Desde pequeñitos se nos ha insistido en la importancia de ser generosos y dar. Prestar nuestros juguetes a los demás, ayudar, donar, escuchar, halagar, «ser buenos» y ese tipo de cosas.

Sin embargo, no se le ha dado la misma consideración al acto que es justamente el complementario de dar: el recibir. Y este olvido es curioso porque siempre que alguien da, hay otra persona que recibe.

Párate a pensarlo un momento: si tú das, significa que alguien está recibiendo y si tú recibes algo, es porque otra persona ha tenido la generosidad de ofrecértelo. Dar y recibir son acciones que siempre van juntas y no pueden producirse la una sin la otra; entonces, ¿por qué ese enfoque en el hecho de dar, y esa especie de tabú en el acto de recibir, del que tan poco se habla y nos enseñan?

Pensando en términos de equilibrio, lo propio sería que todas las personas demos y recibamos a partes iguales, con completa naturalidad. Pero esto no siempre ocurre y se crean dos situaciones enormemente dañinas.

  • Por un lado, la de aquellas personas que sólo buscan recibir de los demás, a veces de manera insaciable, pero son incapaces de dar, ofrecer, ser generosas (lo que se viene siendo el egoísmo de toda la vida, vaya) o incluso de agradecer. Este artículo no está destinado a ese tipo de personas para las que nunca es suficiente y todo sacrificio es poco, porque en su caso minusvaloran continuamente lo que reciben de los demás.
  • La segunda situación dañina en este tema del dar-recibir es más sutil pero sigue siendo perjudicial para el que la sufre: la de aquéllos que se olvidan de recibir y lo que es aún peor, que sienten que no lo merecen.

 

Quiero que nos centremos en esta segunda problemática: la de quienes no se abren a, o les cuesta mucho, recibir las bendiciones de la vida, los halagos, los favores, el dinero o el amor.

Este tipo de personas, en primer lugar, se sienten realmente incómodas si alguien les halaga o les reconoce que han hecho algo bien. En segundo lugar, a quienes les cuesta recibir les resulta también difícil pedir ayuda o creen que si lo hacen deben ofrecer algo a cambio obligatoriamente (¡muy interesante esto! porque una cosa es pedir ayuda desinteresada y otra creer que cada acto debe ser una transacción donde cada uno da el 50%). Por último, la dificultad de recibir también está relacionada con la dificultad de dar sin condiciones, y es posible que personas que se sientan poco merecedoras sientan rencor cuando el otro no les agradece lo que han hecho o no les devuelve el favor.

¿Cómo salir de este círculo vicioso de no abrirnos a recibir? ¿Qué hacer para ver esta acción como algo natural sin caer en el egoísmo? A continuación expongo algunas ideas.

Qué hacer si te cuesta recibir halagos, amor o dinero
¡Pinea esta imagen!

 

La autoestima: ¿te crees realmente merecedor de afecto?

Empecemos hablando de autoestima, que tiene mucho que ver en esta dinámica de dar-recibir. Un componente esencial de la misma es creernos, sincera y profundamente, merecedores de afecto y consideración. Para la persona con una autoestima saludable sería natural esperar recibir de los demás ayuda, halagos, beneficios o favores, de la misma manera que sería natural hacer cosas positivas por los demás.

Si habitualmente te cuesta recibir mira a ver si hay una creencias profunda y arraigada en ti que dice «no me lo merezco» o «me merezco, pero sólo hasta cierto punto» o «no me lo merezco a no ser que haga X».

Sobre esto no quiero meterme mucho (puedes leer un poquito más en este artículo) pero a poco que cuestiones esta frase te darás cuenta de lo absurdo que es pensar que mereces menos que los demás. Todos los que estamos en este camino que es la vida hemos nacido con los mismos «derechos divinos» que digamos, la misma aspiración a la plenitud y a la felicidad.

Nacemos todos con una cuota de merecimiento igual e intacta pero luego, también llevados por nuestras acciones, unos recogemos más frutos y otros menos. En lugar de pensar que «no te mereces algo» que no deja de ser un pensamiento abstracto y vago, piensa más bien si te lo has ganado. Porque si es que sí, entonces no tiene sentido pensar que no lo mereces, ¡si has luchado por ello, has puesto el corazón, es un deseo bueno para ti y para los demás!

Revisa tu autoestima para ver dónde está ese nudo que te dice que no eres completamente digno/a de los éxitos, y luego también te invito a reflexionar sobre esta cuestión fundamental:

¿Es positivo para ti o para el mundo pensar que no mereces algo? ¿Le ayuda a alguien, te ayuda a mí mismo, ese auto-odio o ese rechazo de lo que te niegas a recibir?

