La autoestima es un concepto bastante popular. Tener autoestima se equipara con «quererse a uno mismo» y aunque todos empleamos estos términos a menudo («tienes que quererte más» o «vaya, estás bajo de autoestima«) a la hora de la verdad no sabemos explicar muy bien en qué consiste exactamente la autoestima o cómo se manifiesta el amor a uno mismo.

 

Definir la autoestima no es sencillo y no hay una única definición avalada por todos los psicólogos del mundo, pero podemos concluir que está formada por dos componentes clave. Por un lado, la autoestima implica el sentimiento interno de saberse valioso por ciertas cualidades que se poseen (ya sabemos, todo el mundo tiene virtudes, logros personales, fortalezas, aptitudes, cosas que aportar al mundo). Por otro lado, y esta dimensión de la autoestima se olvida frecuentemente, una persona que se quiere a sí misma tiene la convicción profunda de que tiene derecho a disfrutar de la vida y de las cosas buenas que le sucedan.

 

Como vemos, la autoestima es algo muy profundo, muy sutil y más emocional que racional. Los efectos de la buena o mala autoestima no se ven en tanto lo que uno dice, sino en la forma en que uno vive. Una persona que se cuida, que vive en un sitio agradable, que tiene relaciones nutritivas, que va en busca de sus sueños, que reconoce sus emociones y que no malgasta su tiempo y su dinero, es una persona con autoestima. Todo esto le sale de manera natural, sin proponérselo especialmente, como resultado de ese sentimiento interno de valía y de merecimiento.

 

En el otro extremo se sitúan aquéllas personas que no dejan de maltratarse de una y mil formas. Estas personas pueden admitir que tienen cualidades, pueden creer que se quieren a sí mismas, pueden engañarse diciéndose que «son las mejores y lo merecen todo» y sin embargo si miramos su vida hay muchísimo sufrimiento innecesario.

 

Por este motivo, y desde mi punto de vista, una autoestima sana tiene su reflejo más en cómo vivimos que en lo que pensamos acerca de nosotr@s.

 

¿Quieres saber cómo andas de amor propio? Entonces mira tu vida: tu trabajo, tus relaciones, tu casa, tu cuerpo físico… El estado de estas parcelas te revelará cómo anda de salud tu estado interno.

 

Una segunda pregunta acerca de la autoestima es cómo se forma. Seguro que has observado que hay personas que se tratan con respeto y otras, que están en circunstancias similares, para las que sus éxitos no son suficientes y se critican de manera continua. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿a qué se deben estas diferencias? ¿Por qué para algunas personas la autoestima es algo fácil, natural, y a otras personas les cuesta reconocer sus méritos y llevar la vida que desean? ¿Es algo con lo que se nace, como si fuera genético?

 

La buena o la mala autoestima no es algo innato con lo que se nace y no se puede cambiar, como ocurre con el color del pelo o de los ojos. Al revés, nuestro sentimiento interno de valía y merecimiento se va conformando a lo largo de la vida a partir de las palabras (amorosas, críticas, empáticas, exigentes, frías, humillantes, etc.) que escuchamos y las experiencias que nos ocurren desde que nacemos. Todas estas palabras y experiencias, positivas o negativas, van dejando un poso en la mente en forma de patrones mentales o creencias.

 

Se llama creencias a todos los pensamientos que que hemos dado por válidos sin cuestionarlos. Por ejemplo, son creencias poco saludables el creer que otra persona tiene la respuesta a qué hago con mi vida  (así que nos pasamos la vida pidiendo consejo a todo el mundo) o pensar que todas las cosas que merecen la pena requieren un duro sacrificio, porque el trabajo nunca puede ser un disfrute.

 

En el caso de las personas con baja autoestima, sus creencias negativas (nacidas a partir de un trato negligente, apático o cruel de los adultos que les rodeaban cuando eran niños) les impiden hoy ver con claridad sus aptitudes o sentirse con derecho a disfrutar de la vida y a su manera. En concreto, hay dos creencias que están grabadas a fuego dentro de la mayoría de nosotros (aunque no nos demos cuenta) y que nos impiden aceptarnos con naturalidad y buscar las condiciones que nos hagan felices.

