Todos tenemos cosas que no nos cuesta ningún trabajo hacer (por ejemplo, a mí me encanta leer, así que si me piden que me lea un libro o diez artículos, lo haré sin mucha dificultad) y otras que se nos resisten.

Imaginemos que una persona se propone firmemente hacer algo que le cuesta mucho, como puede ser mejorar su inglés, aprobar una asignatura difícil, conocer más gente nueva, salir a correr todos los días o ser más organizado en la casa. Empieza muy animada y con mucha motivación con sus clases o con sus propósitos personales, pero al cabo de un tiempo, como hacer esto le supone tanto esfuerzo, acaba perdiendo la energía y abandonando completamente. Me podéis decir que le ha faltado autodisciplina o de fuerza de voluntad, pero yo discrepo un poco de esto.

La autodisciplina y la firme convicción de hacer algo son cualidades muy necesarias para resistir los primeros días de un nuevo hábito, que son los más duros, o para momentos puntuales, pero tienen un límite.

La fuerza de voluntad es limitada, se renueva cada día pero tenemos un máximo por jornada. Debido a esto, tenemos que tener mucho cuidado y atención en invertir esa fuerza de voluntad de la mejor manera posible, sin desgastarnos al cabo del tiempo y sin acabar exhaustos al final de la jornada.

¿Qué puedes hacer cuando quieres llevar a cabo algo que, sin embargo, te cuesta muchísimo? ¿Cómo conseguir que esa resistencia interna («es muy difícil, me desgasta, me cansa, me aburre») no te haga abandonar?

Hay una estrategia muy obvia y sencilla, pero que sin embargo solemos pasar por alto, para tirar lo menos posible de fuerza de voluntad, y así hacer que nos dure hasta el final del día. Se resume en dos palabras mágicas que son:

 

PÓNTELO FÁCIL

 

Si quieres hacer algo, y quieres conseguirlo de verdad, disfrutando además del trayecto que te llevará hasta allí, no lo hagas en malas condiciones o estires hasta el límite tu capacidad de ser disciplinado.

Póntelo fácil. Haz que sea ridículamente sencillo al principio. Crea las condiciones para que hacerlo sea lo más agradable posible.

 

Si quieres ser constante en tus objetivos, póntelo fácil
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Por ejemplo, imagínate que tienes que escribir un mail desagradable o que no te apetece, por lo que sea, y por lo tanto llevas postergando esta acción días y días. Una tarde, prepara un ambiente placentero en torno a ti y decídete a hacerlo: pon tu canción favorita en el ordenador, enciende una vela aromática, bebe o come algo que te encante y simplemente, abre tu programa de correo electrónico y escribe ese mail. Ya que esa es una actividad desgastante para ti, date tiempo, no planees hacer nada en las siguientes dos horas. ¿Lo ves? Póntelo fácil, que bastante dura ya es la actividad en sí misma, y haz que sea agradable.

 

A otras personas les va muy bien comprometerse con los demás a hacer algo. De hecho, para mí esta es una de las grandes fortalezas de un proceso de coaching: que el consultante se compromete con su coach a realizar algo un día determinado, y sabe que el coach, en la siguiente sesión, le va a preguntar si lo ha hecho. Pues bien, si este es tu caso, ¿por qué no te comprometes con otras personas para hacer esas cosas que te cuestan en un día determinado? Si eres muy atrevido ¿por qué incluso no publicas tu compromiso en Facebook? Pide acompañamiento, deja tu objetivo por escrito y dile a la otra persona que te pregunte en un plazo determinado si lo has cumplido.

 

Otro caso, imagínate que tienes que trabajar en un proyecto de estudio o en un negocio, pero eres de las personas que se cansan de estar en casa y se dispersan mucho. ¿Por qué no buscar otras opciones que te motiven más? Por ejemplo, queda con un amigo para ir a la biblioteca y así obligarte a salir de casa. O trabaja desde una cafetería u otro lugar público (hay mucha gente a la que le inspira muchísimo escribir desde una cafetería tranquila). O alquila un espacio de trabajo en algún sitio de coworking, donde el contacto con otros emprendedores puede hacer muy enriquecedora tu jornada.

