Muchas veces intentamos cambiar una forma de pensar, o un comportamiento destructivo, y nos encontramos como con un muro invisible que impide nuestros progresos.

 

Es decir, nos proponemos hacer algún cambio (por ejemplo en la manera de emplear el tiempo, la forma de hablarnos, la forma de hablar con nuestra pareja, etc.) pero no somos capaces de perseverar más de unos pocos días. Nos damos cuenta que hay resistencias invisibles que boicotean nuestros esfuerzos de una vida mejor. Al final, de puro agotamiento y desmotivación, abandonamos estos propósitos y volvemos a la situación inicial.

 

¿Por qué es tan difícil cambiar? nos preguntamos. ¿Qué estoy haciendo mal que me propongo una y otra vez hacer algo distinto, pero acabo volviendo al comportamiento destructivo anterior?

 

Desde mi punto de vista, el cambio no se produce porque nos quedamos en el diagnóstico superficial del problema. Y para llegar a una solución duradera hay que profundizar un poco más, hay que ir al origen de ese problema. Tenemos que “tocar” el fondo de la cuestión.

 

Y el fondo de la cuestión no es la manera en que nos comportamos, sino la forma en que vemos el mundo. Lo que creemos acerca de nosotros mismos, los demás, la vida, lo que está bien y lo que está mal.

 

Nuestra manera de ver el mundo influye en cómo pensamos, cómo sentimos y cómo actuamos. La estructura de creencias acerca de nosotros y la realidad gobierna nuestra vida. Por tanto, tenemos que incidir en este punto para lograr cambios verdaderos, profundos y que no se vayan con el tiempo.

 

Como todo esto queda muy teórico, vamos a verlo con un ejemplo.

 

Un ejemplo de cómo la visión del mundo dirige nuestra vida

 

Cuando sólo hemos aprendido el lenguaje de la violencia

Daniela es una mujer con un enorme miedo al amor. Ha pasado por varias relaciones de pareja muy destructivas, que bordeaban el maltrato, pero a la vez, para ella el amor romántico es “la salsa” de la vida, lo que le da sentido. Tiene un gran deseo de formar una pareja, es la meta de su vida, pero por otro lado le aterra volver a enamorarse y entrar de nuevo en esa espiral de sufrimiento. Daniela dice que tiene mucho amor para dar, pero que se está marchitando dentro de ella… Me pide ayuda para saber cómo podría encontrar una pareja que la ame, la proteja y la cuide.

 

Bien, pues aquí está la primera trampa de esta petición… Daniela quiere saber antes que nada que puede HACER, pero si empezamos por ahí, estamos empezando por el final, y no vamos a conseguir ningún cambio importante. Antes de ver cómo podría actuar Daniela para “atraer” a un hombre bueno, tendríamos que ir al origen: qué forma de ver el mundo mantienen a esta mujer en una situación de miedo al amor, vacío y maltrato.

 

Conversando un poco más con Daniela, me cuenta que viene de una familia muy disfuncional. Sus padres no paraban de pelear entre ellos y la madre, que generalmente salía peor parada de las peleas, descargaba su frustración y su furia sobre ella y su hermana. También recuerda que su hermana mayor le pegaba y la castigaba. Bueno, aquí tenemos la primera GRAN pista. Daniela se ha criado en un ambiente en el que la violencia era el lenguaje y el más fuerte sometía al más débil: el padre a la madre, la madre a las hijas, la hermana mayor a la hermana menor. Por supuesto, como en todas las familias, se repetía eso de: “a pesar de todo nos queremos” y “si te agredo, es porque tú me has hecho algo y te lo mereces, así que estamos en paz”.

 

Cuando uno vive diez, quince, veinte años de su vida en un ambiente así (se dice pronto, pero veinte años son más de 7000 días, repito ¡7000 días!) tiene completamente normalizada e interiorizada la violencia. Y acaba creyendo: El mundo es violento. Las relaciones son violentas. El más fuerte agrede al más débil. Si me pegan es porque me lo merezco. Nos pegamos porque nos queremos. Etcétera. Para el inconsciente de Daniela, una modalidad en que amor y violencia no vayan de la mano sencillamente no existe.