 

  • La primera es creer que no merecemos por completo el amor o la felicidad porque somos inadecuados, imperfectos, malos, egoístas, incompetentes, etc. Es decir, porque no somos perfectos.
  • La segunda creencia nociva es pensar que destacar está mal y que no es justo superar en algunos aspectos a nuestros seres queridos.

 

En este artículo desarrollaré cómo nos afecta la primera de estas creencias, es decir, el impacto terrible para nuestra autoestima de creer que no merecemos ser queridos a no ser que seamos perfectos. Dejo para otro artículo (el miedo a destacar) el análisis de la segunda. Haz clic en el enlace anterior para leerlo después.

 

Hecha esta introducción, empecemos:

 

Por qué creer que no merecemos el aprecio y amor de los demás daña nuestra autoestima

La educación CONDICIONAL que hemos recibido provoca, entre otras cosas, que pensemos que NO somos merecedores de reconocimiento, aprecio y amor por derecho propio. Más bien, creemos que tenemos que «ganarlos» obrando de tal o cual manera.

 

Es decir, cuando somos niños, si hacemos lo que nuestro padre/madre/tío/profesor/amiga quiere, somos buenos y nos premian por ello. Si por el contrario, contrariamos su deseo y hacemos una cosa diferente (incluso aunque no sea incorrecta, sólo diferente) esas personas tuercen el gesto y nos dicen «mal hecho, me has decepcionado » o incluso «ya no te voy a querer más«.

 

Esa amenaza continua de que diversas personas nos retiren su amor y aprobación, que puede ser explícita (dicha así tal cual: «si no haces esto no te quiero») o implícita (cambio de comportamiento cuando no cumplimos con sus expectativas) nos lleva a sentirnos inseguros constantemente. Y llegamos a pensar que sólo merecemos el afecto cuando hacemos las cosas bien o respondiendo a lo que los demás quieren que hagamos.

 

Cuando somos adultos seguimos con este mismo patrón de comportamiento. Considero que en nuestra sociedad hay un excesivo culto al logro, a ser los primeros, a alcanzar muchos bienes. Parece que sólo somos merecedores del amor y reconocimiento si nos convertimos «superhombres» o «supermujeres» eficaces, dinámicos, atractivos, luchadores, exitosos. Y con una larga lista de triunfos deportivos, económicos y académicos bajo el brazo.

 

Todo esto es un tremendo malentendido… Las personas no deberíamos ganarnos el respeto, la admiración o el cariño por las cosas que conseguimos, sino por lo que somos. Y de hecho, ni siquiera deberíamos «ganar» nada, sino que este amor y este respeto nos corresponde desde que nacemos, por el mero hecho de ser seres humanos. La valoración, por tanto, no se habría de conquistar, se nace con ella.

 

Todos estos mensajes de «sólo mereces respeto si consigues esto» o «el fracaso está prohibido y te convierte en un incompetente, aléjate de él«, o «si te portas como yo digo eres bueno, si haces lo que tú quieres eres malo» son el origen de esta creencia interna de no sentirnos merecedores de amor. Por loco que parezca, este pensamiento de que sólo eres valioso cuando haces determinadas cosas o consigues éxitos, te guía y te influye mucho más de lo piensas. Párate un momento, ponte la mano en el corazón y, sin miedo de la respuesta, pregúntate:

 

¿Creo que no soy lo «suficientemente bueno» y por ello no me creo merecedor de una vida plena y exitosa?

¿Hay algo que me dice que sólo si logro muchas cosas tengo derecho a quererme a mí mismo, o me querrán los demás?

¿Siento en lo más profundo de mi corazón que no merezco ser feliz del todo, aunque no sepa muy bien de dónde viene este sentimiento, porque no soy perfecto y me equivoco?

 

Son preguntas para pensar y no tomar a la ligera. Te invito a detenerte en este mismo momento y recrearte en ellas. Porque una cosa está clara: No se puede contradecir a una creencia, mucho menos si es inconsciente.

