“Tengo miedo a enamorarme” es la frase de muchas personas, sobre todo mujeres, que quisieran disfrutar de una relación de pareja pero que no se atreven a dar el paso o se retiran cuando la otra persona muestra interés.

¿Qué es el miedo al amor?

¿Cómo es posible que algo que buscamos y anhelamos desesperadamente, a la vez nos dé miedo?

Y sobre todo…

¿Qué puedes hacer si te encantaría tener un novio/a o amante pero, por otro lado, rechazas a cualquiera que se acerca a ti con estas intenciones?

Cómo superar el miedo al amor
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El miedo a sufrir y ser despreciados, detrás de todo

La verdad es que «el miedo al amor», así, en abstracto, no existe. Lo que podemos temer es a la intimidad con otra persona, a que alguien nos haga daño, nos descoloque, nos invada o desprecie cómo somos en realidad.

Todos los vínculos son arriesgados. Nos pueden surgir conflictos y dificultades con una amiga, un familiar, un vecino, una compañera de trabajo o cualquier persona con la que tengamos una mínima relación.

Si esto es así ¿por qué no le tenemos miedo a la amistad o al contacto con las personas del trabajo? Básicamente, porque el vínculo con una pareja suele ser el más estrecho de todos, el que más demanda, casi el único en el que nos desnudamos a la vez exterior e interiormente.

Por ello, cuando una relación íntima de pareja fracasa, el dolor es mucho mayor que con el resto de los vínculos.

Por tanto, el miedo al amor podríamos denominarlo “miedo a la intimidad emocional”, que a veces se manifiesta también como un miedo al compromiso.

Tal vez con nuestras amistades, nuestros compañeros de trabajo, nuestra familia, podamos mantener una relación superficial, pero esto no ocurre con la pareja, que suele ser la persona a la que mostramos lo peor y lo mejor que habita en nuestro interior, y que a su vez hace lo mismo con nosotras.

Si tenemos miedo al rechazo, a que la otra persona desprecie, ridiculice o simplemente no acoja lo que hay en nuestro interior, desarrollaremos temor a la intimidad romántica, y huiremos de cualquier acercamiento posible en este sentido, e incluso sabotearemos cualquier relación que empecemos.

Muchas veces estamos dispuestos a sacrificarlo todo, incluso no disfrutar de la compañía de un partennaire que es lo que más deseamos, con tal de no sentir esta herida del desprecio, la humillación y el rechazo.

 

Aquí está el quid de la cuestión: el miedo al amor (o a enamorarse) es un miedo encubierto al rechazo. A una herida que nos hiera de muerte.

 

Sin embargo, a pesar de que el hecho de que alguien nos rechace es ciertamente doloroso, hay algo engañoso e irracional en este asunto. Y es que no es posible que nadie nos haga daño hasta tal punto, a no ser que nosotras mismas lo permitamos.

Cuando somos adultas (porque cuando somos niñas es bien diferente) nadie nos puede dañar más de lo que nosotros dejemos que lo haga.

Lógicamente, nos puede afectar que otra persona nos traicione, o nos deje de amar, o nos diga que no le gusta nuestra forma de ser. Pero si tenemos una autoestima fuerte, confianza en nuestras capacidades y somos compasivas, esto no tendría por qué ser un drama ni una desgracia. Podemos reconocer el hecho de que alguien nos ha abandonado o rechazado sin hundirnos.

De lo que se trata, entonces, no es de evitar el amor para no sufrir, sino de recuperar la autoestima y el poder personal que nos lleve a abrirnos a las relaciones íntimas por encima de los miedos.

 

El verdadero enemigo está muy cerca

Y es que, en realidad, el verdadero enemigo no es la otra persona que me ha rechazado, me ha despreciado o lo que quiera que haya hecho (que ojo, muchas veces ni siquiera es así, es nuestra visión sesgada la que convierte al otro en monstruo y a nosotras en pobres víctimas).

