Cambiar de opinión continuamente es tan negativo como no tener ni idea de para dónde tirar. En ambos casos estamos paralizados porque nos falta una dirección o un propósito que seguir.

En una encuesta sobre cuáles eran los obstáculos que nos impedían cumplir nuestros sueños, una lectora me escribió lo siguiente:

Mi mayor obstáculo soy yo misma, siempre soy yo misma. Hoy pienso esto, mañana lo contrario, al otro día retomo, al siguiente abandono de nuevo la idea, más tarde vuelvo a pensar lo que al principio… Mi cambio constante de opinión es el problema.

Por otro lado, necesito recopilar mucha información antes de comenzar algo, pero si al día siguiente veo que alguien lo hace mejor, yo me siento inferior y vuelvo a cambiar mi opinión. No sé qué hacer con esto ¿sugerencias?

 

Cambiar de opinión, o incluso de opciones de vida, en principio es saludable. Es bueno que nuestras ideas estén sujetas a revisión y estar abiertos a opciones nuevas, en vez de aferrarnos con unas y dientes a lo que decidimos hace treinta años. Lo que puede resultar un problema es que este proceso ocurra tan rápido que no nos dé tiempo a materializar ningún objetivo, además del estrés mental que supone pensar cada día una cosa.

Cuando leía el comentario de esta lectora, me venía la imagen de una mujer con muchas cosas volando a su alrededor, de forma caótica, y ella impotente en el medio sin saber para qué lado mirar, paralizada. Una situación nada agradable. Se me ocurren tres motivos por el que una persona puede experimentar este frenesí mental que le impide tomar decisiones y pasar a la acción, y es lo que quiero compartir contigo en este artículo. Empecemos:

3 motivos por los que cambias de opinión con frecuencia
¡Pinéalo!

 

1) Cambiar de opinión como reflejo del ritmo frenético al que estamos sometidos.

Lo que caracteriza a nuestra “sociedad del conocimiento” es que estamos expuestos a una avalancha de estímulos e información como nunca antes en la historia, que requiere un procesamiento mental muy rápido. Nos hemos habituado tanto a los cambios trepidantes en las películas y las series que visualizar una escena tranquila se convierte en un pulso a la paciencia . Además cada vez se nos hace más difícil leer un libro (a mí ahora me cuesta habiendo sido lectora voraz de adolescente) acostumbrados a esas “píldoras exprés” de información que recibimos a través de las redes sociales.

Por otro lado, las respuestas que se nos demandan tienen que ser casi instantáneas. El whatsapp que llega, los correos, las notificaciones, nos piden que respondamos a la voz de ya, cuanto antes, ¡rápido! Hay que ir rápido a trabajar, y volver rápido a casa porque llegan los niños, y cocinar rápido, e ir rápido al gimnasio para no pillar atasco, y leer rápido para que así nos dé tiempo a leer más libros al año…

En fin, lo de la “rapidez” es una epidemia y esto que sucede con las series, con los libros y con el modo de vida, también se traslada a nuestra mente. Estamos tan habituados a procesar la información rápidamente que supone un esfuerzo mental enoooorme bajar el ritmo y hacer actividades que impliquen tiempo, lentitud y concentración.

Cambiar mucho de opinión, o tener ideas nuevas todo el día, es el reflejo de esta forma de vivir. Por eso hoy más que nunca se hace necesario el entrenamiento en una forma de pensar paciente y enfocada. Las personas que vivían hace años se habrían abrumado ante tanta información, por falta de práctica, hoy nos pasa justo lo contrario. No estamos acostumbrados a los ritmos lentos, pausados y a la falta de estímulos, por eso nos cuesta tanto concentrarnos, y por eso justamente hablo de entrenarlo.

Afortunadamente hay una manera muy sencilla de “calmar la mente”  y poner orden en el flujo estresante de ideas (aparte de la meditación, que para mí es una herramienta complicada) que consta de tres pasos:

  1. Parar (quedarnos inmóviles)
  2. Respirar
  3. Escribir

 

Cualquiera que haya hecho este ejercicio de parar, respirar y después coger una hoja papel para apuntar absolutamente todo lo que se le pasa por la cabeza, habrá comprobado que es un acto liberador. Es como si trasladásemos ese caos mental de la cabeza al papel, y así ésta queda limpita y ordenada.