 

Es decir, si crees que no mereces amor o respeto, estáte tranquil@ que no lo tendrás. Y si crees que la felicidad es algo que te está negado, no busques el sufrimiento porque llamará a tu puerta él solito. Lo que creemos interiormente, seamos conscientes o no, siempre se cumple, porque creamos situaciones en el exterior que validen la creencia interna.

 

Por eso resulta tan complicado salir de los círculos de violencia, automaltrato, degradación, competitividad, exigencia feroz, baja autoestima, etc. Mientras algo en nosotros siga pensando que no merecemos ser queridos al 100%, por el motivo que sea, no lo seremos.

 

Sé que este no es un tema fácil, ni para escribir ni para pensar, pero espero que el artículo haya abierto una puertecita dentro de tu cabeza que tienes curiosidad por explorar más a fondo. Reta a tus creencias, cuestiónalas y descubre el camino hacia una nueva libertad.

 

 


Créditos de la imagen: Wandering around por Jonathan Kos-Read, via Flickr Creative Commons.

 


Si quieres leer el segundo artículo, relacionado con este, haz clic aquí: Por qué el miedo a destacar daña tu autoestima.

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12 Comentarios

  1. Hola, Amparo.

    Como siempre, maravilloso artículo. Miedo me da leerte,jijiijjijiji.

    La falta de autoestima es el origen de los complejos?. Una persona que le han «machacado» en su niñez, ¿no va a tener la autoestima «machacada» igualmente, sin solución? y haga lo que haga, ahí estará siempre esa imagen, distorsionada o no, de sí mismo?. O nos amparamos en el «yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así..»?. La niñez, marca o no marca?

    Yo creo que todos pensamos, en voz alta, que nos merecemos todo lo bueno, pero que tenemos muy mala suerte. ¿Cómo se llega al pensamiento-creencia inconsciente?.

    Hoy, cortito…jejeje.

    Un besazo.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Yolanda!

      La niñez marca SIEMPRE. Es cuando aprendemos nuestro idioma mejor que en ningún otro momento de nuestra vida, aprendemos a andar, a dibujar, a escribir, a relacionarnos con los demás, y por supuesto con nosotros mismos. Pero eso no significa que una persona a la que hayan «machacado» no se pueda reponer, por supuesto que no. Nos podemos reponer siempre, si estamos dispuestos a cuestionar (y luego cambiar) nuestras creencias.

      Las creencias inconscientes, como inconscientes que son, no las podemos «atacar» directamente, pero se ven muy bien en nuestros comportamientos. Uno puede decir «ay, soy maravilloso, divino, me adoro, merezco lo mejor» y luego llevar una vida de mier… En ese caso, es seguro que en el fondo no se está queriendo a sí mismo o deseando lo mejor. Mi lema es: «si quieres saber cómo es alguien no le escuches: mira lo que hace ;)»

      Menuda soy yo 😀 Un abrazo!!!

  2. por cierto:
    «Esta semana curiosamente he recibido muchas palabras bonitas y de valoración acerca mi trabajo (sí, así es el destino, eliminando mi miedo o resistencia a recibir, como ya escribía…). Así que os lo agradezco. De corazón.».

    NOS DAS MUCHO, MUCHO, MUCHO; TE MERECES MÁS, MÁS, MÁS….
    GRACIAS!!!!

  3. Amparo, cuánta razón, pero qué difícil también ponerlo en práctica en esta sociedad –al margen de la Educación recibida– donde cada mensaje que recibimos nos indica lo que debemos ser y tener. Ya no solo es re-educarse a uno mismo, partiendo de los mismos cimientos, sino también habría que «re-educar» a la sociedad en la que vivimos para replantear los valores colectivos y de cada uno de nosotros. Mil gracias por tu entrada, fantástica!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Eva y muchas gracias por comentar! 🙂

      Efectivamente, la falta de autoestima y ese énfasis insaciable en ser el mejor y conseguir más cosas, no es sólo un problema individual sino SOCIAL. De hecho, la mayoría de los problemas mentales son problemas sociales en algún modo… Es loable el intento de querer re-educar a la sociedad en el ámbito en el que cada uno pueda (si soy maestro, con mis alumnos; si soy administrativo público, con la gente que venga a solicitar asistencia), pero siempre entendiendo que el primer lugar que hay que reeducar y limpiar es nuestro interior, nuestras creencias. Y a partir de ahí, desde la coherencia, transmitir nuestros valores y nuestra forma de ver la vida a los demás.

