¿Cuántas veces has sentido eso de que quieres algo que no tienes y, cuando al fin lo consigues, sigues sin sentirte feliz porque descubres que te falta otra cosa?

Ahhh… el eterno problema humano de la insatisfacción.

El creer que nuestra vida será completa SOLAMENTE CUANDO… (añade aquí la frase de tu elección: tenga un peso determinado, forme una familia, encuentre mi vocación, consiga tal cantidad de dinero, adquiera una casa, viva en cierta ciudad).

Como esto es algo que nos pasa a todos, o nos ha pasado alguna vez, quiero hablar en este artículo largo y tendido sobre la insatisfacción, un sentimiento que tiene dos caras, una de luz y otra de sombra.

Porque en su vertiente positiva, la insatisfacción nos lleva a mejorar. Revela una necesidad que no estamos cubriendo (como cuento en este audio) o un sueño que quiere ser realizado.

Esta emoción, entonces, se convierte en semilla de cambios personales maravillosos, aventuras, descubrimientos positivos para toda la humanidad.

Los grandes exploradores, científicos, filósofos y artistas del pasado fueron personas insatisfechas que, descontentas con el camino convencional que se les proponía, calmaron su sed creando cosas mejores para los demás. Hasta aquí, todo bien.

El problema aparece cuando esa insatisfacción, en vez de inspiradora, se hace permanente e insaciable: conseguimos una cosa y acto seguido queremos otra, y luego otra… nunca es suficiente, nunca sentimos que hemos llegado a un sitio que merezca la pena.

Por un lado, esto sucede porque en la vida moderna las personas vivimos bajo la compulsión de querer siempre más. De todo, de lo que sea: más salud, más dinero, más belleza, más títulos universitarios, más clientes, más seguidores, más prestigio social, más poder.

Por otro lado, esta forma de pensar de querer siempre algo que no tenemos proviene de la ilusión de que logrando determinada cosa nuestra vida va a estar resuelta para siempre.

Decimos «cuando encuentre un trabajo fijo, entonces seré feliz» o «cuando mis hijos acaben los estudios, se casen y formen una familia, entonces podré descansar» o «cuando por fin triunfe en mi carrera como actriz, me sentiré realizada».

Y la verdad es que no sucede así. Porque la vida nunca «se resuelve» del todo. Porque los procesos nunca se cierran.

Y porque, además, cuando uno vive sin saber amar lo que ya tiene, y lo que ya es, no importa cuánto logre en la vida que seguirá manteniendo esa actitud también en el futuro: seguirá sin amar lo que tiene y lo que es, anhelando lo de más allá.

En este artículo vamos a hablar, en primer lugar, de cómo actuamos en bucle cuando perseguimos nuestras metas desde esa sensación de carencia y sin apreciar lo que tenemos.

Después, vamos a mencionar 3 errores que cometemos a la hora de encarar esas metas.

Por último, te propondré un cambio de perspectiva y un modelo alternativo a la hora de actuar que te permitirá disfrutar de la felicidad AQUÍ y AHORA, no trasladarla a un hipotético futuro que tal vez nunca llegue.

Suena interesante ¿verdad? Va, agarra tu café y tu cuaderno para tomar notas (creo que hay cosas que te gustará apuntar para leer posteriormente), que empezamos.

 

eliminar la insatisfacción crónica - Siempre quiero lo que no tengo

1. Cómo se gesta el círculo de la insatisfacción

Examinemos en detalle cómo funciona este bucle en que la mayoría de las personas nos metemos, buscando la realización y la felicidad, pero que nos lleva al final a sentirnos insatisfechos (en el mejor de los casos) o devastados en el peor.

Este bucle se compone de 4 pasos y a la mitad del camino se bifurca en dos opciones, según tengamos éxito o fracasemos en aquello que nos habíamos propuesto, así que veremos todas las alternativas.