Esta imagen de Asaf Hanuka refleja mejor que las palabras lo que quiero decir. La encontré en el artículo de Raúl Hernández titulado “si la cabeza se te alborota, escribe“.

Escribir cambia la mente - Qué hacer si cambias mucho de opinión

 

¿Demasiadas opiniones? ¿Demasiadas ideas? ¿Demasiadas “cosas” que no puedes procesar en tu cabeza? Apártate del mundanal ruido, respira hondo y escribe. Y luego respira otra vez con alivio.

 

2) Cambiar demasiado de opinión por miedo a las consecuencias de actuar

No sé si lo has pensado alguna vez pero un método infalible para no cometer errores es no hacer nada. Funciona en el 100% de los casos. Y una manera posible, aunque no infalible en este caso, de evitar que la gente nos critique es llevar una vida silenciosa y mediocre, sin brillo ni atrevimiento, siempre dando la razón al que está al lado.

En cuanto damos el paso de tener una opinión diferente o de hacer algo nuevo, surge el riesgo de cometer fallos y recibir críticas. Por eso una causa habitual de no materializar las ideas es el miedo.

Mientras cambio de opinión una y otra vez y no me decido a llevar nada a cabo, la idea sigue resguardada en mi cabeza y me siento seguro. Por el contrario, cuando pongo en práctica una idea o tomo una decisión del tipo que sea, me estoy arriesgando a que el resultado sea negativo y a recibir críticas por ello (y no me refiero sólo a críticas de los demás, porque las peores proceden de uno mismo).

En este dilema de no actuar por el miedo a las consecuencias (al fracaso, a las críticas) se ven atrapadas muchas personas.

Los cambios de opinión, no tener las ideas claras o no concretar decisiones en el mundo real sólo son excusas para tapar este miedo.

 

Es más fácil decir “no actúo porque no me decido” que reconocer “no actúo porque tengo un miedo tremendo”.

¿Cuál es una solución posible para dejar a un lado esta inseguridad y este miedo? Pensar no sólo en los beneficios de no actuar (no nos equivocamos, no recibimos críticas) sino también en las desventajas. Que son muchas y muy importantes.

Nos estamos perdiendo muchas, pero muchas cosas por no actuar. Es cierto que no nos critican, pero nuestra vida se vuelve monótona y estancada. Y además estar siempre cambiando de opinión, con la cabeza llena de ideas que no se asientan, no es un modo bonito de vivir. De hecho es peor que cometer errores.

Pensar en la inevitabilidad de la muerte también es un aliciente poderoso para tomar una decisión ahora, antes de que sea demasiado tarde. A nadie le gustaría llegar al final de su vida y decir: “Vaya, qué lástima, he desperdiciado mis días por temores que no tenían tanta importancia”.

En resumen, cuando no actuamos por miedo conviene pensar en todo lo que nos estamos perdiendo, en los costes ocultos de no tomar decisiones o no poner en práctica ninguna idea.

 

3) La trampa de pensar que somos peores que los demás

En el comentario citado más arriba hay una frase que habrá hecho saltar las alarmas de más de uno. Es la siguiente: “si veo que alguien lo hace mejor que yo, me siento inferior“.

Sobre las odiosas comparaciones podríamos hablar largo y tendido… Sabemos que no nos beneficia compararnos con los demás y aun así, no podemos evitarlo. También tenemos claro que todos somos valiosos y que nuestras capacidades o recursos no se pueden ordenar de mayor a menor (¿por ejemplo qué es mejor, ser un as en matemáticas o en historia? ¿ser simpático u organizado? ¿tener un matrimonio lleno de amor o un trabajo bien pagado?). Aun así, nos seguimos comparando y sintiendo inferiores cuando dictaminamos que alguien “nos supera” en algún aspecto.

Resumiendo, que pasar de la teoría (“no tengo que compararme con nadie”) a la práctica (“no me comparo y disfruto con los éxitos ajenos”) es un asunto complicado…

Un remedio posible, como primera opción, para evitar comparaciones es hacer un esfuerzo consciente por no mirar los éxitos ajenos. Cuando estés pensando en hacer algo no mires al lado durante un tiempo, enciérrate en ti mismo y olvídate de lo que hace todo el mundo o de los convencionalismos. En ese encierro piensa: ¿Qué quieres tú? ¿Qué sería para ti el éxito, en términos concretos? ¿Cómo ves tu idea, antes de someterla a la comparación con otros?

