Descansar y relajarse en esta época de estrés generalizado que nos ha tocado vivir es casi un deber.

Tener períodos de desconexión del trabajo y las obligaciones no es sólo aconsejable, sino imprescindible, para trabajar con mayor productividad y creatividad, dos aptitudes que deseamos todos nosotros ¿verdad?

A pesar de que sabemos que el descanso es necesario nos cuesta pasar de la teoría a la práctica, ¡estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para darnos un respiro! O bien cuando finalmente paramos nos sentimos culpables porque podríamos estar avanzando en nuestra enorme lista de tareas en vez de tomando un té en la terraza y mirando a la gente pasar. Así que al final la culpa nos corta este rato de descanso y volvemos al ruedo.

La idea sutil que hay detrás de estas actitudes es la siguiente: descansar es menos importante que todas las cosas que tenemos que hacer.

Piénsalo: si creyeras realmente que un tiempo de respiro y desconexión es tan importante como las prioridades de tu lista de tareas no te costaría parar sin sentir culpa. Sería algo que harías con naturalidad, para lo que sacarías tiempo sí o sí (como ducharte o hacer la comida, no importa lo apretado que tengamos el día que siempre hay tiempo para eso).

Por eso, a continuación comparto algunas ideas sobre el descanso en las que he estado pensando últimamente, que quizás te ayuden a tomar conciencia de su importancia vital y, desde ahí, cambiarás el modo en que te enfrentas a tus tareas diarias.

 

Si no tienes tiempo, descansa

Paradójicamente, cuanto más ocupado estés y más responsabilidad tengas en tu trabajo, más necesitas encontrar actividades que permitan relajarte y desconectar.

Berto Pena en esta entrada de ThinkWasabi lo expresa así:

Sin un buen descanso físico y mental no hay ideas, no hay motivación, no hay ilusión, no hay energía, no hay innovación, no hay creatividad, no hay empresa ni proyecto ni tareas ni estudio ni aprendizaje ni formación ni nada.

Si vas a mil, párate a descansar.

“Si vas a mil, párate a descansar” me encanta esta frase.

Creo firmemente que ninguna idea fabulosa, ningún trabajo realmente bien hecho, ninguna actitud sana y positiva para los demás nacen de una mente estresada o de una vida sin pausa.

Es sencillamente un mito el pensar que se puede vivir a mil sin que algo se desmorone: la salud, la creatividad, las relaciones sociales, el rendimiento físico o la capacidad mental. El estrés prolongado siempre se cobra sus víctimas, antes o después.

Las cosas valiosas necesitan tiempo, tiempo de incubación, de planificación, de ejecución. Un trabajo excelente hecho con esmero no puede nacer de la prisa y el caos mental. Por eso cuanto más creativo sea nuestro trabajo, más necesitaremos parar.

Por otro lado, muchas veces tenemos ideas ingeniosas o revelaciones sobre nuestra vida cuando estamos tomando una ducha, paseando al perro o enredando en la cocina con una nueva receta. Necesitamos airear y descansar la mente para que los pequeños “chispazos de inspiración” (que hacen la vida tan divertida y sorprendente) tengan por dónde colarse.

En resumen: empecemos a considerar que parar y dejar nuestra mente en estado de relajación no es un lujo prescindible, es una acción tanto más importante cuanto más estresante sea nuestra vida, mayores nuestras responsabilidades o más larga nuestra lista de tareas.

Si no tienes tiempo, descansa, esa es la máxima de la que acordarte.

 

Cuando descanses, descansa de verdad

A veces estamos en un “sí pero no” con respecto al descanso, es decir que creamos situaciones en las que ni estamos 100% enfocados en el trabajo (porque nos distraemos con la mínima facilidad) ni estamos al 100% enfocados en el disfrute (porque tomamos un descanso pero no apartamos nuestra mente de los asuntos relativos al trabajo).

No sé tú pero yo en esto soy una especialista, es algo en lo que tengo que poner muuucha conciencia porque si no viviría así todo el tiempo, en ese espacio difuso de trabajo-descanso que acaba originando que cada vez seamos menos productivos en el trabajo, porque el rato de desconexión no ha sido de calidad.

