Hay muchas razones por las que no conseguimos esos objetivos que escribimos a principios de año, pero de todas ellas, hay cuatro típicas que podemos considerar excusas. Estas son:

No tengo tiempo
No tengo dinero
No puedo
No sé cómo hacerlo

Cuando digo “excusas” no quiero utilizar un tono agresivo ni peyorativo (como es común en muchos artículos sobre este tema, que vienen a decir: deja de quejarte y ponte a currar de una vez). No digo que estas excusas las estés inventando, porque seguramente cuando dices que te falta tiempo, dinero o conocimientos, en gran parte es VERDAD. Seguramente no partes de condiciones ideales para alcanzar lo que quieres.

Sin embargo… también es cierto que no puedes quedarte enganchad@ a estas excusas por siempre jamás. Tiene que llegar un momento en que, en vez de estar anclad@ a esa idea de “no puedo, no sé, no tengo tiempo, es imposible para mí” hagas algo diferente. Algo que de verdad te sirva para avanzar en tus metas.

Y de eso diferente que puedes hacer va este artículo. Te voy a enseñar cuál es la pregunta mágica para pasar por encima de cualquier excusa. La pregunta que, si te la haces repetidas veces y en diferentes condiciones, cambia radicalmente tu modo de pensar y, por extensión, tu realidad.

¡Vamos a ello!

 

Eliminar las excusas que nos paralizan
¡Pinea este artículo!

 

Pensamiento en bucle /vs/ pensamiento explorador

Empecemos definiendo el tipo de pensamiento que crea las excusas y que yo he llamado “pensamiento en bucle“.

Piensas en bucle cuando te estancas en una idea, o le das vueltas y vueltas pero sin aportar nada nuevo cada vez.

Un ejemplo de pensamiento es bucle es decirte a ti mism@: “me gustaría salir a hacer deporte (por ejemplo) pero no tengo tiempo. Sí, la verdad, no tengo tiempo, tengo la casa, el trabajo, los niños, mi vida social y no me da tiempo de nada más. Y como no tengo tiempo, el tema del deporte aunque me lo ha recomendado el médico es imposible para mí. Definitivamente, no puedo hacerlo.”

Si te fijas, en esta forma de pensar todo gira alrededor de una idea que no nos permitimos cambiar (el “no tengo tiempo, es imposible”) y por eso, por mucho que pensemos no llegamos a ninguna solución. Comúnmente llamamos a esta acción “comerse la cabeza” y sabemos que sirve de poco.

Más ejemplos de pensamiento en bucle podrían ser:

  • “No tengo dinero, y por eso no puedo hacer ese máster que me daría un impulso profesional, así que me lo tengo que quitar de la cabeza”
  • “No puedo cambiar, nací así y soy así, y punto, por tanto tendré que acostumbrarme a esta forma de ser que me da problemas, no me queda otra”
  • “Quiero construir una vida diferente pero no sé por dónde empezar, y como no sé, me resigno a quedarme donde estoy para siempre”.

En todos los casos, nos quedamos atascados en la premisa inicial (la excusa) y le damos vueltas, vueltas y vueltas sin llegar a un punto productivo.

Pero hay otra forma de pensar ante los problemas o excusas y es la que yo llamo pensamiento explorador. Consiste en tener esa disposición interna de “a ver… vayamos a explorar”. El pensamiento explorador no da vueltas sobre una idea sino que se expande en todas las direcciones y se activa cuando nos hacemos preguntas.

Es una forma de pensar en la que la mente trabaja productivamente: se pregunta, indaga, explora, intenta buscar soluciones, las valida, las planifica para llevarlas a cabo… Y después de haber probado con diferentes cosas, esta mente productiva se queda con las que funcionan y descarta o cambia las demás.

Suena bien ¿verdad? muy distinto a eso de “comerse la cabeza”.

 

La pregunta clave para eliminar cualquier excusa

Volviendo al tema de las excusas, la pregunta clave que te va a sacar de esa forma de pensar en bucle y va a activar tu pensamiento explorador se construye añadiendo ¿CÓMO PODRÍA? a tu problema.

Es decir, en vez de pensar “no tengo tiempo” te preguntas: ¿Y cómo podría tenerlo?

A partir de aquí, se trata de buscar diferentes respuestas y tirar del hilo… hasta que encontremos alguna solución o idea sobre la que podamos profundizar más o llevar a la práctica.

Veámoslo con los ejemplos anteriores:

El primer pensamiento en bucle era: “No tengo dinero y por eso no puedo hacer ese máster que me daría un impulso profesional“. En vez de quedarnos en este estado de ánimo derrotista, nos hacemos la pregunta mágica:

¿Y CÓMO PODRÍA TENERLO? ¿Cómo podría conseguir ese dinero?

Aquí podemos explorar diferentes opciones, sin miedo, haciéndonos preguntas y validando cuáles nos sirven y cuáles no. Por ejemplo:

  • ¿Puedo ahorrar una pequeña cantidad de mi sueldo mensual? ¿Cuánto? ¿Y cuánto tardaría en reunir la matrícula del máster?
  • ¿Puedo buscar un trabajo extra?
  • ¿Vendo el coche, algunos muebles, mi casa y me mudo a otra más pequeña?
  • ¿Podría pedir un préstamo al banco?
  • ¿Me podrían dejar mis familiares o alguna persona que confíe en mí?
  • ¿Y si me ofrezco para trabajar en ese máster de becaria y pago la matrícula por medio de mi trabajo? (esta solución funciona más de lo que parece, por cierto)
  • ¿Y si consulto este problema con mi amigo Carlos, que siempre saca el dinero de donde otros no lo ven, me dará él alguna solución?

