¿Cuáles son los motivos por los que abandonas lo que te propones? ¿Te has parado a pensarlo?

Si eres una persona interesada en tu propio desarrollo personal, te habrás visto en la situación de que hay un objetivo o meta que has terminado dejando de lado sin saber muy bien por qué.

En este artículo y podcast quiero compartir contigo los que, a mi juicio, son los cuatro motivos habituales por los que sucede esto.

Comienzo enumerándolos y a continuación nos detendremos en cada uno de ellos:

  1. La distracción (en todas sus formas)
  2. El perfeccionismo (o venirnos abajo cuando no cumplimos con lo pactado)
  3. La pereza
  4. Que ese propósito no era realmente «la piedra angular» de nuestra vida.

A propósito de este último obstáculo, quiero comentarte que este artículo forma parte de una trilogía sobre cómo definir y alcanzar nuestros propósitos, concretamente es la tercera parte después de estos dos:

Llamo propósito a un objetivo prioritario en un momento dado, del que depende fundamentalmente mi bienestar. De ahí que lo llame «la piedra angular», pues si en esto estamos centrados, el resto de aspectos se sostienen y funcionan (y viceversa).

Te recomiendo revisar el artículo que enlazo más arriba si tienes dificultad para definir o conectar con ese objetivo más importante del momento.

Dicho eso, pasemos al tema que nos ocupa, la explicación de por qué es tan fácil en nuestro tiempo que nuestras buenas intenciones de cambio caigan en el olvido.

Puedes escuchar este episodio en audio o leer una versión resumida en el texto que te pego a continuación, aquí va:

 

Motivos por los que solemos abandonar o perder motivación en nuestras metas

Antes de empezar a hablar del primer obstáculo, la distracción, tal vez te haya llamado la atención que en esta lista no he incluido bloqueos muy frecuentes a la hora de actuar como los miedos (al fracaso, al rechazo), la inseguridad o las creencias negativas.

El motivo es que para cada uno de estos podríamos dedicar un episodio entero, y además son bloqueos emocionales que a veces no pueden superarse por uno mismo (meramente leyendo un artículo o escuchando un audio) sino a través de una terapia o intervención externa.

De todas formas, si quieres saber un poquito más de estos obstáculos emocionales, te presento los siguientes recursos donde podrás profundizar en su origen y tomar algunas herramientas:

  • Si tu principal paralizador es el miedo, en este artículo te presento 3 estrategias para enfrentarte a tus miedos.
  • Si en tu caso a la hora de hacer algo que quieres tu cabeza te susurra cosas tan tremendas como «nunca lo conseguirás», «eres demasiado mayor» o «te falta fuerza para lograrlo» (vaya, crees que te han vencido antes de empezar) te invito a leer muy despacio este artículo sobre el derrotismo y seguir sus indicaciones.
  • Por último, si quieres trabajar de manera más ordenada y profunda en tus limitaciones emocionales, puedes adquirir mi masterclass Cómo superar las 4 actitudes que te impiden desplegar tu potencial y avanzar conmigo a través de una serie de 5 vídeos para comprender y disolver estas barreras mentales.

Y ahora sí, hecha esta aclaración,  vamos a empezar a desgranar ese primer «demonio», potentísimo pero muy sibilino, que  nos lleva a fracasar en nuestros intentos de cambio: la distracción.

 

Motivo 1 para abandonar tu propósito: La Distracción

Este es uno de los obstáculos más comunes, y que incluso puede solaparse a otros bloqueos de tipo emocional. Y digo esto porque podemos definir el siglo XXI, entre otras muchas cosas, como el siglo de la distracción.

No sólo estamos abiertos a recibir información de manera constante y de un montón de fuentes (televisión, Internet, prensa, anuncios por megafonía) sino que estamos habituados a que nuestras agendas se llenen más allá del límite de lo que sería razonable.

Tenemos la mente en tantas cosas (algunas obligaciones ineludibles, otras proyectos que nos encantan) que a veces, teniendo un propósito realmente relevante, a la hora de pasar a una práctica diaria.. ¡se nos olvida!

Sí, esto pasa: se nos olvida que nos habíamos propuesto escribir una vez a la semana en nuestro registro de seguimiento, se nos olvida que era una prioridad cuidar nuestro cuerpo a diario, o escribir, o leer, o pasear por un parque para desestresarnos antes de llegar a casa.

Por eso resulta tan aconsejable, cuando vemos que no avanzamos en una meta porque no nos acordamos con la vorágine del día a día, recurrir a recordatorios en forma de cartelitos, alarmas del móvil u otra persona que nos ayude (por ejemplo, uno puede contratar a un entrenador personal en vez de apuntarse al gimnasio para tener que rendir cuentas a alguien).