 

Patrones negativos en el dar-recibir

En segundo lugar, hay muchas personas que desconfían del hecho de recibir, o se sienten obligadas a dar siempre de vuelta algo a cambio, sea una palabra o un favor, lo que hace que al final (inconscientemente) rechacen la ayuda y las palabras bonitas.

Pienso que esto ocurre porque hemos interiorizado patrones negativos en el tema del dar-recibir, que en vez de ser dos acciones generosas y espontáneas se convierten en «doy pero espero algo a cambio» o «exijo en vez de recibir sin expectativas».

Pensemos un momento en qué significa la palabra recibir… Para mí, tiene que ver con ACEPTAR plenamente algo que otra persona ha elegido darte libremente.

Recibir, por tanto, no debería implicar la acumulación de una deuda (como esta típica madre sufridora que reclama lo que «le corresponde» con frases como: «ay, con todo lo que he hecho por ti y así me lo agradeces…«) o ser producto de la manipulación (cuando hemos convencido sutilmente a otro de que nos ayude, aunque no le apetecía). Ambos casos generan odio y resentimiento tanto en el que da como en el que recibe.

Por ello, la segunda cosa para analizar si te cuesta recibir, después de la falta de merecimiento, es si durante tu vida has ido incorporando estos patrones de intercambio negativos.

Si siempre te han dado de manera CONDICIONAL, si cuando recibías algo no era desde la libertad y el gozo, sino desde la sensación de culpa o sabiendo que «tenías que hacer algo de vuelta», es lógico que tengas cierta aversión al hecho de recibir. Porque siempre has sabido que ese tipo de intercambio no era sincero y escondía manipulación.

Por eso mi sugerencia es que dediques un tiempo a analizar cómo han sido las dinámicas de dar y recibir durante tu infancia y tu juventud. Revisa si habitualmente tus padres o personas muy queridas te manipulaban a través de actos o palabras que parecían generosos, pero que en el fondo buscaban que te comportaras de cierta manera.

Revisa luego también si tú, de forma inconsciente, has obrado de esta manera con los demás: ofreciendo a los demás tu ayuda porque esperabas recibir algo muy concreto a cambio, aunque sea de forma muy sutil.

La acción de dar siempre debe de ser generosa. Y si no lo es, llamémosle de otra manera: contrato, transacción, exigencia, norma, negociación, como sea, pero no dar. El dar debe ser desprendido y sin expectativas.

Otro tema es que elijamos romper una relación porque sentimos que siempre damos nosotros, de forma unidireccional, y esto también es perfecto. Porque no dar también es una opción, y muy válida además. Podemos aportar, ofrecer, entregar hasta cierto punto y luego, si sentimos que nunca nos viene nada de vuelta, con toda libertad nos marchamos y decimos «no, se acabó, no quiero dar más» y está todo bien.

Mi consejo es que si vas a hacer algo de forma condicional, mejor no lo hagas. Si ceder en un asunto te incomoda y no le ves ningún beneficio, mejor no cedas. Si en un intercambio esperas recibir algo a cambio (por ejemplo en un intercambio económico: tú das un servicio a cambio de dinero) exprésalo de forma clara, porque también es honesto. Lo que no te aconsejo es dar ESPERANDO recibir algo a cambio sin dejarlo claro, o querer manipular al otro por medio de palabras cariñosas o favores.

En resumen: aprender a recibir implica, también, aprender a dar de manera más limpia y sincera.

 

Entrenando la comodidad a la hora de recibir halagos y felicitaciones

Cristina es una mujer amable, profesional y trabajadora, por ello muy bien valorada por sus  supervisores, con los que mantiene una relación cordial y puede hablar de cualquier cosa. No obstante siente una terrible incomodidad cuando alguno de ellos reconoce su esfuerzo o halaga su forma de hacer las cosas; en estos momentos se apresura a contestar algo así como: «Bah, si no tiene importancia, cualquiera podría hacerlo» y espera que la conversación vaya por otros derroteros. Un bonito momento de felicitación se transforma, por su miedo a recibir, en un momento de tensión.

Con la mano en el corazón, ¿cuántos de nosotros no hemos hecho eso alguna vez? ¿Qué nos pasa que no podemos aceptar un reconocimiento, sin más? ¿Por qué queremos que nos trague la tierra cuando alguien alaba un trabajo bien hecho en el que, efectivamente, hemos puesto el corazón y ha salido espectacular?

