ahora soy. Creí en mi y tuve paciencia .Al final la recompensa llegó. Por eso os animo a creer en vuestras intuiciones, en vuestros sueños y amar vuestro proceso y vuestra paciencia.
    Un abrazo Amparo y a tod@s los que estamos en este proceso de aprendizaje tan maravilloso.
    Buena vida a tod@s

    • Amparo Millán Responde

      Ay Ángela, querida, pero qué comentario tan VALIOSO has escrito, creo que voy a compartirlo públicamente en mi página de Facebook en los próximos días! Lo que cuentas me lleva a pensar en cuántas veces las personas tenemos la tentación de juzgar lo que hacen los demás… a ver para qué… ¡con el daño que hacemos con eso! Esas mismas personas que te dijeron “no te presentes a la oposición” seguro que hoy están contentas y admiradas de tu constancia y paciencia, pero la verdad es que podrían haberte facilitado el camino en su momento. Espero que tu éxito haya sido para ellas también una lección de humildad y sabiduría.
      Me alegra saber que la fe inquebrantable en ti misma no te hizo desistir de tu objetivo y sobre todo me encanta leer cómo has tenido la paciencia para AMAR TU PROCESO y hoy verlo como un camino de experiencias que ha forjado la persona que eres hoy ¡Al final todos esos años han merecido la pena, tanto como la plaza de funcionaria!
      Sigue así Ángela, siempre confiando en tu intuición, en tus deseos verdaderos y sacando jugo de todo lo que te pasa en el camino hacia la meta, ¡eso es vivir! Un gran abrazo!!

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