Hay pocas cosas más desesperantes para una persona joven que no saber qué hacer a nivel vocacional o profesional. Bueno, y no sólo para los jóvenes. A veces me escriben personas de 40 o 50 años y me cuentan que, a pesar de sus experiencias y haber adquirido sabiduría vital, todavía no saben “qué hacer con sus vidas”.

Recuerdo que una de mis amigas, profesora ella, decía en broma: “Aún no sé lo que quiero ser de mayor… ¡y ya soy mayor!”. Nos reíamos mucho con esto porque por entonces, yo tampoco tenía ni idea.

Esta semana he recibido un e-mail de una joven chilena de 24 años en el que me plantea sus grandes preocupaciones en el tema profesional y lo estancada que se siente.

He reducido y reescrito el mail pero más o menos dice así (resalto las partes más significativas):

Siempre he sido una persona algo extraña en cuanto a mis emociones, decisiones, pensamientos, etc. La verdad es que siento que no me conozco, porque siempre estoy tomando decisiones que no van conmigo. Cuando decido hacer algo es sólo por alguna necesidad urgente (por ejemplo, falta de dinero) o para darle alegría a mi familia, no porque yo sienta que lo quiero en realidad.

Tengo infinitas dudas en cuanto a mi desarrollo profesional, no tengo idea de qué camino seguir, y esto me hace sentir muy, muy bloqueada. Siempre se menciona que uno debe buscar las propias habilidades, intereses, aptitudes, etc. pero ¡no sé como encontrarlas en mí!

Por otro lado,  he tenido muy buenas oportunidades laborales pero no paso los 3 meses trabajando. Me da miedo no saber cuál es mi camino, qué decisiones tomar, me da miedo defraudar a mi familia y que piensen que soy inmadura. Soy muy inconsecuente con lo que pienso, digo y hago.

Sólo quiero saber cómo encontrar una forma de saber en qué me gustaría trabajar o qué estudiar, o por dónde empezar, porque por más que pienso, me enredo sola y no saco ninguna conclusión. Todos los días me viene una idea y luego otra, y muchas preguntas, y sigo sin encontrar mi rumbo profesional.

Hay muchas cosas interesantes en este e-mail y con las que te puedes sentir identificado aunque tengas unos años más, una carrera profesional sólida y varios hijos. El tema del “no saber qué hacer en la vida“, la falta de la vocación e incluso la falta de una afición que llene de luz nuestros días es una cosa, lamentablemente, bastante extendida.

Intentaré contestar a esta inquietud y aportar algunas ideas a lo largo de este artículo, que será un poco largo, pero espero que te ayude y te motive a seguir adelante en la búsqueda de lo que quieres para tu vida.

Vamos allá…

La causa básica de no tener ni idea del futuro profesional: la desconexión

Para mí el párrafo más importante del e-mail que he reproducido es el primero, concretamente esta frase: “siento que no me conozco”. Ahí aparece cuál es la mayor dificultad que sobrevuela la vida de casi todos nosotros: la desconexión.

Y esta desconexión de nosotros mismos que se manifiesta en dos cosas: (1) el desconocimiento de lo que queremos (lo cual no deja de ser curioso: ¿¡cómo yo, que estoy conmigo todo el tiempo, no sé lo que quiero!?) y (2) cierto “lío mental” porque se nos mezclan deseos contradictorios, juicios sociales, vivencias, emociones sin identificar e ideas de todo tipo.

La razón esencial por la que mucha gente está desesperada hoy día, pidiendo ayuda sin poder articular muy bien el motivo, es porque no se conoce. Y cuando no sabemos lo que nos pasa, qué sentimos y por qué lo sentimos, qué nos gusta o qué hacemos sólo por complacer y a qué exactamente le tenemos miedo, en vez de caminar estratégicamente hacia un objetivo, nos metemos en un “lío mental” que nos aturde…

Entonces la primera idea es la siguiente: desde el desconocimiento difícilmente vamos a encontrar una solución para cualquier problema, del tipo que sea: amoroso, profesional, emocional o vocacional.