Esto de establecer recordatorios puede parecer banal pero, en la práctica, supone la diferencia entre avanzar hacia nuestra prioridad en la vida o no hacerlo.

Otra forma de distraernos: la dispersión

¿De qué otras maneras, además del olvido, la distracción impacta negativamente a alcanzar lo que queremos?

Pues en segundo lugar, a través de la dispersión. En este caso no olvidamos lo que queremos pero tenemos tantos frentes abiertos, tanta energía que se dirige a múltiples direcciones, que acabamos sobrecargados, abrumados y al cabo del tiempo lo abandonamos todo, porque no podemos más o porque no estamos llegando al punto deseado (lógico, se avanza muy lento en cinco frentes a la vez).

El tiempo y la energía son limitados y es más eficiente dirigirlos hacia un único punto que querer abarcar cinco cosas a la vez.

Por esto es esencial la idea de propósito como una piedra angular. No significa que en un momento dado de la vida tú solo trabajes en un aspecto o una faceta. Puedes ser una persona con inquietudes, con un trabajo que te gusta y en el que quieres rendir bien, con una vida social activa, etc. pero si sabes en cada etapa qué es lo más esencial, lo que sustenta lo demás, lo que no puedes dejar de lado si quieres sentirte satisfecho, priorizarás cada día eso por encima del resto de cosas.

A nivel concreto, esto significa que destinarás una carga fija de tiempo y energía ahí, y el resto irá para las demás cosas. Y obviamente, si en algún momento te sientes realmente sobrecargado, dejarás de lado objetivos que no son tan importantes y los postergarás para otro momento.

Síndrome del objeto brillante

Otra manera en que la distracción hacia nuestro propósito se manifiesta es lo que se llama, dentro de los ámbitos de la productividad y la creatividad, el «Síndrome del objeto brillante».

Se produce sobre todo en personas que tienen múltiples intereses y significa que, cuando están enfrascadas en una cosa, de repente les surge otra idea , dejan el propósito inicial y se lanzan a lo segundo (ej: estaba escribiendo un libro sobre filosofía pero de repente me surge un súbito interés por la fotografía y me apunto a clases, dejando mi libro en pausa).

Esta situación suele suceder sucesivamente, lo que origina múltiples proyectos empezados pero nunca terminados, porque se cruzó por en medio un objeto más brillante tras el que ir.

(Aquí quiero aprovechar para decir algo que viene a cuento: es un hecho objetivo que es muchísimo más fácil y motivador EMPEZAR cosas que acabarlas, por eso esto de dejar proyectos a medias para empezar otros nos sucede a todos en mayor o menor medida)

Si en tu caso este «síndrome del objeto brillante» es tu principal motivo para abandonar algo que te importa, lo que te diría en primer lugar es que le pongas nombre y seas consciente de que te ocurre, y en segundo lugar que te plantees que puedes dejar entrar múltiples intereses en tu vida, puedes tener varias pasiones, pero controla que esto no signifique dejar de lado lo que es realmente relevante en un momento dado, es decir, tu propósito.

Hazte la promesa de que, pase lo que pase, aunque se crucen muchos objetos llamativos por tu camino, vas a mantener este propósito.

En resumen, la frase «el demonio es la distracción» es muy gráfica y puedes tenerla en mente durante el día si sueles abandonar o dejar que se diluya aquello que te importa porque se te olvida, porque tienes demasiados frentes abiertos o porque tiendes a empezar muchas cosas pero no terminarlas si aparece algo más interesante.

 

4 motivos por los que abandonas tus metas
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Motivo 2 para abandonar tu propósito: El perfeccionismo o venirte abajo cuando no cumples tu plan

Este es otro de los «demonios» que nos hace dejar de lado algo que nos importa mucho: un sentimiento tóxico de fracaso o de vergüenza cuando no cumplimos un plan como lo habíamos estimado.

Suele darse especialmente en personas que son muy rígidas y exigentes consigo mismas, que piensan que un fallo momentáneo es inadmisible y que más vale, por tanto, no hacer algo antes que hacerlo y experimentar algunos retrasos (ahora que lo lees así ¿no te parece loco esta forma de pensar?).

Este perfeccionismo también tiene que ver con apoyarse en ideas muy poco realistas de lo que es un proceso de cambio.

Te diré una cosa: los procesos de cambio, por definición, son confusos y tienen subidas y bajadas.

Por definición. Siempre es así.

No existe un proceso vital, un camino hacia una meta, en el que tenemos todo claro en todo momento y siempre vamos creciendo o manteniéndonos constantes.

Por eso considero esencial que, antes de empezar a caminar hacia cualquier objetivo, tengamos totalmente claro que vamos a fallar. Que va a haber días, e incluso temporadas, donde por distracción, miedo, imprevistos o desmotivación no vamos a cumplir con lo que nos habíamos propuesto.