 

Para ser más productivo necesitas períodos de descanso y desconexión

 

¿La solución? Delimitar bien qué períodos son de trabajo y cuáles son de desconexión y enfocarnos en el que nos toque. Y sobre todo, no querer ponernos metas imposibles como 4 horas seguidas de trabajo, 10 tareas prioritarias en un día o muchos objetivos importantes a la vez.

De la misma manera, si eres una persona apasionada de tu trabajo y te cuesta desconectar, una meta irreal es creer que puedes hacerlo con facilidad, en un segundo, o que no te vas a impacientar sabiendo que tienes 50 mails por responder. Tómate mejor pequeños ratos, por ejemplo 30 o 60 minutos, de trabajo total o desconexión total y haz este proceso de pasar de trabajar a descansar de forma paulatina.

Un consejo que te puede ayudar cuando quieras desconectar es buscar una actividad que capte toda tu atención, mucho mejor si es manual. La jardinería, bailar, pasear, cocinar, hacer manualidades o tomar un café con un amigo fuera de casa son mejores como vehículo de desconexión que la lectura, por ejemplo, si habitualmente trabajas leyendo y escribiendo.

Pon el foco en encontrar cuál es esa afición que te relaja y hace volar tu imaginación fuera del trabajo. Si ya la tienes, es hora de incluirla en tu horario como si fuera una obligación más, porque realmente LO ES.

 

Desconectar de las redes… ¿un poquito, mucho, del todo?

Es un hecho que todos somos un poco adictos a Internet, las redes sociales y los dispositivos electrónicos. Estos medios, que en algunos momentos son una fuente de placer, bienestar y risas, en otros se convierten en tiranos que nos encadenan más de lo que nos gustaría.

Merece la pena pararse a pensar en el uso, racional o excesivo, que damos a estas tecnologías y en el disfrute real que nos proporcionan.

¿Llegamos al extremo de sentirnos ansiosos si no revisamos nuestro móvil cada diez minutos? ¿Tenemos la necesidad constante de acudir a Internet cada vez que nos aburrimos, porque no se nos ocurre otra cosa que hacer? ¿Empleamos más tiempo en consumir información de redes sociales, periódicos, foros y blogs que en crear?

Y también muy importante: ¿estamos quitando tiempo a nuestras relaciones por permanecer conectados a Internet?

El lema de este anuncio publicitario tailandés es “desconectar para conectar” y la verdad que da para pensar… Porque yo reconozco que también me cuesta salir de “mi burbuja” de información consumida en la red y mirar qué están haciendo y qué necesitan de mí las personas que me rodean.

Echa un vistazo al vídeo, es sólo de minuto y medio.

 

 

Mirar Internet o el móvil mientras estamos descansando no es bueno o malo en sí mismo. Es una cuestión de dosis, veinte minutos de vez en cuanto, tres o cuatro horas al día en total no hace daño a nadie.

Por otro lado el placer que nos puedan dar las redes también dependen de nuestras circunstancias. Si trabajamos sin ordenador (por ejemplo en un trabajo físico o atendiendo al público) posiblemente nos relajará llegar a casa y leer nuestro correo y nuestros blogs favoritos. Si, por el contrario, estamos conectados a Internet varias horas al día por nuestro trabajo (¡hola! ¡yo misma!) quizás sea mejor en los ratos de ocio descansar un poco la vista y hacer otras cosas.

Busca en tu caso cuál es el empleo de Internet que te hace sentir cómodo, feliz, relajado y no el que te esclaviza.

 

El ocio también puede ser estresante

Merece la pena comentar también que tener muchos planes de ocio y muy variados puede ser estresante. Nos puede alejar del descanso y la desconexión que aparentemente buscamos al involucrarnos en estas actividades.

En primer lugar porque cuando hacemos una actividad de ocio dejamos de hacer otra cosa, y esto puede llevar a que se posterguen ciertas tareas que luego se convierten en urgentes otro día.

Por ejemplo, para todos es más divertido salir un sábado a hacer senderismo (o de compras, o de cañas, o de paseo por el parque) que quedarse limpiando y ordenando en casa, y en principio estas son tareas desestresantes y que nos relajan. Pero… ¿qué ocurre tras regresar de la caminata (las compras, las cañas..) el sábado por la tarde? Que la casa sigue necesitando una limpieza y ya nos queda menos tiempo libre.