Si quieres saber qué hacer con tu vida y dejar de “perderte” en un montón de actividades y tareas que pueden no tener sentido, primero tienes que conocerte. Tienes que buscar dentro de ti, conectar con lo que te pasa, e ir poniendo orden en todo eso que va apareciendo. No hay otro camino hacia la búsqueda de una pasión, vocación, deseo, sentido de la vida o autorrealización que no pase por estas dos vías: conocerse y ordenar los pensamientos que van surgiendo.

¿Y cómo se hace esto, cómo conocerse a uno mismo? Bueno, la gran pregunta… Que ha dado pie a toneladas de libros, terapias y filosofías. Hay muchos caminos para conocerse a uno mismo, desde leer un libro sobre la vocación a ir a un taller de coaching, meditar, empezar una terapia de cualquier tipo o escribir en un cuaderno todo lo que recordemos sobre nuestros gustos, nuestra historia, nuestros sentimientos o relaciones.

Por dar un punto de partida, te sugiero aquí debajo algunas tareas específicas que entrarían dentro de eso de “conocerse a uno mismo” y enlazo algunos artículos que te pueden ayudar a profundizar:

⭐ Conocer cuál ha sido nuestra historia hasta el día de hoy, el típico “de dónde venimos” y “por qué somos cómo somos” y no hay nadie que lo explique de mejor manera que Laura Gutman, a la que he recomendado muchas veces (puedes comprar sus libros o buscar sus vídeos por Youtube)

⭐ Entender que nuestra situación actual es consecuencia de las acciones que tomamos en el pasado (para bien y para mal), por eso revisar estas acciones y decisiones que hemos ido tomando, a veces in conciencia, puede traernos mucha luz sobre quiénes somos y cuáles han sido nuestra motivaciones.

⭐ Averiguar cuáles son han sido expectativas de otros para nosotros, ¿y si resulta que todo lo que hemos hecho en nuestra vida ha estado dirigido por un deseo de complacer y “ser obedientes”? Es hora de saberlo… Y una vez que nos hemos quitado la máscara, hacernos preguntas para descubrir nuestros deseos auténticos.

⭐ Hacer un listado de nuestras cualidades, aptitudes y debilidades a nivel personal y profesional. Si queremos encontrar un trabajo más relacionado con nuestros talentos, y donde nuestras limitaciones no jueguen un papel muy importante, ¡tenemos que descubrirlos!

⭐ Conectar con la sabiduría de nuestros sentimientos y entender el papel de las emociones negativas básicas: culpa, envidia, insatisfacción y, cómo no, el miedo. Para mí concretamente las emociones han sido una ayuda inestimable para conocerme…

⭐ Preguntar a los demás. Todos tenemos una parte, tanto positiva o negativa, llamada el “yo ciego” en la ventana de Johari que se proyecta hacia afuera y para nosotros no está clara. Resulta muy útil preguntarle a la gente que nos rodea cosas como: ¿cuáles dirías que son mis cualidades? ¿y mis defectos? ¿qué me gusta hacer? ¿qué se me da bien? ¿qué tengo que mejorar? Algo tan sencillo como esto da muchísima información.

⭐ Hacernos preguntas que nos saquen de nuestra forma tradicional de pensar. No quedarnos en el “no puedo hacer esto” sino avanzar hasta el “¿y cómo podría hacerlo?” En el caso de la falta de vocación no te quedes en el “no sé lo que me gusta o se me da bien” sino cambia a… ¿y cómo podría saberlo?

⭐ Por último, te recomiendo que si lees literatura de autoayuda, lo hagas con intención, apuntando las cosas que dan en la diana por cualquier motivo (y únicamente estas). Es mejor leer poco y bien, con profundidad, reflexionando sobre lo que leemos, que “engullir” libros compulsivamente.

Además de hacer un trabajo de autoconocimiento, algo que he comprobado que ayuda mucho en etapas de desconcierto y angustia es poner orden. No sólo de forma metafórica, sino literal.

Ante la desesperación viene bien estarnos quietos, respirar y ordenar aunque sea el cajón de los calcetines, los papeles del despacho o la ropa que está tirada en el sillón. Siempre llega algo de alivio y claridad.

