¿Cómo dejar atrás ese perfeccionismo que nos lleva a querer ser infalibles en el trabajo, con nosotros mismos o en nuestras relaciones?

Muchas veces tenemos la aspiración de situarnos por encima de los problemas y  no equivocarnos nunca, en vez de enfocarnos en ser auténticos o estar conectados con el fluir de la vida.

Este «querer ser perfectos» nos lleva a una situación de enorme exigencia y presión por tener en todo momento una respuesta o comportamiento adecuados.

Si te identificas con este perfil de personas que busca hacerlo todo bien, desde ya te recomiendo utilizar más a menudo estas dos palabras:

No sé  🙂

¿Te imaginas lo liberad@ que te podrías sentir si utilizaras este «no sé» en más parcelas de tu vida?

¿Te das cuenta de la presión que te quitarías de encima si te permitieras hacer algo sin tener ni idea de cómo va a resultar o bien darte un tiempo para averiguarlo, en lugar de pretender tener todas las respuestas en el momento?

 

En este audio te voy a hablar de cómo funciona el perfeccionismo en tres ámbitos: en el trabajo, con respecto a ti mismo y en las relaciones con los demás, y te voy a invitar a abandonar esa exigencia absurda de querer hacerlo todo perfecto todo el tiempo.

¡Dale al play que empezamos!

 

A continuación te dejo algunas ideas importantes del audio (no es una transcripción exacta ni completa pero te puede ayudar si en este momento no puedes escucharlo):

 

Abandonar el perfeccionismo en el trabajo:

En el trabajo esa actitud de “no me puedo equivocar nunca porque ay, mi jefe ¿qué pensará de mí?” nos produce un enorme desgaste y estrés.

¿Cómo no vamos a detestar nuestro trabajo si creemos que tenemos que estar siempre al cien por cien?

Si vamos siempre con el agobio de «no quiero equivocarme, no quiero no saber algo si me preguntan» estaremos el alerta permanente y además llegaremos a sentirnos impostores (porque en el fondo todos sabemos que nunca podremos alcanzar la perfección, el tema es que no hace falta ser perfecto para ser un profesional fantástico). 

Siempre que alguien me dice que en el trabajo no se puede equivocar y que tiene que hacerlo todo bien, le pregunto:

A ver, ¿Qué pasaría si alguno de tus subordinados te hace una pregunta que desconoces porque hace muchísimo que no lo pones en práctica?

¿Qué pasaría si dijeras “no sé” con toda sinceridad y con naturalidad?

Y la respuesta es: ¡que no pasaría NADA!

Porque es normal que no recuerdes algunas cosas de tu profesión y tengas que consultarlas. Nadie esta al día de todas las respuestas, el conocimiento es ilimitado y siempre se esta actualizando, así que a nadie le va a extrañar que  no te acuerdes de algo que viste hace cinco años.

Un trabajador responsable no es el que pretende saber todo (y cuando no lo sabe, para no quedar mal, se lo inventa). Un trabajador responsable admite que le falta ese conocimiento y se compromete a buscarlo.

De hecho, te invito a cambiar la tensión de querer saberlo todo por el compromiso de buscar la respuesta.

Ese es un verdadero líder: no él que lo sabe todo en todo momento sino el que, si no sabe algo, lo admite con total tranquilidad pero se compromete a buscar la respuesta.

 

Abandonar el perfeccionismo en lo personal:

Casi todos nosotros queremos cambiar algo en nuestra personalidad: quiero ser menos exigente conmigo mismo (je, ¡curioso que queramos exigirnos ser menos exigentes!), quiero ser más productiva,  quiero relajarme más, quiero ser un padre más cariñoso, etc.

Está muy bien querer mejorar pero aquí te invito a abandonar por un momento esa expectativa de lo que deberías ser y conectar con la sensación de lo que eres ahora y con el dolor que te provoca eso.

Observarte con franqueza y sentir el dolor que conllevan ciertas actitudes es el primer paso para un cambio verdadero (es una etapa que generalmente nos saltamos porque queremos llegar rápido al «resultado final» o bien porque no queremos entrar muy en contacto con nuestro propio dolor… O sea, un poquito sí pero no demasiado)

La verdad es que cambiamos de forma de ser imponiéndonos un ideal (por ejemplo, «quiero ser más organizado») sino cuando «tocamos fondo» y observamos en toda su dimensión que el viejo comportamiento no nos lleva a nada.

Es ese tocar el dolor y ver con claridad cuáles son las consecuencias negativas de nuestros actos cuando surge en nosotros un deseo verdadero de cambiar.