Si ese hipotético fin de semana prosigue saturado de planes (que por supuesto hacemos “porque tenemos derecho a descansar”) las otras tareas menos agradables se van acumulando para la siguiente semana… cuando justo tenemos menos tiempo para llevarlas a cabo.

Porque al postergar ciertas obligaciones “en pos del ocio” las convertimos en tareas urgentes, con las complicaciones que esto acarrea.

Tampoco estoy diciendo que haya que aplicar siempre la regla de “primero el deber, y el luego el placer”, simplemente que vale la pena preguntarse:

¿Hacer esta actividad de ocio AHORA me va a relajar y dar sensación de descanso, o sería mejor acabar de una vez esas tareas que tengo que hacer aunque no me gusten?

 

¿Qué me conviene más, irme a pasear porque no puedo más, hacer ese viaje porque necesito estímulos divertidos para mi alma, o mejor me dedico este fin de semana a limpiar la casa, comprar, ordenar el armario, contestar esos correos atrasados o adelantar el trabajo?

Yo no tengo la respuesta, pero sí la tienes tú a cada momento, y unas veces elegirás priorizar el descanso y otras avanzar en tareas pendientes.

 

En segundo lugar  el ocio puede ser estresante si, en vez de realizar actividades de disfrute y descanso, consumimos actividades de disfrute y descanso de forma agotadora.

Por ejemplo, practicamos varios deportes, salimos todas las noches, viajamos casi todos los fines de semana, leemos demasiado, vemos demasiadas películas, en suma: consideramos el tiempo libre como un recurso súper limitado que hay que exprimir al máximo posible.

Un viaje de 30 días o seguir un circuito de actividades sin pausa puede ser divertido, pero NO es descansar ni relajarse (por eso a veces necesitamos vacaciones después de las vacaciones). Llamemos a las cosas por su nombre.

 

Bajar las expectativas

Finalmente, también es importante cuando nos planteamos períodos de descanso o desconexión no tener expectativas demasiado elevadas sobre lo que ocurrirá en este tiempo. Lamentablemente, ¡no siempre un rato de relax es una experiencia tan bucólica como esta!

Descansar y desestresarse

 

Parar un momento a tomar un té, salir de casa a dar un paseo, leer una hora en la cama, ver un momento la televisión, relajarnos en la piscina o cenar al aire libre con los amigos, no siempre son experiencias emocionantes y ultra-reparadoras. A veces son anodinas. A veces nos aburrimos un poco. A veces nos decepciona el resultado. ¿Y qué?

Desde que vivo en Dénia suelo pasar muchos ratos en la playa, es como mi recurso más inmediato para desconectar un poco del trabajo. A veces tengo paseos estupendos y otras veces pues tengo paseos, sin más. Algún día que otro lo he pasado la mar de bien, yo sola, y me han venido un montón de ideas, y sensaciones positivas, y me he sentido que “estaba en el momento y el lugar adecuados” y otros días… pues bueno, he estado ahí, a gusto, pero sin una vivencia especial que recordar.

Creo que en general ponemos muchas expectativas en lo que DEBERÍAN SER las vacaciones o los ratos de descanso. En principio, el objetivo de descansar es calmar un poco la mente, reponer fuerzas, mover el cuerpo físico y recuperar la motivación y productividad posteriores. Si en ese tiempo de descanso se producen experiencias trascendentales, bienvenidas sean. Si no, ya vendrán en otra ocasión.

Bajar las expectativas respecto a los períodos de descanso es una forma de liberarnos de la ansiedad de tener que pasarlo bien y disfrutar en todo momento, sobre todo en esos ratos tan preciados de “ocio” que nos cuesta tanto conseguir.

 

En resumen

Cuando estés sobrecargad@, toca descansar y desconectar de la vida virtual. No es un lujo innecesario, es una necesidad humana que además nos hace rendir mejor y ser más felices (y si sigues pensando que no tienes tiempo para descansar, entonces con más razón tienes que sacarlo, como sea, que otra cosa se quede sin hacer…).

