Uno de los temas que despiertan más interés en las redes sociales es la gestión del tiempo. También era uno de mis temas preferidos cuando comencé la formación en coaching.

Qué hacer para trabajar más productivamente? ¿Cómo tener más tiempo libre para nuestra familia, amigos y aficiones? ¿Qué estrategias nos permiten lidiar con el estrés cotidiano? Y sobre todo:

¿Cómo dejar de sentir al final del día esa desagradable sensación de que no lo hemos aprovechado?

Sin duda, sentir que estamos desperdiciando un tiempo precioso DUELE…

Paradójicamente, aunque por un lado sentimos que el tiempo se nos escurre de entre los dedos, por otro lado tenemos listas interminables de cosas que hacer.

Ya no sólo obligaciones laborales o domésticas, sino también aficiones, amig@s que atender, compras, eventos, cursos, planes de ocio, proyectos, viajes, etc.

Esa lista de cosas que hacer, todas (supuestamente) imprescindibles, va creciendo hasta convertirse en un monstruo que nos paraliza… Hay tanto que hacer que ¿por dónde empezar? ¡es tan agotador pensarlo que mejor no hago nada y veo la televisión!

 

Ojalá el día tuviera 48 horas…

¿Quién no ha dicho “me gustaría que el día tuviera 48 horas”? Parece que la solución a nuestro problema sería justamente esa: más tiempo. Así podríamos acomodar todas nuestras obligaciones y planes en el mismo día.

Sin embargo… ¿No creéis que, si efectivamente nos fuera concedido ese regalo divino y los días tuvieran 48 horas, no estaríamos igual de estresados?¿No ocuparíamos esos días extra-largos de la misma forma que ahora?

Es como cuando cambiamos a una casa más grande porque nos falta espacio y al cabo de un año la tenemos igual de abarrotada que la actual. A más espacio disponible, más cosas acumulamos. Por ello creo que si los días fueran el doble de largos, seguramente los rellenaríamos con el doble de cosas. El problema seguiría sin resolver.

Si la solución para vivir con menos estrés no pasa por fabricar más tiempo ¿entonces qué podemos hacer? ¿Dormir menos? ¿Ser más eficientes y así hacer más en menos tiempo?

Bueno, esto último podría ser, la productividad es justo eso: rendir más para aprovechar mejor el tiempo. Ser más productivos implica que tardamos menos en hacer las cosas y, por ello, en teoría, dispondremos de más tiempo libre. La persona productiva piensa así: Si termino mi trabajo en 6 horas en vez de en 10, me quedan libres esas cuatro para “mis cosas”, ¡fantástico!

El único problema que yo le veo a la productividad es que puede convertirse en adictiva… Al final, cuando somos productivos, nos enganchamos a esa forma de trabajar y, ya que hemos conseguido tener dos horas libres más al día, las empleamos para ponernos otra obligación extra. Por ejemplo, si yo fuera capaz de escribir dos artículos en el tiempo en que actualmente escribo uno ¡justamente escribiría dos artículos en vez de uno! No emplearía ese tiempo en “relajarme y mirar las estrellas”.

Piensa en la última vez en que estuviste hiper-productivo, bien haciendo limpieza en casa, en el trabajo, organizando papeles, pintando… ¿No aprovechaste ese “tirón de productividad” para hacer más cosas? Y ojo, eso está muy bien, yo también aprovecho para quitarme de encima un montón de cosas cuando me siento muy enérgica.

Pero aquí volvemos al problema anterior: más productividad a veces implica que hacemos más cosas ¡total, si nos está cundiendo mucho, vamos a trabajar! Luego cuando nuestra naturaleza cíclica nos lleva a un día o a un período vital de menor energía y por tanto menos productivo… todos esos hábitos que habíamos construido se desmoronan. Ser muy eficientes implica una organización y una energía que no somos capaces de mantener en condiciones menos “ideales”. Y eso, cuando nos habíamos acostumbrado a la “droga” de la productividad, es un batacazo.

Por todo esto opino que aunque la productividad es una herramienta súper valiosa que todos debemos mejorar, no es la solución final a nuestro problema de estrés y falta de tiempo.

¿Entonces qué hacer? Si tener más horas y aumentar nuestra productividad no nos terminan de reconciliar con el tiempo… ¿cuál es el siguiente paso?

Pues bien… aquí va mi propuesta, sencillísima, de sólo tres palabras:

Decir que no

Casi en todos los casos el estrés y el sentimiento de “no llego” provienen de que queremos hacer demasiadas cosas. Quizás no las hacemos porque el propio agobio nos bloquea, pero sí desearíamos hacerlas, sí las tenemos en una lista física o mental.

Queremos hacer demasiado, por encima de lo que es humanamente posible. Y además lo sabemos. Sabemos que no es realista (ni sano) querer abarcar tanto, y sin embargo nos cuesta decir que no a esa actividad que nos gusta, a esa obligación que creemos ineludible, a tener esto, lo otro, a querer hacer más cada vez…

Nos parece que decir que no es renunciar y la renuncia duele. Parecería que la vida va a ser menos plena, menos exitosa y más aburrida si hacemos menos cosas. Peeeero la realidad es que… ¡Es justo al revés!

Lo que nos lleva a la insatisfacción es ponernos listas interminables de cosas que hacer que (en el fondo) sabemos que no vamos a cumplir.

