Para superar un problema de cualquier tipo el paso clave, pero al que normalmente no damos mucha importancia, es identificarlo BIEN.

 

Podemos pensar que la mayor dificultad de nuestra vida es que tenemos un trabajo que no nos gusta, o un matrimonio insatisfactorio, y entonces un día, armados de valentía, dejamos el trabajo o la relación… sólo para descubrir al cabo de unos meses que nuestro sentimiento de malestar persiste.

 

También es bastante típico el caso de personas que llegan a mí con la idea de que son inconstantes o que no saben organizarse y cuando empezamos a profundizar en lo que les ocurre aparece un terror al fracaso que les paraliza o directamente que en el fondo no desean ese objetivo que se han impuesto y por eso son inconstantes.

 

Por ello, si de verdad quieres solucionar un problema a largo plazo, no te puedes quedar observando las dificultades aparentes, sino atajar la verdadera causa.

 

Dicho de otra manera, tienes que identificar bien qué está pasando y enfocar tu energía en actuar en la raíz de donde parten todos los demás síntomas, porque si no a largo plazo te verás haciendo muchas cosas y “apagando fuegos” mientras los conflictos vuelven a surgir una y otra vez.

 

Como esto se ve mejor con casos prácticos que con teoría, he recopilado en este artículo algunos ejemplos reales de mis últimas consultas, con el fin de que pensemos juntos sobre dónde tenemos que mirar para ver nuestros problemas con más perspectiva.

 

Espero que te resulte interesante, vamos allá:

 

Caso 1: Cuando tener un trabajo que no nos gusta enmascara un problema mucho mayor.

Bueno, ya lo dije en el artículo de la semana pasada, concedemos muchísima importancia al trabajo. Es impresionante la cantidad de pensamientos, acciones y “vueltas de tuerca” que damos sobre este tema. A mí me deja alucinada verlo incluso en mí.

 

No he calculado el porcentaje pero calculo que tres cuartas partes de las consultas de tarot terapéutico que he hecho en los últimos dos meses han estado motivadas (en principio) por temas laborales. Y digo en principio porque a la media hora hemos visto que el problema “gordo” no estaba ahí, en lo laboral, y que no importa tanto dejar o no el trabajo, o empezar a monetizar una pasión, como resolver otros asuntos de mayor trascendencia que esconden el origen de la insatisfacción.

 

Más o menos hay dos causas subyacentes a los conflictos relacionados con el trabajo.

 

La primera es que el trabajo es un buen refugio para ocultarnos de los problemas, sobre todo a nivel de relaciones. Mientras pensamos en que nuestra profesión no nos llena, o que el ambiente laboral es un asco, evitamos hacer frente a preocupaciones más incómodas como por ejemplo si soy capaz de conectar realmente con mis hijos, mi pareja o mis amigos. Es como que mientras estoy “enredado” en el trabajo (pero sin hacer nada para solucionarlo al final) tengo una excusa para no ocuparme de revisar los temas emocionales y de relaciones que son mucho más espinosos.

 

Y en segundo lugar, un asunto de mayor alcance que subyace a una insatisfacción laboral es el tema de la vocación o el propósito vital… Porque a ver, “que mi trabajo no me gusta” es una preocupación trivial. El quid de la cuestión está en descubrir si yo alguna vez me he dado permiso para explorar si tengo alguna vocación, si he encontrado mi lugar en el mundo, si he tomado mis propias decisiones a la hora de estudiar y trabajar o si he actuado obedeciendo lo que me dijeron mis padres y profesores.

 

Cuando aparecen estas cosas en las sesiones yo directamente pregunto por cómo fue la adolescencia de mi cliente y qué tipo de sueños y aspiraciones tenían. Y ahí… madre mía… siempre me encuentro con un panorama parecido: no, no recuerdo tener grandes sueños, yo era una persona muy obediente, hacía lo que me decían, no causaba problemas.

