¿Cómo hacemos para animar a una persona que nos importa y que en este momento está desmotivada?

Cuando tenemos cerca a alguien que está pasando por un «bajón» anímico, o que simplemente -según nuestro juicio personal- está viviendo de manera superficial y sin interés por nada, nos quedamos desconcertados y sentimos que tenemos que hacer algo rápidamente para que esta persona se sienta mejor.

A ver, es noble querer ayudar a alguien que queremos, qué duda cabe, pero una pregunta que nos puede surgir en este punto es: ¿Tengo realmente influencia para cambiar el estado de ánimo de esa persona?

Y voy aún más lejos, también podríamos cuestionarnos ¿yo debería hacer algo para modificar lo que hace o que siente otro o eso es algo que sólo le compete a él? Menuda cuestión…

Hace días una lectora me escribió para preguntarme cómo podría motivar a su hijo. Concretamente me escribió lo siguiente:

“Tengo un hijo de 20 años estudiando la carrera, no está motivado y va pasando sus materias con lo mínimo, si es que aprueba alguna. Lleva ya un año ¡¿Que hago para motivarlo?! 

La pregunta que plantea es muy normal, es una madre que está preocupada porque su hijo parece que está poco comprometido con los estudios.

Seguro que a ti, que me lees ahora mismo, también te pasa o te ha pasado algo similar con un amigo, un hijo, un hermano, un padre o una madre a los que ves un poco desanimados, con poco empuje, con tristeza, y te gustaría ayudar.

En este artículo vamos a abordar cómo podemos ayudar a recuperar la motivación o el ánimo a nuestros seres queridos sin caer en actitudes paternalistas o controladoras.

Vamos a ello:

 

Cómo animar a alguien deprimido
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Para empezar, ¿podemos realmente influir en los demás?

Creo que hasta cierto punto preguntarnos «¿qué puedo hacer para que otra persona se sienta mejor?» y actuar en consecuencia está bien.

Lo que nos puede conducir a una gran frustración es creer que verdaderamente está en nuestras manos cambiar el estado de ánimo de alguien.

¿Eso es así? ¿Podemos cambiar la personalidad, la mentalidad o la actitud de alguien a nuestro antojo? ¿Podemos motivarlos, animarlos, o hacer que sean más felices?

¿Podemos hacer que alguien que necesita terapia acuda a un psicólogo o a un coach?

Mi respuesta corta es que NO.

Para bien y para mal, cada persona tiene soberanía sobre sus pensamientos, sobre sus sentimientos, sobre lo que hace.

Que yo quiera gobernar el mundo interior de otra persona no solo no es posible sino que, además, es bastante discutible. Aunque sea en nombre del amor o la amistad que nos une a la otra persona, ¿con qué derecho nos creemos a modificar sus pensamientos o sentimientos?

Sé que esto va muy en contra de lo que nos han enseñado, pero analicémoslo despacio. Por ejemplo, pensamos que está mal estar desmotivado, que lo correcto sería vivir motivado todo el tiempo.

Sin embargo, ¿y si esa desmotivación sirve para que una persona realmente se dé cuenta que está haciendo algo que no le gusta y abandonarlo? ¿Por qué interferir en este proceso?

Cualquier estado de ánimo negativo, mientras no sea crónico y no nos estanquemos en él, y estemos años dándole vueltas a lo mismo, nos sirve para cambiar.

Cuando uno tiene una crisis lo correcto sería que la tomara como un despertar y actuara en consecuencia. Por eso, si tomamos los sentimientos negativos como indicadores de que algo tiene que cambiar, está muy bien estar desmotivado, desanimado, triste o similar.

Volviendo a la pregunta de «¿cómo puedo animar a alguien?» lo primero que nos podemos plantear es que no debemos intentar a toda costa que otra persona sea feliz. Quizás lo que necesita es vivir esa tristeza y ese duelo.

En segundo lugar, tenemos que asumir que tenemos muy poquita capacidad de influencia sobre los pensamientos de otras personas. Y sobre todo que con la preocupación constante no conseguimos nada.

