Aunque a algun@s no nos entusiasman los límites y las normas (debido a que estamos peleados con ellos por malas experiencias) es evidente son necesarios. No sólo necesarios, sino que mejoran nuestra vida.

Los límites nos ordenan, nos estructuran, nos hacen aprovechar mejor el tiempo y por tanto nos permiten disfrutar de los ratos de ocio sin culpabilidad y con más espontaneidad.

Como en todo, no podemos pasarnos a la hora de establecer nuestros propios límites y normas, ya que lo que conseguiremos será justo el efecto contrario. La rigidez y la autoexigencia desmedida estropean todo cuanto toca… Por eso, en este artículo quiero compartir contigo 5 ideas que pueden ayudarte a la hora de ponerte límites saludables. Límites y normas que te ordenan pero que no te amargan la vida.

¡Empecemos!

 

Autodisciplina - Cómo ponerte límites y normas a ti mismo

 

1. Mejor pocos límites y siempre con sentido

Como vimos en el artículo anterior, ordenar y estructurar tu rutina y tu vida en general está bien siempre que no caigas en el extremo de ser demasiado rígid@ e inflexible… Conviene no romper esa cuerda entre límite y caos, espontaneidad y obligación.

La verdad es que la mayoría de las personas, si bien vivimos mejor con límites (a la hora de gestionar el tiempo, en el trabajo, con el dinero, en la relación con los demás…) no necesitamos demasiados. Solamente los esenciales, los que nos faciliten la vida y podamos recordar fácilmente. Y con frecuencia, estas normas se van “suavizando” con el tiempo,conforme conviertes algo en un hábito o conoces mejor tus rutinas.

Por ejemplo, desde agosto de 2014, unos meses después de haber comenzado este blog, me comprometí conmigo misma a escribir un artículo cada semana e iba a “obligarme” a ello enviando un boletín semanal a los suscriptores. Además, me propuse decidir las temáticas de los artículos con antelación mínima de un mes y decidí que el día para redactar iba a ser el lunes, con posibilidad de dedicar también un rato el martes para hacer revisiones.

Este fue el reto-límite que me marqué y fue una de las mejores decisiones que he tomado en cuanto a mi negocio… No sólo me ha demostrado que puedo ser disciplinada y no fallar ni un sólo día (pues así ha sido, salvo vacaciones mi artículo ha salido con puntualidad germánica) sino que potenció mi creatividad porque es más fácil escribir y dar rienda suelta a las ideas cuando hay una estructura en forma de tema concreto.

Con el transcurso del tiempo, la seguridad que he ganado con esta acción me ha llevado espontáneamente a suavizar mis normas. Hoy por hoy no necesito definir el tema de mis artículos con anticipación (a veces cambio de idea un jueves) ni escribo el lunes o el martes, sino cuando me apetece o tengo un hueco.

Eso sí, la decisión inicial sigue inalterable: un boletín y un artículo cada sábado a las 9 de la mañana y este límite claro, sencillo y fácil de recordar es el mástil que me mantiene centrada semana tras semana.

 

Pregunta para ti: ¿En qué aspecto de tu vida te ayudaría el poner una norma o regla sencilla y con sentido?

 

2. Si no sabes cuáles pueden ser tus normas saludables… ¡experimenta sin miedo!

Muchas veces, cuando algunas personas me responden que no saben qué les funciona, qué decisión escoger, qué límite, horario, forma de organizarse les iría mejor yo siempre les doy la misma respuesta: Prueba.

En realidad, no tenemos por qué saber de antemano qué cosas nos irán mejor o peor. Y pensándolo fríamente, es más divertido así: siempre podemos sorprendernos de lo bien que nos resulta un enfoque, un producto o una actividad que a priori habíamos pensado que no era para nosotros. Por ejemplo…

¿Cómo saber cuál es mi mejor horario de trabajo?” Probando diferentes horarios y registrando cuándo te concentras mejor
¿Qué deporte me haría sentir mejor y más motivado?” Practica varios diferentes hasta encontrar el que te guste
¿Qué estrategias me ayudarían a relacionarme mejor con los demás?” Utiliza varias y observa los resultados
¿Qué hago para hacer dieta y no sentir que mi vida es miserable?” Leer artículos de Internet, escoger algunos consejos, implementarlos y ver cuáles te funcionan.

Es tan fácil como esto: perder el miedo a probar y tomarse un poco más la vida como una bonita experimentación.

Pregunta para ti: ¿Con qué norma o límite podrías probar a mejorar tus resultados?

 

3. No te centres en la culpa, sino en las soluciones.

Imagínate, te habías propuesto como norma estudiar tres temas de la oposición a la semana, y estamos a viernes y no llevas ni siquiera uno… En ese momento tienes dos alternativas. La primera es caer en el juicio y en las emociones: te desesperas, te sientes miserable, te dices que “no puede ser, lo he vuelto a hacer, soy incorregible, nunca voy a conseguir nada…”

La segunda opción es pararte un momento, con la cabeza bien fría y pensar: a ver, qué ha pasado aquí. Qué he hecho estos días para sólo llevar un tema de la oposición, por qué se me hace tan difícil, qué puedo hacer para avanzar más rápido, quién me podría ayudar…

En este segundo caso, has hecho algo mucho más útil que limitarte a llorar o a desesperarte: observar lo sucedido para proponer soluciones. Y esta es una de las actitudes más productivas y sanas que existen (de hecho, es la lección número 1 de mi curso 21 días): registrar en vez de juzgar.

