Sacrificio, esfuerzo, superación, tres palabras muy admiradas y valoradas, pero que yo te invitaría a quitar de tu vocabulario habitual y usar sólo en momentos puntuales. Cuando hacemos del sacrificio nuestra bandera decimos cosas como «tengo que esforzarme más«, «con fuerza de voluntad se consigue todo» o «para llegar lejos hay que trabajar duro, es la única manera«.

¿Es cierto que para que las cosas funcionen hace falta sacrificarse? Sí, pero… hasta cierto punto. Y desde luego la capacidad de sacrificio no es lo único que garantiza el éxito a nivel personal o profesional.

Pasarnos la vida «sacrificándonos» por todo origina un enorme desgaste. Además, a veces no nos damos cuenta pero se pueden hacer las mismas cosas, y mejor, con menos nivel de sufrimiento. Y porque creo que el sacrificio muchas veces ni está justificado, ni soluciona nuestros problemas, he escrito este artículo con algunas ideas para revisar y pensar entre todos en torno a este tema.

Hoy por hoy opino que el sacrificio está sobrevalorado. Que hay alternativas y habilidades mucho mejores. Y que se pueden alcanzar más logros en la vida con placer, inteligencia, fluidez y un buen uso de nuestros recursos.

La clave para conseguir nuestras metas no es el sacrificio, sino la constancia
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La solución no siempre es más disciplina o más fuerza de voluntad

Muchas veces, cuando no conseguimos hacer ciertas cosas (perder peso, dejar el tabaco, acabar un proyecto) creemos que es porque nos falta fuerza de voluntad.

Con esta idea en mente, nos proponemos destinar más esfuerzo y sacrificio a cumplir esa meta y la parte buena es que, casi siempre, conseguimos avanzar algo. Sin embargo… siempre llega un momento de cansancio o despiste en que este control o disciplina se desmoronan. Y entonces volvemos a ganar peso, a fumar otro cigarrillo o a postergar nuestros proyectos como al inicio.

Esto que nos desespera ocurre por dos razones, principalmente: primero, porque la disciplina o la fuerza de voluntad tienen un límite. No duran eternamente ni están siempre disponibles. A las doce de la noche y después de un día muy duro, casi cualquier intento de ser disciplinado está condenado al fracaso. Por esto es muy importante saber gestionar bien dónde ponemos nuestro esfuerzo. A este respecto, me gusta mucho cómo describe esta idea Gary Keller en «Lo único»:

 

Durante la mayor parte de mi vida no le presté mucha atención a la fuerza de voluntad. Pero en cuanto lo hice, me cautivó. La capacidad de controlarte para determinar tus propias acciones es una idea bastante potente. […]

Me parecía muy sencillo: si invocaba mi voluntad el éxito sería mío. Me preparé para emprender ese camino. Por desgracia, no me dio tiempo ni a hacer el equipaje, ya que el camino fue muy corto. Cuando me dispuse a imponer mi voluntad frente a indefensos objetivos no tardé en descubrir algo muy desalentador: no siempre tenía fuerza de voluntad. La tenía y… ¡zas!, al instante siguiente no la tenía. Un día estaba desaparecida en combate y… ¡pam!, al día siguiente la tenía a mi entera disposición.

Mi fuerza de voluntad parecía ir y venir como si estuviese dotada de vida propia. Descubrir que perseguir el éxito basándote en una fuerza de voluntad plena y siempre disponible era imposible. […]

Por eso, para sacarle el máximo partido hemos de gestionarla bien. […] La fuerza de voluntad tiene una carga de batería limitada pero puede recargarse dándole un descanso. Es un recurso limitado pero renovable.

 

En segundo lugar, no siempre fracasamos o vamos lentos en algo porque nos falta fuerza de voluntad. A veces existen sabotajes internos que pueden ponernos muy difíciles las cosas, como los miedos o la inseguridad. También fracasamos cuando no tenemos muy claros los motivos para hacer tal o cual cosa o cuando en el fondo no queremos hacer algo, aunque digamos que sí (esto suele ocurrir a los fumadores).

Por lo tanto, la idea de que «sacrificarse más es mejor» en ciertos casos es completamente inútil. Primero porque nos desgasta y la fuerza de voluntad necesita de descansos; y en segundo lugar porque a veces la solución requiere comprender lo que nos pasa, no duplicar esfuerzos.

 

La palabra clave es: perseverancia

No fracasamos por falta de esfuerzo, sino porque no somos constantes. - ¡Twitea esto!

La perseverancia es mucho más importante que el sacrificio. No consigue sus objetivos el que trabaja un día treinta horas seguidas, sin dormir, y luego se olvida de esa tarea los dos meses siguientes. Consigue sus objetivos el que se planifica y trabaja quince minutos cada día, con constancia, como una hormiguita.

