A veces podemos tener la sensación de que, en vez de avanzar en la vida, vamos para atrás. Es decir, que situaciones que no suponían un problema cuando éramos más jóvenes, ahora nos superan.

Esto resulta frustrante, por no decir extraño, ¿cómo es posible que con la edad «involucionemos» en vez de ir para adelante? ¿No se supone que a mayor experiencia adquirida, mayor será nuestra madurez, claridad y capacidad resolutiva?

Hace unas semanas una lectora compartía conmigo el siguiente testimonio.

 

Tengo 48 años y no sé lo que quiero ni a dónde voy. Me resulta extraño porque cuando era joven tenía las cosas clarísimas, me sobraba iniciativa, sabía lo que quería y cómo conseguirlo. Ahora estoy en un punto de dudas, pesimismo y falta de energía. ¿Cómo es posible que siendo mayor tenga las cosas menos claras que hace unos años? ¿He vuelto para atrás? ¿Qué he perdido por el camino?

 

Me pareció una inquietud muy interesante. ¿Será posible que tengamos las cosas más claras en la juventud que en la madurez? Y aquí subyace una pregunta aún más profunda, que es la que vamos a trabajar en este artículo: ¿Podemos ir «para atrás» en el desarrollo personal, es decir perder cualidades y formas de pensar positivas?

Te adelanto que mi respuesta es que no. Creo que en la vida sólo podemos evolucionar. Lo que pasa es que lo que para nosotros es «involución» (o ir para atrás) desde una perspectiva más amplia es todo un avance.

Vamos a ver todo esto con más detalle.

 

¿Es posible ser peor persona a los 50 que a los 30?

Cuando decimos cosas como «cuando era joven era más decidid@» o «tenía mejor carácter» o como dice esta lectora «tenía las cosas más claras» sólo es aparente.

Si fuera verdad que éramos tan GENUINAMENTE decididos o con buen carácter, esas cualidades se hubieran mantenido a lo largo del tiempo. No hay motivo por el que nuestra mente, o el que realmente gobierna, nuestro inconsciente, las haya dejado de lado. Cuando «perdemos» algo que considerábamos propio, lo primero que podemos pensar es: ¿realmente era así? ¿Yo era así como pienso o… eso era una máscara que me hacía una persona divertida y agradable?

En otros casos, sucede que nos pasamos años reprimiendo sentimientos o actitudes que consideramos detestables (la ira, la pereza, la angustia, el miedo, deseos prohibidos) hasta que nuestras resistencias internas revientan y ¡bum! todas estas actitudes salen a la luz. Caso clásico de encuentro con la sombra. De un día para otro pasamos a ser esclav@s de todo eso de lo que habíamos estado huyendo durante años…

¿Es esto malo? ¿Es negativo que aflore nuestra verdadera cara, nuestros deseos auténticos? ¿Es un retroceso que nos permitamos sentir, de una vez por todas, todas esas emociones poco respetables?

No, no es malo, tan sólo incómodo. Experimentar nuevas sensaciones, por desconcertantes que sean, es un síntoma de evolución y no al contrario.

Dice Marly Kuenerz en una estupenda conferencia titulada «El inconsciente, un amigo» que el inconsciente es la fuerza de la vida. Todo lo que nos trae el inconsciente es para nuestro beneficio: «la vida está a nuestro favor» dice la psicóloga. Lo que nos perjudica, por tanto, es resistirnos a lo que nos sucede y querer cambiarlo (o querer volver a «ser quienes éramos»).

Y también nos perjudica tildar de «paso para atrás», lo que en realidad es un avance.

 

Situaciones que parecen un retroceso, pero que no lo son

Por ejemplo, supongamos alguien que dice: «Con 20 años no tenía miedo a nada, me sobraba fuerza y desparpajo, ahora mismo sin embargo me da miedo todo, no me reconozco… ¡Me gustaría volver a ser quien era!»

Lo primero que podemos plantearnos es: ¿Realmente esta persona no tenía miedo a nada, o sólo era inconsciente? Porque hay una diferencia muy clara entre ser inconsciente (no tengo miedo porque no veo el peligro) y ser valiente (veo los peligros pero aún así elijo ir adelante). Con veinte años todos somos bastante inconscientes y gracias a Dios… La juventud es una etapa para experimentar y conviene no prestar excesiva atención a los riesgos.

