Todos tenemos épocas, días o momentos en que estamos muy motivados, concentrados y aprovechamos el tiempo como si fuera oro y  al contrario, otros en que nuestra productividad desciende hasta el subsuelo… y no tenemos ganas de nada.

Ejemplos de este último caso son: el primer día tras las vacaciones (¿no está nuestra cabeza todavía en otro lado?) una semana en que estamos un poco enfermos o el lunes después de un fin de semana intenso. En días así de dispersos, nuestra mente está en modo perezoso y se evade cada dos por tres.

También podemos sentir esta sensación de cansancio y/o apatía cuando nos toca hacer una actividad que no nos gusta nada (a mí me encanta planchar, pero sé de gente que preferiría hacer cien cosas diferentes) o al inicio de un nuevo proyecto que no sabemos por dónde empezar.

Si esta sensación de «buff, qué pereza, qué pocas ganas de nada» la tenemos la mayor parte del tiempo y con la mayoría de actividades, entonces hay ahí un problema que es conveniente mirar más despacio. ¿Nos falta entusiasmo? ¿Quizás no dejamos espacio para actividades que nos recarguen las pilas? ¿Estamos viciados en hábitos negativos, como mirar redes sociales cada tres minutos? ¿Hay un miedo latente que no nos deja avanzar?

Sin embargo, si esto sólo ocurre ocasionalmente, no hay que darle mayor importancia. Existen determinadas formas de trabajar que podemos utilizar para desbloquearnos o activarnos en esos días en que no tenemos ganas de nada y una de ellas es la que te voy a contar en este artículo.

Qué hacer si tienes que trabajar pero no te apetece nada

 

Qué dos opciones tienes en un día disperso y desganado

La primera opción en un día apático es plantearte si realmente es necesario que trabajes mucho o avances en tal o cual tarea. ¿Y si lo que más necesitas es descansar, pararte un poco? ¿Y si la primera mañana tras las vacaciones te pones mejor a ordenarlo todo y planificar, en vez de a trabajar duro desde el minuto 1?

Como ya expliqué en este artículo (¿qué hacer cuando te sientes apático total?) muchas veces resulta útil dar rienda suelta al arrebato organizador o creativo que aparece cuando queremos eludir una tarea. Ejemplo típico: nos inunda un deseo repentino por ordenar y limpiar toda la casa, o clasificar todas las fotos del ordenador, en plena época de exámenes o al enfrentarnos a un trabajo que no nos apetece.

Pues verás, si puedes permitírtelo, si generalmente eres productivo y sólo tienes un día desganado, deja hoy el trabajo y utiliza esa energía para organizar, planificar, limpiar o hacer algo creativo. Es mucho mejor esta opción que pasar las horas viendo vídeos o actualizaciones del twitter porque no tienes fuerza ni ganas para hacer tareas complicadas.

Si no puedes tomarte un día o un momento del día libre, y no te queda más remedio que avanzar en tu proyecto, te propongo hacer otra cosa: trabajar, pero de forma que tu cuerpo y tu mente puedan soportarlo. Es decir tienes que ser respetuos@ con tu baja concentración y baja energía. Te cuento a continuación cómo hacerlo.

Qué hacer si no tienes ganas de trabajar pero tienes que hacerlo
¡Pinéalo!

 

El truco para trabajar aun cuando no tienes ganas de nada

Es bien sencillo y sólo necesitas un cronómetro o temporizador para llevarlo  a cabo (yo utilizo desde hace años Klok2, una aplicación para el escritorio que te permite saber cuánto tiempo destinas a varias actividades que previamente has definido) Funciona así: tienes que proponerte trabajar en tu proyecto un tiempo ridículamente pequeño, por ejemplo 5 minutos, e incluso menos.

Aquí está la clave, en poner un período de tiempo tan corto que realmente sea imposible no poder trabajar durante ese tiempo.

Ya sea escribir un informe, hacer tareas de la casa que te desagradan, redactar un artículo o estudiar una materia que no te apasiona, enfréntate a tu tarea durante el tiempo mínimo (un minuto, dos minutos, máximo cinco), el que tú elijas. Es importante que en este rato no te distraigas con ninguna otra cosa.

Tras este período de mini-trabajo ¡date un merecido descanso! y haz lo que te apetezca por espacio de unos 5-10 minutos (sí, no importa que el tiempo de descanso sea mayor que el tiempo productivo). Cuando pase este tiempo de descanso una parte de ti te dirá «no deseo volver a trabajar, quiero seguir viendo vídeos de humor o leyendo las noticias» pero tú puedes contestarle: «perfecto, seguiremos con esto que nos gusta tanto pero antes… va, sólo otros 5 minutos de trabajo, no es nada». Y de nuevo te pones a trabajar ese tiempo. Tras esto, llegará otra vez el descanso o la actividad placentera. Y de nuevo, intentando no distraerte más de la cuenta en estos períodos de descanso (aunque si lo haces y se te va media hora no pasada nada) retomas el período de mini-trabajo

Como ves, se trata de intercalar períodos de trabajo muy cortos, pero sin interrupciones, con períodos de descanso de, al menos, la misma duración e incluso más tiempo.