 

Paso 1: 

Todo comienza cuando un día, al encontrarnos con la incómoda sensación de que nuestra vida no nos acaba de gustar, pensamos que lograr un determinado suceso o proyecto (encontrar pareja, graduarnos, comprar una casa, ganar 100.000 €, aprobar una oposición, que los hijos se centren en el colegio, hacer una profesión de mis talentos creativos) nos hará sentir, por fin, valiosos y felices.

Nos emocionamos con este deseo y pensamos «Sí, esto es justo lo que me falta, lo que de verdad anhelo, cuando lo tenga habré calmado mis expectativas y seré feliz«.

 

Paso 2:

En el mejor de los casos, como somos personas proactivas y responsables (hay quien desiste de sus sueños incluso antes de intentarlo y piensa que nunca conseguirá nada de lo que se proponga), decidimos esforzarnos para conseguir eso que queremos.

Para ello, realizamos un plan de acción pertinente, establecemos tiempos razonables, avanzamos cada día un poquito más hacia nuestra meta y decimos que «no» a un montón de planes porque ese objetivo es mucho más importante que las frivolidades con las que pierden el tiempo los demás.

Por otra parte, si el resultado no depende de nosotros (p.ej. que los hijos se casen o encuentren trabajo, o que una persona querida recupere la salud) asumimos que nuestra tarea es preocuparnos de ellos todo el tiempo, como si los pensamientos obsesivos que corretean todo el día por nuestra cabeza pudieran producir un cambio en la realidad.

En fin, el paso 2 es sacrificarse mucho por un objetivo (ejemplo: aprobar una oposición) o preocuparse mucho inútilmente.

 

A partir de aquí pueden pasar dos cosas:

  • a) que tras nuestro esfuerzo consigamos o suceda lo que queremos
  • b) que no sea así

Vamos a ver qué sucedería en ambos casos.

 

Paso 3 – versión a (objetivo cumplido):

¡Hemos conseguido lo que queríamos!

Por fin apareció esa pareja soñada, por fin pusimos fin a nuestros estudios, finalmente conseguimos la casa, el coche, los hijos, los nietos que anhelábamos, la plaza de funcionario, el Goya a la mejor película de ciencia ficción o hacer de nuestra pasión un negocio lucrativo.

En el mejor de los casos (porque a veces el éxito provoca indiferencia) tenemos un subidón de adrenalina y nos sentimos estupendamente. El mundo es maravilloso. Nuestro deseo se ha materializado. Somos esa persona valiosa y realizada que siempre quisimos ser.

En medio de nuestra euforia no barajamos la hipótesis de que todo esto sólo es temporal… Que los éxitos vienen y van, igual que los problemas, y que nadie aguanta en la cima del mundo toda la vida.

Pero bueno, esta fase suele ser bonita de vivir y tenemos la ilusa sensación de que hemos llegado a un sitio que era «el definitivo».

 

Paso 3 – versión b (fracaso):

También puede suceder que a pesar del esfuerzo, tiempo e intención puestos en un proyecto, fracasemos. Oh-My-God.

Suspendemos esa oposición a pesar de haber estudiado muchísimo, no conseguimos ninguna relación de pareja estable a pesar de que hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano, tenemos que abandonar los estudios, nuestros hijos no consiguen lo que a nuestros ojos sería «encauzar su vida» o nuestro negocio creativo no acaba de arrancar y tenemos que volver a un trabajo por cuenta ajena…

Que la vida no suceda conforme a lo que esperábamos nos lleva a sentirnos decepcionados, tristes e incluso terriblemente culpables («no hice suficiente»). Pero lo peor es que nuestra autoestima baja a nivel de mínimos. Nos sentimos incapaces, fracasados, faltos de valor.

Asimismo, nos duelen los éxitos de los demás y vemos la felicidad alejarse de nuestra vida como un globo de helio que ha soltado un niño sin querer.

Es en este punto donde muchas personas piden ayuda psicológica: «quiero saber que hay de malo en mí que no pude lograr esto que tanto quería», «me pregunto por qué soy tan desgraciado»,  «necesito ser feliz y no lo consigo», etcétera.