Otra forma estupenda de ordenar lo que nos sucede es escribir. La escritura en sí misma es ordenación del pensamiento, porque las frases en cualquier idioma tienen una estructura lógica y unas reglas. Por eso la lectura y la escritura calman el caos interior.

En definitiva, cuando vamos ordenando eso que estamos descubriendo de nosotros mismos (con ayuda terapéutica o de forma autodidacta) las piezas empiezas a encajar y entonces… ¡magia! De repente empezamos a ser más conscientes de cómo nos sentimos, por qué hemos llegado a una situación determinada, cuáles son nuestros tesoros, cómo nos gusta pasar el tiempo y, por supuesto (respondiendo a la pregunta inicial) qué nos gustaría hacer a nivel profesional o vital.

Resumiendo: conócete a ti mism@, como ya decían los pensadores antiguos.

Segundo punto: encontrar la vocación no es un resultado, sino un camino en sí mismo

Una confusión frecuente en esto de definir una vocación o encontrar el “trabajo ideal” es pensar que lo descubrimos en un momento determinado y luego, a partir de ahí, sólo nos queda repetir esa actividad profesional día tras día.

Esto no es así para nada. Desempeñar una vocación profesional es un proceso vivo, largo y dinámico en el que esa vocación va cambiando y mutando con el tiempo, porque vamos descubriendo nuevas facetas de ese tema o tarea, nos vamos especializando, o cambian nuestras circunstancias externas y tenemos que acomodarnos.

Pensemos en cómo se “encuentra el amor”. La mayoría lo descubrimos en la adolescencia. Pasamos de amores platónicos que sólo están en nuestra cabeza a relaciones reales de distinto tipo (más formales, más alocadas) quizás con distintas personas. Nos enamoramos y desenamoramos varias veces. Posiblemente también nos comprometemos, casamos, rompemos, nos emparejamos de nuevo, tenemos hijos, enviudamos, volvemos a enamorarnos de alguien veinte años más joven, etcétera, y en tooodo este tiempo nuestra idea del amor va cambiando y enriqueciéndose.

Nadie tiene la misma capacidad amorosa a los 13 años que a los 93. Todo lo que se ha vivido, sentido y pensado en ese tiempo nos va conformando como parejas o enamorados.

Lo mismo pasa con el trabajo o la vocación profesional. No la decidimos a los 15 años y luego permanece invariable toda la vida, sino que esta elección se va descubriendo y desplegando con el tiempo. Como en las relaciones amorosas, a veces después de diez años abandonamos una profesión y empezamos con otra radicalmente distinta. Otras veces nos metemos en caminos laborales que nos hacen daño y aprendemos a base de sufrimiento. También sucede que, de forma inesperada, una afición sin importancia (al igual que un amigo que encontramos de forma casual) se acaba convirtiendo en el amor de nuestra vida.

En definitiva, desde que somos jóvenes hasta el día de nuestra muerte, estamos andando un camino y definiendo permanentemente nuestro trabajo ideal y a nosotros mismos. No hay ninguna meta, ningún punto final, no “encontramos la vocación y entonces ya somos felices para siempre”. Más bien, lo que iremos encontrando son lugares agradables que nos hacen bien (trabajos que encajan con nosotros y nos gustan)  y lugares que son un infierno y acabamos por salir huyendo.

El cambio de “chip” que te propongo es dejar de pensar que hay algo que se llama vocación que se “encuentra por ahí” o que se descubre en un test y a partir de ahí todo es perfecto.

El despliegue vocacional-laboral se construye todo el tiempo. Se va perfilando y definiendo, incluso a través de trabajos que detestamos si hacemos un ejercicio de análisis de qué no nos gusta y esto nos motiva a buscar otra cosa diferente.

Por eso la mejor forma de descubrir qué queremos de la vida es caminar con los ojos bien abiertos. Trabajar, estudiar, ir a clases de lo que sea, valorando qué nos aporta cada actividad y qué nos quita, aprendiendo de todo (porque es imposible no aprender). Y en un momento dado, dejar de pensar y dar vueltas a “qué es lo que quiero” para sencillamente disfrutar de ese camino incierto y emocionante que es la vida de cada uno.