 

Al ir alternando estos cortos períodos de actividad con descansos suele suceder que la pereza o el miedo que sentíamos al principio se va diluyendo… Y descubrimos que, en vez de cinco minutos, cuando llevamos unos cuantos ciclos de mini trabajo-descanso hemos extendido el tiempo de actividad productiva a diez, veinte ¡o incluso treinta minutos seguidos!

Lo que es importante al utilizar esta técnica es estar atentos a lo que nos sucede y nos pasa por la cabeza: hay que saber romper con suavidad ese momento en que tu impulso te pide seguir en el período de descanso y decirle «en seguida volvemos otra vez… ¡sólo tenemos que cumplir 5 minutos de trabajo!». Del mismo modo, también hay que cumplir con nuestras promesas de parar y hacer lo que nos venga en gana sin sentirnos culpables. Si te has prometido ver un vídeo divertido cuando escribieras tres líneas de ese artículo, no encuentres excusas para decirte que no (que es muy poco tiempo de trabajo, que qué tontería, etc.) y HAZLO.

Si eres de los que te cuesta trabajar a primera hora del día y te encantaría ver el Facebook nada más sentarte al ordenador, utiliza este truco todas las mañanas. Comienza trabajando un tiempo ridículamente corto y cronométralo. Después date permiso para leer algunos mails o algún artículo interesante que ha aparecido en tu timeline y tras esto, proponte seguir trabajando otro rato pequeño, que alternarás con un nuevo descanso en el que seguirás revisando tu bandeja de entrada. Cuando hayas cogido impulso y ganas (y esto sucederá de forma natural tras varios ciclos de trabajo y placer) puedes dejar de cronometrar tus tiempos y utilizar tu modo habitual de encarar las tareas del día.

 

Por qué con este truco avanzas aun en los días más perezosos

Quizás te estarás preguntando: ¿hacer esto es útil? ¿Verdaderamente avanzo si sólo trabajo en períodos TAN CORTOS de tiempo?

La respuesta es sí, sorprendentemente. Por un lado este «truco de los cinco minutos» nos permite romper el hielo y comenzar a hacer cosas que postergamos por su dificultad, porque no nos gustan, o porque no sabemos por dónde empezar. Es absurdo pretender que cuanto más exigentes seamos, más vamos a rendir. Al contrario, ponernos las cosas fáciles es lo que nos lleva hacia el éxito.

Por otro lado, muchos períodos cortos de tiempo hacen al final del día un tiempo de trabajo considerable. Si en uno de estos días en que estás cansad@ y no tienes ganas de nada consigues con este sistema trabajar de dos a tres horas efectivas, eso es un montón. Y además lo has hecho permitiéndote realizar actividades que te gustan y te relajan, ¿no es esto mil veces mejor que no avanzar nada y sentirte totalmente culpable por ello, como te ocurría hasta ahora?

En resumen: si tienes alguna tarea que te paraliza o si tu mente está desganada y dispersa por cualquier motivo utiliza la técnica de los 5 minutos. Es un tiempo lo suficientemente pequeño para que sea fácil hacer cualquier cosa, hasta la más dificultosa, pero con un resultado notable cuando sumas todos los mini-períodos al final del día.

 

¿Qué te ha parecido esta propuesta?

¿Te animas a implementarla esos días en que sólo tienes ganas de quedarte en la cama o ver vídeos divertidos en Youtube? ¿Y si lo hicieras… ahora mismo?

 

Como idea final, me gustaría comentar que no sirve de nada ser exigente con un@ mism@ cuando, por lo que sea, tenemos muy poco de dar. Aflojemos nuestras expectativas y entendamos que siempre es mejor avanzar, aunque sea muy poco, que bloquearnos y no hacer nada.

¡El hacer del no hacer está sólo a 5 minutos de diferencia! 🙂

 

Seguir aprendiendo – ¿y si HABITUALMENTE no tienes ganas de nada?

En este artículo te he contado un truco para avanzar en tu trabajo aun en los peores días. Es algo que yo utilizo de vez en cuando y me va fenomenal. Pero si esta situación de desánimo y apatía con respecto al trabajo es algo habitual, entonces el problema es más profundo de lo que parece…

Posiblemente estés haciendo un trabajo que te motiva muy poco y no está para nada conectad@ con tus deseos. Puede ser que una inseguridad exagerada, producto de tu baja autoestima, te haga revisar las cosas más veces de las que sería razonable (ya sabes, el maldito perfeccionismo). O puede ser que la pereza y la desgana enmascaren que tienes un miedo terrible al fracaso o a la crítica.

Para ayudarte a trabajar sobre estos bloqueos internos he creado esta clase: «Cómo superar las 4 resistencias que bloquean tu vida personal y profesional«. Échale un vistazo porque es muy completa, incluye un cuaderno de trabajo digital para que no quede todo en la teoría y además tiene un precio fabuloso.

Eso sí, la mejor clase del mundo no sirve de nada si no te comprometes contigo mism@ a mirar con sinceridad en tu interior y después hacer algo al respecto. La cosas no «se cambian solas» ni con los mejores materiales ni con los mejores maestros. En última instancia, el cambio depende de ti.

Si sientes que ha llegado el momento de ACTUAR para despejar el camino hacia tus metas, empieza por aqui:

 

CLASE INTENSIVA: 4 ACTITUDES QUE BLOQUEAN TU POTENCIAL

 

 


Créditos de las imágenes: Stencil

 

 

 

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