Esta actitud de pasarnos la noche en vela preocupándonos por alguien, dando vueltas a un lado y a otro de la cama angustiados, es muy normal en nuestra cultura. Generalmente las madres españolas y latinas son muy «preocuponas», sienten que su deber es preocuparse por los hijos y lamentarse cuando las cosas no van bien «¡ay, qué desgracia! ¿qué puedo hacer para que cambie?«.

Y la verdad que pasar noches en vela de pura preocupación y lamentación, si lo pensamos con un poco de objetividad,  no sirve de nada. Es cierto que cuando algo te importa no puedes quitarte esa preocupación de encima. Pero si crees que con esto estás haciendo algo útil, te equivocas.

Aparte, si ponemos un poquito de honestidad, reconoceremos que preocuparnos excesivamente por alguien y por cómo lleva su vida también encierra un poquito de soberbia. Es como decir:  «Yo sé mejor que tú lo que te conviene y lo que deberías hacer, que es lo contrario de lo que estás haciendo»

En este punto, te recomiendo encarecidamente leer un artículo que escribí hace tiempo que se llama “Cómo ocuparte de tus asuntos y dejar de inmiscuirte en la vida de los demás”.  

El título puede parecer un poco agresivo pero es que, a veces, bajo el pretexto de las buenas intenciones, nos entrometemos en asuntos que no son de nuestra competencia. O bien llegamos a pensar que nosotros, los sabios, los que nunca se equivocan, tenemos autoridad para decirle a otro lo que debería hacer con su vida (por ejemplo, motivarse) y esto, señores, es una falta de humildad tremenda.

Recomiendo acudir a este artículo para complementar lo que venimos hablando aquí. Pero ahora, sigamos avanzando

 

Para animar a alguien primero cuestiónate hasta qué punto lo has desanimado en el pasado.

La segunda reflexión que quiero hacer sobre este tema de ayudar a alguien a encontrar la motivación sería que, antes de pensar en lo que podemos hacer para animarle, pensemos en cómo hemos contribuido cada uno de nosotros a que esté en esa situación difícil.

Yo sé que no solemos preguntarnos este tipo de cosas porque nos da mucha culpa. Sin embargo, la culpa está bien: si yo me he equivocado en algo o he hecho daño a alguien está muy bien que me sienta culpable.

Tenemos la culpa demonizada y a veces por no sentir culpa no nos hacemos preguntas importantes, como esta.

Aquí quiero hacer una aclaración: una cosa es sentirse culpable y otra cosa es autocastigarse. No nos tenemos que castigar por habernos equivocado pero sentirnos culpables o sentir un poco de  tristeza por nuestro comportamiento pasado está bien, porque hay que reconocer dónde nos equivocamos para corregirlo.

Tomemos el caso de la lectora que pregunta por su hijo absolutamente desmotivado por sus estudios, hasta el punto de que apenas aprueba alguna materia. Si necesidad de flagelarse, para ayudar a su hijo esta madre podría plantearse de qué manera (seguramente sin querer) ha estado contribuyendo a este comportamiento.

Quizás presionó a su hijo para que estudiase en la universidad porque ella nunca pudo, aunque el hijo no quería. Quizás no presionó pero sí, de manera sutil, «sugirió» un tipo de estudios a los que el hijo, para hacerla feliz, se matriculó. (Tengo que decir aquí que hay muchas maneras de dar órdenes y a veces no nos damos cuenta de lo que dicen nuestras miradas o nuestros anhelos incumplidos a los demás; el «¡me siento tan orgullosa de ti cuando haces esto!» es mucho más potente que cualquier amenaza directa)

Quizás una madre o un padre se han pasado la vida, en aras de un supuesto bienestar,  poniendo órdenes y reglas muy estrictas a sus hijos, tomando decisiones por ellos, hasta el punto de que ese joven ya perdió el contacto con su propio criterio y llama interior.

