Proyectos que no se terminan, decisiones que no se toman, tareas que se postergan para mañana, y luego para pasado mañana, y luego para el mes que viene… ¿te suena? Achacamos estos acontecimientos a la pereza, al cansancio o a la mala organización y aunque estos puedan ser parte del problema, hay un enemigo silencioso que tiene mucho más que ver en esos casos…

 

Este enemigo silencioso es algo que tienes que perder cuanto antes en tu vida personal y profesional. Ese enemigo silencioso se llama miedo al fracaso. Aunque siendo más precisa lo voy a denominar: miedo IRRACIONAL al fracaso, porque el miedo dentro de un límite también tiene su utilidad.

 

Hace unas semanas envié una encuesta a mis seguidores y la primera pregunta era “¿Cuáles son tus dos principales obstáculos para avanzar en tus proyectos personales o profesionales?”. Era una pregunta abierta, no había respuestas prefijadas. ¿Sabes cuál fue la palabra más mencionada, con aplastante diferencia? El miedo. Miedo a equivocarme, miedo a la crítica de los demás, miedo al qué dirán, miedo a no ser adecuado/a, miedo a los errores, miedo a no ser capaz de lograr algo, miedo a los cambios.

 

Y sí, lo sabemos, el miedo está por todos lados, percibimos su frío aliento en la nuca justo antes de emprender algo nuevo. De todos los miedos, el que más paraliza los proyectos que queremos lanzar al mundo es el miedo al fracaso, a que algo salga mal.

 

Si te identificas con este problema y tienes intención de resolverlo te diré algo: para superar un miedo no hay nada mejor que meterse dentro de él y desgranar sus partes. Un monstruo deja de ser amenazador cuando lo entendemos, lo dividimos en partes y lo miramos a la cara. En este artículo te invito precisamente a que me acompañes a diseccionar tu miedo al fracaso y a mirarlo a la cara, ¡verás como no es tan insuperable como parece!

 

Sólo el miedo IRRACIONAL nos paraliza

El miedo tiene muy mala prensa, pero en realidad es una emoción como tantas otras cuya función primordial es darnos información (puedes leer aquí el artículo que escribí sobre el miedo). No está mal sentir miedo, al contrario. El miedo nos lleva a que seamos prudentes y nos invita a dar una segunda vuelta a las cosas, lo que hace que podamos corregir con tiempo algunos errores en vez de lamentarlos después.

 

Como equivocarnos suele ser incómodo, el miedo al fracaso tan sólo nos hace reconsiderar algunos aspectos que podríamos haber olvidado. Cuando uno quiere tener éxito y que las cosas salgan bien, no está de más parar unos segundos antes de dar el gran salto. Por tanto, el miedo racional no nos detiene para siempre, simplemente frena un poco los impulsos desmedidos. Nos dice: “chic@, tranquil@, asegúrate de que tienes todo controlado

 

Este miedo natural y positivo se convierte en algo monstruoso cuando se inunda de suposiciones exageradas y falsas. De todas ellas te hablaré aquí de dos:

  • La primera, considerar que fracasar es algo terrible, una catástrofe, algo que evitar a toda costa.
  • La segunda, pensar que si un proyecto personal fracasa yo soy menos válido como persona.

 

Pensar que cualquier fracaso es terrible y difícil de solucionar

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Seamos francos: existen realmente fracasos y errores que tienen consecuencias muy graves y no se pueden resolver. Por ejemplo, en el caso del cirujano que opera a vida o muerte a una persona o en el del policía que tiene que disparar al enemigo y pone en peligro al rehén. Es cierto, en estos casos hay un riesgo muy importante si se da un paso en falso, y aún así, las personas que se encuentran en estas situaciones no tienen más remedio que tomar la decisión (y curiosamente, muy pocas se encontrarían paralizadas por el miedo, están entrenadas en estos asuntos difíciles).

 

Comparado con esto, la mayoría de los errores o fracasos que podemos cometer en nuestra vida cotidiana son naderías. Si miramos con objetividad y sin exageraciones esas cosas que nos dan tanto miedo, descubriremos que fracasar en ellas ni es terrible, ni insuperable y a veces ni siquiera es importante.