Atreverse a recibir no sólo implica revisar nuestra autoestima y los patrones en el dar-recibir sino que, a nivel práctico, consiste en cambiar esa sensación de incomodidad o malestar cuando alguien nos da algo por la gratitud. Aceptar ese regalo, sin más, sin pensar en qué vas a hacer a cambio y simplemente agradecerlo.

Es verdad que estas respuestas de «bah, no es nada, era muy fácil» nos salen de forma tan automática que nos llevará un tiempo cambiarlas por un simple «Me alegro, muchas gracias» pero de eso se trata: de prestar atención a nuestro lenguaje e ir cambiando esta reacción poco a poco.

Te invito a que te entrenes cada día en aceptar y agradecer los regalos de los demás en forma de palabras o gestos. Por ejemplo, no te escondas cuando recibas un halago acerca de tu aspecto físico («esa ropa te sienta genial») o si alguien exalta una cualidad tuya («vaya, veo que eres muy creativo»). En segundo lugar, no digas justo después de que alguien te diga algo bonito algún defecto como para «contrarrestar», algo que también hacemos muchísimo («bueno sí, soy creativo, pero también pierdo mucho el tiempo, así que…»).

Ve trabajando poco a poco la manera de comunicarte con los demás y, en vez de rechazar o sentir tensión, empieza a agradecer lo que te ofrecen generosamente y considéralo una pista de que estás haciendo las cosas bien.

recibir

 

Atrevernos a pedir

Si seguimos profundizando en nuestra interacción con los demás llegamos a un escalón superior que ya no es sólo pasivo (recibir) sino en el que tenemos que expresar una necesidad de manera activa, es decir, a través del acto de pedir.

Pedir ayuda es todo un arte. Hay que hacerlo sin miedo, con seguridad, con la convicción de que merecemos esa ayuda, pero siempre desde un sitio de no manipulación entendiendo que el otro puede negarse a lo que le pedimos.

Saber pedir ayuda es fundamental porque, lo queramos o no, siempre vamos a necesitar directa o indirectamente de los demás ya que la independencia absoluta NO EXISTE.

Dependemos de que otros produzcan nuestros alimentos, los almacenen, los transporten y nos los vendan. Dependemos de los que construyen nuestras casas, carreteras, ordenadores o gomas de borrar. Dependemos también de que algunas personas nos enseñen, nos cuiden o nos protejan y de los artistas que crean obras para nuestro deleite. Podría seguir con ejemplos hasta el infinito.

Hemos de reconocer que no somos independientes, sino más bien interdependientes, porque si no estaríamos en la posición soberbia del que dice «no necesito nada de nadie» y esto es totalmente falso. Puesto que somos interdependientes, física y emocionalmente, pedir ayuda es algo que haremos muchas veces en la vida, y también tenemos que verlo con naturalidad.

Algo que he observado es que a las personas que les cuesta recibir también les resulta difícil pedir ayuda (y si no, mira si es tu caso). Es cierto que cuando reconocemos que no podemos o no queremos hacer algo solos nos colocamos en una situación de cierta debilidad, pero paradójicamente, contar con la colaboración de otras personas para superar una dificultad es un acto también de enorme poder.

Si necesito algo y solo no puedo hacerlo, y pido ayuda para completarlo, estoy haciendo algo bueno por mí mismo y por el mundo. Pedir la ayuda que necesito, de manera correcta, es un acto de amor y poder en toda regla. Lo que sería estúpido es quedarme anclado en una situación desagradable por soberbia («no necesito ayuda de nadie, tengo que valerme por mí mismo siempre») o por sentimiento de pequeñez («no merezco ayuda de los demás»).

¿Quieres mejorar el mundo? Empieza por mejorarte a ti mismo, y si necesitas ayuda para esto haz el favor de pedirla porque con ello nos beneficiamos todos.

 

Diferentes personas y diferentes momentos implicados

No quisiera acabar este artículo sobre el dar y el recibir sin comentar algo que he constatado en varias ocasiones y es lo siguiente:

Este intercambio (alguien da, alguien recibe) no siempre se produce entre las mismas personas o en el mismo período de tiempo, y esto tenemos que entenderlo si no queremos caer en el rencor.

Por ejemplo, seguro que alguna vez has tenido un pequeño accidente y alguien que estaba por allí te ha ayudado (¡y menos mal!) pero eso no significa que tengas una deuda pendiente con esta persona específica o que deberías recompensarla de alguna manera. Tú estabas en su camino y en esa circunstancia a ella le tocaba dar y a ti recibir, con lo cual este intercambio no ocurrió para ser recíproco.

Del mismo modo, cuando das algo desinteresadamente a una persona, a veces no es esta la que te corresponde o no en ese mismo momento, pero curiosamente luego te llega ayuda o un regalo de vuelta por otro lado.