 

Dios mío la obediencia… prometo escribir un próximo artículo (quizás el próximo) sobre esta LACRA terrible que tenemos tan endiosada, esa cosa ridícula de obedecer. De niños y jóvenes obedientes devienen luego adultos desconectados. No puede ser de otra manera. Porque si a mí me han doblegado para obedecer y plegarme a deseos ajenos, forzosamente he tenido que desconectar de mis deseos para no sufrir.

 

En resumen, detrás de la preocupación de que uno no se siente del todo bien en el trabajo hay asuntos de más envergadura en los que deberíamos centrar los verdaderos esfuerzos.

 

El primero, descubrir si yo me siento “alguien” fuera del trabajo (porque parece que si no tengo un trabajo pierdo mi identidad) y si estoy utilizando mi profesión para esconder mi falta de sintonía, conexión o alegría con los que me rodean.

 

Y en segundo lugar, hay que preguntarse por la vocación. ¿En qué momento perdí el acceso a mí mismo hasta el punto de que no sé lo que quiero ni lo que me gusta? Pensemos, es fuerte esto de no saber lo que a uno le haría feliz… También hay que plantearse si nos limitamos a vivir de manera mecánica basando nuestras decisiones en la seguridad y el miedo, la cual es una forma bastante limitada de estar en el mundo. ¿Y si cambiáramos el el miedo por la ilusión y la curiosidad?

 

Mucho para pensar, en todo caso, más que en “si dejo mi trabajo o no lo dejo”.

 

Caso 2: Atribuir el no éxito de un proyecto a la falta de autocontrol

Otra cosa bastante común es creer que la organización, la disciplina o un mayor esfuerzo son TODO lo que necesita una empresa o un proyecto académico para desarrollarse.

 

Me han llegado varios casos de personas con un bloqueo en este sentido que, a priori, consideraban la falta de constancia o planificación la causa de su fracaso. Y en realidad, el problema real era alguno de los siguientes:

 

– Que en realidad uno no quiere hacer eso que se está obligando a hacer. Una mujer me comentaba que siendo ella una persona trabajadora y constante le resultó imposible sentarse a estudiar unas oposiciones y ahí yo le pregunté: ¿pero tú realmente querías ese empleo? Y ella me dijo: Pues en verdad no… ¿Puede ser que por eso que costaba tanto ponerme? (¡pues claro! Afortunadamente nuestro ser esencial conserva parte de su rebeldía y se niega a hacer lo que no está en su camino.)

 

– Puede ocurrir también que creamos que nos falta autocontrol y lo que nos falta es… LIBERTAD. Para muchas personas las rutinas rígidas, en ciertos momentos, no funcionan. Y lo único que consiguen al constreñirse cada vez más a unas normas con el fin de ser ultra-productivos es empeorar las cosas. Aquí yo pregunto: ¿y si nos otorgamos mayor libertad y flexibilidad, aunque sea sólo para probar? ¿Y si soltamos lastres u obligaciones que no son esenciales para tener más energía para las cosas que SÍ nos importan?

 

– Otro aspecto que tiene más importancia de la que se le da es el diálogo interior. En un par de sesiones enfocadas en el estancamiento de proyectos laborales aparecía claramente la crítica feroz y el autodesprecio como el problema principal. Cuando uno se pasa el tiempo siendo implacable con uno mismo (machacándose por sus errores y no felicitándose por los éxitos) ¿cómo va a ser posible avanzar? Pregunté a una persona ante este panorama: ¿te imaginas lidiar con un jefe tan insoportable y despótico como estás siendo tú mismo? ¿Crees que tu negocio puede prosperar, por muchos horarios rígidos que te pongas, en semejante ambiente tóxico? La respuesta es evidente…

 

– Por último, otro aspecto más sutil que suele aparecer es que a veces no destinamos nuestra energía a nuestros proyectos personales porque “nos la están robando” determinadas personas, sobre todo familiares con quienes tenemos un sentimiento de lealtad. Por ejemplo, podemos estar destinando la mitad de nuestra energía a una madre desvalida y victimista a la que tenemos que “cuidar” a pesar de ser nosotros los hijos. O a un hermano/a que se niega a responsabilizarse de su propia vida y tenemos que hacerlo nosotros por él. Vale la pena plantearnos si el problema real, en vez de la falta de energía (que es lo que creemos, que nos falta energía y por eso no avanzamos hacia nuestras metas) es que ésta es “drenada” por otras personas y utilizada para su beneficio.