En cualquier caso, este paso 3 solemos verlo como un tiempo terrible y de duelo.

 

Tras este paso tres, que como hemos visto puede ser un punto de éxito fulgurante o de derrota, el círculo de la insatisfacción prosigue y se cierra de la siguiente manera:

 

Paso 4 – versión a (éxito):

El subidón por haber conseguido aquel sueño dorado casi se ha desvanecido, y nos sentimos extrañamente apáticos.

No entendemos lo que nos pasa: ¿acaso no era eso (la pareja, la casa, el ascenso, la plaza fija, el cambio de residencia) lo que tanto deseábamos? ¿Qué ha hecho que la felicidad se esfumase tan pronto?

Por nuestra cabeza empiezan a surgir dudas como estas: «Tal vez mi objetivo estaba mal definido… lo que quiero en realidad no es X sino Y…. Sí, por supuesto, es que es Y lo que me falta, ¿cómo no pude verlo antes?»

Así pues, empezamos a pensar en una nueva razón por la que esforzarnos o preocuparnos y que, esta vez sí que sí, nos traerá la Felicidad o la Tranquilidad con mayúsculas.

A partir de aquí, el bucle de la insatisfacción se inicia de nuevo: nos ponemos una nueva meta, nos esforzamos muchísimo para conseguirla (o nos preocupamos muchos para que algo suceda), vuelve la euforia cuando hemos alcanzado lo que queríamos, y después, otra vez, la sensación de vacío y el regusto amargo de que sigue sin ser suficiente. Que a nuestra vida le sigue faltando color.

Y vuelta a empezar a perseguir otra quimera…

 

Paso 4 – versión b (fracaso):

Bien ¿y cómo terminaría el círculo en el caso de no  haber logrado lo que soñábamos y sentirnos, además, incapaces y devastados?

Pues algo peor que en el caso anterior, la verdad.

Porque para recomponernos de la sensación de derrota, optamos por proponernos de nuevo ese objetivo pero poniendo más esfuerzo, más tiempo o más dinero esta vez.  Esto supone incrementar aún más nuestra autoexigencia y sacar el látigo.

Creemos (pobres ilusos) que porque nos critiquemos más y nos pongamos en modo de máximo sacrificio, conseguiremos inevitablemente nuestra meta.

Esta vez vamos a hacer un régimen aún más estricto. Vamos a trabajar o estudiar más que nunca. Vamos a intentarlo con otro proyecto creativo que nos gusta menos pero que tiene más probabilidades de éxito. O vamos a exprimir y exigir aún más a nuestros hijos en un intento de que reorienten sus vidas.

En todos los casos, lo que nos mueve no es la ilusión por mejorar, sino el terror a fallar de nuevo. Esto hace el camino doloroso y complicado.

Bajo esta tensión y este miedo es fácil volver a fracasar (a nuestro inconsciente no le gusta ese maltrato y se rebela, bien que hace) y esto conlleva a que podemos pasarnos una larga temporada en un bucle entre los pasos tres y cuatro: fracaso/decepción – lo intento de nuevo con más ahínco y exigencia, nuevo fracaso – lo vuelvo a intentar con más presión añadida, etc.

Otra cosa que puede pasar después de la culpabilidad del paso tres es que, en vez de sacar el látigo y la exigencia, nos invada el derrotismo y entonces no hagamos nada de nada.

Nos dejamos llevar por una nube de apatía y negatividad y sólo queremos que llegue la noche, o el fin de semana, para ver una serie tras otra y así escaparnos de nuestra vida… Nos sentimos, en el fondo, indignos y poco valiosos, incapaces de hacer frente a los desafíos de la vida.

Puede ser que nos quedemos una temporada larga en este estado o que un día aparezca alguna ilusión por el horizonte y el círculo se inicie nuevamente: con esa fantasía de que tal evento o tal logro nos dará por fin la felicidad.

Emprenderemos, pues, de nuevo, este camino, este bucle sin fin que, si lleva al éxito, acabará por dejarnos vacíos, y si lleva al fracaso, nos robará otra vez la autoestima.