Con el tiempo, la vida nos pide evolucionar y cambiar esa inconsciencia por auténtica valentía. Conforme pasan los años advertimos más los peligros del mundo, las desgracias, los accidentes que cambian la vida de un día para otro. Vemos arruinarse a personas que una vez fueron ricas, separaciones entre parejas que parecían ideales, vivimos la muerte de los seres queridos… Este entrar en contacto con los miedos no es un retroceso, sino una etapa más en nuestro camino hacia la realización personal. Con cuarenta años, la vida no nos pide tomar riesgos desde la inconsciencia, sino que seamos precavidos, calibremos y aún así… demos el paso de ir hacia nuestros sueños.

Por lo tanto, tener miedo de todo a los cuarenta, más aún si antes fuimos personas lanzadas e impulsivas, no es un retroceso. Es justo al revés: un síntoma de avance y evolución personal, porque estamos en un período en que toca ocuparse de los miedos.

 

Veamos otro caso, el de una persona madura que está pasando una crisis personal a todos los niveles: laboral, familiar, interior. Esta misma persona había sido un torbellino de alegría y vitalidad hasta pocos meses antes, y por eso mismo, había permanecido alejada de los problemas, la tristeza y el sufrimiento cotidiano…

De repente, un suceso trágico la «despierta» de su sueño, y le hace aterrizar con fuerza en la realidad. De un día para otro, esta persona antaño resolutiva, se ve inundada por sentimientos de confusión, dolor y rabia que no sabe de dónde han salido. La conmoción ha sido tan fuerte que ya no puede volver a su estado anterior de alegría por más que lo intenta (incluso aunque toma medicación para «sentirse mejor» y seguir siendo eficiente).

Desde el punto de vista de esa persona, está experimentando un momento de retroceso, ¡ella quiere volver a su estado de antes, ligero y despreocupado! Como ella, muchas personas prefieren vivir «en la inopia», o con cierta superficialidad, donde los problemas del mundo no nos quiten el sueño. A nadie le gusta atravesar lo que San Juan de la Cruz llamó, tan acertadamente, «la noche oscura del alma«. Ese momento en que perdemos la ilusión, la alegría, las certezas y nos hundimos en la negrura de nuestro corazón.

Sin embargo, la vida (y nuestro inconsciente) que sabe mucho más que nosotros, nos pone en esa tesitura de vez en cuando. Para la vida, ese estado de despreocupación superficial no es bueno para nosotros. No nos realizamos si vivimos de espaldas al sufrimiento, los problemas, nuestras debilidades o las debilidades ajenas. Por ello, atravesar la noche oscura del alma es una prueba de fortaleza, no de debilidad. Porque significa que estamos preparados para enfrentarnos a eso que nos da tanto miedo.

Mi admirada Elisabeth Kübler Ross, relata en «Lecciones de vida» (también en otros libros) que la primera fase del duelo es la negación. Es decir, al enterarnos que vamos a morir (o que va a morir una persona cercana) lo primero que hacemos es negarlo e intentar vivir ajenos a esta realidad. Pensamos cosas como: «en realidad no voy a morir», «seguro que me voy a curar» o «mi diagnóstico no puede ser verdad, el médico se ha equivocado». Conforme vamos adquiriendo conciencia, aparecen otras fases en el duelo como el enfado, el pacto o la depresión.

Lo que hace esa primera fase de negación es protegernos del impacto del dolor cuando aún no estamos preparados para asumirlo. Sólo cuando vamos procesando la situación (es decir, cuando estamos más evolucionados) aparecen los demás sentimientos.

Por lo tanto, no es verdad que cuando atravesamos momentos de rabia, depresión o desesperanza estamos «yendo para atrás». En realidad, vamos hacia adelante. Vivir evadiéndonos de los problemas (que ahora también se disfraza de «optimismo crónico») no es una manera madura de vivir. Y como la vida confía en nosotros, nos obligará a dar un paso más y pasar por las etapas siguientes.

 

No se puede ir para atrás con la edad - Mi explicación
¡Pinea este artículo!

 

Volviendo a la pregunta inicial, la de esa mujer de 48 años que se lamenta de haber perdido la iniciativa, la claridad y el optimismo de su juventud, ¿qué podríamos concluir?

Primero, que tal vez esa «claridad» no fuera tan verdadera. Quizás esta mujer tomó decisiones que estaban basadas en lo que otra persona quería para ella, o en lo que socialmente estaba bien visto, pero como no se paró a pensarlo siguió adelante sin muchas complicaciones. Hasta que su inconsciente dijo basta. Y en estos momentos, ese inconsciente la está invitando a revisar su historia y a elegir más en conexión con lo que realmente quiere (y si no lo sabe, es momento de averiguarlo).