Entonces, antes de pensar en qué hacer para motivar a ese chico, hay que reconocer que nos hemos pasado años «trasquilándolo» para que se amolde a lo que queríamos de él. Por eso, lo más urgente que hay por hacer es, en vez de decirle frases vacías como «¡venga, tú puedes, anímate!», reconocer nuestro error y cambiar esa actitud dominante que no ha funcionado.

 

Esto de cómo contribuimos al desánimo de una persona cercana es muy interesante, así que vamos a verlo otro ejemplo.

Imaginaos una pareja en la que uno de los dos miembros está apagado, sin ilusión, no tiene mucha motivación por nada y lo único que le apetece cuando llega casa es encender la tele, jugar a vídeojuegos y olvidarse de todo.

La otra parte de la pareja, que lo ama, está preocupada, pero antes de pensar: «¿Qué puedo hacer yo para animarle?» lo primero que podría pensar es: ¿Yo he podido contribuir a esto? ¿y cómo?

Y entonces quizás se daría cuenta de que, tiempo atrás, a su pareja le gustaba hacer algún deporte o tenía un hobby extraño o le gustaba quedar todos los miércoles por la tarde con sus amigos, pero que como llegaba muy tarde a casa y no daba tiempo de limpiar o hacer la compra, empezó a decirle: «Es que llegas muy tarde». De manera muy sutil le invitó a cambiar su rutina sin proponerle otro espacio para sus aficiones.

La otra parte de la pareja se comprometió por el bien de la convivencia a llegar antes a caso, pero dejó de lado eso que le daba vitalidad y entonces al final, casi sin darse cuenta, fue perdiendo la chispa y entrando en ese bucle de desánimo y motivación.

Porque la motivación «hay que encenderla».

Si yo en las 24 horas que dura mi día no hago nada que encienda mi pasión, y así, día tras día. ¿de dónde saco el ánimo y la alegría de vivir? El ánimo es un fuego que hay que alimentar.

En resumen, que antes de hacernos la pregunta de ¿Qué puedo hacer para animar a esta persona que esta desmotivada?, podemos verlo al revés y decir:  ¿Qué he hecho para propiciar que esta persona llegue a la desmotivación?

Si tengo la respuesta para esta pregunta, básicamente encontraremos la respuesta a la primera.

Dicho esto, te voy a dar 3 sugerencias más para ayudar a un ser querido.

 

2 maneras de ayudar a alguien que está deprimido o desanimado.

1. Acompañarle en su estado

¿Sabes una cosa? Lo más bonito, y difícil a la vez, que podemos hacer por alguien desmotivado es sencillamente acompañarle y aguantarle en su desánimo.

Se nos hace a casi todos complicado acompañar a alguien en situaciones difíciles, de  crisis o duelo, sin dar ningún consejo, sin proponer nada, simplemente estando ahí disponibles.

Recuerdo un libro que leí hace años que se llama “Deja que tu vida hable” (lo recomendé en mi artículo “Mis 15 libros favoritos de desarrollo personal y espiritualidad” ) en el que el autor escribió que estaba pasando por una etapa muy depresiva, pero a la vez necesaria para su maduración (recuerda, los períodos de crisis son normales, todos tenemos como mínimo una gran «noche oscura del alma» en nuestra vida). 

El comentó que, lo que no le ayudaba nada, era que la gente llegara su casa y le dijera cosas como ¡ANÍMATE!, ¡Tienes que agradecer lo bueno que tienes! ¡Tienes que ver la vida en positivo!, de hecho, este tipo de recomendaciones le hacía sentir miserable, ¿cómo no era capaz ni siquiera de dar gracias por las cosas que sí iban bien?

Sin embargo, quién sí que le ayudó verdaderamente fue un amigo que iba algunos días por la tarde a hacerle un masaje en los pies. Este amigo se quedaba con él sin decirle nada, sin sugerir que hiciera nada, simplemente le masajeaba los pies y a veces le sonreía.