En segundo lugar podemos recurrir a los buenos amigos en un momento de debilidad para que nos digan las cosas positivas que tiene nuestra vida y cuáles son nuestros puntos fuertes. Con frecuencia los demás tienen una visión más objetiva de nuestra realidad que nosotros mismos. Escuchar de su boca cuáles son nuestras aptitudes y las bendiciones de nuestra situación actual suele traernos alivio y satisfacción.

Otra forma productiva de enfrentar las comparaciones es hacer que sirvan de estímulo. Si encuentras que alguien hace algo mejor que tú, en vez de sentirte mal o hundirte en una espiral de autocompasión, pon tu mente a funcionar y piensa “¿por qué es mejor que yo? ¿qué ha hecho? ¿cómo podría seguir sus pasos y hacer lo mismo?“.

Un remedio potente contra la envidia es cambiar el malestar por el deseo de ser como esa persona. Inspírate en los éxitos de otros e investiga a fondo lo que han hecho. Conviértelos en tu modelo a seguir en vez de una referencia para sentirte inferior.

Por último, la solución a largo plazo para dejar de sentirnos inseguros con respecto a los demás es fortalecer nuestra autoestima. Esto implica sentirnos valiosos, únicos, merecedores y capaces de afrontar los desafíos que nos trae la vida. Como digo este es un camino para el largo plazo, no algo que se resuelve en unos días, que pasa por revisar las creencias acerca de nosotros mismos, por ejemplo que no merecemos ser queridos o que sólo servimos para dar, no para recibir. Si la autoestima es tu asignatura pendiente te sugiero empezar por estos dos artículos que acabo de enlazar.

 

Conclusión final

¿Cambias de opinión constantemente y eso te agobia y te impide tomar decisiones? Te propongo estas tres alternativas:

 

1. Haz el ejercicio de parar y descargar tu mente cuando la veas muy saturada. Respira, coge papel y lápiz y escribe todos los pensamientos, ideas u opciones que pululan por tu cabeza. Luego mira tu obra y decide si quieres hacer con ello una lista de tareas o si lo vas a tomar como un diario personal para profundizar en lo que te pasa. En esta sociedad de rapidez e infoxicación (intoxicación de información) tenemos que entrenar la mente en una forma de pensar más lenta, limpia y pausada.

2. ¿Tal vez no te decides porque, en el fondo, tienes miedo de equivocarte o de recibir críticas? Mi consejo para ti es que, primero, reconozcas ese miedo y segundo, que respires hondo y pienses en todo lo que estás perdiendo por no actuar. El miedo hay que mirarlo a la cara y luego tomar decisiones a pesar de él, sabiendo que no hacer nada es garantía de una vida sin interés que nos arrepentiremos de haber vivido.

3.Si en todo momento te comparas con otras personas, sencillamente busca la manera de dejar de hacerlo. Deja de visitar las redes sociales de tus “competidores”, haz una lista de cosas favorables en tu vida, pide a tus amigos del alma que te recuerden todo lo bueno que tienes y a largo plazo, fortalece tu autoestima.

 

Con esto doy la pregunta por respondida y te animo a compartir tus inquietudes en el apartado de comentarios, los contesto todos.

Como apunte final sobre este tema de elegir y decidirse, recordar que no hay opciones “correctas” ni “incorrectas” si nos llevan a aprender y a experimentar. Lo dañino es no tomar decisiones y permanecer estancados toda la vida. Si no sabes qué hacer, haz lo que sea, lo que más te atraiga en este momento, y en el camino irás encontrando sucesivas respuestas.

 


Créditos de la imagen

Imagen 2: 268/365 de Helga Weber, via Flickr Creative Commons


 

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10 Comentarios

  1. Como siempre , un interesantísimo artículo que te hace recapacitar en este mundo de prisas, en el que muchas veces no nos da tiempo a pensar, y sólo actuamos de forma autómata. Y como tu bien dices, con mucho miedo a hacer cosas diferentes, que nos llenen el alma.Un saludo Amparo.