Por último, y enlazando con el punto de arriba, cuánto mejor nos conocemos, más vamos sintonizando con actividades que están alineadas con lo que somos. El conocimiento siempre es la clave.

Algunos artículos relacionados con la vocación profesional o vital que te recomiendo leer si este es el gran “tema” de tu vida son los siguientes:

🖋 Los cuatro mitos que te impiden encontrar tu vocación (echa un vistazo a los comentarios, porque hay mucho jugo ahí también)

🖋 Cómo ayudar desde el respeto a un hijo a encontrar su vocación: sobre todo indicado para familiares y amigos de personas que están perdidas en este tema.

🖋 Qué significa vivir con más conciencia, sobre el significado concreto de esto que he dicho de “andar con los ojos bien abiertos”

🖋 Mis propias experiencias después de escribir 100 artículos en un blog, donde comparto lo que he aprendido respecto al miedo al fracaso, la constancia y cómo se consiguen las grandes metas.

🖋 Ser uno mismo, sobre la importancia cumplir con nuestra misión personal aunque eso implique defraudar a nuestras familias. En este punto contesto directamente a la mujer que me ha escrito el e-mail y que dice “me da miedo tomar decisiones defraudar a mi familia” y le digo: sí, tal vez tendrás que pasar un trago amargo si tus padres se decepcionan por tu elección… Pero esto no puede dejarte parada. Todos tenemos que cortar el cordón umbilical, aunque duela.

🖋 Este artículo “¿No sabes qué hacer con tu vida? lee esto” de Ángel Alegre, con recomendaciones muy directas para pasar a la práctica.

Creo que con estos artículos tienes lectura y material de pensamiento para una semana 🙂

Tercera cosa importante: Respetar los tiempos y tener paciencia para buscar las respuestas que necesitamos

Hay una palabra esencial para el desarrollo personal, profesional y espiritual, que nos causa pavor a muchos porque pensamos no tener: la paciencia.

¿El camino hacia una vida más plena, más conectada con tu propósito y más feliz interiormente es fácil, rápido o directo? No, ninguna de las tres cosas, y quien te lo venda así te está engañando. Pero es más, es que justamente que no sea así es parte del juego, ¡es lo bonito de vivir!

Si crees que a los 50 años, después de toda una vida de desconexión y de complacer a los demás vas a tener un día la revelación de tu vocación personal, así de repente… te equivocas. O bueno, puede ser en un caso de cada mil, pero no lo habitual.

No hay respuestas rápidas, limpias y sencillas para los grandes conflictos de la vida, que están llenos de matices en función de cada persona. Por ejemplo alguna vez me han preguntado cosas como: “soy una persona muy insegura, ¿qué hago?” o “quiero encontrar una pareja que me quiera y sólo doy con personas que me hacen daño, ¿por dónde empiezo?” Y no tengo más remedio que decir que no tengo una respuesta exacta de “haz esto” o “haz lo otro”, que lo único que puedo proponer son reflexiones para investigar en ese problema, y que cada uno decida si quieres destinar tiempo y dedicación a resolver su vida. Hay personas que no están dispuestas a esto y prefieren seguir pensando que hay una respuesta sencilla o un profesional que les dará la “pastilla mágica” para su problema. Bueno, ellos verán, no es mi caso…

En fin, que resolver cualquier problema requiere constancia y paciencia, dos cualidades que muchos no están dispuestos a desarrollar. Sin embargo no hay camino que no pase por ellas. Si quieres conocer cuál es tu propósito en la vida, tu trabajo ideal o quieres vivir con más armonía y bienestar interior, ten claro desde el minuto uno que este proceso te va a llevar tiempo, esfuerzo, tal vez dinero y vas a tener que aprender a “esperar sin desesperar”. Cuanto más clara tengas esta idea, mejor.

Si necesitas ayuda en este punto de cómo ser paciente o cómo hacer una buena planificación a largo plazo, te sugiero leer los siguientes artículos.