 

No es de extrañar que Daniela acabe emparejándose con hombres que perpetúan ese escenario que vivió de niña y jamás se permitió desaprender. Al final, todos nos sentimos fuertemente atraídos hacia situaciones que conocemos y que siguen alimentando nuestra visión del mundo, por desagradable que sea.

 

Si esta mujer quiere tener relaciones más equitativas lo primero que ha de plantearse es revisar su historia y mirar con los ojos bien abiertos qué le pasó siendo niña y adolescente. Y a continuación, tendrá que cuestionar esta creencia de “el amor y la violencia van de la mano”. Esto supone abrirse a la idea de que la vida puede ser de otra manera y que hay relaciones donde no se cumple lo que ella vivió.

 

Lo que voy a decir es sorprendente, pero cuando estamos anclados a una visión del mundo generalmente no vemos lo demás. Miramos por una ventanita muy estrecha y sólo “vemos” lo que se corresponde con nuestras creencias. Lo que no “cuadra” con lo que pensamos, lo ignoramos. Daniela puede haber pasado cuarenta años sin darse cuenta de que hay parejas que sólo se aman y no se agreden (o cuando lo hacen, piden perdón). Para ella el mundo es dicotómico: “amor + violencia=amor” o “amor sin violencia = no amor, no existe”

 

Por poner otro ejemplo, muchas personas nos conciben que puedan lograrse cosas a través del disfrute, más que con sacrificio. Les han enseñado que “la letra, con sangre entra”, que las cosas valiosas “cuestan mucho esfuerzo” y que sólo sacrificándose y dejando cosas atrás se llega lejos en la vida. Estas personas cuando miran a su alrededor, sólo ven esos casos de esfuerzo, lucha y sacrificio que les dan la razón. Pero puede ser que un día… una bocanada de aire fresco les levante las anteojeras y entonces vean que hay gente que consigue cosas con placer, gozo y equilibrio. Vaya, qué sorpresa. Resulta que en el mundo también hay quien consigue sus retos disfrutándolos, sin sufrimiento, reduciendo el sacrificio al mínimo posible.

 

En resumen, cuando estamos muy encerrados en una idea, no vemos que existen otras cosas en el mundo. Tenemos que quitarnos los velos para poder ver la realidad en toda su diversidad.

 

¿Es el amor de pareja la única manera de sentirse realizado?

Volviendo al caso de Daniela, que consulta sobre qué hacer para encontrar una pareja no violenta, otra creencia que se desprende de su discurso es que el amor de pareja es la única manera de sentirse feliz y realizada. Daniela dice que su amor se está “desperdiciando” porque no encuentra un hombre en el que volcarlo.

 

Esta es otra visión del mundo bastante extendida, sobre todo unos años atrás. Parecía que el único modelo válido de vivir era el de pareja estable + hijos. Una mujer soltera, o con varios amantes, o sin hijos, o con hijos de cinco parejas diferentes, o monja, o viajera sin ataduras, se veía como un escándalo, no realizada o negada al amor. Con frecuencia las tres cosas a la vez.

 

Afortunadamente los tiempos han cambiado y hoy reconocemos que hay muchas formas de sentir y de vivir. Una pareja estable es una de tantas posibilidades. Para dar amor y recibir amor, sólo hace falta “un otro” que puede ser quien sea: una amiga, un amante, un hermano, niños necesitados, un vecino, un animal, una persona enferma, la naturaleza ¡quien sea!

 

Por poner un ejemplo, he conocido a algunas monjas de clausura que tienen un trato tan dulce y amoroso, y tanta felicidad en sus ojos, que ya quisieran tener muchas familias. También conozco a mujeres que, sin pareja estable, desprenden chispa, alegría y bondad (lógicamente están rodeadas de amigos, amigas y amantes varios, amor nunca les falta). Para otras personas, su vocación pasa por entregarse a una causa solidaria, y es ahí donde se realizan emocionalmente.

 

Es decir que el amor viene en muchísimos formatos… no hay unos mejores que otros, sólo son diferentes. Por eso la creencia de que “sólo el amor de pareja da sentido a la vida” es falsa. Basta quitarnos una gruesa capa de prejuicios para ver que el amor existe siempre que una persona toma la decisión de amar.

 

Cómo cambiar estos paradigmas o visiones del mundo

En definitiva, si queremos cambios duraderos y profundos en cualquier aspecto de la vida, tenemos que ir al origen. O lo que es lo mismo, a las creencias que aprendimos sin darnos cuenta y que conforman nuestra visión del mundo. Pero aquí surge una duda: ¿y cómo se cambia algo tan arraigado como lo que creemos profundamente?