Y también hemos de tener clarísimo que las dudas nos van a asaltar, que vamos a dudar de si lo que hacemos merece la pena o incluso nos vamos a perder o dar rodeos por tomar decisiones poco acertadas.

Todo esto forma parte del plan de cambiar, y si cuando ocurre lo vemos como un fracaso personal, en vez de como una fase normal, pues ahí tenemos el problema.

Es más, es que no sólo vamos  a fallar o caer una vez, ¡lo haremos varias veces!

Por lo tanto, el músculo que debemos de entrenar para que estas caídas no supongan tal desmotivación y descontento hacia nosotros, es el de RETOMAR la acción en el punto anterior a cuando nos perdimos. El de volver a levantarnos cada vez que hay un retraso. El de SEGUIR con el plan a pesar de haberlo abandonado durante cuatro días o cuatro semanas.

Si eres de esas personas super exigentes que mencioné al inicio y te pasa esto de abandonar un propósito cuando ves que no puedes avanzar de manera limpia y perfecta todo el tiempo (luego de fustigarte como te mereces, por supuesto) te recomiendo acudir a este artículo: ¿Sientes vergüenza cuando no cumples tus propósitos? Esto te ayudará

Librarte de este perfeccionismo y esta culpa ante lo que es NORMAL (fallar) no sólo te hará conseguir lo que te propones, sino un estado interior de calma, confianza y respeto por ti mismo.

 

Motivo 3 para abandonar tu propósito: La Pereza

Llamo pereza a esa resistencia inicial a la hora de hacer algo, pero que luego, una vez estamos en la acción, se va disipando.

Es decir, no considero pereza a una gran resistencia que tenemos todo el tiempo, o a un estado de agotamiento, bloqueo o presión que no se va y nos frena continuamente (esto sería un autosabotaje más profundo, que podría requerir terapia o ayuda externa).

Pereza es, por ejemplo, que querías salir a caminar pero hace frío y por un momento quieres evitar esa incomodidad, pero luego te abrigas bien y sales de casa y acabas exclamando: ¡Qué bien me siento, menos mal que he salido!

Pereza es también cuando te llama una persona querida para salir y, por un momento, tienes el impulso de quedarte en casa por no arreglarte o no moverte del sofá, pero si vences esta incomodidad momentánea y das el paso, te alegras mucho de haber salido.

(Si realmente llevas un tiempo en que nada te hace sentir bien, nada te motiva, y cuando das el paso para hacer lo que te habías propuesto tampoco te sientes mejor ni orgulloso por haber dado el paso, deberías detenerte en ese problema y pedir ayuda…)

Bien, hecha esta aclaración, ¿cómo hacer frente a esta pereza inicial?

Pues sencillamente no dejándonos llevar por ella.

Podemos escucharla, la pereza es como una voz un poco quejica que siempre te va a invitar a hacer la opción más cómoda, la que supone el mínimo movimiento posible (que puede no ser la más satisfactoria). Pero de escucharla a dejar que tenga la última palabra en tu día a día, va un abismo.

Si dejas que siempre gane la voz de la pereza acabarás con una vida muy cómoda pero muy insustancial también.

Hazte la siguiente pregunta:

¿Qué es lo que quiero de aqui a diez años, mirar atrás y ver que la pereza ha condicionado mi vida, que he pasado mil horas enfrente de la tele o del ordenador sin hacer nada especial?

¿O en diez años me gustaría mirar atrás y ver que he compartido momentos increíbles a solas o con otras personas porque no dejé que esta resistencia inicial, que dura dos minutos, tuviera la última palabra?

Si al leer esto adviertes que la pereza es tu enemiga a la hora de avanzar hacia tus metas, o incluso a la hora de tener una vida más rica y activa, te recomiendo echar un vistazo al episodio: Cómo decir adiós a la pereza y retomar el control de tu vida, donde aporto unas ideas y reflexiones adicionales sobre este problema.

Pero especialmente te invito a quedarte con esta pregunta: ¿vas a dejar que la ley del mínimo esfuerzo dirija tu vida? ¿O mas bien deseas que tu verdadero propósito, y tus decisiones conscientes, sean las que importen y actúen como brújula?

Si en cada uno de esos momentos en que sientes pereza te planteas esta cuestión, tal vez no siempre, pero la mitad de las veces, algo en ti te invitará a moverte y vencer esos dos o cinco minutos de resistencia inicial.

 

Motivo 4 para abandonar tu propósito: Que no has elegido una verdadera «piedra angular» en tu vida

Finalmente, el cuarto motivo porque el que solemos dejar a medias las cosas que nos proponemos es que éstas no sean lo suficientemente relevantes.

O bien, que haya otro propósito de mayor importancia que estamos pasando por alto y que sería la clave para todo lo demás.