Fíjate que cosa más bonita y tan sencilla de hacer (en teoría): no dar consejos, no pretender que la gente cambie o haga determinadas cosas, simplemente estar ahí, hacer algo agradable y ya está.

 

2. Ayudar a la otra persona A SU MANERA

En vez de palabras de aliento (que puede que a la otra persona no le sirvan) las preguntas realmente útiles cuando alguien atraviesa un período difícil son estas dos: ¿Cómo te puedo ayudar? ¿Quieres que haga algo por ti?

Hacer estas preguntas supone pasar del: «YO SÉ LO QUE DEBERÍAS HACER PARA ANIMARTE», al «Tú sabes mejor que nadie lo que necesitas para estar mejor, así que dímelo y lo haré por ti».

Siguiendo el ejemplo inicial, el de un joven universitario desmotivado por sus estudios, quizás si la madre le planteara, con mente y corazón abiertos, cómo le podría ayudar, el joven se atrevería a responder:

«Quiero que me ayudes a encontrar qué es lo que me gusta, o a abandonar esta carrera que no me está aportando nada, al menos por un tiempo»

Claro, esto supondría un gran reto. La madre o el padre de un chico que no va bien en los estudios QUIEREN QUE el muchacho se anime, estudie más y se comprometa con lo que ya ha elegido. Sin embargo, lo que necesita desesperadamente la persona es apoyo para reconocer sus dudas, reconocer que se equivocó y quizás para cambiar de rumbo totalmente…

Preguntar y hacer lo que realmente quiere esa persona, eso sí es ayudar de verdad. 

 

3. Convertirte en un ejemplo

Otra manera de animar a una persona que está desmotivada es… ser tú una representación de alguien animado y apasionado por su vida. Es decir, servir de ejemplo.

Hay un hecho paradójico y es que todos, supuestamente, sabemos lo que deberían hacer los demás para tener una vida mejor (nos pasamos la vida dando advertencias, órdenes o sugerencias que no nos han pedido) pero luego ¡no aplicamos estos consejos a nuestra propia vida!

Queremos que alguien desmotivado con sus estudios remonte, por ejemplo, pero no nos paramos a pensar en cómo podemos convertirnos en un ejemplo que invite a esta persona a recobrar la fuerza y la motivación.

Y curiosamente esto es algo que SÍ podemos hacer. No podemos influir directamente en los pensamientos de los demás, pero en los nuestros, sí.

Si yo, en mi afán de ayudar a alguien que está a mi lado, empiezo un camino personal para convertirme en una persona más interesante, más animada y apasionada, la otra persona se verá influenciada por mi ejemplo y, tal vez, querrá seguir mis pasos.

Esta es una tarea más difícil que dar consejos y órdenes pero es muchísimo más poderosa. Porque si yo lidero con mi ejemplo, si dejo que sean mis actos los que hablen por mí, contagiaré con mi energía a otras personas y así las ayudaré de verdad.

 

Resumiendo: cómo animar a una persona deprimida o desanimada

Pues en primer lugar, tenemos que entender y asumir que muchas veces no podemos, ni debemos, cambiar a los demás. Cada persona de este mundo tiene dominio directo sobre sus pensamientos, y lo que hagan otras personas será una mera influencia. Si no entendemos esto, podemos pasar la vida en una frustración permanente porque no logramos que otras personas piensen, sientan o actúen como a mí me gustaría.

En segundo lugar podemos revisar cómo hemos contribuido, sin querer, a la desmotivación o falta de ilusión de esa persona que queremos. Dejando a un lado eso tan horroroso que es el autocastigo, podemos detectar eso que hemos estado haciendo de manera equivocada y dejarlo de hacer.

