¿Te criticas demasiado? Tres claves para dejar de hacerlo

Comparte la inspiración, ¡gracias!Pin on Pinterest1Share on Facebook0Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on LinkedIn0

Me parece que no exagero si digo que el peor enemigo está dentro de nuestra cabeza. Creo que no hay juez más implacable que un@ mism@ ni palabras más despiadadas que las que salen de nuestra mente. Autocrítica.

Muchas personas me han reconocido que se machacan por cosas sin importancia. Que cada vez que se equivocan se lo repiten interiormente hasta la locura, mientras que cuando hacen algo bien apenas le dan importancia.

Si la autocrítica domina tu vida, estarás problemente envuelt@ en una o varias de las siguientes situaciones:

  • Aunque trabajes y consigas muchas cosas, pensarás que nunca es suficiente. Los demás tal vez te admiran por tus éxitos, pero una voz dentro de ti se encarga de aguarte la fiesta y te suelta: “a ver… que tampoco es para tanto”.
  • Tendrás terror a equivocarte porque sabes que si lo haces vas a convivir con mensajes negativos noche tras noche.
  • Siempre encontrarás un fallo en tu apariencia física, en tu casa, en tu trabajo, en tu forma de organizarte, en tus cualidades personales… y sin embargo todo lo que tienen los demás te parecerá maravilloso.
  • Es probable que esas perlas venenosas las dirijas impunemente, y sin poder controlarlo, también hacia los demás. Y así, te pasas el día criticando abiertamente a tu pareja, a tus hijos, a tu suegra, a los amigos, a los compañeros de trabajo, a los alumnos, al jefe… Nadie se libra de tu lengua viperina y esto causa malestar y rabia en las personas que tienes más cerca.

 

Una vez una de mis lectoras me escribió: “Me duele la falta de comprensión y aceptación de mí misma” y esta frase me impactó porque efectivamente detrás de esa autocrítica hay un profundo dolor. Criticamos porque estamos dolidos. Y a su vez, esa crítica contribuye a hacer más profundo ese dolor.

Tengo la certeza de que la autocrítica constante y despiadada hacia un@ mism@ no es una cosa que venga “de serie”. Es decir, no nacemos así, no es un rasgo innato sino adquirido. Lo aprendemos a base de escuchar una y otra vez descalificaciones de los demás y al final acabamos reproduciendo todo ese diálogo en nuestra cabeza nosotr@s solit@s.

Puesto que la autocrítica es algo que aprendemos, también podemos decidir, como personas adultas y conscientes que quieren ser más felices y vivir mejor… dejar de hacerlo.

Sí, bajar el nivel de autocrítica es una decisión que podemos tomar hoy.

Sí, no tenemos que resignarnos a tener a este enemigo interior toda la vida.

Podemos ir acallando esas voces que nos atacan sin piedad y aliarnos de forma amorosa con nuestros pensamientos. Obviamente este es un proceso largo, no se pasa de la crítica feroz a la compasión y las palabras de ánimo en una semana, ni en un mes. Sin embargo, no es un proceso difícil. En este artículo te muestro las tres claves básicas para cambiar esos mensajes negativos de tu cabeza por otros más neutros y amables.

(Un apunte antes de continuar: en este texto me estoy refiriendo solamente a la autocrítica severa y despectiva del tipo “soy un inútil”, “soy un desastre” o “hago todo mal”. La autocrítica sana (que implica ver objetivamente qué hacemos mal, o qué se podría mejorar) es muy positiva y esta no tenemos que reducirla, sino incluso practicarla más a menudo si queremos alcanzar nuestros objetivos.)

Hechas estas aclaraciones, empecemos:

 

Tres claves para dejar de criticarnos

1. Registrar nuestros pensamientos

Hay algunas personas que dicen que no se critican nunca o que “han superado” ciertos temas o que “se han sanado” por completo. Lo voy a decir de forma clara: no me lo creo.

Vivimos en una sociedad dura y en un clima de conflictos emocionales variados desde nuestra familia hasta el colegio, pasando por los conflictos en los grupos de amigos, la pareja o el trabajo. Como la vida no es perfecta y todos arrastramos heridas en el corazón, veo francamente imposible que alguien haya crecido con una mente limpia, compasiva y sabia, capaz de diferenciar una crítica gratuita de una crítica necesaria.