Vamos a verlo con un ejemplo: imagínate una persona que tiene un trabajo convencional pero que, desde siempre, ha tenido interés por el arte floral y se ha propuesto hacer una formación en este ámbito, principalmente por dar rienda suelta a esta pasión, pero está en el horizonte la posibilidad de que algún día esta sea su fuente de ingresos.

A pesar de que esta persona tiene un interés real en esta formación, resulta que cuando llega a casa después del trabajo le resulta dificilísimo retomar los libros o hacer las prácticas.  La mayoría de los días tiene una especie de agotamiento y desmotivación tales que es incapaz de estar más de diez minutos ante el ordenador o retener la información de lo que lee.

Y en la mente de la persona se produce un cortocircuito mental que le puede llevar a sentir una culpa severa, porque piensa: ¿cómo es posible no avanzar en algo que me gusta de verdad? ¿por qué no me muevo, por qué sigo bloqueada cuando mi futuro podría ser dedicarme a esto?

Pues una posible respuesta, una vez que hemos descartado el resto de obstáculos de los que acabamos de hablar (distracción o dispersión, perfeccionismo, pereza) es la siguiente: hay otro aspecto en su vida que necesita más atención.

Es decir, alcanzar ese propósito requiere que esta persona antes colme otra necesidad que no está atendiendo, o solucione una dificultad más apremiante.

Siguiendo con el ejemplo, si esta persona en vez de culparse por no estar avanzando se hace la pregunta de qué está pasando en su entorno y si puede haber algo más relevante que pide su atención, seguramente descubra algo.

Como que, por ejemplo, estos últimos meses el ambiente en su trabajo se ha hecho irrespirable y lo que más necesita para soportar esa presión (pues además vive sola y con pocas personas que la apoyen) es descanso, reposo. Cuando uno está inmerso en una guerra tiene poca energía para asumir retos fuertes, incluso relacionados con cosas que son su verdadera pasión. Lo prioritario es curarse de las heridas o mitigar el impacto mental/emocional de ese ambiente hostil.

Y si esta persona, en vez de vivir sola, tuviera una familia y además de contar con un ambiente malsano en el trabajo en casa tuviera declarado un mini-infierno, porque su pareja no para de discutir con su hijo adolescente, entonces lo prioritario sería restablecer la paz en el hogar, no el estudio.

Es decir, no podemos pedirle a nuestra mente que se concentre y absorba información mientras estamos sometidos a gritos, discordia, tensión y en medio de relaciones que se están deteriorando (aparte, ¿qué es más prioritario, que yo acabe un curso de arte floral o que mi pareja y mi hijo no se acaben matando entre ellos?).

De aquí mi insistencia en que definir un propósito no sólo implica mirar adentro, sino afuera. Las preguntas  que te sugerí para definirlo son dos: 1) ¿qué es lo que más necesito? y 2) ¿qué me invita la vida a hacer ahora?

Y en este qué me invita la vida a hacer ahora tenemos que fijarnos en el contexto, en lo que sucede aquí y ahora que puede no ser lo que habríamos deseado, pero es lo que ahí.

En resumen, cuando encontramos esta piedra angular, cuando atendemos esta necesidad o deseo que soporta el resto de deseos y necesidades, el avance se vuelve más satisfactorio y fluido. Porque la vida colabora con nosotros, opera a nuestro favor.

Y si con estas recomendaciones y con las preguntas anteriores no eres capaz de definir ese propósito, o tienes una idea pero te gustaría contar con mi ayuda para clarificarlo, mi servicio específico para ello es este, pregúntame y lo hablamos.

 

Reflexiones finales

Con este artículo pongo fin a esta trilogía sobre el propósito, donde hemos hablado de cómo definir tu piedra angular, qué pasos concretos dar para materializar estas buenas intenciones y qué hacer si algunos obstáculos te asaltan en el camino.

En concreto, recuerda, estos pueden ser los 4 motivos por los que acabas abandonando lo que te propones:

  1. La distracción, en cualquiera de sus formas: olvido, dispersión, síndrome del objeto brillante
  2. El perfeccionismo, o venirte abajo cuando algún día no cumples con lo que te habías propuesto (surge de una autoexigiencia desmedida o de no entender que un proceso de cambio, por definición, es confuso y plagado de errores o retrasos)
  3. La pereza, esa ley del mínimo esfuerzo que nos invita a no movernos pero que luego se disipa a los dos minutos de haber empezado algo
  4. Que ese objetivo no sea realmente la piedra angular de tu vida y haya otras necesidades o problemas más apremiantes de los que ocuparse.

 

Te dejo algunos enlaces distribuidos por este texto para profundizar en alguno de ellos y espero que, de todo lo que has leído, alguna idea se te haya quedado grabada en tu mente y tenga la clave para que no abandones lo que es más importante para ti.

Felices fiestas y hasta pronto.

 

 

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