En tercer lugar, te he hablado de 3 sugerencias de cómo ayudar a  alguien que esta atravesando una situación difícil:

  1. Simplemente acompañar y estar ahí en estos momentos de duda y desánimo. A veces lo más generoso que podemos dar es nuestra presencia que no juzga, que simplemente acompaña.
  2. Olvidarnos de qué haríamos nosotros en esa situación, o qué queremos que la persona haga, y preguntarle: ¿Te puedo ayudar de alguna manera? ¿Quieres que haga algo por ti?  Y si la persona nos da una indicación concreta, hacerlo.
  3. Ser un ejemplo. Nuestro ejemplo habla mucho más de nosotros que las palabras bienintencionadas, las órdenes y los consejos enlatados. Sé un ejemplo de lo que quieres que la otra persona consiga, y te aseguro que ésta se sentirá tan fascinada que va a querer hacer lo mismo.

 

Espero que este artículo te haya ayudado y te haya dado una nueva visión de cómo ayudar a esa persona que tanto te importa. Cualquier cosa que quieras compartir en el apartado de comentarios (incluso si quieres rebatirme) estaré encantada de escucharla.

Retomo lo último que he dicho, lo de ser un ejemplo, para comentarte que voy a ofrecer algo muy especial para finalizar el año.

Si estás en el club de los sábados te enterarás antes que nadie, pero también lo anunciaré en mis redes sociales.

En este producto voy a compartir contigo mis estrategias y reflexiones para liderar tu vida, para ser una persona proactiva y apasionada con su realidad y, de esta manera y con mucha humildad, impactar positivamente en la vida de los que nos rodean.

Permanece atento, ¡buen día! 😉

 

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12 Comentarios

  1. Me ha encantado y sorprendido este artículo. Es necesario y obligado leerlo ya que todos hemos pasado por una situación así, ya sea en el lado del estudiante agobiado o de la madre «preocupona», muy útil tu trabajo Amparo. Un placer estar a este lado recibiendo tu ayuda tan generosa.

    • Amparo Millán Responde

      Muchas gracias por tan bonitas palabras Anto! 🙂
      Me alegro que te haya inspirado este artículo, un abrazo!
      Amparo.

    • Buenas noches Amparo y demás lectores. Una vez más me ha encantado el artículo. Para mi, es tan cierto el tener la actitud de querer cambiar o animar a mi esposo y jefe. He pasado muchos momentos en los que desperdicio mi tiempo pensando en que puedo hacer yo para ayudarlos y me da muchísimo sentido tu forma de pensar. Yo no puedo hacer que otras personas cambien y mucho menos si no lo perciben. Me encanta la propuesta de acompañarlos en su proceso, porque creo vivimos en una era de velocidad, en la que todo queremos o conseguimos rápido y el proceso de desarrollo personal es lento y reflexivo.
      Así que ahora volteare a ver más mi vida y buscaré la manera de ser la mejor versión de mi para inspirar a otros. Vaya tarea a la que me he comprometido y me tomará tiempo reflexionar.
      Gracias Amparo🥰

      • Amparo Millán Responde

        Querida Ariel,
        ¡Pues sí, menuda tarea valiente a la que te has comprometido, la de buscar ser tu mejor versión! jaja.
        Efectivamente, el proceso personal es lento, reflexivo, caótico, con subidas y bajadas… por eso nos cuesta tanto acompañarlo, porque queremos ver en el otro resultados «rápidos», queremos sentir que nuestros esfuerzos «merecen la pena» y a veces no es así…
        Sobre todo con tu esposo nada hay que él necesite más que tu presencia sincera, completa y que no lo juzgue. Y por supuesto, si te ve a ti BRILLANDO en tu vida tal vez (porque no es seguro, pero tal vez) se animará a hacer lo mismo.
        Un abrazo!