Revisando mi vida personal me he dado cuenta que hay personas que, en promedio, me han dado más a mí de lo que yo les he dado a ellas y viceversa: otras personas han recibido más de mí que yo de ellas. Y está bien. Digamos que Dios, la vida o el universo crea redes en las que los dones entregados y recibidos suceden entre diferentes personas y/o en momentos muy separados en el tiempo, y es perfecto que así sea.

Por otro lado, a veces el ciclo de dar y recibir va en una sola dirección, como ocurre en las relaciones jerárquicas. Los padres dan a los hijos y lo propio es que éstos pasen el amor a la siguiente generación, no que traten toda la vida de «devolver» el amor a sus padres.

De la misma forma, recibimos inspiración y estímulo de diferentes maestros y lo mejor que podemos hacer es transmitir el legado recibido a otras personas, no «reenviarlo» a los que nos enseñaron, sería ridículo.

En definitiva:

Cuando des a alguien, no esperes que sea recíproco. Y cuando recibas de alguien, tampoco. Eso sí: de alguna manera la vida te irá poniendo en el camino a personas que te ofrecerán ayuda o consejos en el momento adecuado - ¡Twitea esto!

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Resumen y conclusión

Sé que acabas de leer un artículo muy largo y con mucha información, por eso ahora voy a darte un resumen esquemático para que no te sientas abrumado de tantas cosas que se han hablado aquí. Pero quiero permitirme, antes de terminar, una última idea (y te prometo que esta vez sí que será la última). Quiero que leas y pienses detenidamente en la siguiente frase:

Nadie se está beneficiando de tu miedo o rechazo a recibir.

Así es. Cuando rechazas palabras, favores, dinero, halagos o cualquier cosa que te ofrecen los demás de manera sincera, no hay ningún beneficiado.

La persona que te otorga ese regalo se puede sentir (con toda razón) ofendida de que no lo recojas, y a ti tampoco te sirve de nada cerrarte a la abundancia y las bendiciones de la vida.

No saber recibir no es una actitud humilde ni virtuosa, es una actitud perjudicial para ambas partes.

Dicho esto, ¿cómo puedes entrenar tu capacidad de recibir? A través de estas 5 vías:

  1. Revisa las creencias relacionadas con el no merecimiento. ¿De verdad te sientes menos que los demás? ¿Por qué, quién te hizo creer eso? Fortalece tu autoestima a través de la comprensión de que el mundo necesita a una persona poderosa e íntegra, y alguien que cree que «no merece todo lo que quiere» no tiene estas cualidades.
  2. Revisa también los patrones negativos en el dar-recibir que han ocurrido durante tu vida. Puede ser que tengas aversión al hecho de recibir porque en tu historia personal te han ofrecido cosas como forma de manipularte, hacerte chantaje o te han reclamado lo que un día te dieron. Desenmascarar estos patrones negativos es la única forma de liberarse de ellos.
  3. Cambia la incomodidad por la gratitud cada vez que alguien te haga un piropo felicite por un trabajo bien hecho. Sí, aunque te cueste, aunque te pongas rojo de vergüenza, di simplemente «gracias» cuando esto ocurra y reprime ese «bah, no es nada, no me digas eso».
  4. Aprende a pedir ayuda. No esperes todo el rato recibir de los demás lo que necesitas, atrévete a pedirlo, a insistir si hace falta, paga por ello si es necesario. Pide de forma sincera, transparente y vehemente y en algún momento tu petición será atendida.
  5. Comprende el ciclo de dar-recibir a veces involucra a distintas personas y no sientas rencor por lo que otros no te dieron o no te darán. Confía en que una acción buena y desinteresada tendrá su recompensa, quizás por derroteros que no esperas.

 

Ahora es tu turno, el momento de sacar tus propias conclusiones sobre tu apertura a la hora de recibir o los sentimientos de deuda, incomodidad o rencor asociados a este hecho.

Espero que este artículo te haya sido útil y que, a partir de ahora, actúes con más naturalidad y frescura a la hora de dar y recibir, porque realmente son dos cosas que estamos haciendo todo el tiempo.

¡Buena suerte en ello!

 

P.D. Parte de mis reflexiones se han producido tras escuchar esta poderosa entrevista de Carlota del Pozo a Paula Lacobara, así que os la recomiendo a todos.

 


Créditos de las imágenes:

Imagen destacada:  Sin título, de Lauren Rushing, a través de Flickr Creative Commons.

Imagen 2: Sin título, de Lauren Rushing, a través de Flickr Creative Commons.

