Mientras miras las vidas de otras personas, suspirando por lo que ellas tienen y tú no, te estás perdiendo el goce de tu propia vida.

Si te comparas continuamente con los que te rodean,

Si admiras los éxitos de otros y no eres capaz de ver los propios,

Si te encantaría tener el trabajo, la pareja, la casa, el coche, el aspecto físico, la familia o las cualidades de otras personas,

Estás incurriendo en dos errores bastante graves.

El primero, que te estás tratando con desprecio. No es bueno ni compasivo para contigo ponerte siempre en un lugar de inferioridad. No es sano. Duele mucho. Y además no te lo mereces. No te mereces ese autodesprecio, no viniste al mundo a esto.

El segundo error es que, obnubilado por las vidas de otros, estás dejando de ver las posibilidades que pueden estar en tu juego. Quizás hay una oportunidad estupenda a la vuelta de la esquina, o un recurso personal que muy poca gente posee, o una condición a la que podrías sacarle mucho partido. Pero no lo ves porque estás volcad@ en cómo son y qué hacen los otros.

Si te encuentras estancad@ en esta situación te sugiero dos cosas:

La primera que utilices la envidia (o admiración, si la palabra envidia te parece “fuerte”) como un arma poderosa. No la conviertas en tu enemiga, hazla tu aliada para que te ayude a identifcar qué es lo que secretamente anhelas y cómo podrías conseguirlo.

En segundo lugar, aprende a tratarte bien a ti mism@. Esto es esencial. Incluso aunque no puedas evitarlo, al menos comprende que menospreciarte y compararte te hace daño y no te ayuda a avanzar. Trátate como si fueras un niño pequeño que necesita compasión y consuelo. No te “regañes” por ser envidios@ o por pasarte las horas suspirando por las vidas que ves en Instagram, sino compréndete. Indaga en lo que te pasa. Habla contig@ mism@ en estos términos: “vaya, otra vez haciendo lo mismo, otra vez comparándome ¿qué me pasa? Algo debe de dolerme mucho… algo en mí no acepto… vaya… reconozco que estoy sufriendo… voy tratarme bien y cuidarme un poco más y sobre todo, a darme lo que necesito

Para mí esta última cuestión es fundamental y es una pregunta que recomiendo hacerte a menudo: ¿Qué NECESITO?

Mientras miras las vidas de otro tu tiempo en este mundo se acaba… Y todos nos perdemos eso tan maravilloso que viniste a dar.

No te pierdas tu propio don. No menosprecies tu regalo, tu singularidad, tu contribución. Mírate a ti, pon la energía en conocerte y en cambiar tu vida en vez de en analizar las vidas de los demás y hazte dueñ@ de tu destino.

 


Créditos de la imagen: Coach station, por xjy via Flickr Creative Commons

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