Si estás leyendo esto, bien porque has aterrizado en mi blog por primera vez o me lees desde hacer tiempo, es porque eres una persona interesada en mejorar tu autoestima, conocerte mejor, mejorar tus relaciones o crecer espiritualmente.

En definitiva, eres una persona que está inmersa o a las puertas de un proceso de desarrollo personal.

Hoy en día, además, el coaching y la autoayuda están de moda. No sólo no nos parece una rareza acudir a un psicólogo o terapeuta o hacer cursos de mindfulness o de Cómo conseguir tus metas por Internet sino que es algo que podemos decir con cierto orgullo y comentar en conversaciones con los amigos.

Como profesional del desarrollo personal, y además como persona interesada en el mismo desde siempre, con el tiempo he ido dando un giro a lo que se supone que podemos conseguir dentro de este ámbito y, por tanto, plantearnos.

He pasado de esa expectativa grandiosa e idealista de: «¡puedo conseguir todo lo que me proponga!» o «el cambio sólo depende de mí» a entender que el contexto importa (y mucho) y que no todo se puede conseguir pero es que en realidad, ni falta que hace.

Dicho de otra manera, podemos llevar una vida plena aun sin resolver todos nuestros problemas y limitaciones.

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Debido a este cambio sobre lo que pienso que es el desarrollo personal, me he vuelto mucho más cauta en las promesas que hago en mis cursos y con mis clientes particulares, también en las que me hago a mí misma respecto a lo que puedo alcanzar, y esto, en verdad, me ha quitado mucha presión y me ha hecho regocijarme en mi imperfección como humana.

Por eso, a veces no puedo evitar espantarme cuando leo por ahí, en la página de publicidad de carísimos cursos de formación, que nos van a garantizar vivir con abundancia, con alegría, con poder sin límites, que con ese curso se van a resolver todas nuestras dificultades de autoestima o económicas o que eliminaremos de una vez y para siempre nuestras creencias limitantes.

Pero en fin, cada cual sabe en qué quiere creer y qué busca…

Con esta perspectiva, en este artículo quiero compartir contigo lo que he aprendido en los últimos años sobre cuál es una manera inadecuada o irreal de encarar el desarrollo personal.

Te voy a comentar tres cosas concretas que NO ayudan (al menos desde mi punto de vista) que al final nos llevan a decepcionarnos e incluso desistir de poder cambiar. Además, te voy a contar cómo puedes reenfocar tus objetivos de desarrollo personal para que sean asumibles, amables y deliciosamente realistas.

Espero que te ayude, comenzamos.

 

Recomendaciones a la hora de hacer un cambio personal

 

1. La pretensión de RESOLVER o SOLUCIONAR un problema.

Como explico en este vídeo que grabé hace un par de años, los problemas emocionales no son problemas de matemáticas o ingeniería, donde hay una solución exacta y precisa a una situación.

Repito: en los problemas emocionales no hay una «solución» en el sentido que tiene esta palabra habitualmente.

Cuando pensamos en cosas tales como «cómo encuentro un propósito que me haga vivir con más sentido» o «cómo puedo compatibilizar mi carrera profesional y mi vida personal sin que ninguna se resienta» no hay una fórmula estandarizada para seguir ni única opción válida.

Más bien, hay muchos caminos para conseguir esto mismo, que van a requerir un proceso individual de búsqueda y de prueba y error. Por eso, estancarse en una fase mental de «cómo hago para» (y leer, preguntar, divagar sin fin) es menos recomendable que empezar a implementar pequeños cambios y observar qué va ocurriendo.

Por otra parte, a veces es que ni siquiera podemos encontrar una solución, no ya ideal sino satisfactoria a ciertas situaciones. A veces, sencillamente, no podemos tenerlo todo (una rica carrera profesional, un cuerpo de escándalo, una vida social excitante, una relación de pareja llena de pasión y una crianza fusionada con nuestro bebé) y tenemos que descartar y sacrificar ciertas cosas.

Por eso la idea de «encontrar una solución» nos puede estancar si lo que estamos buscando es un equilibrio imposible.