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22 Comentarios

  1. Pues es la primera vez que te leo y me ha encantado, así que voy a ver si me centro mas en agradecer cuando me digan algo bonito en lugar de sentirme incómoda 🙂
    (Que ahí me he visto un poquito reflejada)

    • Amparo Millán Responde

      Hola Tomasi,

      Muchas gracias por comentar y BIENVENIDA al blog 🙂 Todos los sábados publico un artículo relacionado con el bienestar emocional o profesional, así que cuando te apetezca pásate por aquí.

      Como digo en el artículo, pasa un tiempo hasta que cambiamos esa respuesta automática de incomodidad cuando nos dicen algo bonito. Lo primero que hay que hacer es REGISTRAR que nos pasa cuando se da esta situación. ¿Me ruborizo? ¿Me siento atacada? ¿Siento en lo más profundo de mí que no lo merezco? ¿Digo cosas como «bah, no es nada» «todo el mundo podría hacerlo» «sí, pero mira lo que hago mal»? Una vez que tenga bien registrado lo que hago, entonces podré pensar en alternativas diferentes…

      Es un trabajo relativamente fácil, pero que requiere paciencia y estar atenta a lo que siento.

      Buen sábado y un abrazo!

  2. Hola, Amparo,
    Me repito mucho, pero es que es la verdad: tus artículos son perfectos, para mí; me reconozco en gran parte de tus escritos; cualquiera diría que estoy en «Gran Hermano»…..jejejeje.

    También cansa el dar sin recibir..Cierto es que cuando se da por gusto, nadie te ha pedido nada y lo haces porque quieres, porque has pensado en esa persona y a lo mejor te hace mucha ilusión; así que,no esperas que te hagan la «ola» durante 10 años, pero un «gracias» no estaría mal. Entonces, aprendes que hay personas que no merecen ni tu tiempo ni tu cariño, pero mientras tanto has tenido un «desengaño» que puede doler más o menos.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Yolanda,

      No te cortes en decirme que te gustan mis artículos o que CONECTAN con lo que sientes, porque a mí me encanta escucharlo, jajaja. En serio, yo cuando escribo algo y lo releo (muchas veces) siento para mí que es bueno, que he dicho lo que quería decir de la forma que quería, pero hasta que no me llegan vuestros comentarios o vuestros likes en Facebook no sé realmente que ha sido así también para los lectores. Así que gracias por comentar y resolver esta duda interior de «¿ha quedado bien?» que me surge con cada artículo 🙂

      Ese tema de dar sin recibir… Bueno, casi merece un post aparte. He mencionado brevemente a esas personas egoístas que sólo exigen incansablemente a todo lo que se mueve, y que paradójicamente no se llenan nunca. Muchos entregamos todo a estas personas y luego queda tan poquito para los demás… Hay que leer a Laura Gutman para entender que esas dificultades en dar -y en recibir- provienen del profundo DESAMPARO MATERNO que hemos experimentado casi todos al inicio de nuestras vidas, y del que obviamente no nos acordamos e incluso renegamos (y decimos «¡pero si yo fui amadísima y cuidadísima en mi infancia! ¡mi madre no paraba de darme su amor y su compañía! cuando esto NO es cierto…) En fin, que me lío, tengo que hablar de Laura Gutman y de la infancia abiertamente, pero creo que aún no ha llegado el momento.

      Y volviendo al dar sin recibir… Yo creo que DAR con RENCOR, algo que hacemos muchísimo, no sirve de nada, es más nos va amargando la vida. Es preferible no dar, si no nos lo agradecen o si nos sentimos mal después.

      Hoy la que me he enrollado he sido yo. ¡Un abrazo!

      Amparo.

  3. Hola guapa,
    un artículo excelente, como siempre.
    Me han venido a la cabeza muchos momentos en los que he usado el defecto para contrarrestar, creo que tiene que ver con aquello de que debemos ser humildes. Si no dices también lo malo parece que lo escondas al aceptar el alago o que te lo tienes creído si sólo das las gracias… es una chorrada supina pero quizás venga de ahí, de una forzada humildad.

    Luego también he recordado cómo en las enseñanzas buddistas cada vez que aceptas que alguien te regale algo por el motivo que sea, tú también estás dando algo muy importante y es la oportunidad de que otro realice un acto altruista, genere buen karma gracias al ejercicio de una acción virtuosa. Te hace ver el hecho de recibir como algo generoso también, eso cambió mi paradigma hace mucho tiempo.