A grosso modo, hay dos maneras, una rápida y poco dirigida, y otra lenta y dirigida.

 

La forma rápida de cambiar

Una forma habitual de que cambie nuestra visión del mundo es a través de eventos impactantes y que nos causan mucho dolor. Esta es la manera rápida (pero no fácil, como puedes advertir).

 

Seguro que conoces el caso de una persona que, a raíz de un accidente grave, la enfermedad terminal de un familiar, un divorcio, una quiebra, un hijo que nace con problemas o cualquier otro episodio traumático, cambió radicalmente su forma de ver la vida. Cosas que antes tenían importancia dejaron de tenerla, y cosas que la persona había pasado por alto se convirtieron en las más importantes.

 

Elisabeth Kübler Ross y David Kessler documentaron los cambios que experimentan las personas moribundas en su libro “Lecciones de vida”. Cuando alguien se encuentra de repente con la evidencia de que le quedan muy pocos días aquí, deja de poner tanta atención en el trabajo, el dinero o la opinión de los demás y le sobreviene la certeza de que el amor es lo más importante y que tantos miedos no tenían sentido. La forma de ver el mundo cambia casi de un día para el otro.

 

Sin llegar a estos extremos, cualquier crisis personal es como un golpetazo que nos pide despertar. Con las crisis, se nos derrumban muchas ideas que antes dirigían nuestra vida y, por ello, tenemos la oportunidad de construir otras nuevas, más amplias, más libres, más basadas en el placer y el amor que en el miedo y la rigidez.

 

Tal vez el verdadero sentido del sufrimiento sea este: revolvernos por dentro para que cambien nuestros paradigmas.

 

También puede suceder otra cosa: que nos sobrevenga una crisis personal y no cambiemos absolutamente nada. En este caso, todo el dolor y el sufrimiento generado será inútil y habremos desaprovechado una oportunidad para convertirnos en mejores personas.

 

En este punto, yo planteo: puesto que vamos a sufrir, es inevitable… ¿por qué no elegimos, además, aprender? ¿Por qué no aprovechar el dolor para hacer una limpieza de ideas, que ya no nos sirven, y generar otras nuevas?

 

La forma lenta de cambiar

Sin necesidad de atravesar ninguna crisis vital, podemos cambiar nuestra visión del mundo a través de un trabajo personal de revisar nuestra historia y cuestionar si eso que creemos, o que vivimos, es cierto o no.

 

Concretamente, podemos:

  • Relacionarnos con gente diferente para contrastar si hay maneras mejores, más saludables, de encarar los problemas que las que yo suelo llevar a cabo
  • Leer buenos libros y artículos de autoayuda, que me lleven al origen de lo que pienso, y trabajar sobre ellos
  • Preguntarme: ¿pensar esto me ayuda a ser mejor persona, o me limita? En el segundo caso, casi siempre estamos ante una creencia falsa
  • A veces cambiar por fuera puede ser el empuje para cambiar por dentro. Si soy una persona con baja autoestima, cambiar mi imagen suele ser un “disparador” que me lleva a realizar cambios interiores.
  • Comprender de dónde vienen mis miedos, o esa autocrítica destructiva, o esa rabia que no podemos controlar. ¿A qué estoy respondiendo? ¿A una situación presente o a una situación pasada que aún no he resuelto, y sigue “vibrando” dentro de mí?
  • Entender que somos personas en proceso y que podemos cambiar, pero para esto hace falta sabiduría además de fuerza de voluntad. Negarnos a mirar adentro de nosotros mismos (por pereza, por miedo, por “falta de tiempo”) nos entorpece en la consecución de nuestros objetivos.

 

En general, cualquier acción que nos haga personas más responsables y maduras, está trabajando en el nivel de raíz de los problemas.

 

Reflexión final

Sólo cuando “tocamos” esos paradigmas y esas ideas sobre el mundo, podemos cambiar de verdad las actitudes que nos molestan.