      Un abrazo!

  4. Buenos días a todos! me ha gustado mucho tu artículo y siempre me inspira de un modo u otro para lanzar más preguntas, qué os parece la envidia que podamos sentir en mayor o menos medida hacia la gente como Pablo, es un ejemplo claro de muchísima gente que inunda nuestra sociedad. Contesto yo primero, en primer lugar no me gustan nada estos tipos, pero por otro lado (inconsciente) le envidio porque mucha gente le admira, cosa que a mi no me sucede, o más bien, le RESPETA, creo que ahí está la cuestión, nuestra autoestima está intimamente relacionada con el respeto que los demás nos confesan. Yo particularmente tengo una relación amor/odio con mi autoestima, creo ser conocedora de mis habilidades y mis carencias, pero el repeto de tus seres queridos y los ánimos siempre hacen que esa balanza se decline hacia un repeto a uno mismo que es tan necesario.

    • Amparo Millán Responde

      Hola de nuevo, Anto!

      Lanzar más preguntas siempre está bien, es mucho mejor que regodearse en las ideas de siempre. Me parece interesante el punto que comentas de la envidia. Como ya expliqué en un post sobre este tema, es MUY ÚTIL reconocer qué envidiamos en los demás. Si envidias ese aura de respeto y admiración que recibe gente como Pablo es que, de alguna forma, eso es lo que quieres y necesitas en tu vida. Y está muy bien saberlo. La siguiente pregunta es: OK, admito que me encantaría recibir respeto y admiración, ¿cómo lo hago? ¿por dónde empiezo?

      Respecto al tema de la autoestima, como ya escribí en el boletín, para mí saber cuáles son nuestras habilidades NO es suficiente. Ése es un ejercicio muy mental y muy superficial. La verdadera autoestima nace de mucho más dentro, de ese sentimiento que puede existir o no de que merecemos ser felices y nos queremos a pesar de todo. Ahí te sugiero comenzar a indagar, no en tus habilidades (que las tendrás, como todos), sino en las creencias que sostienen tu vida.

      Un abrazo y muchas gracias por comentar de nuevo!

  5. Hola Amparo! Tengo 37 años y cada día soy más consciente de mi falta de autoestima.
    En mi caso, como en el que comentas de Silvia, entro en conflicto conmigo y aflora la baja autoestima cuando estoy en pareja. Soy plenamente consciente de ello y me doy cuenta cuando me pasa, pero no soy capaz de pararlo hasta que la relación acaba y me siento hundida de nuevo. Entonces siento todavía mas rechazo a mi misma por haber vuelto a caer en lo mismo (sumisión, auto humillación…) y no haber aprendido. Ahora tengo pánico a empezar otra relación, ya que estoy convencida de que volveré a escoger mal y a sufrir. Es por esto que me he propuesto, de una vez por todas, trabajar mi autoestima y no dejarme llevar por palabrerías bonitas que me hacen creer que puedo encontrar en una pareja lo que yo no sé darme.
    Aunque no sé muy bien por dónde empezar, tu publicación ha abocado algo de luz a mi proceso. Gracias!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Anna y muchas gracias por comentar,
      Dices que tienes baja autoestima y que te castigas aún más cuando caes en patrones de comportamiento incorrecto… Verás, esto es contraproducente, es la pescadilla que se muerde la cola. Si de verdad quieres cambiar tu autoestima y tener relaciones de pareja más sanas (donde no sufras) tienes que empezar por 1) ser compasiva contigo misma y 2) entender de dónde viene esta baja autoestima.
      El origen de estos comportamientos, desde mi experiencia y mi punto de vista, siempre está en la infancia. Por lo tanto, yo te propondría revisar tu infancia por un lado, y por otro empezar a tratarte bien (con cariño, con delicadeza, con comprensión) en el día a día.
      Es un camino intenso pero muy bonito, mucho ánimo!!!

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