    Lo dicho, gran post por no variar. Un abrazo enorme!
    Lou

    • Amparo Millán Responde

      Hola de nuevo Lou 🙂

      Lo de contrarrestar es algo taaaan común. Lo has hecho tú, yo y todos. Es típico: «qué bien te queda este vestido/camiseta» y la contestación «ya, pero porque me disimula los kilos de más». O bien «qué trabajo tan excelente has hecho» y la respuesta «ya, pero porque le he dedicado muchas horas, yo no soy tan inteligente para hacerlo bien y rápido». Pffff, hay que salir de eso.

      Tu apunte sobre el budismo me ha ENCANTADO. Qué gran frase «cada vez que aceptas que alguien te regale algo, tú también estás dando algo muy importante: la oportunidad de que otro realice un acto altruista». Es completamente cierto… Realmente no aceptando o no recibiendo con gratitud no estamos beneficiando A NADIE.

      Un comentario realmente genial, muchas gracias y otro fuerte abrazo!

  4. Un excelente artículo, sobre algo de lo que se habla poco y que quizá tenga más trascendencia en nuestra actitud ante la vida de lo que parece a simple vista.
    Me despierta otros interrogantes, al hilo de situaciones personales sobre las que últimamente reflexiono bastante. Porque ¿no es quizá esa reticencia a recibir halagos, aprendida desde la infancia sin duda, lo que nos puede hacer adoptar un perfil bajo en el ámbito profesional? ¿Puede eso (además de otras cosas, como el miedo a fracasar, etc) hacer que no nos atrevamos a mostrar en todo su esplendor nuestras facetas más brillantes, que han quedado sepultadas bajo otras actitudes en las que nos sentimos más «cómodas»? ¿Y cuánto de soberbia (que al fin y al cabo es inseguridad, creo yo…) hay en el hecho de hacer favores y ayudar sin permitir que nos ayuden a nosotros?
    Me encantaría conocer tu opinión. Un abrazo y gracias por tus emails.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Mar,

      Bienvenida al blog y gracias por comentar y compartir esa reflexión tan estupenda!
      Efectivamente, esa reticencia a recibir la consideración de los demás nos perjudica MUCHÍSIMO en el ámbito profesional. Si nosotros mismos nos negamos sistemáticamente nuestro valor (disfrazándolo de falsa humildad) ¿cómo pretender que otros nos lo otorguen? ¿por qué nos quejamos de que otros no sepan ver todas nuestras cualidades cuando los primeros que tenemos miedo de ellas somos nosotros?

      Como bien apuntas, no nos han enseñado desde niños lo importante que es sentirse cómodo con nuestro propio brillo y nuestro propio poder. Claro, es que en ese caso, seríamos una sociedad más incómoda… Es más fácil de manejar a quien SE SOMETE y se niega ocupar el lugar que le corresponde que a quien sabe con naturalidad y sin ostentación de lo que es capaz.

      Creo que el trabajo o el emprendimiento profesional son lugares muy buenos (que no los únicos) para empezar a estudiar cómo reaccionamos en esto del dar y recibir. Uno tiene que hacer un trabajo interior tremendo, y no sólo formación, cuando quiere vivir de una profesión que ama o ocupar el lugar que merece en una empresa. Me encanta que hayas sacado este tema porque es algo que a mí, como mujer profesional y reciente emprendedora, me afecta mucho y en lo que he tenido que trabajar bastante… ¡y sigo!

      Por último, lo que mencionas sobre la soberbia ES VERDAD. Hacer favores y no permitir que otros nos correspondan nos coloca en un lugar superior, del que «da y no necesita nada». Rechazar la ayuda, los halagos o el favor del alguien también es despreciar.

      Muchas gracias por comentar y si quieres apuntar algo más o seguir con el debate, yo encantada 🙂 Adoro que me hagáis pensar!!
      Un abrazo.

      • Gracias, Amparo, por tu completa respuesta a mi comentario.

        Es un tema de mucho calado, más pienso en él y más lejos me lleva 🙂 La cuestión es que, aunque obviamente un primer paso es darse cuenta de lo limitante que puede ser esa actitud, en el ámbito profesional, que es el que a mí ahora mismo más me preocupa, es difícil superar actitudes que tenemos arraigadas desde hace tanto tiempo. Me doy cuenta de que, sin proponérnoslo, e incluso proponiéndonos lo contrario, adoptamos o nos otorgan roles parecidos en circunstancias parecidas con gente diferente. Eso sin duda es debido a nuestra actitud. Salir de esa zona gris en la que nos ubicamos con nuestro rechazo a recibir puede ser muy complicado.

        Por cierto, aprovecho para darte las gracias por el estupendo ebook con que nos obsequiaste. Me está siendo tremendamente útil y clarificados.

        Un abrazo.