  2. Hola a todas,
    Es complicado no dar consejos a los que nos rodean, y más si vemos que una persona cercana a nosotros lo está pasando mal. Es verdad que si él/ella no nos lo pide, es una osadía por nuestra parte dárselo. Pero es algo innato que llevamos los seres humanos. A veces yo he estado «regular» y, de las conversaciones con otras personas o de sus ideas o de sus consejos no pedidos por mi parte, he podido sacar algo que pudiera servirme para avanzar en eso en lo que estaba estancada.
    Creo que todo depende de la persona a la que veamos en un mal momento. Si es una persona madura (de edad entre los 30 en adelante) ya puede salir por sí misma y simplemente con nuestra presencia o animándola a salir a tomar un café y hablar «del tiempo» ya estaríamos ayudando porque en esa conversación a esa persona se le puede encender la bombilla, por pequeña que sea. En cambio, con edades en estado de maduración (adolescentes y jóvenes) quizá sí sea necesario, aparte de estar siempre ahí, un poco de orientación. Pero orientación acorde a lo que busque esa persona, no a lo que nosotros decidamos de por dónde tiene que ir, porque de lo contrario hundiríamos más a esa persona en la nube gris en donde se encuentra.
    Yo creo, incluso puede ser desde un punto de vista egoísta, si vemos que alguien de nuestra familia o muy muy allegado se encuentra mal, nosotros no vamos a estar bien. Y es, creo, obligación nuestra, hacer todo lo que tengamos a nuestro alcance para ayudar a esta persona, porque, cuanto antes veamos a esa persona retomar su estado de ánimo positivo, antes terminará nuestra preocupación por esa persona y nos sentiremos mejor.
    Probablemente esa persona será capaz de salir por sí misma, pero quizá, con un poquito de nuestra ayuda, es capaz de salir antes, y eso ya es más que suficiente.
    Feliz comienzo de semana

    • Amparo Millán Responde

      Querida Mabel,
      Estoy muy de acuerdo contigo en que tenemos que AYUDAR a otra persona cuando se siente mal, claro que sí, puede ser con consejos (que yo creo que es lo que menos funciona) o puede ser con nuestra presencia, simplemente estando ahí, respetando el proceso de la otra persona. O el punto más interesante que he comentado en el artículo y es el que menos practicamos: SIENDO UN EJEMPLO. Nuestros actos hablan muuucho más que nuestras palabras y hay tantos jóvenes desmotivados que lo que necesitarían es que sus padres sean un ejemplo de integridad, de sinceridad y de pasión! O si simplemente se sintiesen AMADOS y RESPETADOS a pesar de su desánimo…

      Dices algo muy interesante y es que al dar orientación a los jóvenes tiene que ser «acorde a lo que busque esa persona, no a lo que nosotros decidamos de por dónde tiene que ir». Por supuesto. Y esto es complicadísimo porque todos somos muy rígidos en la manera en que suponemos que deberían solucionarse los problemas.

      En fin, muy interesante debate, gracias por abrirlo.

      Un abrazo!

  3. Querida Amparo,
    Gracias por estos consejos tan iluminadores… A veces desde las mejores intenciones, dañamos a nuestras personas…
    Tengo una pregunta que me gustaría si me la pudieras resolver, ¿Qué ocurre o qué se puede hacer con personas que están estancadas en la negatividad y la depresión? Una amiga desde hace tres años, desde que nos graduamos de la escuela , está desmotivada con su vida, viendo todo gris, tomando anti depresivos, pero sin ningún cambio aparente, a veces no responde mis mensajes y tampoco tiene ánimo de que nos veamos…
    ¿Qué se hace en estos casos desde mi rol de amiga?

    • Amparo Millán Responde

      Querida Valentina,
      Muy interesante esa pregunta que planteas y yo creo que en el fondo tú sabes la respuesta, lo que pasa es que es duro de admitir: No se puede hacer mucho. Es decir, no se puede hacer nada aparte de acompañar a tu amiga (si ella lo permite, si no puede ser desde la distancia, enviándole las mejores intenciones). Esto es una cosa que nos cuesta aceptar pero no hay una «llave mágica» para interferir en el proceso de otra persona.
      Yo te diría que tuvieras paciencia y que ella, si no se siente juzgada por ti ni presionada a cambiar, llegará un momento en que se alegrará más de verte. Recuerda ese ejemplo que he puesto de cómo cuando Parker Palmer estaba enfermo le aliviaba que su amigo viniera y, sin palabras, le masajeara los pies.
      Un abrazo!

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