  2. Amparo Millán Responde

    Muchas gracias por tu comentario Clara, me alegro que encuentres en mis artículos un reflejo de ese estímulo, que en realidad esta en ti, que te pide hacer cosas diferentes, con más conciencia, más sentido trascendental, menos miedo… El hecho de que te plantees que la realidad no es agradable, y que todos somos un poco autómatas, es el primer signo de un cambio que se está abriendo paso en ti. Fíjate lo percibo incluso a través de la pantalla 😉 Eso es buenísimo así que enhorabuena y ten apertura hacia todas estas nuevas ideas, sentimientos y pensamientos que te van viniendo a partir de ahora. ¡Un abrazo!

  3. Me ha ayudado este artículo… Yo tengo un problema con mis decisiones.. Termine con mi novia por pensar mucho en el futuro.. En lo que pasará en unos meses o años.. Si aún seguiremos juntos. Tome la decisión de terminar pero la amo.. Y hace poco le pedi para regresar y aceptó… Pero siento que hay momentos que siento que mi decisión quiere cambiar.. Que cometi un error.. Que terminará mal.. O tal vez bien… Y eso a veces me atormenta. Intentaré centrarme más con lo que he leido en su artículo. Gracias. Saludos.

    • Amparo Millán Responde

      Querido Anónimo,
      Creo que lo que te está paralizando en tu decisión de seguir o no con tu novia es el temor a equivocarte, por un lado, y por otro la pretensión de que hay una opción/decisión ideal que te dejará tranquilo para siempre.
      Verás, no hay nada que nos bloquee más como pensar que hay una decisión que será perfecta y no tendrá consecuencias negativas y querer descubrir cuál es. No existe tal cosa. Cualquier decisión (seguir con tu novia o dejarlo) tiene una parte buena y una parte mala que debes conocer. Ninguna de las dos está libre de sufrimiento o de riesgos. Por lo tanto, no hay decisiones “buenas” (sin consecuencias negativas a corto o largo plazo) o “malas”, sólo hay decisiones “conscientes” o “inconscientes”. En las decisiones conscientes sabemos qué ganamos, qué perdemos y lo asumimos y vamos para adelante. Y por ello siempre son buenas decisiones, al margen del camino que escojamos.
      Espero que esta reflexión te haya aclarado un poquito más. Un afectuoso saludo.

  4. Excelente tu artículo, me ha ayudado mucho. Hoy (en realidad ya hace varios meses), me encuentro en una disyuntiva sobre qué hacer con mis planes a futuro. Tengo 23 años y estoy por recibirme. Conseguí un trabajo estable y tengo las cosas en “orden” aquí en mi ciudad. Por otro lado, mi yo aventurero quiere salir a probar el mundo, y conocer algún país, hablar otro idioma y trabajar en el extranjero. Mi limitación soy yo, que un día me levanto y digo “me tengo que quedar acá, a juntar dinero y experiencia, además, qué hago si vuelvo y no consigo trabajo, cómo voy a hacer?” y cambio de opinión automáticamente. Al día siguiente, vuelvo a creer que todo lo anterior es posible, y así sucesivamente. Espero poder meditar, o tomar nota de tus reflexiones, y que me sirvan.
    Muchas gracias!

    • Amparo Millán Responde

      Creo que lo que te deja en ese bucle sin sentido de pensar en las mismas opciones una y otra vez y no decidirte por ninguna es el punto 2: el miedo a las consecuencias de actuar. Tanto si tomas una opción (conseguir un trabajo estable en tu ciudad) como si tomas la otra (irte de aventura por el mundo) hay algo que ganas, esto es obvio y lo sabes, Y ALGO QUE PIERDES… Ahí (creo) que está la trampa para ti: que no quieres perder nada, no quieres renunciar a nada, crees que hay una opción perfecta que no tendrá consecuencias y no, no la hay.
      Este sábado (o sea dentro de unos días) voy a escribir un artículo precisamente sobre cómo tomar decisiones, puedes venir a leerlo aquí o suscribirte a mi club de los sábados y recibirlo en tu correo.
      Gracias por comentar, un abrazo!

  5. Agradecida por el artículo, me ha sido de gran ayuda en éste momento, quisiera poder seguir en contacto con los mismos y poder compartirlos.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Eva, me alegra mucho que el artículo te haya ayudado, si no quieres perderte ninguno de mis artículos te puedes suscribir al club de los sábados haciendo clic en el siguiente enlace: Únete al club. Un abrazo!

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