        • Amparo Millán Responde

          Hola de nuevo Mar, y muchas gracias por comentar de nuevo y proseguir con el debate 🙂

          Dices «en un tema, cuanto más pienso en él, más lejos me lleva», ¡pero claro, qué bien! Precisamente creo que esta es la parte más fascinante y creativa del conocimiento: que una reflexión nos lleva a la siguiente, y a la siguiente, cada vez de forma más amplia y más profunda.

          Lo que comentas del tema de los roles es muy interesante (Laura Gutman habla muchísimo de esto cuando comenta lo de los «personajes» que adoptamos en la vida). Efectivamente, hay personas que, no sabemos por qué, desprenden un halo de respeto y elegancia que consiguen que gente muy diferente se comporte ante ellas de forma agradable, respetuosa. Y otras personas que se minusvaloran y a las que «les pasa de todo», y que reciben «palos por todos lados» como se suele decir, incluso aunque vayan en estado sumiso y con buenas intenciones. Darse cuenta de que uno está desempeñando un determinado papel o rol es de suma importancia, porque si no nos pasamos la vida pensando que qué mala suerte tenemos, y que siempre nos tocan los compañeros y los jefes más desagradables. Y no es del todo así: cada uno de nosotros tenemos mucho que ver con nuestras circunstancias, más de lo que pensamos. Por ejemplo muchas personas con baja autoestima ELIGEN (aunque inconscientemente) una pareja que perpetúa esa falta de valoración y de respeto hacia sí mismas; lo eligen, no es fruto ni de la casualidad ni de la mala suerte, por increíble que parezca.

          Ahora bien ¿cómo dejar un personaje desagradable? ¿cómo salir «de esa zona gris en que nos ubicamos», como comentas? Por un lado tenemos que hacer un ejercicio de introspección que nos permita determinar por qué asumimos este personaje o rol y no otro, y registrar cuándo entra en acción. Por otro, en el eBook propongo ejercicios muy sencillos, pero muy efectivos si se hacen a lo largo del tiempo, para empezar a cambiar la relación con nosotros mismos y querernos más a partir de ACTOS DE AMOR CONCRETOS, y no sólo palabras.

          Espero que mi respuesta te haya ayudado. Y no sabes cuánto me alegro de que el ebook te esté gustando y resultando útil 😀

          Un abrazo!

  5. Hola amparo! Te he conocido hace poco, unos 10 dias, y la verdad k tu articulo de esta mañ me ha gustado especialmente y has conseguido k m pare a reflexionar sobre ciertas cosas k no me habia planteado hasta ahora. Estoy deseando leerte la próxima semana. Un saludo

    • Amparo Millán Responde

      Hola Sara, bienvenida al blog y muchas gracias por tu comentario.

      Me alegro de que este artículo te haya hecho reflexionar. De eso se trata, de que veamos las cosas de forma más completa a como las hemos visto hasta ahora (por ejemplo, no ver adecuado sólo el acto de dar, sino también el de recibir).

      La próxima semana más, por supuesto. 🙂 ¡Un abrazo!

  6. Buenos días! muuchos de los comentarios pasan por lo de «Doy sin esperar nada» y esa persona o no se entera de nada o no es para nada agradecida, porque realmente estoy perdiendo el tiempo y la ilusión,…. comparto por completo lo expuesto en el artículo y también lo comentado por Yolanda, creo que hay que saber a quién le das, entendiendo este acto como un acto de amistad y honestidad, y creo que todo el mundo ha pasado por esto y ha puesto una especie de «filtro de amistad» en este asunto, al darse cuenta que realmente hay gente que espera que todo el mundo le dé, pero que no está por la labor ni de entregar ni de agradecer. El darse cuenta de esto para mí es una liberación increible. Por otro lado, a mi me sigue ruborizando el que me digan qué bien te veo y cosas así, así que hay que empezar a dar las gracias de corazón y subirnos un puntito la autoestima! muchos saludos!!

    • Amparo Millán Responde

      Buenos días Anto y muchas gracias por comentar de nuevo 🙂

      Efectivamente, hay personas que a pesar de que reciben mucho no se sacian nunca; como ya apunté en la respuesta de Yolanda en mi opinión es fruto de que de niños, que es cuando realmente tenemos que recibir, no colmaron sus necesidades y ese vacío se perpetúa sin ser llenado hasta la vida adulta, mientras uno no sea consciente… Con estas personas uno tiene que ser consciente de lo que hay y, o seguir «ofreciendo» con generosidad aun a costa de no ser reconocido (pero porque uno quiere, sabiéndolo), o dedicar toda esa energía y afecto a otras personas con las que la relación sea más recíproca.