Y como no lo cumplimos, ahí viene la culpa y la sensación de fracaso al sentir que no somos constantes ni organizados.

Lo que nos aleja del éxito es tener 20 caminos abiertos que demandan nuestra energía, en vez de dos o tres interesantes.

Lo que nos impide aprovechar y disfrutar profundamente el tiempo que pasamos con las personas (sean amigos, clientes, hijos u otros familliares) es estar con la cabeza puesta en “tendría que estar haciendo esto” o “tendría que avanzar en esto otro”.

Lo que nos duele al terminar el día no es haber “perdido el tiempo” (el tiempo ni se gana ni se pierde, simplemente pasa) sino no haberlo vivido con los cinco sentidos. Porque con prisa y con la cabeza (o la agenda) llena de cosas, es imposible disfrutar del presente.

Para sentir conscientemente el paso del tiempo hay que centrarse. Pararse. Respirar. Poner toda la intención en lo que estamos haciendo. Hacer las cosas con mimo, con esmero, sin importarnos si tardamos una hora más de lo previsto.

Si hacemos tres cosas en vez de diez, pero esas tres las hacemos realmente bien, disfrutando de su realización, sintiendo que nuestros cinco sentidos están en esa tarea, al final del día nos iremos a dormir con la sensación de que hemos hecho algo grande. Algo que merece la pena. Algo que le da a nuestro día el estatus de “día aprovechado”.

 

Renunciar para hacer hueco a lo importante

Ya sabemos a dónde nos conduce esa forma de vivir llena de compromisos y obligaciones: estrés, falta de foco, sensación de que el tiempo vuela, insatisfacción, culpabilidad.

Ahora pensemos en el caso contrario… Imagínate que eres capaz de decir que NO a tantas actividades, objetivos y proyectos personales.

Imagínate que tienes dos aficiones importantes, en vez de diez, y puedes dedicarles todo tu tiempo libre con calma, entrega, profundidad, sin prisas.

Imagínate que durante un mes te enfocas en un sólo objetivo y pones a los demás de secundarios. Imagina la claridad al levantarte por la mañana sabiendo que ESO es lo principal que tienes que hacer en el día de hoy, y que mientras avances en ello, no importa cómo estén los demás proyectos.

Imagínate comprando menos cosas, viajando menos, teniendo menos artículos en las estanterías, eliminando obligaciones autoimpuestas no necesarias y que podrías cambiar por otra cosa que se adaptara mejor a ti (por ejemplo si no te gusta ir al gimnasio pero te gusta caminar, puedes hacer esta segunda actividad y quitarte esa “losa” de encima).

Imagínate teniendo menos planes de ocio… pero disfrutando más aquéllos que sí tienes.

Imagínate apagando el móvil durante unas horas… pero conectando de verdad con las personas mientras lo tienes encendido.

Imagínate leyendo menos libros, e incluso releyendo algunos que te gustaron en su día, en vez de introducir constantemente información nueva a tu cabeza.

Podría seguir y seguir dando ejemplos, pero supongo que el mensaje está lo suficientemente claro y se puede resumir en esta imagen:

 

decir_que_no

 

Es probable que nuestras vidas no necesiten más cosas, ni más planes, ni más objetivos, ni más personas, ni más proyectos, ni más tareas que hacer para sentirnos merecedores de aprecio.

Seguramente necesitemos hacer un espacio y decir que no a unas cuantas cosas, con el fin de vivir con menos estrés y más conciencia del tiempo que pasa.

La decisión está en tu mano.

Empieza a pararte y a “decir que no” más a menudo. Porque de esta manera, estás dejando hueco a lo importante.

 

¿Qué opinas? Me encantará leer tus comentarios debajo de este artículo, los contesto a todos.

 


Créditos de la imagen destacada: Meditation de Loky Stelaris via Flickr Creative Commons

 

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6 Comentarios

  1. Pingback: 10 claves para vivir sin estrés - Coaching para personas inquietas

  2. Solo puedo decirte gracias, parece que me has leído la mente, ayer mismo tuve que borrar mi lista de cosas pendientes por terminar antes de septiembre, porque por más que hacía, en lugar de liberada me sentía muy nerviosa, con ansiedad y me dió hasta miedo, era como una obsesión.
    Has reflejado totalmente como me siento, se lo intenté explicar a mi marido y ahora le he leído tu artículo, pensaba que estaba loca.
    Gracias

    • Amparo Millán Responde

      Qué bien María, me alegro mucho de haberte servido de ayuda! A partir de ahora intenta que no se descontrole esa lista de cosas por hacer (porque vivimos en una época VORAZ en la que, cuanto más hacemos, más queremos seguir haciendo) un abrazo!

  3. Elodia Camargo Bojorquez Responde

    Hola..me encanto tu artículo, me identiqué con el, mucho de lo que explicas lo he realizado durante años, tengo una vida tranquila y bien en muchos aspectos. Compartire ésto con las personas que se necesitan leerlo. Es la primera vez que leo algo tuyo..por alguna razon esta mañana llego a mi..Namasté

    • Amparo Millán Responde

      Hola Elodia, veo que tú también eres una abanderada del “minimalismo existencial” y sabes definir tus prioridades 🙂
      Me alegra que hayas caído por casualidad (o por destino…) en esta página y te agradezco mucho si compartes el artículo con quien lo necesite. Un abrazo!

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