 

2. Los dos errores de esta manera de actuar

Bien, te preguntarás, ¿y no hay manera de «hacerlo bien»?

¿No hay manera de conseguir éxitos que nos dejen satisfechos o que los fracasos no minen nuestra moral?

¡Claro que sí, por supuesto! Y ahora vamos a hablar de ellas.

Pero examinemos primero por qué este modelo  que he llamado «el círculo de la insatisfacción» no funciona, porque además es el que suele operar en la mayoría de las personas.

Hay tres actitudes o bloqueos mentales que contribuyen a sentirnos insatisfechos permanentemente y son los siguientes:

  1. Pensar que la felicidad depende exclusivamente de los factores externos
  2. Poner todas las expectativas en el futuro (dicho de otra manera: vivir en el futuro)
  3. Creer que el automaltrato a la hora de conseguir nuestras metas sirve para algo

Vayamos uno por uno.

 

2.1. Pensar que la felicidad depende exclusivamente de los factores externos

La insatisfacción PERMANENTE e INSACIABLE (no la sana, que mencionábamos al principio) se fundamenta en una profunda carencia.

Queremos conseguir cosas, o anhelamos que sucedan ciertos eventos, porque tenemos un enorme agujero emocional que,  de forma desesperada, intentamos llenarlo con logros externos.

Algo que, y aquí no te estoy descubriendo nada que no sepas, es infructuoso: los vacíos interiores no se colman ni con sucesos externos ni con bienes materiales (o sí, pero solo por un ratito, como hemos visto), la solución es bien diferente.

Si llevas tiempo con angustia, con la sensación de que te falta algo y parece que nada colma ese vacío, la solución a tu problema es interior, no exterior.

Dicha solución pasa por hacer una revisión intensiva de tu vida, descubrir tus viejas heridas, tus miedos, tus ganas de agradar, para después ir descubriendo y practicando otra manera de estar en el mundo: con aceptación, con amor hacia ti mismo y con un compromiso con tus verdaderos deseos.

Podemos decirlo también de esta manera:

Jamás un evento o logro externo, por deslumbrante que sea, va a tapar nuestras heridas personales.

Los logros externos suman cuando hay un cierto confort interior. Pero si lo que tenemos en el corazón es un vacío sin fin,  éste termina tragándose cualquier tipo de logro, acontecimiento positivo e ilusión como si fuera un agujero negro, y por ello siempre vamos a necesitar más, y más y más..

Así que mi recomendación en este punto es que dejes de buscar la felicidad y el éxito ÚNICAMENTE fuera de ti (por supuesto que puedes compatibilizar conseguir un objetivo material con el logro de un propósito emocional o espiritual) y te des lo que necesitas a un nivel profundo:

  • Más autoestima y aceptación
  • Más calma y descanso
  • Más reflexiones y conciencia sobre tus sentimientos o sobre tu historia
  • Más tiempo de calidad pasado contigo mismo, con los demás y con Dios

Te aseguro que hacer crecer tu jardín interior es una acción que siempre lleva a la alegría y la satisfacción verdadera. No lo descuides, porque las cosas de fuera no pueden sustituir estas necesidades.

 

2.2. Segundo ingrediente para la insatisfacción: poner todas las expectativas en el futuro

Otra cosa que sucede cuando nos sentimos permanentemente insatisfechos es que vivimos únicamente en el futuro.

Imaginamos que hay un escenario ideal (sobre esto podríamos filosofar mucho pero no es el objetivo de hoy, simplemente apunto que no hay «vidas ideales» y sin problemas) pero que no está aquí sino «en ESE momento en que suceda TAL o CUAL cosa», eso que estamos persiguiendo.

La trampa es que estamos tan habituados a esta forma de pensar, de estar permanentemente en búsqueda, que incluso cuando conseguimos lo que nos habíamos propuesto… nuestra mente sigue pensando en términos de futuro, ¡porque no la hemos enseñado a pensar en el presente!