También desconfío de quien dice que en un fin de semana, o en un año de terapia, ha conseguido “reprogramar su mente” por completo y para siempre. Y que ya nunca más volverá a experimentar ciertas emociones o críticas dolorosas. No, no funciona así.

Cuando escucho a alguien que proclama que “antes se criticaba pero ahora ya no” o que “ha superado por completo sus pensamientos negativos” presiento que lo que ha hecho es poner una cortina y dejar de percibir esos pensamientos. Es decir, se ha desconectado de ellos, prefiere no verlos. No obstante, porque nosotros no queramos ver algo, no significa que deje de existir.

Una muy mala práctica en cuanto a los pensamientos negativos es ignorarlos. - ¡Twitea esto! Porque por mucho que lo hagamos siempre seguirán ahí, y si no los percibimos conscientemente… tal vez suframos de insomnio, pesadillas, enfermedades “inexplicables” o bien críticas desde fuera que nosotros hemos provocado sin darnos cuenta.

Por ello, si de verdad quieres cambiar la forma en que te hablas, lo primero que tienes que hacer es escucharte. Escuchar qué dicen esas voces crueles, de dónde vienen, cuándo aparecen, si tienen parte de razón (a veces la tienen), si recuerdas a alguien que también te lo dijo, si aparecen después de que has estado con ciertas personas, si se repiten, etc.

Las críticas negativas no desaparecen porque no quieras atenderlas. Por tanto, no les cierres la puerta cuando las veas venir, más bien haz todo lo contrario: invítalas a pasar y sentarse, porque seguramente traen una pista sobre ti que debes comprender y sanar.

 

2. Entender que la autocrítica despiadada no sirve para nada

El segundo paso para dejar de criticarnos es entender que este comportamiento no tiene ningún beneficio. Creo que muchas veces nos criticamos tanto (y hacemos lo mismo con los demás) porque pensamos, erróneamente, que nos impulsaremos a actuar.

Quizás creemos, de forma inconsciente, que si criticamos nuestra gordura frente al espejo o nuestro desorden en la casa, vamos a tener más ganas de cambiar. Y la verdad es que no es así. La autocrítica despiadada destruye, no construye.

Si soy una persona tímida que lo pasa mal a la hora de ir a una fiesta con mucha gente, por mucho que me diga: “es que soy idiota, mira que tener miedo de eso, con lo fácil que es llegar y saludar” no voy a solucionar nada. De hecho, lo estoy empeorando. Si tengo intención de cambiar ese diálogo interior insensible, tengo que comprender primero que NO me beneficia.

De la misma forma, si me he comprometido a hacer deporte y no me apetece, por lo que sea, hablarme en términos como “venga, mueve el culo de una vez, so perezoso, siempre estás igual” no resuelve el problema. Quizás un día “meterme caña” me venga bien, pero a la larga lo único que voy a conseguir es disminuir mi autoestima y dejarme físicamente aún más.

Las críticas negativas y despiadadas no sirven para nada.

No nos sirven a nosotros pero tampoco a los demás (y creedme, lo hacemos toooodo el tiempo). Decirle a alguien repetidamente que “es un inútil y no sirve para nada” no le va a hacer más capaz. Repetir a una persona que “hay que ver qué genio tienes, no hay quien te aguante” no la va a dulcificar. Burlarnos de alguien al estilo de “pero qué poca gracia tienes” o “ay, qué despiste de persona” (por no hablar de los motes humillantes) no es divertido, duele y desde luego no nos trae ningún beneficio.

Repito: aunque nos sale automático, aunque pensamos que eso es educar, aunque nos parece muy gracioso resaltar los defectos de los demás, las críticas despiadadas no ayudan a nadie a mejorar. La siguiente imagen de Cinismoilustrado refleja perfectamente lo que quiero decir:

eres_un_fracaso

 

En conclusión, tomemos conciencia de que  no estamos haciendo ningún bien, ni a nosotr@s ni a los demás, con nuestras palabras hirientes. Esta es la única manera de empezar a dejar de decirlas.

 

3. Reconocer lo que nos sale bien

Finalmente, si queremos dejar de criticarnos y ser más compasivos, tenemos que ejercitar la costumbre de agradecernos las cosas y felicitarnos cuando algo nos sale bien. 