 

Daniela es una mujer que quiere ser feliz y vivir una relación de pareja plena, pero antes de lanzarse a la búsqueda de hombres, debería pararse a pensar en cuáles son sus ideas equivocadas sobre el amor. Por ejemplo, que el amor no es violencia (y si hay violencia, no es amor). Que merece ser tratada con respeto (aunque nunca le ocurriera con su familia). Que el amor es dar, no necesitar. Y que no hace falta una pareja para experimentar el amor, porque por todos lados hay gente dispuesta a recibirlo. Empezando por sí misma. Tal vez Daniela tenga mucho que trabajar sobre autoestima antes de lanzarse a buscar “el hombre perfecto”.

 

¿Y tú, también te ves atrapad@ en situaciones que no puedes cambiar, aunque lo intentas una y otra vez? Si es así, te sugiero que dejes de enfocarte en lo que haces, y te centres en eso que piensas y sientes. Revisa tus creencias, la forma en que ves el mundo, las cosas que piensas que no son posibles y qué cosas terribles te estás diciendo a ti mism@ todos los días.

 

La única forma de cambiar verdadera es la que empieza desde el interior. No desaproveches la próxima crisis vital. Y sobre todo, no desaproveches las oportunidades de indagar en ti que se te presentan todos los días.

 


Créditos de la imagen: thoroughlyreviewed.com

 

 

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15 Comentarios

  1. Muy buen artículo, Amparo. Es totalmente cierto que el TENER (amor, dinero, amigos, felicidad, etc) es la última etapa de una secuencia que empieza por SER, lo que nos lleva a HACER y por tanto a TENER. Cualquier cambio importante tiene que empezar necesariamente por mirar hacia dentro, aunque a veces es difícil identificar qué es lo que nos hace perpetuar determinado comportamiento. Un abrazo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Mar!
      Sí, es justo como dices, la secuencia de los cambios duraderos y profundos es SER –> HACER –> TENER. Es más lento que al contrario, pero a la vez muuucho más consistente. Lo estoy comprobando de primera mano, vaya! 🙂

      El quid de la cuestión está en determinar qué es esa mentalidad que tenemos que cambiar, claro… Es el punto más difícil. Es más, esto es lo que justifica la existencia de la psicología profunda y todos los sistemas de indagación del mundo. Me parece complicado que uno solo, de repente, se dé cuenta de en qué está fallando, por eso la mayoría de nosotros necesitamos estas vías, más o menos sistemáticas, de descubrimiento y aprendizaje, que pueden ser: 1) las palabras sabias de los demás, que en un momento nos permiten identificar qué patrón de pensamiento nos está atascando, por eso viene muy bien tener amigos distintos entre sí, para que nos den sus diferentes visiones; 2) los libros de autoayuda que se centran en el SER, en cómo funciona nuestra mente y nuestros sentimientos, más que los que nos animan a cambiar sólo la forma de actuar; 3) las terapias, sin duda, pero siempre que se centren en nuestro pasado, nuestra forma de pensar o revelar la sabiduría de nuestras emociones; 4) los momentos clave de la vida que nos obligan a mirar cara a cara nuestros valores (aquí el maestro no es un libro o una persona sino el destino mismo).

      Si no es por ninguno de estos medios, creo que es difícil darnos cuenta de que nuestra forma de pensar es la que nos está complicando la vida. Así que… a leer, a descubrir, a dialogar y a realizar introspección todo el mundo!

      Un fuerte abrazo, buscadora! 😉

  2. Hola Amparo. Qué hacer cuando descubres lo que debes cambiar, cuando realmente lo sabes, pero la cobardía puede más que todo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Clara,
      En esta situación que describes, lo más importante y lo más urgente para hacer es SER COMPRENSIVAS con nosotras mismas. Es decir, si hay miedo, por algo será, y hay que tenerlo en cuenta, al igual que se tienen en cuenta las ganas de cambio. No vale de nada querer cambiar, no poder, y entonces entrar en una espiral de autorreproche, culpa y autocastigo. Esa no es la manera de eliminar el miedo, al contrario, es una manera de reforzarlo.
      Si a mí una amiga querida me dijera que ya ha descubierto lo que quiere cambiar pero que se siente “cobarde”, lo primero la abrazaría y lo segundo le diría: ¡enhorabuena, ya sabes lo que tienes que cambiar, es un GRAN avance! No es tan sencillo saber cuál es la tecla que hay que pulsar, de hecho como le decía a Mar en el comentario anterior, esa es la parte más difícil de todas. En tercer lugar, después del abrazo y la enhorabuena, intentaría ayudar a mi amiga a ver qué pasa con ese miedo, cómo se puede minimizar, qué alternativas amables existen para lograr eso que quiere (en vez de las más duras y arriesgadas), a quién puede pedir ayuda, qué recursos puede desarrollar con paciencia para hacer frente a ese miedo etc.
      Pero lo primero, Clara, tratarse bien. Comprenderse y agradecerse la conciencia que se ha desarrollado. Un abrazo!!