Otro ejemplo: no pierde peso el que va un día al gimnasio, está tres horas sufriendo y sudando y luego no vuelve hasta pasados ocho días. Pierde peso la persona que sale a caminar una hora cada día, durante un mes seguido, sin necesidad de hacer sacrificios o esfuerzos desmedidos.

En definitiva, para conseguir algo muy difícil no hace falta sufrir ni sacrificarse la mayor parte del tiempo. Todo lo que necesitas es un poco de planificación y ser constante.

 

Para qué sacrificarse si hay alternativas más placenteras

Como estamos tan metidos en el discurso de que «para presumir hay que sufrir«, «trabaja duro» o «hay cosas que no hay más remedio que hacer y punto» no estamos entrenados en la habilidad de buscar una manera más fácil y placentera de hacer las cosas.

Casi siempre hay una forma más divertida de hacer algo aburrido, o de dar sentido a un trabajo difícil. Desarrollar esta habilidad de poner luz a una tarea gris, requiere entrenamiento y un cambio de mentalidad. Tenemos que pasar del «hay que sacrificarse y no hay más que hablar, así que ponte a currar de una vez» al «bueno ¿y esto cómo podría ser más agradable? ¿Para qué me puede servir en el futuro?»

Se entiende mejor con unos ejemplos:

  • Si una actividad rutinaria como ordenar o limpiar los platos te aburre soberanamente, podrías ponerte música, o un vídeo de Internet, o un recital de poesía.
  • Si estudiar matemáticas te parece una pérdida de tiempo porque quieres estudiar Humanidades, también puedes verlo como una forma de aumentar tu inteligencia abstracta, y que por tanto te beneficia independientemente de tu camino profesional. ¿Y si encontraras una forma de aplicar las matemáticas a la literatura?
  • Si te distraes y te desmotivas trabajando en el salón de tu casa, prueba a ir a la biblioteca o alquila un espacio en un lugar de coworking; y si por el contrario te agobia trabajar en sitios públicos, enciérrate en tu casa que estás en tu derecho.

Por otro lado, hay muchas cosas que llamamos sacrificios que podríamos tranquilamente delegar o dejar de hacer. Tengo unos amigos que discutían continuamente todos los sábados a causa de la limpieza de la casa: uno quería e insistía, el otro se quejaba, disputaban quién iba a hacer cada cosa… El otro día me contaban que habían tomado la decisión de contratar a alguien que les limpiara la casa (los dos trabajan, se lo pueden permitir con comodidad) y que a partir de ahí su relación de pareja había mejorado. Se acabaron las discusiones, fin de las malas caras, y además de todo eso la casa estaba siempre limpia y ordenada. Cuántas veces una decisión sencilla como esta lo cambia todo.

Piénsalo ¿qué puedes delegar o dejar de hacer? Si tienes un negocio pero no te gusta nada gestionar las redes sociales (a mí me encanta, por ejemplo), ¿para qué vas a sufrir y gastar tu energía en esto cuando alguien puede hacerlo por ti? Si tienes un compromiso al que no te apetece nada ir ¿por qué no dices que «no», sencillamente, en vez de sacrificarte?

Hazte la vida fácil, especialmente en esas cosas que no te gustan. Y si algo no es imprescindible que lo hagas tú tienes dos caminos: o delegar o dejar de hacerlo.

 

Cuando el sacrificio pasa a ser una forma de vivir

Se pueden hacer sacrificios de vez en cuando, es más, hasta resulta sano. Es bueno comprobar hasta dónde se puede llegar, como si fuera una sana competición con uno mismo: ¡vaya, he llegado a cien flexiones! ¡ostras, diez páginas escritas de una sola sentada!

Cualquier relación, trabajo o afición requiere a veces que renunciemos a otras cosas y que nos sacrifiquemos. Pero cuando el sacrificio se convierte en algo habitual, cuando estar con nuestra pareja, o en ese trabajo, o con esa afición, supone un esfuerzo constante, un desgaste de energía continuo… es una locura, en mi opinión.

Entiendo que hay personas que se enganchan al sacrificio porque lo ven una forma estoica de vivir. Bueno, cada uno verá. Si para una persona es valioso estar sacrificándose continuamente, está en su derecho hacerlo así, pero realmente no hay necesidad.

No hay ninguna necesidad de pasarse la vida sufriendo o pasándolo mal, y mucho menos de chantajear a los demás con esa actitud victimista (ya sabemos, la típica «madre sufriente» que no para de limpiar aunque resulta innecesario y tampoco para de quejarse de su suerte).