En segundo lugar, el pasar por un momento de dudas y desánimo es un síntoma de crecimiento, como hemos dicho. Es una invitación a salir de la inconsciencia y la superficialidad. Esta mujer no ha perdido nada, aunque ella ahora crea que sí. Sus cualidades, su tesón y su iniciativa, la estarán esperando al final del camino, pero lo que la vida le pide ahora es que incorpore otros aspectos que estaban olvidados. Como pueden ser la sensibilidad, los deseos auténticos, la profundidad del amor y la paciencia.

 

Resumen y recomendación

Cada vez que nos comparamos, con nostalgia, con la persona que éramos, estamos sucumbiendo a un hechizo peligroso. Ni es verdad que antes «estábamos tan bien» ni es cierto que ahora «estamos tan mal». Si realmente hubiéramos sido personas auténticas, conscientes, fuertes y generosas hace veinte años, hoy lo seguiríamos siendo. Si nuestras elecciones hubieran sido tan acertadas como las vemos ahora, desde la distancia, nuestra vida sería un pequeño paraíso terrenal, con sus más y sus menos.

Si algo no nos gusta del hoy, es porque en algún momento nos extraviamos del camino correcto. Y el hecho de que hoy estemos pasando por una etapa difícil, que nos anima a cambiar desde los cimientos, en realidad es una buena noticia. ¡Porque nos está empujando la fuerza de la vida, hacia sitios mejores y más cálidos!

Cuando pasemos por un período de incertidumbre, en que perdamos la fe en nosotros mismos (y pensemos, ingenuamente, que a los 25 años lo teníamos todo más claro) conviene recordar que la vida está a nuestro favor, como dice Marly, y nos mueve siempre hacia adelante. No es posible retroceder. Eso que nos está pasando, en el fondo, es bueno y positivo a largo plazo.

Si ahora mismo nuestro inconsciente nos trae miedo, confusión, apatía o enfado con el mundo, es porque hemos madurado lo suficiente para poder admitirlos. Hace unos años estos sentimientos no se nos mostraban porque nos faltaba la sabiduría suficiente para enfrentarlos. Ahora sí estamos preparad@s. Y por eso la vida nos los pone por delante. Más signo de evolución que esto…

Tal vez ha llegado la hora de quitarnos todas las máscaras y ser quienes somos en realidad, aunque eso implique tomar decisiones arriesgadas. Tal vez es momento de que veamos la incomodidad, los miedos, la indecisión o la tristeza que parece no tener fin, como signos de avance y madurez.

Qué tranquilizador sería confiar sin reservas en la fuerza de la vida, que nos lleva a la evolución si no nos oponemos ¿nos comprometemos a ello?

 


Créditos de la imagen: Pale is pretty de Kathryn via Flickr Creative Commons

 

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13 Comentarios

  1. Qué gusto leerte, casualidad o no, ahora que en unos meses entro a los 40. Me comparaba con la chica veinteañera alegre y vivaz que era? Me haces reflexionar sobre la autenticidad…
    Gracias, me has inspirado.

    • Amparo Millán Responde

      Hola Tessy, me alegro mucho de haberte servido de inspiración y ¡qué casualidad que el artículo te llegue ahora, justo cuando lo necesitas! Tu alegría y tu vivacidad no las has perdido, están ahí intactas como cuando tenías 20 años… pero supongo que ahora te toca integrar otros aspectos: la calma, la serenidad, la compasión, la ira constructiva, los límites (decir que no si realmente no quieres), etc. La vida siempre nos lleva por caminos cada vez más auténticos, así que es más fácil y amable para nosotras comprender que es así y no resistirse… Prepara con alegría tu próxima entrada en la 5ª década 😉 ¡un abrazo!

      • Me gusto eso de «prepara con alegría tu próxima entrada en la quinta década»
        en eso estoy…. y no lo veía … hasta que tu lo mencionas en este artículo
        No estoy en retroceso estoy preparándome !!!!!

        Gracias!!!

        • Amparo Millán Responde

          Así es Patricia, estás preparándote, estás construyendo una persona más feliz y completa!! 🙂 Me alegro mucho que el artículo te haya inspirado, abrazos!