Lo mismo sucede en el caso en que pensemos “quiero llevar una vida diferente pero no sé por dónde empezar” La pregunta para fulminar esta excusa sería:

¿Y cómo podría saberlo?
¿Cómo podría obtener un mínimo de claridad para dar el primer paso?

De estas dos cuestiones nos pueden venir muchas ideas:

  • Tal vez me vendría bien un retiro en casa de fin de semana, con móvil apagado, sin ver a nadie y sólo un papel y una libreta, para contactar con mis deseos y evaluar posibles opciones.
  • Puedo pedir ayuda o consejo a mi hermana que hace unos años ya hizo un cambio radical en su vida
  • Puedo empezar con cualquier cambio, por más sencillo que parezca (un nuevo corte de pelo, por ejemplo) y a partir de ahí ver qué va viniendo
  • Puedo leer libros sobre cambio de vida, a ver si me dan ideas
  • Puedo empezar una terapia con un profesional en quien confíe
  • Podría dar un primer paso arreglando la situación con mi pareja, que está fría y tensa
  • Si tengo dinero, puedo cambiar completamente mi entorno (casa, ciudad, coche) y seguro que en un nuevo ambiente me vienen ideas nuevas.
  • Etc.

Como verás, en todos los casos no se trata de llegar a una respuesta adecuada, sino de generar muchas respuestas, o muchas preguntas que conducirán a nuevas respuestas e ir probando las alternativas sin miedo.

En definitiva, se trata de poner tu mente en movimiento, en vez de seguir alimentando las excusas que la mantienen trabada.

Este es un proceso creativo, no rígido, por eso aléjate del perfeccionismo y permítete explorar sin límites.

 

Tener en cuenta que lo importante no es llegar a la meta, sino el camino

¿Y ya está? Te estarás preguntando ahora, ¿hacerme esta pregunta va a cambiar mi vida y a partir de ahora voy a conseguir todo lo que me proponga sin excusas? Bueno, no es exactamente así…

El camino hacia cualquier meta que merezca la pena suele ser largo y tortuoso (por eso recomiendo dividirlo en etapas más pequeñas). Tu problema no se va a solucionar mágicamente en dos días porque te preguntes ¿CÓMO PODRÍA…?

Además de las excusas que hemos visto, puede ser que no logres algo que deseas porque no estás dispuest@ a pagar el precio o porque existen resistencias y autosabotajes internos  que te paralizan.

A pesar de esto, un pensamiento explorador siempre aporta claridad y entusiasmo. Es el primer paso para salir de situaciones que nos bloquean o del derrotismo que acarrean los “no puedo”.

En el momento en que te haces preguntas y buscas alternativas para salir de tu situación actual, estás avanzando, incluso aunque no consigas lo que te habías propuesto, porque estás desarrollando una mente más útil, más vivaz y más creativa.

Hay ciertos asuntos que necesitan de mucho tiempo, mucho ingenio y mucha conciencia para ser solucionados. Otros no conseguimos solucionarlos nunca. Pero el mero hecho de pasar por encima de las excusas y poner en práctica algunas pequeñas acciones (funcionen o no) ya es suficiente motivo de celebración.

¡Ánimo con tus propósitos y no te quedes en las excusas!

 


Créditos de la imagen: End of Day de Donnie Nunley via Flickr Creative Commons

 


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10 Comentarios

  1. Muchas gracias por tus artículos, Amparo, siempre son muy positivos, directos y clarificadores 😊

  2. Hola, Amparo, te leo siempre que puedo y me encantan tus artículos, los veo muy lógicos, creo que muchas personas nos identificamos con ellos, tenemos tanto que aprender de nosotros mismos… se nos va el tiempo opinando y criticando en vez de prosperar , en fin te seguiré leyendo, es un placer, Feliz año.

    • Muy bueno el artículo de hoy ..de veras que me identifico..hay mucho por hacer.

  3. Amparo Millán Responde

    Muchas gracias a tod@s por vuestros comentarios!! 🙌

  4. Pingback: 10 claves para vivir sin estrés - Coaching para personas inquietas

  5. ¿CÓMO PODRÍA?

    He decidido que sea mi lema para este año. Un poco tarde, lo sé, pero refleja a la perfección el esfuerzo tan grande que estoy haciendo este año para cambiar un poquito las cosas. Ya he conseguido avances en algunas áreas aunque otras se me resisten, así que fuera excusas y a por ello.

    Gracias!

    • Amparo Millán Responde

      Sí, el “¿cómo podría?” es una pregunta que lo cambia todo, nos convierte en personas poderosas y con el control de su destino. Además, muchas veces pensamos que no hay alternativas (por ejemplo, que de verdad nos falta tiempo o dinero) y en cuanto enfocamos el pensamiento en buscar formas de solucionarlo, ¡se nos ocurren un montón de ideas en las que no habíamos reparado antes!
      Enhorabuena por esos avances que has conseguido. Si hay áreas que se resisten, es porque son más complicadas y requieren más trabajo, más paciencia, más CONCIENCIA (es decir, pensar qué hay detrás de esa situación, casi siempre suele ser una emoción antigua) y más amor propio (o menos autoexigencia).
      Un abrazo Ana!

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