10 recomendaciones para vivir sin (o con menos) estrés

¿Vives con prisas, siempre corriendo para todos lados? ¿Crees que el tiempo es tu enemigo y que nunca lo aprovechas lo suficiente? Bienvenid@ al mundo moderno y a su palabra de moda: el estrés.

Muy poca gente se libra de sufrir esta “plaga moderna”, lo cual a veces nos consuela (“vaya, no soy el único que está estresad@, tampoco pasa nada”), pero no cambia el hecho principal: el estrés excesivo es dañino y nos consume la vida inútilmente.

Por ejemplo, que llegue la noche y no puedas dormir sólo de pensar en la montaña de tareas pendientes, o que grites a tus hijos pequeños porque estás desbordad@ de trabajo, o que no tengas tiempo para divertirte porque todo en tu rutina es una obligación, todo esto pasa factura y tiene costes altísimos.

Por eso encontrar maneras de aliviar el estrés debería ser una prioridad. Somos más comprensivos, más sabios y más felices cuando disponemos de calma interior, si no siempre, la mayor parte del tiempo.

En este artículo te muestro diez fórmulas que nos ayudan a llevar una vida más relajada. No son las únicas y quizás no todas te sirvan, pero confío en que las utilizarás como inspiración para crear tus propias maneras. ¡Vamos con ello!

 

1. Simplifica

Es la primera regla y la más importante de todas: simplificar tu vida. Y esto en la práctica consiste en limpiar y tirar todo eso que no sirve, delegar responsabilidades, eliminar aficiones, reducir los deseos a lo esencial y dejar de acumular cosas que al final, más que hacernos felices, nos consumen tiempo y energía.

Vivimos en una sociedad con tantas opciones de todo tipo (de ocio, de aprendizaje, de objetivos, de objetos) que se vuelve imprescindible el arte de decir que no:

  • No, no voy a proponerme leer otro libro, que tengo dos empezados.
  • No, no voy a apuntarme a clases de chino, aunque sea muy importante, si casi no tengo tiempo para las de inglés
  • No, no voy a saturar mis vacaciones con dos viajes, me tomaré unos días sólo para descansar
  • No, no quiero una casa más grande para poder meter todas mis cosas, lo que tengo que hacer es vaciar mi casa actual y así parecerá más grande.

Haz menos. Simplifica. Crea espacio.

Y en medio de todo ese proceso… observa cómo tu respiración se va calmando y ves la vida con más claridad. Este es el primer paso para vivir con menos estrés.

 

2. Pide ayuda (aunque te cueste dinero)

Simplificar objetos y actividades tiene un límite. Seguramente hay tareas de las que no podemos deshacernos, que tenemos que cumplir sí o sí, ¡y nos estresan porque nos falta tiempo para todas ellas!

En estos casos sólo existe una solución: pedir ayuda. No vale la pena darle más vueltas y torturarnos porque el tiempo no nos llega (que es lo que solemos hacer).

Si después de simplificar nuestra vida seguimos teniendo más tareas que tiempo y energía, habrá que delegar algunas en otra persona. No hay otro camino.

Muchas veces esta ayuda requiere dinero: tenemos que pagar a alguien para que nos ayude con la casa, con los niños, con el trabajo o con otro aspecto de la vida.

Solemos tener mucha resistencia a pagar por ciertos servicios, lo vemos como un “lujo innecesario” o como gastos extravagantes (si son servicios poco convencionales). Sin embargo, pensando con honestidad y dejando fuera los convencionalismos… ¿no está nuestro dinero mejor empleado en vivir un poco mejor y más relajad@s todos los días, que en un coche más grande o en unas vacaciones lujosas quince días al año?

Si lo necesitas, por mucho que te cueste, delega o pide ayuda. Si tienes que pagar por ello, haz cuentas a ver si te lo puedes permitir. Valora si gastar ese dinero compensa la tranquilidad que recibes a cambio, y aquí va una reflexión personal: lo mejor que puede comprar el dinero es tranquilidad y bienestar.