 

Para incorporar nuevos hábitos, algo que funciona muy bien es empezar muy poco a poco, e ir introduciendo la dificultad de forma tan lenta que apenas te des cuenta.

Por ejemplo, si quieres empezar a hacer ejercicio físico de forma regular, no hace falta que acudas cinco días a la semana al gimnasio, o que comiences corriendo media hora todas las tardes. Empieza por ir dos días en semana. O incluso uno. O proponte salir a correr sólo cinco minutos al día, y persevera hasta que lo conviertas en un hábito.

En todos los casos, se trata de comenzar por algo ridículamente fácil, que sea asequible a tu nivel. Comenzar con una rutina demasiado dura hará que te sientas muy cansado al cabo de dos semanas, después que te desmotives y bajes el ritmo, después que te sientas culpable por este fracaso (¡el punto de máximo horror!) y por último que abandones.

En definitiva, se trata de no ponernos más trabas a nosotros mismos. Y se trata, sobre todo, de comenzar a tratarnos con el mayor de los respetos. 

 

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Más ejemplos:

  • Si eres de los que se dispersan con un «bip» del móvil cuando llega un mensaje, es mucho más sencillo desactivar la wi-fi (¡fuera tentaciones!) que estar todo el rato conteniéndote por no mirar ese mensaje.
  • Si estás a dieta, no vayas con tus amigos a comer a la pizzería más grasienta de la ciudad, donde mientras tú comes una triste ensalada a los demás les chorrea la salsa barbacoa por las manos. Hazte la vida agradable: propón un restaurante más saludable o invítalos a cenar en casa a base de ensaladas y pescado a la plancha.
  • Si quieres salir más de casa, pero en el último momento te da pereza y te quedas ahí, compra por anticipado las entradas para un evento que te guste y así, llegado el día y como ya has pagado, tendrás una excusa suficientemente fuerte para salir. Como ves el punto en común para todas estas situaciones es: ¡Póntelo fácil, lo más fácil que sepas!

MakeItEasy (Small)

 

Es hora de conocernos más a nosotros mismos y empezar a pensar cuáles pueden ser esas cosas idóneas para nosotros, las que nos funcionan. Porque además, no se trata sólo de conseguir metas, y de acabar cosas, sino de disfrutar mientras lo hacemos.

Cuando notes mucha resistencia para hacer alguna tarea concreta o llevar a cabo algún cambio que quieres lograr, repítete siempre esta pregunta:

¿Qué cosas lo harían MÁS FÁCIL o MÁS AGRADABLE?

 

Voy a lanzarme yo la primera y a comentar tres cosas que me funcionan y que me hacen más fáciles ciertas tareas que me cuestan:

  1. En un día de esos en que mi fuerza de voluntad flaquea un poco, cuando trabajo con el ordenador pero puedo prescindir de Internet, voy al salón que está en la otra punta de la casa y apago el módem. Así, a lo bruto. Y evito todas las tentaciones de mails, whatsapp, o ventanas furtivas de estas que abrimos sólo para cinco minutos y que luego nos llevan una hora.
  2. Me gusta mucho trabajar fuera de casa, pero reconozco que sola no me animo a ir a la biblioteca o a cualquier otro sitio (suelo encontrar alguna excusa para quedarme en casa: el frío, el calor, no sé qué ponerme, pierdo el tiempo en ir y venir…). ¿Mi solución? Quedar el día de antes con una amiga a las nueve de la mañana allí, y esto me obliga a no pensar en ese momento si me apetece o no, o si podría hacer otra cosa, sino que simplemente me levanto y lo hago.
  3. Planchar es una actividad que no me disgusta pero que me aburre un poco. Últimamente siempre que plancho suelo ponerme alguna de las clases presenciales de Laura Gutman o algún otro vídeo que me parezca muy, muy interesante, y el momento es tan agradable que, aunque no os lo creáis, a veces aguardo impaciente ese momento de planchar 😉

 

Y ahora os toca pensar un poco a vosotros… ¿Qué cosas podríais hacer para facilitaros la vida, y acabar eso que os cuesta tanto? ¿De qué maneras las tareas difíciles se pueden hacer más agradables?