Por otra parte, si bien a veces los momentos de ocio y descanso son para recordar, en otros casos son una simple forma de recuperar la energía, no tenemos que divertirnos todo el tiempo, ni aunque estemos de viaje.

Encontrar la forma adecuada de relajar el cuerpo y la mente puede requerir cierto tiempo y un poco de prueba-error, pero si quieres mejorar tu calidad de vida te animo a descubrir AHORA cuáles son tus actividades reparadoras.

Haz una lista con ellas y dominarás el arte de descansar.

¡Feliz verano!

 

 


Créditos de las imágenes:

Imagen destacada: “Cat” Cabanillas.- via photopin cc
Imagen 2: “Laziness”, de Silvia Sala, bajo licencia Creative Commons

 

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9 Comentarios

  1. Graciaaaas por este post… Cuanta falta me hacia.. Yo soy de las que intenta tener mil planes cuando tengo tiempo libre y creo que a veces necesito parar… Me guardó el artículo porque estoy segura de que lo tendré que releer en el futuro!

    Esperando a ver que cuentas la próxima semana!

    Saluditos 😉

    • Amparo Millán Responde

      Hola Lorena!

      Eso de tener mil planes en el tiempo libre es de lo más común! Consumimos ocio, diversión, experiencias… a veces hasta quedarnos agotados y luego ¿a quién le quedan energías para el trabajo o las obligaciones? 🙂

      Gracias por tu comentario, un abrazo!

  2. Pingback: Aprendiendo el arte de descansar (parte II) | ¿Puedo ayudarte?

  3. Hola a todos, el punto 4 donde se habla de expectativas me ha recordado inmediatamente a la época universitaria, pero de un modo instantáneo!! cuando eres joven y universitario parece que tienes que disfrutar al máximo de la vida, ir a mil festivales, estar en todos los saraos, hacer millones de amistades, etc. cuando en realidad es una época donde te estás conociendo, te relaciona con muchísima gente, conociendo una carrera que supondrá tu futuro trabajo que te definirá en cierto modo como persona; y por si fuera poco tienes la presión de no perder ni un segundo en estudiar porque “encima” tiene que aprobar! en fin todo un estrés y un desánimo ya que encima no eres todo lo estupendísimamente feliz que todo el mundo espera que seas. Cuando pasa una década de aquello y desde otra perspectiva siempre te sale una sonrisilla, pero sobre todo intentas tomarte la vida de otro modo; gracias por este post, me ha encantado leerlo y recordar que siempre hay que poner de nuestro lado para que todo vaya bien.
    Saludos!!!

  4. Amparo Millán Responde

    Alejandra, qué cierto lo que dices. Creo que la época universitaria es muy intensa, pero tanto por el lado bueno, como por las decepciones que se pueden sufrir.

    La verdad es que es una suerte que a los 20 tengamos energía para todo, porque yo hoy en día no sé si tendría tiempo de relacionarme con tanta gente, salir, ir a clase, estudiar, trabajos, exámenes cotillear… y en fin, todas esas cosas que se hacen en ese período. 🙂

    Y sí, bajar las expectativas, en cuanto a lo que sea, siempre es recomendable. Un abrazo!

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  7. Hola, Amparo a mi me pasa que por ejemplo a veces tengo mucho tiempo libre y no sé que hacer y me estreso porque siento que no estoy aprovechando el tiempo y que quisiera hacer más cosas pero no se que.
    ¡SALUDOS!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Paloma,
      Muy interesante tu pregunta porque eso nos pasa a todos, cuando tenemos tiempo libre no se nos ocurre nada que hacer y cuando estamos liados tenemos mil planes en la mente… La solución que yo he encontrado es HACER LISTAS. Lista de cosas que hacer en vacaciones, por ejemplo, lista de actividades estimulantes, lista de cosas que queremos aprender, de libros por leer, de cosas por probar, etc. Tener esas listas en el ordenador, en la agenda o en una libreta ya hechas de antemano nos evita caer en ese problema de “no sé qué hacer con mi tiempo”. Espero haberte ayudado, ¡un abrazo!

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