 

3. Encuentra un vehículo para descargar la mente

A veces no nos causa tanto estrés lo que hacemos a lo largo del día como la maraña de pensamientos que dan vueltas  por nuestra cabeza. Pensar en bucle es agotador. Tener todo el rato una lista mental de “cosas que hacer” nos estresa, porque además de físicamente, también necesitamos descansar mentalmente.

Cada persona tiene una forma particular de desconectar, ordenar sus pensamientos o dejarlos aparcados hasta el día siguiente. Lo ideal es que encuentres la tuya pero mientras tanto, aquí van algunas ideas:

  • Cambia las actividades intelectuales (sobre todo si se realizan con pantallas, como el móvil, tablet o ordenador) por actividades manuales: cocinar, tejer, planchar, construir cosas, la jardinería…
  • Sal a pasear o a contemplar la naturaleza al menos quince minutos por día. Dar un paseo por un parque, por una calle que nos parezca encantadora o admirar las vistas desde nuestra casa nos ayuda a desconectar.

 

  • Durante el día apunta todas las tareas pendientes en un papel. Liberar la mente es tan sencillo como dejar registradas las cosas que hacer en cualquier otro sitio, para que tu cabeza pueda despejarse y olvidarlas.
  • Si lo que te agobia no son cosas que hacer, sino problemas o situaciones negativas, utiliza la escritura, el dibujo, el baile o una conversación profunda para poner orden en estos pensamientos y que dejen de martirizarte.

 

4. Desconecta: apaga el móvil por unas horas.

Es imposible relajarnos si estamos permanentemente conectados a todo lo que sucede en el mundo. Es preciso establecer espacios de desconexión para centrarnos en el presente, en el mundo real, en lo que está en nuestra mano aquí y ahora.

El mundo no se va a hundir porque apagues el móvil quince minutos o dos horas. Si temes apagar el móvil por si sucede alguna urgencia, entonces desconecta la wi-fi (es lo que yo hago y prácticamente no tengo interrupciones, porque las llamadas hoy en día no son tan comunes como los avisos de mail y whatsapp).

Vivir sin estrés implica crear espacios de desconexión, en los que no seamos requeridos por decenas de personas. Y también ir bajando la exposición a ese bombardeo de estímulos que es Internet, que nos deja luego en un estado sobre-excitado (por eso es tan difícil dormir justo después de navegar tres horas…).

 

5. ¿Qué ganas con el estrés?

Sé que esta pregunta te parecerá extraña, pero puede ser la razón principal de tu ritmo de vida veloz: ¿cuáles son los beneficios de no parar de trabajar y hacer cosas? ¿Cómo te sientes cuando no haces nada? ¿Realmente estás dispuest@ a bajar el ritmo para encontrarte con tu mundo interior?

Conozco a personas que se quejan de que no paran, de lo mucho que tienen que hacer y tal, pero advierto en su actitud y tono de voz que realmente, en el fondo, les encanta estar así. Que para ellas lo bueno, lo correcto, lo aceptable, es vivir en ese estado de ocupación permanente.

Estas mismas personas que se lamentan de su estrés critican, sutilmente, a quienes se permiten descansar y gozar de su tiempo libre. Dicen: “qué envidia, pero yo no podría hacerlo, para mí es imposible…“. Lo cual no es cierto. Cualquier persona puede seguir las indicaciones de este artículo (o cualquier otras) para poner más calma en su vida. Lo que pasa es que no todo el mundo quiere.

Por un lado porque estamos enamorados de ese traje tan chic de “persona sacrificada” o “trabajador incombustible” que lucimos con orgullo. Por otro, porque estar ocupados tiene una interesante ventaja emocional: nos mantiene lejos de lo que no queremos ver.

 

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Si deseas vivir con menos estrés primero tienes que entender hasta qué punto ese estrés es útil. ¿Qué ganas sin tener un minuto de descanso? ¿De qué huyes? ¿Qué parte de ti prefieres no ver, y por ello mantienes siempre tu mente ocupada?

Son preguntas para no tomar a la ligera… y de las que puedes obtener respuestas sorprendentes.