  2. Gracias. Muy animador para todos los que nos sentimos como has descripto en el artículo.

  3. Hola Amparo, estoy de acuerdo con lo que escribes en este artículo, pero con muchos matices. Yo creo que si que es posible perder ciertos recursos emocionales, sobre todo si hemos atravesado situaciones personales difíciles e incluso traumáticas. Por experiencia, a veces toca «reconstruir» la persona que eras, y para ello, el recuerdo vívido de lo que te movía en la vida, es una gran ayuda, en periodos en los que estás estancado y sin recursos. He tenido momentos complejos en los que me costaba reconocerme, pero siempre he salido de ellos siendo la persona que era, y un poco mejor.
    Un amigo me dijo recientemente que era muy poco frecuente encontrar a mujeres de 40 años que rebosaran felicidad. Me hizo pensar, que asumimos que la madurez es estar un poquito amargados y ser más serios, y lo justificamos por todo lo que nos ha pasado en la vida y que eso tampoco es auténtico. Si las circunstancias te quitaron alegría, ¿que hay de malo en recuperarla?

    • Amparo Millán Responde

      Hola Sara, ¡¡muy interesante tu intervención!! Te contesto con lo que yo pienso hoy día (que no es ni mucho menos la verdad absoluta).

      Dices «es posible perder ciertos recursos emocionales» yo creo que no. No es posible PERDERLOS. Sí que es posible que, en medio de una situación complicada, estos recursos queden enterrados, paralizados o cubiertos por una «nube negra». Por ejemplo, pensemos en una persona racional y muy inteligente, que se ve involucrada en una situación traumática: descubre que su pareja de 25 años ha tenido una relación paralela, o lo despiden del trabajo en que era el jefe, o tiene un accidente, o lo que sea. Este impacto emocional obnubilará su inteligencia, pero esto no significa que la pierda… Sólo que, en ese momento de su vida, le toca vivir otras cosas: enfrentarse a sus miedos, a sus heridas, desarrollar más el lado intuitivo, etc. Cuando ese proceso haya pasado (si es que pasa, después de muchos años) emergerá una nueva inteligencia mucho más completa que la inicial. Pero su inteligencia no se perdió en ningún momento… sólo quedó a la espera de que concluyesen otros procesos.

      Creo que en el fondo estamos diciendo lo mismo con diferentes palabras, tú dices que, después de momentos en que te costaba reconocerte «has salido siendo la persona que eras e incluso un poco mejor». Es esto mismo. En momentos complejos, tenemos la sensación de que hemos cambiado y hemos perdido cosas, pero no es así, solamente estamos desarrollando nuevos aspectos, mejores y más maduros. Cuando superamos ese momento de crisis con éxito, no sólo somos tan brillantes, alegres y vivaces como antes, ¡sino que somos muchos más completos! La reconstrucción siempre es positiva, aunque en el «jaleo» de la crisis nos cueste verlo. Obvio, el cambio positivo sólo se ve al final del camino, cuando hemos salido del túnel.

      Respecto a esa «amargura» de la madurez, yo creo que llega como consecuencia de una vida que no se ha vivido como EN EL FONDO se desea. Sí, a los 20-30 años nos sentimos en la cima del mundo porque rebosamos belleza, vitalidad, tenemos un buen trabajo, una casa grande, un buen coche… pero todo eso es apariencia!! Entonces claro, llegan los 40 con su REALIDAD (arrugas, menos energía, el trabajo ya no parece tan importante, socialmente no salimos tanto como antes, las nuevas generaciones nos «superan», etc.) y nos hundimos. Queremos recuperar la alegría en las cosas de antes y ya no podemos. ¿Es un error? No, es la fuerza de la vida, que siempre está a nuestro favor, y nos empuja a que nos quitemos las máscaras de una vez, y dejemos de pensar tanto en las apariencias y el quedar bien, y pensemos más en nuestro interior.

      En otros casos, como comentas, se ha sufrido mucho y pensamos con la edad el carácter se va agriando a consecuencia de todas estas pequeñas (o grandes) desgracias. Al respecto de esto… yo creo que si se sufre y no se aprende, el sufrimiento es estéril. Y claro, en vez de fortalecer nuestro carácter, lo pudre. Pero eso no es culpa de la edad, sino de nuestra actitud errónea ante el dolor y los desafíos vitales. Esa misma persona, muy sufrida, de 40 años, si hubiera profundizado en sus heridas con valentía, y en cada caso hubiese analizado hasta qué punto era responsable de lo que le pasaba, hoy sería una mujer madura, sabia, vital y comprensiva, consigo misma y con los otros. A muchas personas este pensamiento de no haber sido responsables o conscientes en el pasado les produce culpa, y por dios, no!!! No se trata de sentirnos culpables por lo que no hicimos sino SENTIRNOS RESPONSABLE DE NUESTRO FUTURO DE AHORA EN ADELANTE. Se puede. Se puede MEJORAR con la edad, de hecho esto es lo natural. Se pueden recuperar todas esas cualidades maravillosas que tuvimos un tiempo, e incluso se mejoran, una vez que se pasan por el filtro de los aprendizajes vitales.