      • Muchas gracias Amparo por tu respuesta, creo que es muy acertada. Un fuerte abrazo!!!

  3. María Teresa Responde

    Me ha encantado leer este artículo, me parece que da en el quid de la cuestión del cambio. Qué importante es conocer nuestras creencias y qué poco nos damos cuenta de ellas, al menos, yo. Es un artículo que me hace reflexionar y mirar hacia adentro. Muchas gracias Amaparo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola María Teresa!
      Gracias por tu comentario, me hace muy feliz saber que el artículo te ha invitado a “mirar hacia adentro” ese lugar donde se encuentran TODAS las respuestas… y que sin embargo rehuimos. Darse cuenta de las creencias que nos limitan no es nada fácil, de hecho suele hacer falta terapia o muchas horas de lectura/introspección, pero todo este tiempo merece la pena porque… sí, ahí en las creencias está la semilla de un cambio duradero y para siempre. Un abrazo!

  4. Acabo de suscribirme y estoy muy agradecida con lo que hasta ahora he leído, gracias por eso. Estoy pasando por una etapa un tanto triste en donde me siento como si estuviera en un mal sueño. No disfruto nada, no me emociona casi nada, lloro casi todos los días. Esto por la reciente aparición de un ex. Sin alargarme demasiado, me gustaría preguntar, cómo puedo salir del hoyo emocional en el que me siento, cómo perdonarme, cómo no sentir más las culpas pasadas y enfocarme en ser mejor cada día. De corazón, muchas gracias por tu respuesta.

    • Amparo Millán Responde

      Querida Sonia,
      Me conmueve mucho tu mensaje. Es una buena pregunta ¿cómo salir del hoyo emocional, cómo perdonarse y amarse a uno mismo, cómo ir puliendo nuestros defectos y ser mejores personas? Diría que dos maneras: a través de la reflexión activa y a través de la acción, y en contra de lo que a muchos les parezca, es más importante el primer paso (la reflexión o toma de conciencia) que el segundo.
      Estás pasando por un momento complicado… y eso percibo que está en tu destino. Quiero decir que “toca”. Aunque el primer impulso de todos nosotros es salir cuanto antes de las situaciones dolorosas, y evadirnos con el trabajo y los placeres, yo te diría que hicieras justo lo contrario: que aceptaras que este momento de tu vida es de introspección, de reflexión, de REVISIÓN de qué es lo que has hecho hasta ahora, qué buenas y malas decisiones has tomado, dónde te desviaste del camino y por qué. Este proceso de introspección-revisión, para que tenga resultados positivos, hay que hacerlo de forma amorosa, sin juzgarse duramente, sin castigarse, sin criticarse, sino COMPRENDIENDO que tomamos decisiones erróneas desde nuestra inexperiencia, o nuestra desconexión histórica, o nuestras carencias, o nuestras heridas.
      ¿En conclusión? Lee mucho. Escribe mucho. Sigue llorando. No pretendas “disfrutar” de las cosas porque no es lo que pide esta etapa de tu vida (los malos sueños hay que atravesarlos, no podemos huir de ellos porque vuelven a aparecer la siguiente noche). Haz terapia si lo consideras oportuno. Y a modo de hábito, haz cada día una cosa positiva y amorosa hacia ti misma, por pequeña que sea.
      Sé que es una respuesta muy general, pero espero haberte respondido. Un fuerte abrazo Sonia, y tranquila que vas por buen camino

  5. Hola!!, muchas gracias por tú artículo. Es bello e inspirador,sobre todo para aquellos que como yo estamos en esa batalla del cambio interior, hartos de tratar de poner parches.