🖋 Cómo entrenar la paciencia, para que la motivación y el coraje hacia nuestras metas no se apague.

🖋 La importancia de la constancia y cómo superar esas “trampas mentales” que nos hacen no ser constantes (una de ellas es pensar que no tenemos capacidad de perseverar, lo cual no es cierto).

🖋 La manera de abordar metas muy amplias y complejas, o  el arte de dividir tareas grandes en pequeñas tareas

🖋 Cómo hacer un plan a largo plazo y acompasarlo con nuestros objetivos diarios

🖋 Los pasos para comenzar nuevos hábitos que nos acerquen a nuestras metas.

🖋 Los grandes objetivos que siempre deberíamos tener al margen del desarrollo profesional, porque lo más importante de la vida no es, justamente, el trabajo.

Resumiendo: ten paciencia y hazte a la idea de que va a suponer tiempo y esfuerzo descubrir tu vocación, lo cual es bueno. No tiene sentido ir en contra de los ritmos de la vida, que son lentos, variados y progresivos. Fluye con estos ritmos y disfruta del camino…

Reflexión final

No quiero acabar este (largo) artículo sobre la búsqueda de la vocación sin hablar de algo que considero muy importante: que tenemos que confiar en nuestra intuición y en nuestra capacidad creadora.

Somos mucho más capaces e imaginativos de lo que pensamos. Como coach, a veces he asistido al nacimiento de ideas y de soluciones en el momento, de forma inesperada, lo que causa una gran alegría al que las descubre. Así me lo dijo un cliente una vez, sorprendido de que acababa de darse a sí mismo una solución: “acabas de asistir al nacimiento de una idea”.

La verdad es que cuando empezamos a investigar en nuestros conflictos, cuando empezamos a movernos con alegría hacia nuestras metas sin pensar tanto en el cuándo se cumplirán, cuando por fin vamos conectando con lo que queremos, pensamos y sentimos, nuestra mente nos empieza a regalar recursos y soluciones que no sabíamos que estaban ahí.

Hagas lo que hagas, hazlo con este pensamiento en mente: que eres capaz de mucho más de lo que piensas y que lo que necesitas lo encontrarás cuando empieces a viajar, sin miedo y sin preocuparte de los errores, hacia tu destino.

¿No sabes qué hacer con tu futuro profesional o vital?

Primero, conócete con pasión y ordena todos esos descubrimientos.

Segundo, sal del pensamiento de que la vocación “se encuentra fuera de ti” y empieza a construirla con el devenir de tu vida (por eso ayuda mucho probar cosas y vivir experiencias, del tipo que sean).

En tercer lugar, olvídate de los tiempos, los plazos y entrena tu paciencia y tu capacidad de perseverar ante las dificultades.

¿Sugerencias, comentarios, aportaciones? Son más que bienvenidas en el espacio de abajo.

¡Feliz viaje hacia tu destino, viajer@! 🙂

Seguir aprendiendo

¿Te ha gustado este artículo y te gustaría seguir explorando el tema de la desconexión con tus deseos, la inseguridad o los miedos?

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Créditos de la imagen: The debut por Personal Kaleidoscope via Flickr Creative Commons

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4 Comentarios

  1. Creo que con el artículo de hoy has acertado de pleno, Amparo. En mi caso (voy para 35), hace tiempo que me di cuenta de que el camino que había escogido no me satisfacía en nada, algo que se ha ido haciendo más y más evidente con el paso del tiempo, porque cada vez aguantaba menos en mis trabajos. Ahora mismo estoy en esta etapa de reencuentro conmigo misma y, aunque por un lado es muy duro porque mi situación económica es justa (por suerte la de mi pareja no), por otra parte me siento feliz y relajada. Aún no sé a dónde voy, pero tengo la firme impresión de que avanzo por el camino correcto, el que me lleva a lo que de verdad me gusta.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Patricia,
      Retomo tu última frase para decir: la vocación ES el camino, no el destino. Que no sepas a dónde vas está muy bien ¡es la magia de la vida, quién quiere saberlo todo! Y si sientes que estás en el camino correcto entonces YA ESTÁ, ya encontraste tu camino vocacional-profesional. Creo (y en mi caso ha sido así) que encontramos la vocación cuando dejamos de preguntarnos cuál es nuestra vocación. 🙂 Simplemente vivimos y estamos a gusto con lo que hacemos.