Cada vez que quieras plantearte un nuevo límite o norma, no lo hagas desde la culpa o desde el juicio negativo: “me pongo un límite porque lo hago mal y no soy perfect@”. Hazlo porque has observado que algo no va bien y quieres probar una solución que te ayude a avanzar. Porque quieres tratarte bien y sabes que te mereces lograr tus objetivos. Mira qué diferente es este enfoque….

 

Pregunta para ti: ¿Pasas mucho tiempo culpándote por lo que haces mal, lo cual no te conduce a nada? ¿Y si decidieras invertir ese tiempo en observar qué sucede para intentar buscarle alguna solución práctica?

 

4. Encontrar el equilibrio entre flexibilidad y caos

Cuando las personas creativas, y que disfrutamos de un cierto “caos” hablamos de límites, hábitos y normas, hay una pregunta que se queda flotando en el aire: ¿Cómo ponerme límites pero a la vez permitirme romperlos si la situación lo requiere?

 

Dicho de otra forma: ¿Cómo ser flexible conmig@ mism@ o con los demás pero sin llegar a ser indulgente o blandengue?

 

Creo que esta es una pregunta delicada y que encontrar este delicado equilibro es una tarea individual que lleva su tiempo…

Algunas personas se pasan de rígidos y siempre cumplen sus tareas y límites pase lo que pase, incluso aunque no resulte conveniente. Aquí podemos encuadrar a la típica persona que rechaza una invitación estupenda a cenar sólo porque acaba de descongelar las gambas y no sabe qué hacer con ellas.

En otros casos, algunas personas son demasiado indulgentes consigo mismas y siempre ceden a sus propios chantajes: se saltan la dieta continuamente (total, por un día…), nunca terminan sus tareas, se van al cine aunque se hayan comprometido a terminar ese curso de inglés…

Como en todas las cosas de la vida, el punto medio siempre es la virtud. Encontrar este punto medio para ser flexible pero no indulgente es un proceso de prueba y error, sabiendo de antemano que, como no somos perfectos, vamos a caer en los extremos una y otra vez.

A mí particularmente, cuando tengo un “día raro” o una “semana rara” en que no me apetece trabajar mucho, me funciona llegar a un compromiso entre lo que me he propuesto y lo que me pide el cuerpo. Es decir, si un día estoy muy cansada porque he dormido mal la noche anterior o me siento un poco enferma, ni cedo al impulso de ponerme a leer en el sofá, ni me obligo a cumplir estrictamente con todas mis obligaciones. Escojo el punto medio: hago algo, quizás sólo las actividades fáciles y rutinarias y luego descanso. Para mí es una forma de contentar a la parte que sabe que tengo que trabajar y la que sólo me pide descansar y soñar un poco.

 

Pregunta para ti: ¿Qué se te ocurre para manejar estos conflictos entre obligación y placer, límites y caos?

 

5. Apóyate en estructuras externas

Aunque los límites saludables nos los ponemos nosotr@s, y vienen desde dentro, suele ayudar mucho apoyarse en personas, circunstancias o cosas que están fuera de nosotros y que “nos obliguen” a hacer eso que nos hemos marcado. Por ejemplo:

  • Si tu interés es levantarte antes, puedes quedar con alguien para trabajar o estudiar a una hora que te obligue a ello
  • Si quieres controlar tus gastos (y ver dónde va el dinero) será útil guardar tus tarjetas bajo llave en un cajón y utilizar sólo dinero en metálico
  • Si Internet te entretiene demasiado, podrías decirle a un amigo que te guarde el módem durante unos días
  • Si te cuesta socializar y quedar con gente, te ayudará comprometerte a ir a una fiesta y pedir a tus amigos que vengan a buscarte a tu casa, para no verte tentad@ a decir que no.
  • Si quieres ir a un evento cultural o deportivo pero sabes que en el momento te da pereza ir (esa soy yo) puedes comprar la entrada con anticipación y así no podrás negarte
  • Si te ayudaría a avanzar una persona a la que tienes que “rendir cuentas” contrata un coach o mentor que pueda registrar tus progresos o comprométete en serio con otra persona a haceros un seguimiento serio de vuestros objetivos.

 

Las estructuras externas, que no dependen de nosotros, nos ayudan a ser más firmes y estructurados en nuestros propósitos.

Pregunta para ti: ¿Con quién te podrías comprometer o qué estructura externa te haría más fácil avanzar y ponerte límites?

 

Resumiendo…

Es sintomático de nuestra generación que nos gustan muy poco los límites y las normas (la autoridad aún menos). Pensamos, falsamente, que la creatividad se ve favorecida en “el vacío”, en la ausencia de paredes y restricciones. En realidad suele ser al revés: nada hace florecer más el talento que el tener unos límites, un “contenedor”, sea en forma de temas, plazos, estructuras o reglas varias.

Con estos artículos he intentado compartir contigo mi idea de que ponernos límites saludables es una forma de respetarnos y crecer como personas, de avanzar de forma más eficaz y sentirnos satisfech@s al acabar el día.

Si esta lectura te ha removido algo por dentro, ha llegado el momento de pensar cuáles van a ser tus propias normas, y experimentar con ellas para ver si tienen sentido.

¿Me lo cuentas en los comentarios?

 


Créditos de la imagen: Spread your wings de EladeManu via Flickr Creative Commons

 

 

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