¿Cómo recomiendo, entonces, enfocar un proceso de desarrollo personal para no caer en esta trampa de pretender «resolver» una situación? Pues eliminar en lo posible estas palabras de nuestro vocabulario y sustituirlas con expresiones como:

  • Quiero mejorar, aunque sea un poquito, en este aspecto de mi vida
  • Quiero que las cosas sean un poquito más fáciles y confortables en casa
  • Voy a comenzar un camino para conocerme y descubrir mis talentos, y a ver dónde me lleva
  • Voy a empezar a implementar estrategias para… (lo que sea) buscando, sencillamente, que todo sea un poco más fácil y mejor, no perfecto.

Te aseguro que quita mucha presión este simple cambio semántico.

Además, el alma no entiende de «resoluciones definitivas» sino de procesos. Empecemos hablando su lenguaje.

 

2. Pensar que nosotros tenemos la llave del cambio en otra persona.

Si nuestro objetivo de desarrollo personal involucra a otro, la cosa se complica aún más y la expresión «quiero solucionar esto» pierde definitivamente su sentido.

Por ejemplo, si eres padre o madre y quieres ayudar a alguno de tus hijos porque ha perdido la motivación, o porque están atrapados en una situación complicada, tu objetivo sin ninguna duda es noble y entiendo que darías cualquier cosa para lograr esto.

Y sin embargo, y por doloroso que suene, lo cierto es que ninguno de nosotros tiene la llave del cambio de otra persona, ni siquiera siendo nuestros hijos (a no ser que sean muy pequeños, entonces es verdad que nuestros cambios les repercuten muy directamente).

Ninguno de nosotros tiene la llave del cambio de otra persona, ni siquiera de nuestros hijos. - ¡Twitea esto!

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Por lo tanto, buscar ayuda profesional para «ayudar a X persona a superar cierta situación» es, a mi modo de ver, una manera inadecuada de encarar el problema. Es ponerte un objetivo que no depende de ti en última instancia y ningún libro, curso o profesional puede garantizarte el resultado.

En este artículo te cuento con detalle cómo puedes ayudar a una persona querida que está desanimada y perdida, hasta dónde puedes y no puedes llegar, pero por ahora, te invito a replantear tu propósito de la siguiente manera:

En vez de centrarte en que quieres conseguir que esa persona haga tal o cual cosa (se motive, encuentre un trabajo que le guste, deje las drogas o abandone su timidez) enuncia ese objetivo en primera persona.

Es decir, piensa en cómo podrías transformarte tú para ser una posible ayuda. Por ejemplo:

  • Quiero ser una madre más comprensiva y dejar a un lado mis juicios y mis consejos que no están sirviendo (sí, la utilidad de los consejos es limitadísima) y centrarme en conocer más a mi hijo. Simplemente. Conocerlo. Sin más pretensiones. Conocer qué le pasa, qué le gusta, cómo es, sus luces y sombras. Esto por sí mismo ya es todo un logro y a partir de ahí iremos viendo.
  • Quiero ser un compañero más empático, más disponible para mi pareja, pues tiendo a encerrarme en mi mundo (mis libros, mis ideas, mis inventos, mis películas) con mi mucha frecuencia. Quiero sencillamente estar más presente para esa persona que lo está pasando mal. No busco «arreglarle la vida», como si yo fuera una persona perfecta. Busco eso, estar presente, a su lado, escabullirme menos en mi mente.
  • Quiero tener más aficiones y pasión por la vida, ser un ejemplo de resistencia y positividad en un mundo dominado por el miedo. Tal vez, si yo encuentro esa alegría de vivir, la puedo contagiar a mi amiga que está tan deprimida, a mis padres que están muertos de miedo y sin salir de casa, a mis compañeros de trabajo que están un poco amargados. Si yo irradio estas cualidades, de una manera sutil pero imbatible cambiaré mi entorno, aunque sea sólo un poquito.

¿Quieres que alguien cambie o sea más feliz? Noble aspiración pero por favor, VUELVE A TI.

Despréndete de la idea de que tienes la capacidad de entrar en la mente o en el cuerpo de alguien (y también de ese pensamiento, disfrazado de soberbia, de que tú tienes la solución para la vida de otra persona) y busca transformarte en una persona más compasiva y que sea una mejor compañía.