 

6. Aprende a decir NO

Vivir cumpliendo peticiones y órdenes de los demás puede ser muy estresante. Tal vez lo que te quita tiempo y energía no son las actividades que haces para ti, sino estar demasiado presente en la vida de los demás.

Hay personas tan complacientes, tan temerosas de decir “no” (no sea que se enfaden con ellas) que se cargan de obligaciones que no son suyas. Son los perfectos “resolvedores” que existen en cada familia, y que ejercen de médicos, psicólogos, abogados, cuidadores, mediadores y recaderos de todo el clan.

Si te has convertido en esta persona imprescindible y estás atrapad@ en una montaña de funciones que no te dejan tiempo para tu auténtico camino, es hora de decir NO.

Lo más curioso de todo es que, cuando empieces a hacerlo, comprobarás que las consecuencias de negarte a hacer algo no son tan dramáticas como creías. A casi todo el mundo le vale un “NO” cuando va acompañado de un discurso lógico y honesto, dicho con seguridad, sin enfado, sin excusas estúpidas y sin ataques. De hecho, la gente más respetada no es la que dice que sí a todo, sino justamente la que sabe establecer sus límites y hace las cosas con integridad.

No es muy fácil actuar de esta manera tan íntegra pero como todo, se puede entrenar. A partir de ahora, intenta decir SÍ con ganas y alegría (no por quedar bien) y decir NO con suavidad y firmeza, ofreciendo una alternativa si es posible. Verás cómo no sólo no se enfadan contigo, sino como la gente empieza a tratarte con más respeto.

 

7. Destierra la multitarea

Aunque parezca más eficiente hacer dos cosas a la vez (uno piensa, ¡la mitad de tiempo para cada tarea!) en verdad este hábito sólo nos perjudica y crea estrés.

Estudios científicos han demostrado que no es cierto que podamos hacer varias cosas al mismo tiempo.  Es sólo una ilusión.

Por ejemplo, si hablas por teléfono a la vez que lees el correo en el ordenador, tu mente no hace ambas tareas simultáneamente, sino que va alternando entre ellas de forma veloz. Es decir, un segundo la mente escucha la conversación, el siguiente mira el correo, al siguiente vuelve otra vez a la conversación telefónica e instantes después se enfoca otra vez en el contenido del e-mail, y así continuamente. Estos cambios tan rápidos de atención consumen mucha más energía mental, y producen más errores, que terminar una cosa y luego pasar a la siguiente.

Así lo explican Gary Keller y Jay Papasan en su libro “Lo único”:

Lo que no podemos es centrarnos en dos cosas al mismo tiempo. […]

Siempre se necesita un tiempo para iniciar una tarea nueva y para reanudar aquellas que has abandonado, y no hay garantía de que la retomes en el punto exacto en que la dejaste. Por tanto, la alternancia de tareas conlleva un precio que muy pocos se dan cuenta de que están pagando: se pierde más tiempo y se cometen más errores.

 

Si estás haciendo un trabajo complicado, que requiere toda tu atención, y entra alguien a la habitación y te interrumpe, notarás que cuando retomes el trabajo tardarás un tiempo en ver dónde te quedaste. Imagínate que esta interrupción no ocurre sólo una vez sino cada 5 minutos: avisos de correo electrónico, llamadas, abrir el Facebook… ¡Es una locura!

En conclusión, es mucho más eficiente y menos agotador para tu cerebro poner toda la atención en una cosa y, una vez terminada, pasar a la siguiente. Más foco, menos multiarea, menos estrés.

 

8. Planifica teniendo en cuenta los imprevistos

Un error frecuente a la hora de planificar es considerar las situaciones ideales, sin contratiempos. Pensamos: “hummm, esto me va a llevar unas 20 horas, si me pongo con ello de lunes a viernes de 4 a 8, que es el hueco que tengo libre, en cinco días lo tengo listo, ¡estupendo!“.

Meeecccc… ¡ERROR!