Esto, además, tiene mucho que ver con la forma en que nos han educado: desde niños nos preguntan «qué queremos ser de mayores» (¿verdad que nunca nos han dicho: y tú qué quieres ser de niño? cuando es una pregunta más pertinente, qué quieres ser o hacer ahora), se espera que vayamos aprobando curso tras curso y desde los quince años nos van preparando para decidir qué queremos hacer a nivel laboral.

No se da ninguna importancia a aspectos, para mí tan relevantes, como las aficiones por puro placer, pasar tiempo con los amigos, disfrutar de largas tardes ociosas al sol o paseando por la ciudad sin propósito o estar en contacto estrecho y profundo con nuestro cuerpo, que es quien tiene capacidad de disfrutar.

Así crecemos, enfocándonos en el HACER… y siempre mirando al futuro.

Bueno ¿y no es hora de cambiar? ¿No es hora de que cada mañana, además de mirar tu larga lista de obligaciones y tareas pendientes, o tus sueños para los próximos seis meses, pienses también: y qué puedo hacer hoy para divertirme? O bien ¿cómo puedo exprimir al máximo mi día?

Unas preguntas que a mí me parecen profundamente reveladoras, y transformadoras, son las siguientes. Hay que hacérselas en orden y pensarlas bien.

  1. Piensa en cómo te quieres SENTIR con aquel objetivo que quieres lograr. No la cosa o el suceso en sí, sino el sentimiento que te despertaría (por ejemplo, quieres tener un trabajo más divertido o creativo para sentir EXCITACIÓN o ILUSIÓN cada mañana)
  2. Ahora hazte la siguiente pregunta: ¿y cómo podría conseguir un pedazo de ese sentimiento (en el ejemplo, excitación o ilusión) HOY, en el punto en el que estoy, con lo que ya tengo?

De verdad, párate a hacer este ejercicio con ese deseo que tengas… Cómo puedes traer a la actualidad el sentimiento que anhelas para tu futuro.

Se me ocurren infinitas maneras de mejorar la calidad del tu vida hoy, mientras a la vez trabajas para un futuro mejor como, por ejemplo:

  • Si necesitarías un viaje y unas largas vacaciones para desconectar, puedes concederte hoy mismo una hora para ti, para leer, para relajarte, para ir a tomar una cerveza a ese sitio tan bonito del centro de la ciudad.
  • Si quieres perder peso para sentirte más atractivo, empieza vistiendo hoy de la mejor manera posible, no esperes a perder 10 kilos para comprar esa camisa o ese vestido que te favorece: en el futuro ya te comprarás atuendos nuevos pero no postergues el sentirte atractivo para ese momento.
  • Si quieres sentirte más amado y completo emocionalmente, y para eso anhelas una pareja, o una familia, o un grupo de amigos nuevos, empieza conectando hoy de manera más significativa y profunda con la gente que tienes alrededor, ¡o contigo mismo!

 

En definitiva, la maestría en el arte de vivir consiste en luchar por nuestros sueños y, a la vez, amar nuestra vida actual.

Frase sobre insatisfaccion - nunca tengo suficiente
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O dicho de otro modo: podemos intentar florecer en el contexto en el que nos encontramos, aunque no sea el ideal (con nuestro trabajo actual, nuestro peso actual, nuestra relación actual, nuestra ciudad actual), y a la vez buscar un contexto más favorable e interesante. Porque una cosa no excluye la otra.

 

2.3. Creer que el automaltrato a la hora de conseguir nuestras metas sirve para algo

Finalmente, no quiero dejar de mencionar que la presión excesiva, la culpa o la ansiedad por conseguir algo lo antes posible no son buenos compañeros de camino. Al contrario, nos mantienen atados con fuerza a este bucle de la insatisfacción.

Si queremos conseguir algo que merezca la pena, sea un pequeño cambio o un gran cambio que pondría nuestra vida patas arriba, ¿no sería mejor abordarlo con ilusión y sin estar tan apegados al resultado?