El verdadero enemigo es esa voz insidiosa dentro de nosotras que nos humilla y nos critica sin piedad. Esa voz que nos dice: “no te mereces ser feliz”, “eres un fraude”, “todo el mundo te odia”, “no eres capaz de querer a nadie”.

O bien, si vamos hacia el victimismo, esa voz interior diría: “el mundo es cruel contigo sin motivo”, «siempre sales perdiendo»,  “los demás no merecen tu cariño, tú eres mejor que ellos” o “no necesitas a nadie”.

Por lo tanto, si tienes miedo a enamorarte o a tener una intimidad estrecha con otra persona, te propongo que te plantees con sinceridad dos cosas:

 

1. En primer lugar, que reconozcas que ese miedo al rechazo es, en parte, irracional. Claro que te dolerá que otro no te dé lo que necesitas (habría que ver si tú realmente amas al otro o más bien estás mendigando amor y buscando ser complacida a todas costa) pero eso no es tan terrible ni tan doloroso como lo ves en tu imaginación. Ese miedo está claramente sobredimensionado.

2. En segundo lugar, debes comprender que el verdadero enemigo no es la pareja o la otra persona que te atrae. Al final, una pareja siempre la podemos romper. El verdadero enemigo está dentro de tu cabeza, y es esa voz que te desprecia continuamente o que, en contraposición, te engaña diciéndote que no necesitas a los demás o que eres mejor que ellos.

 

Indagar profundamente en nuestras creencias acerca de nosotros mismos y el amor y fortalecer nuestra autoestima son las tareas básicas que debemos emprender si queremos superar este miedo al amor, y por tanto, disfrutar a la larga de una relación de pareja si es lo que deseamos.

Y no olvides una cosa:

Nadie te puede dañar gravemente si eres una persona consciente y que se ama a sí misma. 

 

Miedo al amor: reflexiones finales de dos poetas

Dijo el poeta soviético Vladimir Mayakowski que arriesgarse es perder un poco, pero no arriesgarse es perderlo todo. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación: puedes no arriesgarte a resultar herida en el amor, pero en este caso lo pierdes todo. Pierdes la posibilidad de vivir experiencias increíbles, de entregarte, de ayudar a otra persona, de conocerte mejor, de aprender a negociar, de compartir las alegrías y disminuir las penas, que se dice.

Por otro lado, el libanés Khalil Gibrán escribió un poema precioso acerca del amor (que te invito a leer completo aquí), que habla de las dificultades pero también las maravillas del amor, y concluye que para tener las grandes recompensas también hemos de vivir los grandes desafíos.

Este poema que te menciono dice así:

Cuando el amor os llame, seguidlo

Aunque su camino sea duro y penoso.

Y entregaos a sus alas que os envuelven

Aunque la espada escondida entre ellas os hiera.

Y creed en él cuando os hable

Aunque su voz aplaste vuestros sueños, como hace el viento del norte, el viento que arrasa los jardines.

Porque así como el amor os corona, debe crucificaros.
Así como os agranda, también os poda.
Así como se eleva hasta vuestras copas y acaricia
vuestras más frágiles ramas que tiemblan al sol, también
penetrará hasta vuestras raíces y las sacudirá de su arraigo a la tierra.

 

Que el miedo al amor no te prive de vivir las experiencias hermosas e intensas de la vida.

Recuerda que el problema no está en la otra persona, no vas a conseguir nada si culpas a tus futuras parejas y exparejas. Lo que te recomiendo es un trabajo sincero de instrospección, un trabajo en el que fortalezcas tu autoestima, te libres de miedos absurdos y, finalmente, te atrevas a entregarte a los demás con tus luces y tus sombras.

De verdad, merecerá la pena.

 


 

Créditos de la imagen: A heart that hurts is a heart that works de Gabriela Camerotti via Flickr Creative Commons

 

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