Si tenemos un genio muy fuerte, pero una vez hemos conseguido controlarlo (aunque a los cinco minutos hayamos perdido los nervios con otra cosa) bien, vamos a otorgarnos ese reconocimiento. No se trata de tapar lo negativo (de hecho, justo te estoy invitando a no cerrar la puerta a los pensamientos negativos) sino de poner el foco también en lo positivo. Es increíble la cantidad de cosas bondadosas, amables, bien hechas y pulcras que terminamos a lo largo del día de las que simplemente… no tenemos constancia.

Por ello, si quieres cambiar un comportamiento empieza a darte cuenta también de las veces en que las cosas te salen bien. Aquí unas pequeñas sugerencias:

  • Si quieres mejorar la gestión del tiempo, apunta en una lista no sólo las tareas pendientes sino las que has finalizado. Así sabes exactamente las cosas que haces.
  • Cómprate un pequeño regalo cuando te sientas orgullos@ de algo que has conseguido para que cada vez que lo veas tengas presente ese logro (esta es una táctica que a mí me encanta)
  • Felicítate mentalmente cada vez que consigas modificar un hábito negativo, por pequeño que sea
  • Al final del día, haz un balance de lo que se puede mejorar pero también un balance lo que ha salido bien (y créeme, siempre hay algo que ha salido bien)
  • Si algún día todo te sale del revés, hasta el punto de que tienes el ánimo por los suelos… mímate un poco. Hay momentos para escuchar las críticas positivas y momentos en que somos tan frágiles que una palabra un poquito amarga podría rompernos. En esos momentos aparca toda autocrítica, como dice la frase: “quiérete cuando menos lo merezcas que será cuando más lo necesites
  • Celebra con tus seres queridos tus pequeños y grandes éxitos. Las celebraciones nos animan a seguir adelante y son una forma estupenda de reafirmarnos ante los demás.

 

Resumiendo

Como ves, dejar de criticarse y hablarse mal es cuestión de práctica, conciencia y tiempo. Las tres claves para que esto ocurra son:

  1. Registrar esas críticas. No las escondas, no las metas debajo de la alfombra, enfréntate a ellas y diles simplemente “aquí estoy, vamos a hablar, qué le vamos a hacer no soy perfect@…”
  2. Entender que las palabras hirientes no benefician a nadie. No hacen avanzar más, no permiten mejorar los comportamientos negativos, no vuelven más capaces a nadie, de hecho es justo al revés.
  3. Empezar a felicitarnos por las cosas que hacemos bien. Aunque nos resulte extraño, podemos utilizar un lenguaje más amable y estimulante con nosotros mismos. Es cuestión de practicarlo con el tiempo.

Tu voz interior te acompaña todos los días, por eso hacer un esfuerzo para que esta voz pase de enemiga a amiga merece mucho la pena. ¿Qué vas a hacer hoy para hablarte mejor a ti y a los demás?

 

** Si te ha gustado este artículo no te pierdas el eBook gratuito que he preparado para ti, con 7 reflexiones potentes para vivir con más claridad y confianza en ti mism@. ¡Suscríbete a mi lista y te llegará ahora mismo a tu correo!


Créditos de las imágenes

Imagen 1: Shame de Suelen Pessoa via Flickr Creative Commons

Imagen 2: Semilla de Cinismo Ilustrado

¿Te criticas demasiado? Tres claves para dejar de hacerlo
3 votos

3 thoughts on “¿Te criticas demasiado? Tres claves para dejar de hacerlo

  1. Anónimo

    Buen artículo Amparichu

  2. ¡Hola Amparo!

    Podría escribir tanto de mi mente crítica… Este mes de febrero decidí cambiar las tornas y empezar el día haciendo una cosa que me encante (dibujar, escribir, leer, hacer fotos… ) porque me doy cuenta del entrenamiento militar que llevo encima al tener que hacer mil cosas para merecer algo que me gusta, sobretodo tiempo dedicado a lo que me hace feliz. Y claro, nunca queda ni tiempo, ni energía, ni ganas. El resultado es que estoy menos cabreada (o sea que no lo estoy) 🙂 Me siento menos tensa, más contenta. Gracias por este gran artículo y por recordarme lo que siempre olvido 😉

    Por cierto, el domingo pasado incluí tu artículo: 10 claves para alejar el estrés de tu vida en un recopilatorio sobre Cómo crear tiempo. Me gustaron mucho tus claves porque recogen prácticamente todo lo que necesitas para “crear tiempo”, espacio y sentirte en equilibrio.

    ¡Un abrazo!

  3. Apunto y pongo en práctica. Gracias Guapa!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.