No vamos a ganar ningún premio al final de nuestra vida por nuestra capacidad de sufrimiento y «aguante», y esto tampoco nos hace mejores personas. Si una relación, trabajo, afición o lo que sea requiere de un sacrificio continuo, yo lo miraría con mucha atención porque algo estamos haciendo mal.

Puede que no conozcamos otra forma de vivir que esta basada en el sacrificio, pero existen muchas alternativas si abrimos un poco los ojos. Hay personas ahí fuera que tienen dinero y trabajan en lo que les gusta, que se consideran felices, que han construido relaciones maravillosas, y todo eso lo han logrado con intuición, pasión, inteligencia, generosidad y cierta dosis de disciplina y sacrificio en momentos puntuales.

 

Palabras finales

Creo que el sacrificio está sobrevalorado. El esfuerzo, la disciplina, la superación, la fuerza de voluntad y todas esas cosas tan rimbombantes son habilidades positivas, pero no son las únicas.

Hay otras habilidades muy interesantes que podemos desarrollar y que no requieren nada de sacrificio como por ejemplo:

  • Buscar la manera de hacer las cosas más fáciles
  • El espíritu lúdico o la capacidad de hacer divertido un trabajo monótono
  • La imaginación para dar sentido o hacer interesante una tarea insípida
  • Ser capaz de trabajar en lo que a uno le gusta
  • La conexión con uno mismo, y por tanto conocer qué nos funciona y qué no
  • Rodearnos de personas positivas y que nos apoyen
  • Saber buscar a quien puede echarnos una mano, aunque esto implique pagar (es lo que yo llamo «invertir con cabeza en uno mismo»)

 

El sacrificio es necesario cuando no hay ninguna otra alternativa más agradable; pero si las cosas se pueden hacer de una manera un poquito más agradable y más fácil, ¿entonces para qué?

Y ahora es tu turno, ¿qué piensas del sacrificio? ¿Opinas como yo, que es algo sobrevalorado o te parece indispensable para alcanzar tus éxitos? ¡Te espero en los comentarios!

 


Créditos de la imagen 9 de Thanh Liêm via Flickr Creative Commons

 

 

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13 Comentarios

  1. Buenos días! A mí hace tiempo que dejó de atraerme el sacrificio. Me parece que sacrificarse implica siempre que alguien esté en deuda con nosotros, y esa actitud es muy peligrosa ( la madre que se ha sacrificado siempre por sus hijos, la pareja que sacrifica por la felicidad familiar…) No hay que sacrificarse por nada o por nadie. Hay que elegir conscientemente qué queremos hacer o por quién queremos apostar ( una carrera, hijos, pareja…) y abrazar esa opción con alegría y madurez, sabiendo que implica renunciar a otras cosas pero desde la convicción de que es la mejor opción que queremos o podemos elegir en ese momento.
    A mí sí me parecen positivos el esfuerzo y la superación, pero vividos con ilusión y nunca desde la sensación de carencia o dolor que supone el sacrificio. Es un tema que daría para varios cafés mas que para un comentario 😉
    Un abrazo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Mar!
      Efectivamente, es un tema que daría para interesantes y largos cafés, jajaja. 🙂
      Es tal y como dices: sacrificarse por otro y luego «echarlo en cara» (directamente o sutilmente, que para el caso es lo mismo) es una actitud peligrosa y yo diría que hasta mezquina. Esa frase de: «y así me lo pagas, con todo lo que he hecho por ti», me da escalofríos. Pero no me he querido meter en eso porque entonces tenemos para tres artículos más…
      Qué bonita la definición que utilizas, en vez de sacrificarnos podemos «abrazar una opción con alegría, convicción y madurez, sabiendo que implica renunciar a otras cosas», ¡claro, esa es la clave! Qué diferente suena esto de «venga, voy a sacrificarme y SUFRIR porque no me queda otra si quiero conseguir lo que quiero»
      Un abrazo grande Mar! Y buen puente!

  2. Hola Amparo!! Estoy de acuerdo con tu planteamiento, totalmente. ¿Para qué tanto sacrificio y tanto sufrimiento?Y que conste que lo digo con una total y absoluta certeza por mi experiencia vital. Sin ir más lejos, puedo poner el ejemplo claro de mi carrera Universitaria que me costó terminar mucho sufrimiento ,porque ya estaba trabajando, y que hoy por hoy no me sirve para nada. Hoy estoy segura de que podría haber buscado otro camino, otros estudios, otro nivel, otras soluciones.
    Pero claro, nos falta perspectiva .

    Un saludo guapa!!