Por otro lado, también en el desarrollo personal es útil recurrir a las palabras «no sé» a la hora de plantear un cambio personal.

Por ejemplo, podemos observar que somos muy autoritarios, exigentes con los demás, distantes, etc y decir, con toda la humildad del mundo: «Me gustaría, pero la verdad que no sé cómo cambiar«.

Exponer con tanta franqueza nuestras dificultades, nuestra ignorancia a la hora de modificar un comportamiento que nos perjudica no sólo no nos bloquea sino que nos llevará a lo siguiente: vamos a intentar buscar esa respuesta.

Después de un «no sé» franco y sincero suele venir una fase de: «voy a averiguarlo, voy a preguntar, voy a leer, voy a darme un tiempo a ver si se me ocurre algo para crecer como persona».

Incluso a la hora de afrontar las crisis vitales, el decir «vaya, estoy abrumado por este problema, ahora mismo no sé lo que hacer» es mucho más refrescante y útil que querer encontrar a toda costa una indicación en cinco minutos.

Hablé sobre esto en el artículo «Una afirmación para momento de crisis» que te invito a leer si buscas una frase tranquilizadora para momentos de incertidumbre, en el que vengo a decir que ¡no pasa nada por no saber lo que hacer o por dónde tirar!

En definitiva, vivirás mejor si abandonas esa exigencia absurda de querer tener TODAS las respuestas y te dices a ti mismo en su lugar: «No sé qué hacer pero lo descubriré».

 

ser una persona perfecta

 

Dejar de querer ser perfecto en las relaciones:

Creo que tener pautas en las relaciones es un error.

Me refiero a esa pretensión tan típica de “quiero ser el padre perfecto” o “quiero ser la mujer perfecta” o “quiero ser la amiga perfecta y hacer todo lo que se espera de mi”.

Cuando pensamos en qué hacer, en lugar de acompañar desde el corazón y desde cómo somos, nos alejamos de la fusión emocional con los demás.

Por ejemplo, cuando un hijo o una amiga nos cuenta algún problema muchas veces nos afanamos en tener una frase perfecta para decir o una solución en lugar de tratar de conectar con lo que le está pasando y lo que está sintiendo esa persona.

Creo que es mucho más honesto en las relaciones, y espontáneo, el escuchar ese problema y decir: “Pues no sé muy bien que recomendarte hacer, ¿qué se te ocurre a ti?” o decir directamente, “Pues no sé, probemos con esto”.

Porque habitualmente los problemas se resuelven no aplicando una fórmula sino por prueba y error.

Entonces si tu hija llega a ti llorando de la escuela y te cuenta que se ha enfadado con su mejor amiga, en vez de pretender darle una solución perfecta (que no sabes cuál es) puedes probar a decirle «vamos a pensar juntas qué puedes hacer». Y conversar entre las dos sobre posibles caminos para superar esa dificultad. 

Esto no sólo hará crecer a tu hija sino que te quitará a ti de la presión de «debería saber qué hacer para que esto se solucione a la primera»

Pienso que las relaciones humanas honestas, sinceras y enriquecedoras son las que se basan en acompañar, no en aconsejar, mucho menos en imponer. Acompañar, desde las luces y las sombras.

 

En resumen: cómo abandonar el perfeccionismo

Dejar a un lado esa expectativa de querer ser siempre perfectos se va entrenando con el día a día, siendo cada vez más tolerantes con los errores propios y ajenos y utilizando más el «no sé» frente a una respuesta apresurada que das porque no quieres quedar como incompetente.

Espero que este audio te haya ayudado. Si no lo has escuchado hasta ahora y sientes curiosidad después de leer estas notas, puedes hacerlo desde aquí:

Escuchar audio 0.7 en iVoox

Escucha el episodio 0.7 en Spotify

Escucha el episodio 0.7 en Apple Podcast

¡Buen día para todos!

 

 

Amparo María Millán Ocaña te informa que los datos de carácter personal que me proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por mí como responsable de esta web. Finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales: gestionar el alta a esta suscripción y remitir boletines periódicos con información y oferta prospectiva de productos o servicios propios y de terceros afiliados.  Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios:  Mailchimp. Ver política de privacidad de Mailchimp.  Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en info@puedoayudarte.es. Puedes encontar más información sobre Protección de Datos en mi página web, así como consultar mi política de privacidad.

¿Te gustó este artículo?

Recibe los siguientes en tu correo

Escribe un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.