 

Nos aterra que nos digan que no en una entrevista de trabajo, que se rompa una relación amorosa, dejar un trabajo que odiamos, pintar un cuadro y que no guste, lanzar un programa o producto y que no se venda como esperamos, invitar a alguien a salir y que nos diga que no. Tenemos tanto miedo al fracaso que preferimos no hacer nada y ponernos excusas una y otra vez antes de intentarlo “no tengo tiempo, no tengo dinero, no quiero hacer eso, ya lo haré mañana, no es el momento…“. En serio, pensémoslo un momento… ¿qué es tan amenazador o importante en todos estos casos?

¿Por qué emocionalmente sentimos como una catástrofe que un libro no se venda, no superar un proceso de selección para un trabajo o que una persona me diga que no soy su tipo?

 

¿Por qué tememos tanto estos pequeños fracasos, que no suelen implicar casi nunca consecuencias graves?

Creo firmemente que el miedo irracional es infantil. Tenemos el fracaso o el error alojado en nuestro inconsciente con una etiqueta que dice “terrible, muy peligroso” debido a ciertas experiencias de miedo, humillación, vacío, vergüenza, culpa, impotencia y tristeza que experimentamos siendo niños cuando fracasábamos en algo. Nuestras emociones siempre tienen razón y efectivamente, es muy posible que equivocarnos cuando éramos niños fuera algo terrible y desolador. Es muy posible que cualquier fracaso fuera acompañado de castigos, humillación, sentimientos de culpa o consecuencias desmedidas (no quiero ni pensar en cuánto daño han hecho esas bofetadas en los colegios por algo tan grave como… no acordarse del nombre de una cordillera). Así, hemos crecido pero aún seguimos anclados en esa idea infantil de que es peligrosísimo fracasar y que además no podemos hacerle frente.

 

Madurar y ser adultos es justamente atrevernos a cuestionar estas creencias. Los pequeños fracasos cotidianos no tienen nada de terrible, solamente en nuestra imaginación. Además, es necesario darnos cuenta de que ahora sí tenemos los conocimientos, experiencias y recursos para solucionarlos, en caso de que se produzcan.

 

Lo peligroso de vincular la autoestima con el resultado de una acción

En muchas ocasiones nuestro temor al fracaso proviene de comprometer nuestra autoestima o valía personal con el resultado de nuestras acciones exteriores. Claro, si yo creo que si algo sale mal soy “una persona fracasada, incapaz e incompetente” ¡es lógico que no quiera tomar acción! El riesgo es demasiado alto. Es por este motivo que ciertas personas nunca hacen nada nuevo, no quieren ni imaginar la posibilidad de que salga mal y entonces su autoestima se hunda bajo mínimos.

 

Es incorrecto asimilar el fracaso de un negocio o una relación con uno mismo como persona y decir “si es que soy un fracasado”. No, no hay personas que sean un fracaso. Son las tareas que emprendemos las que pueden salir bien o mal, pero no hay personas “que salgan bien o mal”.

 

Cuando nuestra autoestima personal depende únicamente de nuestros logros externos, tipo “si esto me sale bien y no me equivoco, es que soy fantástico, si me sale mal o imperfecto, soy un fracaso de persona“, es lógico que nos paralicemos y no tomemos acción. En este punto es preciso que entendamos que nuestra valía personal es una cosa y el resultado de nuestros proyectos es otra.

 

Podemos ser grandes personas (competentes, lúcidas, inteligentes, amables, fantásticas) y equivocarnos estrepitosamente. No pasa nada, como dice el dicho “hasta en las mejores familias pasan cosas desagradables”. Mientras sigamos viviendo y respirando, tendremos la posibilidad de cambiar, mejorar y solucionar todos esos errores cometidos, por lo tanto nunca seremos “un fracaso absoluto”.

 

Además es necesario recordarnos que hay errores o fracasos que son el preludio de cosas maravillosas. El mundo está lleno de empresarios exitosos que crecieron no a pesar de sus fracasos sino justamente gracias a éstos (a la experiencia adquirida por medio de los mismos). Y seguro que todos conocemos relaciones sólidas y amorosas que no habrían surgido de no haber fracasado una experiencia anterior. Y esto nos lleva al siguiente punto:

 

El error es un resultado más

Si limpiamos nuestra percepción de todas esas capas de creencias irracionales y absurdas ¿qué nos queda? Que un fracaso es un resultado más. Que un “no” nos da tanta información como un “sí”. Cuando hacemos algo y tenemos éxito la enseñanza que podemos extraer es: “muy bien, sigue por este camino”; si cometemos un error la conclusión sería “este no es el camino, prueba con algo diferente”.