    • Amparo Millán Responde

      Vaya María, qué bueno lo que comentas…
      Es verdad que a veces pasamos por caminos muy sufrientes y sacrificados (en tu caso la universidad) sin que haya NINGUNA RAZÓN DE PESO para ello, y existiendo alternativas más sencillas… Y lo hacemos por costumbre, o por ignorancia, o porque es lo que se considera bueno, o porque alguien nos dijo que era lo mejor y confiamos en eso.
      Me alegra que hayas aprendido de esta experiencia de cara al futuro. Ya sabes: sacrificio sí pero ¡cuando no haya más remedio! 😉 Y casi, casi siempre lo hay si pensamos un poco.
      ¡Un abrazo!

  3. Me ha encantado el artículo y me viene al pelo! Como muchos, trabajaba en su sitio donde todos sus empleados eran víctimas de un jefe déspota y arrogante, adoptaron una actitud victimista y sumisa y así pasaban sus tristes días, lo curioso es que se sentían orgullosos de ese rol y se creían imprescindibles en la empresa (ya que soportaban lo que otras personas que pasamos por allí no toleramos). Conclusión: es lamentable. A día de hoy me siento liberada y agradecida de todo lo aprendido. Y aprender es maravilloso.
    Un saludo a todos!

  4. Simplemente me encanta!!!
    No suelo comentar blogs. Pero es que lo has descrito tan bien que te doy un 100🙋🏾🙋🏾🙋🏾🙋🏾💃🏽💃🏽💃🏽❣️❣️❣️❣️❣️❣️💋💋💋💋💋💋

    Graciass.!!!

  5. Vivimos en una cultura que es una exaltación del sacrificio y el trabajo duro. Si me esfuerzo y me dejo los cuernos lograré lo que sea me parece un pensamiento que puede generar muchas frustraciones… es probable que por más que entrene jugando al tenis no logre ser Rafa Nadal, o por clases de canto que de no haga giras cantando La Traviatta.
    Además… ¿porqué elegir la vía del sufrimiento? ¿Para qué complicarnos la vida, que ya se complica ella solita?

    • Amparo Millán Responde

      Ahí está Silvia, a veces el esfuerzo no es suficiente para conseguir lo que queremos… Tiene que haber chispa o talento y (aún más importante) DESEO PERSONAL, más que las ganas de agradar a otros o «se alguien». Es tan triste que hagamos las cosas para que los demás nos miren, nos valoren, nos envidien, nos admiren, se sientan orgullosos… en vez de porque hemos nacido para ello, y punto.

      Un abrazo, me da que estamos en la misma onda en muchas cosas!! 😉

  6. Carla Isis Castillejos Hinojosa Responde

    Amparo, justo hace una semana terminé un diplomado en Gestión Empresarial, tuve que esforzarme, desvelarme (no tuve otra opción) también tuve que declinar invitaciones, etcétera. Las personas a mi alrededor me decían «ya verás, vale la pena el sacrificio», sin embargo, yo lo disfrutaba, las clases me encantaban y aunque tuve que robarle horas al sueño, entregué mis tareas a tiempo. ¿Qué quiero decir con esto? Que yo nunca lo vi como un sacrificio, siempre tuve en mente mi objetivo y elegí no ser víctima de las circinstancias. Todo el tiempo supe que era algo temporal, además cuando me inscribí sabía muy bien lo que implicaba. Ahora, tengo nuevas herramientas para desempeñar mejor mi trabajo y pensaba que si más gente tuviera claros los objetivos de su esfuerzo habría menos autocompasión mal enfocada. Como decimos en México «una cosa es tropezar con la piedra y otra muy diferente encariñarse con ella»
    Gracias por escribir el artículo, al leerlo comprendí que no es necesario sufrir para lograr y valorar las metas que alcanzas.

    • Amparo Millán Responde

      Qué bonito tu comentario Carla, esta frase me parece una genialidad: «si más gente tuviera claros los objetivos de su esfuerzo habría menos autocompasión mal enfocada».

      Efectivamente, para ti no fue un sacrificio hacer ese diplomado, primero porque tenías muchos motivos para terminarlo y en segundo lugar porque elegiste DISFRUTAR del camino, aunque fuera costoso.

      El otro día un matrimonio que han sido capaces de sacar adelante un proyecto ENORME, lo que les había supuesto mucho tiempo, dinero, noches sin dormir, peleas con la administración, etc., me dijeron: «pero no ha sido un sacrificio, ha sido simplemente un esfuerzo, pero que hemos aceptado de buen grado porque queríamos».

      Cuando el dolor, o el esfuerzo, tiene un sentido superior y hacemos del camino hacia nuestra meta algo apasionante, la palabra «sacrificio» desparece de nuestra vida.
      Un abrazo!

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