Debemos alejarnos de esos modelos que pregonan que se consiguen más cosas a mayor esfuerzo y presión, o con este sistema de premio/castigo que dice algo así como «si  me salen bien la cosas me siento muy bien y me premio, y si no, me castigo y me siento una basura». (Y si tienes hijos, sabrás que cuando les presionas, les amenazas o les chantajeas, al final esos comportamientos se acaban volviendo contra ti…)

Cuando yo acompaño a mis clientes en sus cambios personales, siempre les insisto en esto: en hacer del proceso algo amable, entretenido, no ponerse metas inaccesibles, no tener presión por obtener las respuestas en el menor tiempo posible. Sencillamente explorar, enfocarse en los pequeños pasos y confiar en que, con constancia y conciencia, se llega a buenos puertos.

¿Te imaginas cómo sería tu vida, y cómo afrontarías las cosas, si aprendieras a trabajar por tus objetivos con ilusión y sin demasiadas exigencias?

Pues de ti depende hacerlo, cambiando completamente tu mentalidad y tu enfoque.

 

3. Cómo detectar cuando entramos en el bucle de la insatisfacción (y cómo salir de él)

Una forma fácil de averiguar si estás en el círculo de la insatisfacción es valorar cómo está siendo el camino hacia eso que quieres que pase.

¿Tienes entusiasmo, te sientes valioso, eres feliz en el proceso de conseguir lo que anhelas? Fenomenal, vas bien.

¿Sientes ansiedad, frustración, o un miedo terrible a equivocarte en tus elecciones? Ten cuidado, estás el círculo.

¿Tienes ilusión por el futuro y avanzas sin presión, entendiendo que cualquiera que sea el punto al que llegues estará bien y habrá merecido la pena? Enhorabuena, vas bien.

¿Lo que te mueve es un deseo de llenarte, de que tu vida tenga sentido de una vez, de aplacar el vacío interior? Ten cuidado, estás en el círculo. El vacío interior sólo se llena con trabajo interior. No descuides esta parcela de tu vida.

 

En definitiva, para salir de este círculo desesperante de insatisfacción y desear más, y más y más:

  1. Reconoce si estás en uno de los pasos que hemos descrito más arriba. Siempre el primer paso de un proceso de cambio es tomar conciencia de lo que hacemos y nos perjudica.
  2. Toma la decisión de disfrutar de tu vida desde ya, tal y como es. Ponte la mejor ropa que tengas, cuelga una obra de arte en tu oficina, pon intención en disfrutar de tu tiempo libre y trátate con cariño, a pesar de tus limitaciones e imperfecciones.
  3. Empieza por cuestionar y eliminar de tu vida la presión, la culpa por los fracasos y la impaciencia por las metas. Busca el placer en lo que haces  y ten la certeza de que, cuando avanzas en la vida con ilusión, siempre aprendes algo, el fracaso no existe.

 

En nuestra mano está el dejar de vivir continuamente en un hipotético futuro mejor y llenar nuestro ser y nuestra vida exterior con cosas y experiencias irrepetibles desde el día de hoy.

¡Pongámonos a ello!

 


Créditos de la imagen: Train of Thought de acevvvedo via Flickr Creative Commons

 

 

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10 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho. Simplemente por experiencia de vida (tengo más de 60), la mayoría de las cosas que escribes aquí, las tengo asumidas, pero la forma en que las expones, me las confirma y me ayuda a seguir creciendo como persona. Hablas de las prisas y la presión. Pues bien, lo que más valoro de la jubilación, es no tener prisas ni presión para nada (o casi)

    • Amparo Millán Responde

      Qué bueno que coincidamos en estas reflexiones sobre la vida, y que hayas llegado a los 60 con esa sabiduría adquirida a través de los años. Es tu momento para vivir de una forma más relajada y consciente, ¡disfrútalo!