En la vida diaria son más usuales las semanas donde ocurre algún imprevisto que al contrario. Un día se rompe la lavadora, al otro se avería el coche, al siguiente hay que hacer papeles varios, o alguien se pone enfermo, o surge comprar algo urgente ¿Verdad que prácticamente no tienes una semana en que estés libre de algo con lo que no contabas?

Cuando una de estas cosas de última hora irrumpen en nuestro día a día, se nos desmorona la planificación. Incumplimos todos los plazos y en consecuencia generamos estrés. A mí, pocas cosas me descolocan tanto como lidiar con imprevistos.

¿Qué podemos hacer para prevenir estos momentos de locura? Muy sencillo: prever que tendremos contratiempos. Esto implica dejar huecos libres en nuestra agenda para tener margen de maniobra y también evitar hacer las cosas en el último momento porque puede que, justo entonces, ocurra una urgencia que tenemos que atender.

 

9. Haz las cosas despacio a propósito

Al margen del número de tareas que hagamos al día, la sensación de estrés también se ve magnificada por la rapidez con la que nos movemos.

Hay en nuestra sociedad una valoración generalizada de la velocidad y los “tiempos récord”, y cuanto más rápido hace alguien algo, más lo admiramos. ¿Que has limpiado tu casa en la mitad de tiempo que yo? ¡Qué envidia, seguiré tu ejemplo! ¿Que has leído diez libros en sólo tres días? ¡Guau, eres mi héroe!

En la tiranía del reloj, no importa tanto el proceso como el resultado rápido. Vale la pena preguntarnos qué tiene de positivo acabar algo pronto si esto nos produce una sensación interna de prisa (la cual nos mantiene en una pelea sin sentido con el tiempo).

Como contrapunto a este culto a la velocidad, ha surgido en la mayoría de los países industrializados el movimiento slow. Lo que propone este movimiento es volver a los plazos razonables, saborear el presente y, especialmente, hacer las cosas despacio a propósito.

 

 

¿Quieres bajar el nivel de estrés interno? Entonces enamórate de la lentitud. Respira despacio a propósito, cocina sin mirar el reloj, trabaja con esmero y lentitud, lee un libro haciendo muchas pausas para degustar las frases que te inspiren.

De todas las recomendaciones que doy en este artículo, esta es sin duda mi favorita.

 

10. No leas consejos y recomendaciones varias, ACTÚA

Finalmente, no hay nada tan importante para llevar una vida más relajada que tomar la decisión de cambiar. Y esto pasa por comprometerte a hacer algo, ser constante con ello y evaluar si te ha funcionado o no.

Si por las noches te cuesta conciliar el sueño debido a un exceso de actividad mental, si tu salud física se resiente por la sobrecarga de actividades y/o si tus relaciones se están deteriorando porque estás irritable o nunca tienes tiempo de nada,

no te quedes leyendo artículos como este.

No sirve de nada.

Léelos, toma la decisión de cambiar y después elige una cosa, sólo una cosa, con la que quieres empezar a experimentar y ponla en práctica.

¿Qué quieres empezar a hacer? ¿Qué pequeño paso te propones a dar hoy para dirigirte a una vida más relajada, tranquila y conectada? Mira mi lista de recomendaciones:

1. Hacer menos, simplificar

2. Delegar y pedir ayuda (aunque sea de pago)

3. Despejar la mente

4. Desconectar y apagar el móvil por unas horas

5. Afrontar los riesgos de vivir con menos estrés

6. Aprender a decir NO

7. Desterrar la multitarea

8. Planificar teniendo en cuenta los imprevistos

9. Hacer las cosas despacio a propósito

 

Y la décima sugerencia es: ACTÚA. ¿Con cuál de estas acciones quieres empezar? 

Vivir sin estrés es cuestión de, como en todo, evaluar nuestra vida y ver de dónde vienen los problemas, entender por qué seguimos atados a ellos y tomar la decisión de hacer pequeños cambios más saludables y respetuosos con nosotros

Todo este proceso está en tu mano, puedes empezar a cambiar HOY MISMO, así que… ¡ánimo y fuerza para el camino!