 

No hay ningún motivo para quedarse paralizado tras un “no” o un fracaso. Es muy famosa esa frase de Thomas Edison, inventor de la bombilla que hizo mil experimentos diferentes hasta que uno funcionó, que dice: “No he fracasado. He encontrado 1000 soluciones que no funcionan” . Y es que tiene toda la razón.

 

Desde este punto de vista, si estoy por ejemplo escribiendo un código para un programa y no funciona, ni me creo que soy la peor persona del universo ni pienso “oh, qué cosa tan terrible, a ver que hago ahora”. Simplemente voy, reviso, encuentro el error y corrijo. Lo mismo ocurre si pruebo la comida y resulta que está sosa. No me bloqueo con esa situación (dios mío, está soso, qué catástrofe, qué mal cocinero que soy) sino que le pongo más sal, más especias, otro ingrediente extra y veo qué es lo que pasa.

 

Sé que estos son ejemplos muy banales pero nos dan una idea de cómo podría ser nuestra vida si perdiéramos este miedo irracional a fracasar. ¿Que he mandado cien curriculum y no me han llamado para una mísera entrevista? Bueno, eso me indica que algo estoy pasando por alto, quizás sea mejor darle una buena vuelta a este CV o intentar algo totalmente diferente a enviar aplicaciones en masa. ¿Que me he acercado a este chico o a esta chica y ha pasado de mí? Bueno, el mundo no se acaba y tras un lógico momento de decepción lo puedo seguir intentando, las veces que me dé la gana (a propósito de esto diré que las personas más ligonas que conozco no son excepcionalmente guapas, inteligentes o brillantes, simplemente no tienen miedo al fracaso y lo intentan una y otra vez).

 

¿Dónde quieres estar tú?

El mundo está lleno de personas que se arriesgan, fracasan, aprenden de la experiencia sin que su autoestima salga dañada y luego lo siguen intentando.

 

También está lleno de personas temerosas que no se atreven a mostrar su talento o buscar oportunidades por si fracasan, personas que sueñan con el éxito pero que no dan un paso porque creen que un error es algo imperdonable y muy difícil de afrontar.

 

Mi pregunta final para ti es simple ¿A cuál de los dos grupos quieres pertenecer?

 

Transformar tu miedo al fracaso irracional en un miedo lógico y amigo es posible si estás dispuest@ a cuestionar estas creencias que hablamos aquí y a actuar a pesar de todo. No tienes por qué ir rápido, el camino más largo y empinado se alcanza pasito a pasito, pero sí te sugiero que empieces cuanto antes.

¿A qué grupo de personas quieres pertenecer…?


Créditos de las imágenes:

Imagen 1: Silvia Sala, via Flickr Creative Commons / Imagen 2: Juan Castillo, via Flickr Creative Commons

 


 

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13 Comentarios

  1. Muchas gracias Amparo, me ha encantado leer que son las tareas las que salen mal y no las personas las que lo hacen mal. ¡Es tan fácil de entender y tan díficil de asumir!. La próxima vez que algo me salga algo mal, me acordaré de esas palabras.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Susana y gracias por comentar!
      Bueno, en realidad yo no digo que “las personas no hagan nada mal”, hacemos cosas regular o nos equivocamos varias veces por día, jajaja. Lo que ocurre es que las personas nunca somos o estamos “completamente fracasadas”. No es posible el fracaso total porque mientras estemos en este mundo podemos mejorar, cambiar y darle un giro a nuestra vida. Las tareas salen mal, las personas “no salimos mal”, pero sí nos equivocamos de vez en cuando. Un abrazo!

      • Hola Amparo. Es verdad, nos equivocamos varias veces al dia. Pero cuando haces lo que puedes y pones todo tu esfuerzo y la tarea sale mal, tú no lo has hecho mal, porque has hecho lo que podias. A eso me refería con el comentario.
        Un saludo y muchas gracias por regalarnos estos artículos!

        • Amparo Millán Responde

          Ahí sí Susana, COMPLETAMENTE DE ACUERDO: Si hacemos todo lo que podemos en algún proyecto y sale mal nunca, nunca, podemos hablar de fracaso. Hay un coach muy famoso que insiste: “celebra los NOes”. Cuantos más NOes consigas, significa que has hecho muchísimo y eso es digno de celebrarse. Un abrazo y gracias a ti por pasarte por esta página!