 

3. Apegarnos a un resultado concreto.

Por último, y esto tiene cierta relación con lo que acabo de comentar, puesto que los objetivos de desarrollo personal no tienen una única solución (y a veces ni eso, sólo podemos aspirar a una ligera mejora) te invito a no obsesionarte con un resultado concreto sino poner tu atención, sobre todo, en crecer como persona.

Por ejemplo, imagínate que tu máximo deseo es, en un año, dejar tu trabajo y encontrar algo que te motive más y en lo que sientas que contribuyes más al mundo. Esta meta te servirá para empezar a leer, a buscar, a confrontar tus creencias, a hacer cambios grandes y pequeños y es difícil predecir si la conseguirás en un año como te habías propuesto, o tardarás tres, o quizás al final optes por seguir como estás. Mas lo importante no será tanto eso como el proceso de transformación que ocurre en ti mientras apuestas por tus sueños.

El conocimiento de ti mismo, la resistencia, la autodisciplina e incluso las experiencias que adquieres en ese proceso, eso es lo que cuenta de verdad.

Así lo decía David Thoureau:

Lo que obtienes al alcanzar tus metas no es tan importante como en lo que te conviertes.

Otro ejemplo, imagínate que quieres lograr una relación de pareja basada en el entendimiento, la complicidad y la concordia, en vez de estar todo el día discutiendo por tonterías o viviendo en un silencio cargado de tensión.

Si empiezas una terapia de pareja o un proceso de cambio personal, en última instancia nadie puede garantizarte que tu objetivo se va a cumplir (muchas parejas lo que deciden es romper, no arreglarlo; o la otra persona puede no estar dispuesta a cambiar) pero lo que te llevas, sí o sí, si sabes enfocarlo, es crecimiento personal. Te conocerás mejor, habrás pulido ciertos defectos y sabrás con mayor claridad qué es para ti imprescincible en la otra persona.

Así pues, pon todo tu corazón en una meta que quieres alcanzar pero luego, desapégate del resultado. Porque el verdadero éxito no está en conseguir tal o cual cosa, sino en convertirte en una persona con menos miedos, limitaciones y mayor capacidad para vivir en armonía.

 

En conclusión

Creo firmemente que viviríamos con mucha menos presión y más sabiduría si enfocáramos los procesos de cambio personal desde estas tres premisas:

  1. Buscando avanzar o mejorar una situación, aunque sea de manera imperfecta, en vez de obcecarnos con eso de «encontrar una solución»
  2. Admitiendo que no podemos cambiar la vida de nadie, pero sí podemos cambiar nosotros para ser una inspiración o un mejor apoyo para la otra persona.
  3. A la hora de perseguir un sueño, desapegarnos de un resultado concreto que tenemos en la cabeza (aunque es bueno tenerlo para que sirva de brújula) y poner mucha atención en el crecimiento individual que está teniendo lugar en el proceso. Y sentirnos orgullosos de eso.

 

Espero que este artículo te haya servido para encarar tu propio proceso de desarrollo humano, y que te lleves alguna idea para debatir con tus seres queridos o escribir  en soledad.

Si te gusta mi enfoque y quieres estar al día de mis cursos y formaciones, y también de lo que voy publicando en diferentes medios, te invito a suscribirte al club de los sábados.

Y te comento también que en unos días da comienzo una experiencia online titulada «Cómo enamorarte la vida que tienes» donde, con realismo, profundidad y amor, vamos a pensar maneras de sacar el máximo partido a nuestra vida actual y aplicar pequeños cambios que tienen el poder de cambiar tu ánimo y tu mirada.

¿Te interesa? Tienes toda la información haciendo clic en esta imagen:

Enamorarte de tu vida

Y ahora me despido de ti, viajer@, esperando que sigas persiguiendo tus ambiciosos sueños. Pero desde el enfoque correcto, eso sí.

 

 

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2 Comentarios

  1. Muy inspirador en el comienzo de una nueva temporada, septiembre ya está aquí y siempre pensamos en cambiar aquello que nos molesta. Estas claves justamente indican por donde no empezar, qué chulo!

  2. Sigues siendo de mucha ayuda cada vez que leo tus artículos!!! Me transmites una paz y una tranquilidad invaluables!!! Gracias una vez más!!! Gracias por existir!!!

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