 

Como ves, ninguno de los problemas anteriores se soluciona con un mero plan de acción y más disciplina. Hay indicativos más profundos que atender…

 

Resumiendo

Te invito a dar una nueva vuelta de tuerca a los problemas que te preocupan y ver si alguno de los ejemplos anteriores se adapta a tu caso. Porque en este caso, conviene empezar a indagar en ese aspecto en lugar de en otra cosa.

 

Un buen diagnóstico es la mitad de la solución a un conflicto personal y profesional, porque a partir de ahí se pueden plantear medidas de acción útiles a largo plazo. Por eso vale la pena invertir tiempo y atención en esto.

 

Espero que este artículo te haya parecido interesante y te invite a pensar con mayor profundidad y amplitud en esas cosas de tu vida que sientes que no van bien. Si quieres hacer algún comentario será más que bienvenido.

 

¡Hasta pronto!

 

 


 

Créditos de la imagen: Thinking de Lord Of Pixels via Flickr Creative Commons

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4 Comentarios

  1. Amparo: fenomenal.
    Muy buena aproximación, al tema rey: quién soy yo y para que sirvo?
    Si lo averiguo, todo irá sobre ruedas
    Qué pasa si no se cómo buscar, como empezar a tirar del hilo?
    Yo, pido ayuda!!! A profesionales y seres queridos. Cada uno con sus luces y sus sombras.
    Porque vivir triste no es vida y hay que espabilar.

    • Amparo Millán Responde

      ¿Por dónde empezar a tirar del hilo para descubrir quién soy y por qué estoy aquí? ¡Buena pregunta!
      No hay una única manera de descubrir la vocación, cada camino es único… Por eso yo desconfío bastante de los métodos que proponen encontrar tu misión de vida en 30 días o a través de 10 pasos prediseñados. No, no funciona así… Afortunadamente cada persona tiene “su aventura” personal para descubrir quién es, y es rica y fascinante.
      Contestando a tu pregunta, hay muchos hilos de los que podemos empezar a tirar:
      – leer libros sobre el propósito de la vida
      – más importante aún: reflexionar sobre lo que nos dicen estos libros
      – pensar en qué nos gustaba hacer cuando éramos niños o adolescentes
      – probar diferentes actividades/aficiones/trabajos/entornos e ir registrando qué nos gusta y nos da vitalidad y qué no
      – preguntar al tarot o hacerse una carta natal
      – entender tu historia personal y ver cuándo y por qué perdiste esa vocación
      Etc. En fin, estos son los que se me ocurren a mí así, a bote pronto. Lo importante ahora es que BUSQUES en vez de quedarte varada y detenida en esa pregunta y sin avanzar.
      Un abrazo!

  2. Para ti que es despertar?
    Me han dicho ya estás despertando pero todavía te falta

    • Amparo Millán Responde

      A mí no me gusta mucho esa expresión de “despertar” prefiero decir “vivir conscientemente” (y aquí explico con detalles y con ejemplos qué significa eso para mí –> Qué significa vivir con más conciencia)

      Yo tampoco sé qué significa eso de “estás despertando pero todavía te falta”, particularmente no empleo un lenguaje tan vago y poco preciso, mejor se lo preguntas a esa persona que te lo ha dicho y así puedes iniciar una conversación interesante que te aporte claridad.
      Saludos!

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