  2. Leyendo tu artículo me ha venido una idea sobre la que pienso últimamente, la comparto contigo, a ver qué opinas. A veces, tan paralizante como el miedo al fracaso es el miedo al “no éxito”. Es decir, el miedo a conseguir sólo de forma parcial los objetivos que nos planteamos (una forma de fracaso mejor, en realidad) . Para solucionarlo, puede ayudar definir qué es realmente el éxito absoluto en cada situación, y si en ese camino puede haber “pequeños éxitos” que compensan dar un primer paso que me vayan acercando al objetivo final. Ese primer paso, al tener un objetivo más modesto, no abruma tanto como el supuesto camino al gran éxito. De esa manera también un hipotético pequeño fracaso da menos miedo, me causa mayor indulgencia conmigo misma y me sirve de entrenamiento para ir perdiendo el miedo a dar pasos que me acerquen a mis objetivos. Al final es lo que tú dices, hay que trocear el miedo. Un abrazo y gracias por tus artículos.

    • Amparo Millán Responde

      Me has dejado pensando con esto del “miedo al no éxito”, Mar. Entiendo que te refieres a ese miedo a conseguir los objetivos pero no totalmente… sólo en parte. Si querías perder 10 kilos, por ejemplo, perder 5, o si querías ganar 10.000 € ingresar 4.000 €. Evidentemente, a veces ponemos nuestras expectativas muy altas, rozando lo irreal. Yo diría a alguien: si has trabajado con pasión, has vencido tus resistencias, has salido al mundo a pesar del miedo y has hecho lo que estaba en tu mano ESTÁ MUY BIEN. ESO ES UN ÉXITO, no un semi-éxito. Seguramente lograr ese “gran éxito” (perder los 10 kilos, ganar los 10.000 €) requiere de muchos éxitos intermedios pequeñitos, y todos los avances hay que reconocerlos.

      Por otro lado, y esta es la parte un poco “venenosa” de este asunto, para muchas personas no sólo el fracaso nos da miedo sino justamente EL GRAN ÉXITO. Si soy exitosa, qué van a pensar de mí, cómo se van a sentir los demás, cómo podré hacer frente a la presión, qué personas me van a dejar de hablar o sentir envidia… La verdad que no alcanzar grandes cosas tiene muchas ventajas, más de las que pensamos. Puede ser más cómodo alcanzar un éxito intermedio (ni fracaso total ni éxito total) porque no nos hace enfrentarnos a los problemas de ambos polos.

      ¿Mi conclusión? Exactamente la misma que la tuya: si estos éxitos medianos son un entrenamiento, adelante, sigue así. Nadie dice que tengamos que alcanzar el “éxito total”. Sin embargo, si nos apetece por una vez en la vida hacer algo realmente grandioso y fuera de lo común, pues vayamos paso a paso y venzamos la resistencia de ese miedo “a lo que puede pasar si triunfo demasiado”. Nuestro barómetro interno nos dirá cuál es el mejor camino: ¿estoy cómoda? bien, doy otro paso; ¿esto es demasiado incómodo? me detengo o evalúo que creencias me están parando.

      Un abrazo grande Mar!!

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  7. Muchas Gracias Amparo por el artículo! tantas veces me siento paralizada por el miedo al fracaso o por la critica, el solo pensar que me pueden criticar o que algo salga mal me deja paralizada hasta el punto de sentir náuseas. Ahora estoy trabajando mucho en mi autoestima y darme cuenta que un error no cambia a mi persona sino que me ayuda a ser mejor, a seguir creciendo en los proyectos y sueños que tengo, cuesta un poco cambiar esta percepción irracional del miedo pero no es imposible, Gracias por todas tus publicaciones, siempre me ayudan a sentirme mejor! un abrazo fuerte!!

    • Amparo Millán Responde

      Hola Mariana,
      Me alegro que mis publicaciones te ayuden a sentirte mejor! Es muy importante que ese miedo TAN fuerte que tienes al fracaso (fíjate, incluso te afecta físicamente hasta el punto de sentir náuseas…) lo vayas registrando cada vez y no te critiques o te agobies por sentirlo. Es también un acto de autoestima el no querer cambiar nuestros miedos irracionales de un día para el otro, sino darnos tiempo y ser compasivos con eso que sentimos. Da pequeños pasos para actuar en la dirección de ese miedo, pero también sé comprensiva contigo cuando te ocurra. Un abrazo Mariana!

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