  2. Verena de la Caridad García García (Vereluna) Responde

    Hola, esta página es estupenda, me gusta mucho porque nos hace reflexionar, pensar en dar soluciones a nuestras situaciones y nos ayuda para aprender a vivir con tranquilidad, armonía, paz y amor.
    Un abrazo, de todo corazón

  3. Buenísimo post, me gustó mucho tu frase «la maestría en el arte de vivir consiste en luchar por nuestros sueños, y a la vez, amar nuestra vida actual», creo que resume a la perfección lo que nos hablas en éste blog, no tenemos que vivir en un constante futuro, sin embargo debemos luchar por nuestros sueños amando nuestro presente, ir pasito a pasito, como prioridad siempre sentirnos bien con nosotros mismos, porque así lo irradiamos hacia afuera.
    Un abrazo Amparo

    • Amparo Millán Responde

      Hola Karla!
      Muchas gracias por tu comentario, ¡QUÉ BIEN has definido mi blog y su cometido! Me acabo de dar cuenta de que este mensaje está como de fondo en cada artículo… 😉
      Pues sí, yo soy una persona con grandes sueños, desde siempre, pero a la vez decidida a hacer lo mejor de cada día, porque el camino es todo lo que tenemos… Ese camino del Loco por los arcanos mayores, como bien sabes, jeje.
      Un beso grande!

  4. Me encantó y solo me ha confirmado lo que yo sospecho pero no asumo, porque será que tienen que decirte de afuera para que prestes atención, tengo 44 años y una carrera de Derecho que empiezo y nunca acabo y nunca le doy importancia, parece que es más fácil decir que tengo tres hijos , que trabajo y que alguna que otra vez, soy una vaga ya tendría que tener tres carreras y lo peor que al decir a mis hijos que tienen que estudiar me siento fatal por no poder darles el ejemplo , también me plantee si a lo mejor aspiro algo demasiado grande para mi pero cuando te leo veo que hasta que no engrandezca mi autoestima nada voy a poder solucionar pues nos pondremos a trabajar , gracias eres única.

    • Amparo Millán Responde

      Querida Graciela,
      Me alegro mucho que estas lecturas te sirvan para recordarte lo que ya sabes. Sí, las personas funcionamos así, a veces tiene que llegarnos DE AFUERA verdades que ya tenemos adentro 😉
      Si realmente quieres finalizar la carrera de Derecho (porque si lo estás postergando durante tanto tiempo, quizás es que en realidad no lo quieras y creas que sí) pero como te decía, si realmente te gustaría terminarla, mi consejo es el siguiente: poco a poco y sin exigencias. La culpa, el machacarte a ti misma diciendo que eres una vaga, querer avanzar demasiado rápido… solo son lastres en tu camino.
      Te dejo aquí estos dos artículos de mi web por si te ayudan un poquito con esa problemática:
      El sacrificio está sobrevalorado
      Cómo abordar las grandes metas
      Un abrazo!

  5. Hola!! Excelente artículo, me encantó! A mí en este último tiempo me está pasando que no sé exactamente qué quiero hacer en mi tiempo libre (osea las actividades después de la escuela, que me ocupan bastante tiempo en la vida) Me pasa que cada vez que tomo una decisión, me vuelvo a preguntar si es la correcta. Es como que vivo con muchas opciones y, como quiero intentar tomar la mejor decisión, me paso mucho tiempo pensando en una y luego en otra opción, es como que no me decido. Quizá elijo algo y estoy conforme, pero después veo lo que hace otra persona, o veo algo que podría ser mejor, y entonces vuelvo a dudar, la verdad es bastante insoportable

    • Amparo Millán Responde

      Hola Male,
      Por lo que cuentas, creo que lo mejor que podrías hacer es pensar menos y actuar más. Es decir, todo ese tiempo que estás indecisa entre qué opción eliges para pasar tu tiempo libre no te ayuda mucho… Es mejor que tomes una decisión, la que sea, y te comprometas con esa actividad y pasado un tiempo evalúes sobre si esa actividad te sirve o si no. Porque es mucho más valiosa la opinión que tenemos de algo DESPUÉS de hacerlo que las vueltas a la cabeza que damos ANTES de hacerlo.
      Espero haberte ayudado, un abrazo,
      Amparo.

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