    Una cosa me ha llamado la atencíon: Mujer sin pareja estable, y féliz, añades que LÓGICAMENTE está rodeada de amigos y amantes. Creo que sin querer caemos en otro cliché de la soltería. Mujer sola y sin hijos es mujer realizada profesionalmente y con vida social activa. ¿Y si no es así?, y si la solteria es una etapa necesaria para la introspección y la ruptura de cadenas, en la que prima la soledad, buscada o no, y no repercute positivamente en tu trabajo, ni negativamente, ni en tu vida social, que es la misma que con pareja, o incluso más limitada. Y si los amantes no se te acumulan, al contrario, prefieres evitarlos por un tiempo, ¿no es acaso lógico tambien?. Y una pregunta me gustaría hacerte ¿Se puede ser feliz en soledad, durante una transición?, me refiero a que si las épocas de cambio son siempre dolorosas, o se pueden enfocar de otra forma.

    Muchas gracias!!!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Marta,
      Me ha encantado tu comentario: efectivamente, los cambios exteriores sólo son PARCHES que duran lo que duran, y siempre revelan algo mucho mayor y más profundo que debe ser encarado.
      Sí, totalmente, una mujer sola y sin hijos no tiene por qué tener pareja/amantes. Pongo ese ejemplo porque el artículo responde a una pregunta de una persona que busca el amor de un hombre, y es una manera de decir que ese amor no tiene por qué venir en formato “marido” sino que puede venir de otras maneras.

      Lo que comentas de la soltería como etapa de introspección… Sí, muy cierto. De hecho, todos pasamos (estemos solteros o en pareja, o incluso con hijos) por etapas en las que nos apetece recluirnos un poco, ver a muy poquita gente, estar con nuestros pensamientos la mayor parte del día. Estas etapas son tan necesarias como las de intensa vida social. Son momentos para desconectar del mundo exterior y contactar con lo auténtico de nosotros mismos. Sobra decir que después de estos mini-períodos de aislamiento (que pueden durar unas horas o unos meses) salemos al mundo con la vitalidad y la sociabilidad renovadas.

      A la pregunta “¿Se puede ser feliz en soledad, durante una transición?” yo te respondería de la siguiente manera: ¿qué es lo que buscamos durante un momento de transición o soledad? ¿Felicidad o… APRENDIZAJE? Porque si lo que buscamos es aprender, conectar con nosotros mismos, revisar el pasado, sanar heridas, etc. la felicidad la verdad que nos da un poco igual. Sí, habrá momentos dolorosos y momentos de paz, pero no creo que el foco de un momento de introspección sea “ser feliz”. Las épocas de cambio suelen ser convulsas y hay un período de duelo… esto no significa que sean TERRIBLES, de hecho pueden ser épocas de paz, de calma interior, de VERDAD… Pero claro, si nos agobiamos porque no nos sentimos felices y exultantes lo vamos a pasar mal. En conclusión: no siempre la felicidad es el objetivo a medio plazo, a veces el objetivo debería ser otro: aprender, conocernos más, amar más y mejor, soltar lastre, etc.

      Espero haberte respondido, un fuerte abrazo!

  6. Rudis Ester Cabrera Montero Responde

    Hola Amparo , en mí caso me gustaría saber cómo hacer que mi parejas cambie el comportamiento destructivos que emite cuando yo trato de instalar un diálogo, relacionado a algo ,que para mí puede ser simple y para él es polémico siempre llega al grado de que yo me sienta que la relación de nosotros debería de terminar , mi permanencia con él insiste en que él tuvo una crianza diferentes a la mía y tolero un tanto sus polémicas, es un tanto difícil es querido ayudarlo en algunas ocasiones pero no se deja.Me serviría de mucha ayuda algunos tips que puedas darme.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Rudis,
      No existen “tips” qpara que tu pareja cambie un comportamiento destructivo hacia ti. En primer lugar, porque ni tú ni nadie puede cambiar a otra persona si ésta no quiere hacerlo, o sea que si tu pareja se niega a cambiar hay poco que hacer. En segundo lugar, porque una actitud agresiva tiene muchos componentes y muy complejos y no sirven los consejos sencillos.
      Lo que sí te invito a ver es qué de beneficioso sacas tú de estas polémicas (y es por esto por lo que te resistes a abandonar la relación). Hace unos días hice un audio en el que respondo a una clienta que planteaba una situación similar, lo tienes aquí por si quieres escucharlo: ¿Te cuesta tomar decisiones? Quizás no quieres pagar los precios

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