 


Créditos de las imágenes: Todas de Unsplash, sin derechos.

 


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10 recomendaciones para vivir sin (o con menos) estrés
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7 thoughts on “10 recomendaciones para vivir sin (o con menos) estrés

  1. Estupendo artículo Amparo.
    La que más me cuesta es la número 6, aprender a decir no. Y me pasa en el trabajo, en casa y en cualquier sitio.
    Aunque de vez en cuando vuelvo a caer me lo estoy trabajando desde hace tiempo y, mientras, disfruto del aprendizaje.

    Gracias por tus reflexiones Amparo, siempre son de ayuda 😀

    • Amparo Millán

      Muchas gracias a ti, Laura! 😀
      Respecto a decir que no, como digo en el artículo: es un entrenamiento. Casi siempre, cuando empezamos a poner límites, lo hacemos torpemente y bien nos pasamos en decir que no o nos quedamos cortos. Con el tiempo, cada vez decimos que no con más naturalidad amabilidad y confianza y lo que sucede es que todo el mundo NOS RESPETA MÁS! Así que mucho ánimo en este camino, es cuestión de repetir y entrenar, un abrazo.

  2. Clara Isabel

    Pero que bien cuentas las cosas Amparo!!!! A mi me pasa que tengo un ritmo de vida de locura, y cuando tengo vacaciones o fin de semana, el parar un poco me supone dos cosas: primero que no se que hacer, quiero hacer tantas cosas a la vez que al final ninguna; y segunda que me siento mal cuando no hago nada y descanso. Como tu bien dices, a veces es necesidad de tener la mente ocupada para no pensar ……….. Y decirte que me siento identificada con todo lo que cuentas. Por eso es momento de iniciar el cambio, pero sin estrés, pasitos cortos pero certeros. Muchas gracias como siempre. Un abrazo.

    • Amparo Millán

      Hola Clara, cómo me suena eso que dices de tener tantas cosas que hacer que al final acabas haciendo nada, ¡porque no sabes por dónde empezar! A mí lo que me ayuda es hacer una lista en un papel (para sacarme las cosas de la cabeza, si no siento estrés SÓLO DE PENSAR en las tareas pendientes) y elegir hacer dos-tres de ellas, las más fáciles. Y después hago otra tarea, hasta que me sienta con fuerzas y/o me apetezca. Pero el paso más importante, sin duda, es el de escribir las tareas en vez de tenerlas dando vueltas por la mente, solamente eso es un punto de descarga.
      En segundo lugar, creo que todos nos sentimos culpables en los ratos de descanso, aunque los necesitemos desesperadamente. Me parece que tenemos grabado a fuego mensajes como “la pereza es la madre de todos los vicios”, “la vida es sacrificada”, “hay que esforzarse para conseguir grandes cosas” y adjetivos como “holgazán/a” que utilizaban otros adultos con nosotros. Esta forma de pensar está tan enraizada en nuestro pensamiento que nos sale de forma automática sentirnos mal si descansamos “porque sí”. En estos casos… lo único que sirve es la conciencia, preguntarse a una misma: “A ver, ¿realmente ahora mismo es IMPRESCINDIBLE que haga algo, si me siento cansada o sólo me apetece tumbarme a leer una novela?” Y si la respuesta es “no”, escuchar a nuestro cuerpo y PARAR. Ya haremos todo eso no tan urgente otro día. El descanso y el placer son tan importantes como trabajar a fondo por nuestros objetivos, es la otra cara de la moneda. Por si te sirve, te dejo por aquí un artículo sobre el descanso que escribí hace tiempo –> Aprendiendo el arte de descansar
      Me alegra mucho leer que tienes ganas de cambiar y que vas a hacerlo despacio, sin prisas, con pasitos cortos pero firmes, ¡así es, esta es la mejor manera, la más respetuosa! Un fuerte abrazo Clara!

  3. MYRIAM TAPIA

    Hermoso articulo y de gran ayuda gracias ….

    • Amparo Millán

      Gracias a ti Myriam!

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