      Espero haber respondido. ¡Un abrazo grande Sara!

      • Hola, Sara y Amparo. Vuestro «debate» han hecho conscientes algunas ideas que rondaban por mi cabeza. A mi también me han dicho alguna vez «se te ha agriado el caracter» yo me siento el mismo de hace 20 o 30 años. Pero recientemente he sufrido un accidente y debo reconocer que el carácter se resiente. Como Amparo, yo pienso que en este momento hay que aceptar la situación, pero es una oportunidad de prepararse para ser «un poco mejor» en cuanto salgamos de
        la mala racha. Si que es verdad que a veces sale esa amargura de la madurez pero siempre tenemos recursos para superarla , eso sí con más calma, sin prisas y sin tener que aparentar nada. Yo por mi parte estoy convencido de que cuando salga de mi circunstancia actual, SE PUEDE MEJORAR. Yo lo voy a conseguir y animo a todo el mundo a intentarlo. Muchas gracias!!!!

        • Amparo Millán Responde

          Hola Antonio, hay personas que dicen eso de «se te ha agriado el carácter» y a lo que se refieren es que ya no somos las personas sumisas y dóciles de antes. Hay que ver sí lo que nos pasa es amargura o es una sana imposición de límites y de nuestras opiniones. Te veo con muchas ganas de superarte a ti mismo, eso está bien, un abrazo!!

  4. Muchas gracias por tu respuesta, Amparo. Ahora creo que estamos al 100% de acuerdo. Mi punto de vista es que hay que seguir profundizando en comprender y mejorar, y de ese modo, la vida no nos quita nada, sino que nos añade a lo que ya teníamos. Me ha encantado la forma en que tu lo has expresado.

    Un abrazo,

  5. Yo creo q caemos en el error de decir q la infancia y la juventud son etapas de aprendizaje. Se aprende hasta el último día de nuestras vidas. Además vivimos distintas circunstancias a lo largo de ella por lo tanto debemos ir adaptándonos.
    Cuando somos jóvenes tenemos más fuerza no tenemos tantos conocimientos, no hemos acumulado experiencia.

    La famosa crisis de los 40, donde a pesar de la experiencia nos cuesta seguir nuestro camino con energía e ilusión. Simplemente porque hay q combinar la falta de vitalidad con la experiencia.

    No es q hayamos sido inconscientes sino q ahora se tiene más conocimiento y nos lo replanteamos todo más.
    Es como si estuviera prohibido experimentar o equivocarse cuando se es adulto… Un grave hábito adquirido en sociedad.
    Quién no ha oído decir… Parece un crío/a al q no se comporta…
    Equivócate, experimenta y no tengas miedo!! 🙂

    • Amparo Millán Responde

      Hola Sonia,
      Hay dos cosas en tu mensaje que me han calado mucho. Una es: «Es un error de decir que la infancia y la juventud son etapas de aprendizaje. Se aprende hasta el último día de nuestras vidas.» La verdad es que sí. Hombre, es cierto que la infancia y la juventud están diseñadas para aprender, primero porque vamos al cole en esa época, y segundo porque nuestro cuerpo y capacidad mental experimentan cambios, entonces la curiosidad innata por esos procesos nos hace estar pendientes de nosotros y del mundo, aprendiendo.
      Pero claro, obviamente, aprendemos SIEMPRE… De hecho yo soy una gran defensora de empezar la universidad a edad más avanzada que a los 18-20 años. Aprenderíamos más y disfrutaríamos más del proceso de aprender (las fiestas y pasarlo bien habrían perdido importancia y realmente acudiríamos a clase con ilusión, cosa que no hace un estudiante de 19).

      La segunda cosa que me ha gustado es eso de «Es como si estuviera prohibido experimentar o equivocarse cuando se es adulto. quién no ha oído decir: parece un crío/a…» También es cierto. Tenemos muchos prejuicios sobre lo que supone «ser adulto». Parece que un adulto nunca se equivoca, siempre dice lo correcto, no se deja llevar por emociones arrebatadas, no hace locuras o actúa siempre con raciocinio. Y nos olvidamos de esa parte juguetona, alocada y salvaje que yace dentro de todos nosotros, y que bosteza de aburrimiento de ver con qué «calma» conducimos nuestras vidas…

      Pues sí, aquí otra mujer a favor de aprender hasta el último día de nuestras vidas y de darnos el permiso de equivocarnos tengamos 30 o 70 años. Un abrazo!

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