      Con respecto a lo “duro que se te está haciendo el camino” que comentas (porque económicamente dependes de tu pareja) la verdad que me gustaría decirte que esa dureza no es tal… Que te estás dejando llevar por un prejuicio de esta nuestra sociedad posindustrial cuya máxima es: “hay que ser independientes”. Pero ¿independientes para qué? Si ahora mismo tu pareja puede apoyarte, y hay dinero para los dos, ¿dónde está el problema? Las relaciones saludables son INTERDEPENDIENTES. Nos queremos porque también nos necesitamos, nos aportamos cosas, nos ayudamos mutuamente. Tal vez tú, fuera de un trabajo que te quitaba la vida, estés más positiva, mejor y más dispuesta a sostener a tu pareja emocionalmente. Y esto a él le viene de perlas (¿para qué tener a una pareja que es independiente económicamente pero que está quemada, hundida, frustrada, absorbida por su trabajo?). Y quizás en un futuro las tornas se cambien, tú tomes el mando a nivel financiero en la pareja, y así le permitas a él un descanso para que haga otras cosas. Sin culpas, sin reproches, devolverás lo que recibiste con alegría.

      Me he ido un poco por las ramas, pero es que creo que esa idea está empañando esta época tan bonita en la que te encuentras, en la que puedes explorar tu vocación con la tranquilidad de saber que hay dinero disponible. Eso es un tesoro, ¡disfrútalo sin culpabilidad! Un fuerte abrazo y gracias por estar ahí.

  2. Hola, la verdad es la primera vez que conozco que hay personas en situaciones similares a la mía, tengo 36 años he trabajado mucho tiempo como contable, si bien no es mi pasión me gustan los números y el ambiente era muy lindo por lo que estuve mucho tiempo allí. Asimismo amo la literatura, el dibujo, leer sobre fisica, hice dos años de la carrera de medicina, amo a los animales, me gusta la biología, etc, etc. Hoy por hoy me dedico a ser madre de dos hermosos niños, si bien jamás estuve tan feliz de hacer algo, no puedo dejar de sentirme incompleta pensando que también debería hacer algo por mi misma. Creo que mi gran problema es que todo me gusta mucho y nada lo suficiente para decidirme por ello. Con el agregado de que me gustaría a hacer algo compatible con mi maternidad. Espero puedas darme un consejo. Saludos y muchas gracias.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Soledad,
      Es curioso que digas que es un problema tener muchas pasiones cuando en realidad ¡es una bendición!
      Es evidente que una cosa es hacer algo por AFICIÓN y otra GANAR DINERO con esa actividad, son dos cosas muy diferentes. De todos tus intereses, habrá algunos que sólo se queden en aficiones, y eso está muy bien, porque los hobbies son tan necesarios como comer, y con otros podrás ganarte la vida. En realidad, más que pensar en qué te gustaría hacer, y entonces buscar un trabajo de eso compatible con tu maternidad, empieza a buscar opciones, de todo tipo, y con cada una que encuentres, valorar si te resulta satisfactoria o no. Como tienes muchas pasiones y variadas, encontrarás más oportunidades apetecibles que las personas que sólo tienen un interés.

      Como te digo, no tienes por qué tomar la decisión de a qué dedicarte ANTES de encontrar un trabajo. Puedes hacer lo contrario. Puedes buscar ofertas por Internet, salir de casa, conocer a personas, pasear por la calle (y de repente se enciende una bombillita de algo que podrías hacer), estar en contacto con emprendedores, con empresarios, con instituciones, con ONGs donde puedes colaborar como voluntaria, etc. No te presiones, simplemente estáte abierta a todo y busca… Seguro que encuentras algo que te da curiosidad y en lo que te resulta agradable trabajar. Un abrazo!

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