¡Os espero en los comentarios!

 


Créditos:

Imagen 1: «It is not as far as you think» via Flickr Creative Commons

Imagen 2: «Keep calm and take it easy» via Keep calm Studio

 

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12 Comentarios

  1. Muy buenas. Me ha gustado mucho este articulo porque a mi me pasa mucho que cuando tengo que hacer algo nuevo o que no me gusta mucho siempre me complico la vida, empiezo a darle vueltas a la cabeza y me agobio, con lo fácil que sería intentar que «eso» que hay que hacer sea lo más agradable posible poniéndole un poco de alegría o mejorándolo con cosas que te gustan.
    Intentaré seguir tus consejos y poco a poco facilitarme la vida jeje.
    Un abrazo.

    • Amparo Millán Responde

      Eso es Sergio, ¿para qué invertir energía mental en agobiarse o darle vueltas cuando la podríamos estar empleando en ver que nos FACILITARÍA la tarea?

      Piensa en todas esas cosas que le pondrían alegría a lo que te cuesta hacer… Y ya nos contarás.

      Un abrazo!

  2. Muy ciertas tus palabras, la verdad que el hecho de dejar algo pendiente nos consume más energía que el hacerlo y luego nos da mucha satisfacción. Por ejemplo, me encanta el DIY y siempre tengo cosas pendientes de hacer o de aprender. Pues este mes me apunté a clases de trapillo y estoy súper contenta porque liberé esa sensación de que bonito es eso y que rabia no saber hacerlo, aparte de que me marcó esa tarde a la semana para mí, resumiendo, que para arrancar nada mejor que pedir ayuda y/o comprometerse con alguien.
    Pd. No para todos los sábados es descanso, ahora te estoy leyendo desde el trabajo!

    • Amparo Millán Responde

      María, APUNTARSE A CLASES es una de las mejores maneras que conozco de vencer nuestras resistencias a hacer algo. Nos pone un horario, nos obliga a salir de casa, pagamos con lo cual nos crea un compromiso de hacerlo, conocemos gente nueva, lo pasamos bien…

      Yo hasta ahora he sido una fanática de aprender por mí misma (una autodidacta cerrada, vaya), y aunque lo sigo manteniendo en parte, me he dado cuenta de que como tener a alguien que te apoye no hay nada. Se avanza más rápido y mejor. Y encima si las clases compartidas son de algo tan bonito como el DIY, y vas con gente maja ¡ya es que no es una obligación, es un disfrute total!

      Vaya, me colé en el boletín con lo de los sábados de descanso. ¿Pero verdad que se está de otra manera? 😉 Un abrazo.

  3. Buenas tardes a todos, la verdad que me viene al pelo este artículo, voy a empezar clases de francés y además me he apuntado por enésima vez al gimnasio para empezar mañana 1 de octubre, así que intentaré darme una oportundad si no sale a la primera y ponérmelo fácil, si por cualquier circunstancia no llego a tanta actividad, me centraré sólo en una de ellas y solucionado! Saludos a todos 😉

  4. Lo practico y funciona.
    Trabajo a turnos, y no me gusta cuando me toca ir de tarde: me premio a mí misma llevándome meriendas especiales y algún dulce…
    Parecerá una tontería, pero a mí me motiva.
    Idem cuando me toca plancha: con mi musica favorita a todo volumen, cantando y bailando como una loca 😉
    Buena semana a todos!!!

    • Amparo Millán Responde

      Exactamente Elena, ¡esa es la forma de hacerlo!
      Y no, no es una tontería, al contrario: darse un caprichito para motivarse cuando no nos apetece hacer algo es una acción inteligente, práctica y respetuosa con una misma. Así que sigue así, porque ése es el camino 🙂
      Un abrazo y gracias por comentar!

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