      Respecto a lo que comentas de que te ruborizas si alguien te dice un halago, es perfectamente normal. Lo primero para cambiar esa actitud es REGISTRAR (qué me pasa, qué me sucede, qué me da más vergüenza y qué no me importa tanto) y luego ir ensayando y creando respuestas más amables que el típico «no me digas eso» o «bah, claro que no».

      Respecto a eso que comentas de «subirnos» la autoestima es algo que a mí me rechina un poco… YO creo que la autoestima no tenemos que «subirla», ni ensalzar nuestras cualidades ni nada de eso. Se trata de hacer un trabajo interior muy lento, paso a paso, de conocerse y ver qué recursos y qué limitaciones tenemos y aceptar ambos. La autoestima, a mi modo de ver, llega sola cuando uno se conoce bien y toma las riendas de su vida.

      ¡Un abrazo!

  7. ¡Qué interesante, Amparo! Una de las reglas de la teoría de sistemas que Hellinger transforma en uno de sus tres ‘órdenes del amor’ es precisamente el equilibrio entre dar y recibir: cuando no existe, surge el malestar, el conflicto, la enfermedad… Hay momentos o situaciones en las que nos toca recibir (por ejemplo, cuando somos bebés o pequeños o cuando estamos aprendiendo una nueva habilidad, por ejemplo). Luego, la vida nos pone por delante otros escenarios en los que nos toca a nosotros dar para alcanzar así esa armonía natural que es lo ecológico para el bienestar del ser humano y de lo que nos rodea.

    Es sin duda un área sobre la que reflexionar si algo comienza a flaquear en nuestra vida. ¡Gracias por invitarnos a esa reflexión!

    • Amparo Millán Responde

      ¡Hola Gloria! Me ha gustado mucho esto que comentar del desequilibrio. Es cierto que si nos polarizamos mucho en un lugar o en otro (dar o recibir) aparece el malestar y el rencor.

      Por otro lado, me gusta ese ejemplo que utilizas de que cuando aprendemos fundamentalmente recibimos. Un profesor tiene el deber de DAR a los alumnos, que a su vez no tendrían que preocuparse de satisfacer al profesor sino de RECIBIR ellos. Pero cuántas veces el que enseña lo hace desde una postura poco generosa, y exigiendo a su vez que los alumnos le hagan caso, le den su energía, le idolatren… En las familias lo veo muy claro, pero es verdad que no me había parado a pensar que en el ámbito de la enseñanza puede ser igual.

      ¡Un fuerte abrazo y gracias por comentar!

  8. Este intercambio (alguien da, alguien recibe) no siempre se produce entre las mismas personas o en el mismo período de tiempo, y esto tenemos que entenderlo si no queremos caer en el rencor.
    Esto es lo que mas me gusto, ya que tuve un novio que se molestaba al punto de no ayudar mas a ciertas personas solo porque no veía este intercambio del que hablas aquí.

    • Amparo Millán Responde

      Bueno Isabel, pues sin palabras lo de tu novio…. También te digo una cosa: como digo en el artículo, NO DAR también es una opción, respetable además. Si yo sé que al ofrecer algo a alguien no me voy a sentir bien si no me corresponde, es mejor no hacerlo. O bien especificar que QUIERO ALGO A CAMBIO. Pero disfrazar una entrega condicional como entrega incondicional crea resentimiento en ambos lados…
      Gracias por comentar, un abrazo.

  9. Que tema tan interesante Amparo!! En mi caso después de leer tan interesante articulo el DAR-RECIBIR, entiendo que a lo largo de mi vida estuve un poco en la posición del condicionamiento(Para el caso de recibir), y realmente me causa cierta incomodidad recibir halagos. Sin embargo el dar me resulta mas fácil, la satisfacción que se siente al dar para mi no tiene definición. Excelente articulo..

    • Amparo Millán Responde

      Querida Enis,
      Dices «la satisfacción que se siente al dar para mí no tiene definición» y yo te invito a pensar en lo siguiente: ¿verdad que te gustaría que la persona que RECIBE eso que generosamente ofreces se sintiera bien, halagada, contenta, satisfecha?
      A veces no nos paramos a pensar que sintiéndonos mal, o incómodas, o prefiriendo dar en vez de recibir, privamos a los demás de ese sentimiento de satisfacción al otorgarnos algo.
      Sí que creo que en tu caso prefieres dar porque NO TE OBLIGA A NADA, mientras que en tu historia el recibir sí te obligaba a algo de vuelta y por eso obviamente no te da tanta satisfacción. Es el momento de profundizar en estos patrones y cambiarlos.
      Gracias por comentar, un abrazo!

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